En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. 

Hoy Jesús se nos presenta como la vid, y a nosotros como sus sarmientos. Esta bella imagen nos habla de una unión de vida plena, que logrará así abundancia de frutos.

Y es que la señal de la verdadera unión con Cristo ha de ser irremediablemente también la de los buenos frutos: la Paz, la felicidad, la misericordia, la justicia y el amor.
Señor  Jesús, ayúdanos a permanecer siempre unidos a ti, porque sólo así podremos producir buenos frutos.

Que tu Madre y madre nuestra nos guie en este propósito, y que San Pascual Baylon, patrón mundial de las asociaciones eucarísticas y de la Adoración nocturna, interceda por nosotros.

                                Vicente Montesinos 

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