Después de lavar los pies a sus discípulos, Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía. Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís. No me refiero a todos vosotros; yo conozco a los que he elegido; pero tiene que cumplirse la Escritura: el que come mi pan ha alzado contra mí su talón. Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que Yo Soy. En verdad, en verdad os digo: quien acoja al que yo envíe me acoge a mí, y quien me acoja a mí, acoge a Aquel que me ha enviado»



En este precioso evangelio de hoy, me vais a permitir poner el acento, no tanto en el riquísimo texto que Jesús nos regala, como en la frase inicial: después de lavarles los pies…

Y es que todo el mensaje de Jesús tiene una constante evidente: el servicio por amor.

Lo propio de un cristiano es amar al Señor sobre todas las cosas, y servir al prójimo como modo de vida. Estar siempre disponibles para el servicio a los demás como expresión de amor.

Señor, enséñanos a amar a los demás como tú nos amas. Y a las puertas del centenario de la aparición de tu santísima madre en Fátima, que ella nos ayude y nos guíe en esta misión.

                                Vicente Montesinos

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