El santo Padre Pío de Pietrelcina repetía a menudo la idea de que en el camino que lleva a Dios no se puede prescindir de la luz de la fe, y que la fe necesita madurar en la reflexión, hecha en el silencio y en la soledad.

Decía así Padre Pío: “Sin esta luz es necesario detenerse. No se puede ir adelante en la oscuridad. Por eso hace falta hacer un alto en el camino de la perfección cristiana, no se puede jugar a la gallina ciega”

Estos no son momentos de pereza, sino momentos en que uno se vuelve a encontrar a si mismo y se encuentra a Dios.

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