Continuamos los comentarios que iniciamos recientemente en torno al libro del Siervo de Dios Juan Pablo II, “Levantaos, vamos” (Alzatevi, andiamo); y tras su completa re-lectura, quiero señalar algunos párrafos que me llaman la atención, que son entrañables, o simplemente curiosos, para acercar a todo el que quiera a la lectura de este libro del llorado predecesor de Benedicto XVI.

Son los siguientes:



1) Justa y emotiva la mención que hace Juan Pablo II de la Madre Teresa de Calcuta, a la que llama “misionera de la caridad”. Tras comentar detalles de sus encuentros con ella, nos cuenta como tuvo la oportunidad de beatificarla en octubre de 2003, en fechas próximas al 25 aniversario de su Pontificado. Dijo entonces: “Con el testimonio de su vida, Madre Teresa recuerda a todos que la misión evangelizadora de la Iglesia pasa a través de la caridad, alimentada con la oración y la escucha de la Palabra de Dios”

2) Llamada a los laicos: “Los laicos pueden realizar su vocación en el mundo y alcanzar la santidad no solamente comprometiéndose activamente a favor de los pobres y los necesitados, sino también animando con espíritu cristiano la sociedad mediante el cumplimiento de sus deberes profesionales y con el testimonio de una vida familiar ejemplar” Que bella llamada a la santidad en la vida diaria y a la vida en familia.


3) Un reconocimiento bello al papel de España en la extensión del Reino de Dios y a las iniciativas agradables a los ojos del Señor surgidas de nuestra tierra lo hallamos en el siguiente párrafo: “He estado también al lado de iniciativas nuevas, en las que sentía el soplo del Espíritu de Dios. Con el Camino Neocatecumenal me he encontrado solamente en Roma. También con el Opus Dei que erigí en prelatura personal en 1982. Se trata de dos realidades eclesiales que despiertan en los laicos un gran deseo de vincularse a ellas. Ambas iniciativas han salido de España, país que tantas veces en la historia ha dado impulsos providenciales para la renovación espiritual. En octubre de 2002 tuve la alegría de inscribir en el Registro de los Santos a Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, celoso sacerdote, apóstol de los laicos para tiempos nuevos”

4) Dice Karol Wojtila: “El obispo no puede descuidar el presentar a los jóvenes el ideal del sacerdocio. Un corazón joven es capaz de comprender esa “locura de amor” que se requiere para la entrega total” Después vuelve a referirse a España, y a su visita en mayo de 2003, al hablar del encuentro de Cuatro Vientos (qué gozo el que vivimos allí, Dios mío) y de las palabras que nos dijo a los jóvenes allí reunidos (recuerdo que casi un millón) relativas a lo que merece la pena dar la vida por el Evangelio y por los hermanos. Aún recuerdo su rostro anciano tan decidido y alegre. ¡Quién iba a decirme que sólo un año después el Señor iba a concederme la gracia de apretar sus manos y hablar con él!
5) Una última y bellísima reflexión: hablando de uno de sus poemas, recoge esta bella frase que nos regaló: “… de todas las palabras que yo use, he resuelto suprimir la palabra “mío”. ¿Cómo podría pronunciarla o pensarla sabiendo que todo es de Ti?”
Juan Pablo II nos regala infinidad de anécdotas llenas de vida, reflexiones, oración, testimonios y esperanzas en esta bella obra.

Podríamos seguir enumerando cientos de las que he marcado, pero… ¿Porqué no lo leen?

El Señor les bendiga.
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