En aquel tiempo, Jesús, al acercarse a Jerusalén y ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: «¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! 
Señor, veo hoy como lloraste por la suerte de la ciudad escogida, que no había reconocido la presencia de su Salvador. 

Que yo sepa reconocerte cada día, y te alabe y glorifique como mereces. 

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