Díez tácticas que utiliza el maligno para distraernos o alejarnos de la Oración.

El demonio puede atacar a cualquier hora y en cualquier lugar. Es astuto, muy inteligente y despiadado. Sin embargo, hay un área en específico en la que él es más propenso a atacarnos: ¡Nuestra vida de oración!

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El demonio puede atacar a cualquier hora y en cualquier lugar. Es astuto, muy inteligente y despiadado.
Sin embargo, hay un área en específico en la que él es más propenso a atacarnos:
¡Nuestra vida de oración!

 

San Ignacio nos recuerda que el demonio ataca cuando nos encontramos en un estado de desolación.
Con eso nos referimos a la falta de fe, esperanza y caridad, a un sentimiento de tristeza y desánimo que lleva a la depresión, tibieza y al letargo.
Nuestra visión sobrenatural se nubla y oscurece.
Es como si se estuviese en una nube negra o dentro de un túnel oscuro que parece no tener salida.
Éste es el estado de las almas al que apunta el demonio y les lanza sus dardos mortales.

 

Veamos 10 formas:

 

 

1.- Procrastinación.

 

Te puede tentar de la siguiente manera: “No hay apuro; pospón tu oración para mañana.
Dios entiende; Él conoce tus pensamientos y sentimientos.
Dios no tiene prisa, tampoco tú la deberías tener”.

 

 

 

2.- Hacer menos oración.

 

Bueno, si el demonio no puede vencerte haciendo que pospongas tu oración para mañana, entonces hará que ores menos.
En lugar de asistir a una Hora Santa, haz una visita de 30 minutos, deja de asistir a Misa diario.

Sólo es necesario que asistas los Domingos.
¿El Rosario? En lugar de rezar todo el rosario, el demonio hará que solamente reces una o dos décadas.

 

 

3.- Distracciones en tu oración.

 

Otra táctica del demonio es hacer que pierdas la concentración.
En lugar de enfocarte en Dios, terminas enfocándote en algún asunto irrelevante como qué cocinar luego, quién está jugando tal o cual deporte, qué planes hay para el fin de semana.

 

 

 

4.- Pierde el tiempo.

 

El demonio no da tregua en sus ataques a la persona que se ha comprometido a una vida seria de oración.
Como nos recuerda la Palabra de Dios:

“Si decides seguir al Señor, prepárate para la batalla”.

El demonio te puede tentar de la siguiente manera: Estás malgastando tu tiempo al orar.
Mejor haz lo imposible para ayudar a tu vecino.
¿Recuerdas a Jesús con Marta y María?
El demonio promueve el activismo al punto de convencernos de que nuestro trabajo es mucho más importante que nuestra vida de oración y conversación con el Señor.

Recuerda que Jesús vino en defensa de María cuando estaba sentada a sus pies y le escuchaba atentamente ¡éste es un verdadero modelo de contemplación!

 

 

 

5.- Aún eres la misma persona.

 

Estás orando más que antes, pero en realidad no eres mejor que antes y muchas personas te han dicho esto.
Por lo tanto, mejor abandona tu vida de oración y vuelve a la vida normal, cómoda y fácil que la mayoría de tus amigos y socios llevan.

 

 

 

6.- Sentimientos.

 

El demonio puede tentarte de esta manera.
Puede engañarte haciéndote creer que tus oraciones no van a ningún lugar por la sencilla razón de que no experimentas emociones ni sentimientos fuertes cuando oras.
Antes experimentaste esos sentimientos y emociones en ese primer retiro carismático, pero las emociones cesaron y la oración es más tranquila y pacífica.

Cualquier buen director espiritual o texto sobre la teología de la oración indicará que ésta no depende siempre de emociones sino de la confianza en Dios.

 

 

 

7.- Dios se muestra callado y no responde a mi oración.

 

Puede suceder que hayas orado durante mucho tiempo por una intención en específico, quizás hayas ofrecido novenas y Misas, pero esa intención no ha sido respondida.
El demonio puede convencerte de no orar, o de que la oración es un ejercicio inútil, una pérdida de tiempo.

Para algunos, el demonio describe a Dios como una especie de Santa Claus en el cielo o como un genio listo para salir de la lámpara si la frotamos lo suficientemente fuerte. Si no me contesta, Dios no existe.

 

 

 

8.- Desastres y ausencia de Dios.

 

 

Tal vez algunos desastres se han presentado en tu vida: pérdidas económicas, desafíos financieros, o incluso la muerte de un ser querido. ¿Cómo puede un Dios tan bueno permitir que esto suceda?
Un buen Dios no permitiría esto, si en realidad Él es bueno.
Nuestra salvación puede ser el libro de Job:

“Desnudo salí del seno de mi madre, desnudo allá volveré. Yavé me lo dio, Yavé me lo ha quitado, ¡que su nombre sea bendito!”
(Job 1,21)

 

 

 

9.- Tentaciones en contra de la castidad.

 

Ha sucedido incluso en la vida de los santos (Santa Catalina de Siena, Santa Margarita María, San Antonio del desierto) ser atacados frecuentemente contra la virtud de la pureza.
El demonio usa muchas y diversas maneras de tentación para disminuir la vida de oración e incluso extinguirla.

 

 

 

10.- El Desespero.

 

Tal vez el ataque más fatal del enemigo es convencernos de ceder ante la desesperación.
Éste fue el caso de Judas Iscariote. Si se hubiese arrepentido, tal vez alrededor de todo el mundo tendríamos iglesias con el nombre: “San Judas el penitente”.

Pedro se arrepintió y fue perdonado y se convirtió en santo.
Después de que caemos en pecado, el demonio nos acusa y condena y nos lleva a la muerte y a la desesperación.

El Espíritu Santo nos consuela y nos llena de ánimo con la confianza y esperanza en la infinita misericordia de Dios.

 

 

JESÚS EN TI CONFIO.

 

En conclusión, debemos aferrarnos a la oración como si fuese un chaleco salvavidas, el aire que nos mantiene vivos, el ancla o nuestra salvación.

 

 

 

 

 

 

 

 


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