En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»

Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»



Hoy es un día grande para todos los católicos; y especialmente para los adoradores y todos aquellos unidos íntimamente a la constante Alabanza al cuerpo eucarístico de nuestro señor Jesucristo.

La fiesta de hoy, que algunos podían entender “repetida” con el jueves santo, o el día de la caridad o del amor fraterno, tiene una especial disposición a estar relacionada con la adoración al santísimo Sacramento del altar.

Hoy es un día grande para los adoradores. Y también para este humilde portal de Internet.

Hoy, tras una solemne eucaristía, saldremos a la calle en procesión, a llevar a nuestro señor Jesucristo, sacramentado, a todas las calles, plazas, y esquinas.
La Eucaristía es precisamente el Cuerpo y la Sangre de Cristo, Cristo verdadera y realmente presente, todo Él, bajo el velo y la apariencia del pan y del vino. Una vez consagrados el pan y el vino, se han transformado substancialmente en Cuerpo y Sangre de Cristo. Esta es la comida y la bebida que transforma la vida del hombre y le abre el horizonte de la participación en la vida eterna. Al comulgar el Pan eucarístico el creyente come verdaderamente el Cuerpo y bebe la Sangre de Cristo, es decir, recibe a Cristo mismo y entra en comunión con Él. De ese modo Cristo, muerto y resucitado, es para el creyente Pan de Vida.

Ese es el sentido de la celebración de hoy. Ese es el gran milagro que vivimos a diario en la santa misa, y que hoy sacamos a la calle con gozo.

Dispongámonos pues, a vivir y celebrar este día como corresponde.

Adorado sea el santísimo Sacramento del altar. Ave María purísima.

                                 Vicente Montesinos

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