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Señor mío y Dios mío, gracias porque cuando llega la noche sé que puedo contar contigo para que escuches mi voz, para poner en tus manos mis problemas, para hablarte de los dolores que están taladrando mi corazón; porque me dejas escuchar tu voz, hablas a mi corazón en el silencio, me das luces, me arropas con tu Espíritu y me llenas de tu amor y tu fuerza.

No dejes que me olvide de Ti en ningún momento de la vida, que pueda siempre decir que estás a mi lado cuando aparecen los problemas, cuando estoy en las buenas y en las malas; sé que me bendices, sea dándome prosperidad o sosteniendo mi debilidad.

Tú eres el dueño de mi felicidad, el artífice de mi alegría, bendito seas.

Tú eres el dueño de mi felicidad, el artífice de mi alegría, bendito seas.

Que la fuerza de tu amor me tome en este descanso, permíteme dejar mis preocupaciones en tus santas y benditas manos, y que sepa que tus ángeles cuidan mi lecho, que haces guardia sobre mi hogar, sobre la gente que amo, y que podemos estar seguros de tu protección, de tu compañía, y de tu cuidado.

Amén.

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