Declaración del Obispo Daniel Fernández Torres (Misericordiado por Bergoglio)

"Lamento mucho que en la Iglesia donde se predica tanto la misericordia, en la práctica algunos carezcan de un mínimo sentido de la justicia. A mí no se me ha hecho ningún proceso, ni se me ha acusado formalmente de nada y sencillamente un día el Delegado Apostólico me comunica verbalmente que de Roma se me pedía la renuncia"

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Oficina de Comunicaciones 

Diócesis de Arecibo 

COMUNICADO DE PRENSA

 

 

Declaración del Obispo Daniel Fernández Torres

 

 

AL PUEBLO DE DIOS QUE PEREGRINA EN LA DIÓCESIS DE ARECIBO

Cuando reciban la noticia de mi sustitución como obispo al frente de la diócesis de Arecibo quiero que sepan que no me corresponde explicarles una decisión que no puedo explicarme yo mismo, aunque la acepte con la paciencia de Cristo por el bien de la Iglesia. Tampoco les toca a ustedes juzgar aquello de lo que solo Dios y la historia harán en su momento. 

Al reaccionar a lo acontecido me siento bienaventurado por sufrir persecución y calumnia (cf Mt 5, 10-11) por anunciar la verdad de la dignidad del hombre en unas circunstancias como las actuales en las que «resulta incómodo: se opone a nuestras acciones…” (Sab 2, 12). Hoy puedo tener la frente en alto y aún siendo imperfecto y pecador, saber que he hecho lo correcto y eso me da mucha paz interior. Me conforta además el significado en hebreo del nombre Daniel, que providencialmente recibí en mi bautismo, “Dios es mi juez”.

Lamento mucho que en la Iglesia donde se predica tanto la misericordia, en la práctica algunos carezcan de un mínimo sentido de la justicia. A mí no se me ha hecho ningún proceso, ni se me ha acusado formalmente de nada y sencillamente un día el Delegado Apostólico me comunica verbalmente que de Roma se me pedía la renuncia. Se sustituye ahora a un sucesor de los apóstoles sin emprender ni siquiera lo que sería un proceso canónico deberoso para destituir a un párroco.

 

Se me informó que no había cometido ningún delito pero que supuestamente “no había sido obediente al Papa ni había tenido la suficiente comunión con mis hermanos obispos de Puerto Rico”. Se me sugirió que si presentaba la renuncia a la diócesis quedaría al servicio de la Iglesia por si en algún momento me necesitaban en algún otro cargo; oferta que de hecho demuestra mi inocencia. Sin embargo, no renuncié porque no quise hacerme cómplice de una acción del todo injusta y que aún ahora me resisto a pensar que pueda ocurrir en nuestra Iglesia.

Esta experiencia personal, por otro lado, me ha ayudado a darme cuenta de un modo nuevo de la grave responsabilidad que tenemos todos los obispos en el gobierno de la Iglesia que es apostólica y no piramidal, sinodal y no autocrática. Creo que por bastante tiempo muchos obispos hemos estado observando preocupados lo que ocurre en la Iglesia y nos hemos resistido a creer lo que está pasando. Hoy mas que nunca debemos recordar nuestro llamado a ser profetas.

Son tiempos difíciles, pero no perdamos la esperanza. Las palabras del Papa emérito Benedicto XVI, siendo sacerdote, nos pueden animar: “A mí me parece seguro que a la Iglesia le aguardan tiempos muy difíciles. Su verdadera crisis apenas ha comenzado todavía. Hay que contar con fuertes sacudidas. Pero yo estoy también totalmente seguro de lo que permanecerá al final: no la Iglesia del culto político, ya exánime, sino la Iglesia de la fe. Ciertamente ya no será nunca más la fuerza dominante en la sociedad en la medida en que lo era hasta hace poco tiempo. Pero florecerá de nuevo y se hará visible a los seres humanos como la patria que les da vida y esperanza más allá de la muerte”. 

Humildemente celebro cuanto hemos podido hacer juntos desde la diócesis de Arecibo, en estos casi doce años, en la pastoral juvenil y vocacional, en la lucha por la dignidad del amor humano, la familia y el respeto a la vida, en la libertad de la Iglesia frente a las injerencias políticas, en la formación de sacerdotes santos y en haberle regalado una “Casa” a la Virgen en nuestro Santuario diocesano. Si por procurar ser fiel a Dios se me sustituye en el cargo, vale la pena, pues como obispo puedo ser útil a la Iglesia con mi propio testimonio. Recuerdo las palabras de san Juan de Ávila: “cuán honrados somos en ser deshonrados por buscar la honra de Dios”.

Manifiesto mi comunión en la fe católica, con el Papa y mis hermanos en el episcopado, a pesar de mi perplejidad ante una arbitrariedad incomprensible. Y si, de aquí en adelante, puedo servirles en algo, declaro mi plena disponibilidad.

Hoy y siempre mi mayor agradecimiento a Dios y a la Virgen del Perpetuo Socorro, nuestra patrona. Gracias también a todos los sacerdotes por ser un clero bueno y fiel. Gracias a todos los fieles de mi amada diócesis de Arecibo por su cariño y oraciones. Gracias a todo el personal del obispado por ser una familia extendida. Gracias a mi familia por su apoyo incondicional siempre. Gracias también a mis hermanos de diversas confesiones cristianas por las veces en que juntos levantamos nuestra voz en defensa de la familia.

Dios los bendiga a todos. 

En Cristo muerto y resucitado,

+Daniel

 

 

 

 


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