En aquel tiempo, cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?». Él le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas».




Nuestro corazón, mente y fuerzas deben centrarse en el Señor más que en las cosas pasajeras de este mundo. 

Amarle a Él y en este amor, amar a nuestro esposo o esposa, hijo o hija, padre o madre, amigo o amiga, incluyendo hasta nuestros enemigos es la perfecta felicidad. 

Esto sólo podemos hacerlo por gracia de Dios. ¡Ánimo! Dios nos ha dado esta ley fundamental cumplida ya en Jesucristo. En Él se puede, por pura gracia, cumplir en nosotros.
                                                                                                      Vicente Montesinos

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