Martirologio Romano: Memoria de santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia, que entró aún muy joven en el monasterio de las Carmelitas Descalzas de Lisieux, llegando a ser maestra de santidad en Cristo por su inocencia y simplicidad. Enseñó el camino de la perfección cristiana por medio de la infancia espiritual, demostrando una mística solicitud en bien de las almas y del incremento de la Iglesia, y terminó su vida a los veinticinco años de edad, el día treinta de septiembre († 1897)

Bella memoria la del día de hoy a esta jovencísima doctora de la Iglesia, que tanto nos enseño   sobre el “caminito” de la humildad, el abandono y la infancia espiritual. 

Los manuscritos autobiográficos que había redactado por obediencia a sus superiores, fueron publicados pocos años después en la obra: “Historia de un alma”. Su fama de santidad se extendió rápidamente. 

El papa Pío XI beatificó, canonizó y proclamó patrona de las misiones a Santa Teresita durante su pontificado. 

En octubre de 1997, el papa Juan Pablo II la declaró doctora de la Iglesia.

Oremos a esta gran intercesora por la Iglesia y por el mundo. Y que sepamos, como ella quería, llegar a Dios por el camino de la sencillez, el abandono y la humildad. 
                                      Vicente Montesinos



                                  ORACIÓN

Oh bienaventurada Santa Teresita del Niño Jesús, que habéis prometido hacer caer una lluvia de rosas, desde el cielo, dirigid a mí vuestros ojos misericordiosos y escuchadme en mis múltiples necesidades. Grande es vuestro poder porque Dios os ha hecho grande entro los santos del cielo.

Os suplico, pues, oh mi amable protectora, me alcancéis de Dios las gracias que os pido, siempre que sea para mayor honra de Dios y salvación de mi alma. Os suplico de un modo especial que me hagáis participar de las rosas que nos habéis prometido, apartando mi corazón de las vanidades y placeres caducos de esta vida, y enseñándome a amar a Jesús y a María con amor verdadero, para que así pueda un día gozar con vos de la eterna bienaventuranza. Así sea.

V. Rogad por nosotros, oh bienaventurada Santa Teresita

R. Para que seamos dignos de la lluvia de rosas que nos habéis prometido.

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