En aquel tiempo, los pastores fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al Niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel Niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón. 
Señor Jesús, gracias por la maternidad de María. 

María, tu junto a José, eres la primera adoradora, y nuestra maestra de contemplación, guardando todas las cosas, y meditándolas en el corazón. 

Haznos seguir, ya desde este primer día del año, tu ejemplo, humilde, callado, y profundo.

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