¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate y anda’? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados —dice entonces al paralítico—: ‘Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’». Él se levantó y se fue a su casa. 





El Señor vuelve a mostrarnos hoy toda su misericordia. Su compasión para con nosotros no tiene fin: resucita, pura, acepta, perdona.

Jesús sana; y lo hace tanto con el cuerpo como con el alma. Sí, el paralítico vuelve a andar, pero antes le ha perdonado sus pecados. Jesús es el médico de nuestros cuerpos y de nuestras almas.
Vemos como la misericordia de Dios va mucho más allá de la nuestra: como añadido al perdón le devuelve la salud, y así, el gozo del pecador convertido es completo.

Confiemos humilde y ciegamente en la misericordia salvadora y sanadora de Cristo, y tengamos fe en todo lo que él hace cada día en nuestras vidas.

Que así sea. 

                                          Vicente Montesinos

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