MONSEÑOR VIGANÒ: «Vemos con dolor como la gran mentira llega a convencer a nuestros personas allegadas, que creíamos maduras»

Queridos hermanos de Adoración y Liberación: el arzobispo Carlo Maria Viganò ha concedido esta imperdible entrevista al vaticanista  Aldo Maria Valli; que con gusto os compartimos. ¡Santa Lectura!

 

Entrevista de Aldo Maria Valli a monseñor Carlo Maria Viganò

Abril de 2021

 

 

 

Excelencia, gracias a sus repetidas intervenciones y a la actividad de algunos blogs estamos denunciando como podemos la apostasía que se propaga por la Iglesia y la tiranía impuesta por la ideología del Nuevo Orden Mundial, a la cual por lo que se ve se somete en todo la Jerarquía de la Iglesia.

 

Con respecto a estos temas se observa una división cada vez más acentuada en el interior de las familias e incluso entre amigos. Por lo que se refiere a lo que pasa en el mundo y en la Iglesia, se nos divide de un modo radical, con una polarización que no parece admitir la menor comprensión mutua. Es como si de la cultura surgieran dos antropologías y hasta dos fes diversas. ¿Cómo se debe actuar, pues, en esta situación, salvaguardando el amor por la verdad?

 

Tiene razón; la instauración del Nuevo Orden, iniciada con el pretexto de la supuesta epidemia, hace patente a muchos la pérdida de la serenidad y la paz interior; nos hace percibir un mal que nos supera y ante el que nos sentimos impotentes. Con mucha frecuencia nos duele ver cómo la mentira llega a convencer a personas allegadas y que creíamos maduras y con capacidad para discernir entre el bien y el mal. Nos parece increíble que nuestros amigos se dejen engañar, yo diría que hasta hipnotizar por el machaqueo de los medios de difusión dominantes: médicos a los que teníamos por rigurosos parecen hacer caso omiso de sus conocimientos científicos y abdican de la razón en nombre de una especie de insensata superstición; conocidos nuestros que hasta ayer condenaban los horrores del nazismo y el comunismo no se dan cuenta de hasta qué punto los horrores de aquellas dictaduras resurgen de un modo aún más inhumano y despiadado, reproduciendo a gran escala los experimentos de los campos de concentración y las violaciones de los derechos humanos de la población mundial; no entendemos cómo nuestro párroco nos puede hablar del covid como si fuera una epidemia, que el alcalde se comporte como un sátrapa o que una vecina llame a la policía porque una familia se ha puesto a hacer una parrillada en la azotea. Ancianos que combatieron valerosamente jugándose la vida, están literalmente aterrorizados por una gripe que tiene cura. Padres de familia con sólidos principios morales toleran que a sus hijos los adoctrinen en el vicio y la perversión, como si ya no tuvieran ningún valor las convicciones que les han trasmitido. Hablar del amor a la Patria, de defender el territorio nacional o de soberanía se considera fascista. Nos preguntamos: ¿qué fue de la Italia que amábamos? ¿Qué ha sido de la Iglesia que nos instruyó en la Fe y nos hizo crecer en la Gracia de Dios? ¿Será posible que en pocos años todo eso haya desaparecido?

 

Es evidente que cuanto está sucediendo había sido planificado desde hace decenios, tanto en el ámbito civil como en el religioso. Muchos, muchísimos, se han dejado engañar. Primero les convencieron para que otorgasen derechos a quienes no compartían nuestra Fe y nuestros valores. Después les hicieron sentirse poco menos que culpables por ser católicos, por sus ideas y por su pasado. Hemos llegado al punto de que casi ni se nos tolere, y nos tilden de retrógrados y fanáticos, y hay quienes quieren ilegalizar lo que durante milenios ha constituido la base de la convivencia civil y declarar no sólo lícito sino obligatorio todo comportamiento contra Dios, contra natura y contra nuestra identidad.

 

Ante esta distorsión que afecta a toda la sociedad, se hace cada vez más clara la brecha que se está abriendo entre los hijos de la luz y los de las tinieblas: es una gracia que Dios nos concede para que elijamos valerosamente bando. Recordemos las palabras de Nuestro Señor: «No creáis que he venido a traer la paz sobre la tierra. No he venido a traer paz, sino espada» (Mt. 10,34). El pacifismo del que llevamos décadas oyendo hablar sólo sirve para desarmar a los buenos y dejar campo libre a los malos para que hagan sus obras inicuas. Pero no hay mal que por bien no venga si la división y la polarización entre los que son de la Ciudad de Dios y los que sirven al príncipe de este mundo sirve para abrirnos los ojos. El amor a la verdad supone necesariamente el odio a la mentira, y sería desconsiderado e iluso creer que se puede servir a dos señores. Si hoy se nos pide que tomemos partido decidiendo entre el Reino de Cristo y la tiranía del Nuevo Orden Mundial, no podemos sustraernos a esa elección; hemos de escoger con coherencia pidiendo al Señor las fuerzas para dar testimonio de Él hasta el martirio. Quien diga que el Evangelio se puede conciliar con el antievangelio mundialista miente, como miente también quien nos propone un mundo sin guerras en el que convivan pacíficamente todas las religiones. No hay paz sino en el Reino de Cristo: pax Christi in Regno Christi. Es cierto que para triunfar en el combate necesitamos generales y comandantes que nos guíen; si la mayoría ha preferido desertar y traicionar, podemos contar no obstante con una Capitana invencible: la Virgen Santísima, invocando su protección sobre sus hijos y sobre toda la Iglesia. Estando bajo su poderosa guía no debemos temer nada, porque será Ella quien aplaste la cabeza de la serpiente antigua y restablezca el orden quebrantado por la soberbia de Satanás.

 

Hablemos de liturgia y de la Santa Misa. No todos los fieles católicos, por muy bienintencionados que sean, tienen oportunidad de asistir a la Misa Vetus Ordo, y tienen que contentarse con la que se celebra en su parroquia, que en muchos casos se caracteriza por la grosería litúrgica, por no hablar de auténticos abusos. Misas en las que se comulga en la mano y de pie, se reza el Padrenuestro alterado, se invita a los fieles a darse la paz y se oyen homilías en consonancia con el bergoglismo, entre otras muchas cosas. Uno sale de Misa viéndolo todo muy negro, por decirlo con un eufemismo, en vez de serenado y reconciliado con Dios y con sus hermanos. ¿Qué se puede hacer?

 

Ante todo tendríamos que preguntarnos cómo es posible que el acto supremo de culto, instituido por Nuestro Señor para perpetuar de modo incruento en nuestros altares las gracias infinitas del Sacrificio del Calvario, se convierta en un obstáculo para la santificación de los fieles en lugar de en una fuente de progreso espiritual y paz interior. En otros tiempos, la Misa era un destello del Paraíso en medio de las pruebas y el caos del mundo; actualmente se diría que el estrépito del mundo es un elemento indispensable para desterrar el silencio, la adoración orante y el sentido de los sagrado y de la presencia de Dios. Pero si en el orden natural tenemos el deber de nutrir el cuerpo con alimentos sanos y evitar los envenenados y adulterados, con mayor razón tenemos en el orden sobrenatural la obligación de nutrir el alma con un alimento sano alejándonos de todo lo que nos pueda intoxicar espiritualmente.

 

Comprendo como es natural la dificultad que tienen los fieles para frecuentar iglesias en que se celebre la Santa Misa tradicional. Pero creo también que el Señor también aprecia la buena voluntad de quienes son conscientes de la importancia que tiene el Santo Sacrificio para nuestra alma, sobre todo en momentos de grave crisis como el que atravesamos, y que por esto se deba hacer un pequeño esfuerzo, al menos los domingos, para santificar dignamente el Día del Señor. Ha habido épocas y lugares en que los católicos eran perseguidos y era difícil y peligroso asistir a Misa. Y sin embargo se congregaban clandestinamente en bosques, bodegas y sótanos para honrar a Dios y alimentarse del Pan de los Ángeles. Tenemos el deber de estar a la altura de aquellos hermanos nuestros en la Fe sin poner excusas. Por otro lado, el motu proprio Summorum Pontificum reconoce a los fieles el derecho –derecho, no privilegio– de poder asistir a la Misa Tradicional, y si no la hay en todas partes es porque los propios fieles no saben imponerse. No se trata de una cuestión de estética, de amor al latín o al canto gregoriano, ni de nostalgia de tiempos ya vividos. Lo que está en juego es el corazón que da vida a la Iglesia, el alma de la vida sobrenatural de los católicos y el bien del mundo mismo.

 

Comprendo que muchos fieles se encuentran en una situación difícil, al menos desde el punto de vista humano, al tener que optar por abandonar la vida parroquial para asistir a la Misa Tradicional en otro sitio, que quizás esté a kilómetros de distancia. Los fieles tienen el deber moral, grave como mínimo, de buscar una Misa celebrada con decoro y respeto por un sacerdote piadoso que dé de comulgar en la boca.

 

La pandemia ha supuesto el pretexto para imponer restricciones abusivas a las funciones litúrgicas. No nos hagamos cómplices de estos abusos callando y resignándonos a que nos impongan misas indecorosas y sacrílegas. A Dios también le ofenden la indolencia y la indiferencia con que correspondemos su amor. Indolencia cada vez más perceptible en los fieles que se dejan imponer además la vacuna en la iglesia el Sábado Santo, sustituyendo la meditación de los Novísimos por el miedo infundado a la muerte física. Ante tal manifestación de servilismo por parte del clero y de la jerarquía a los dictados de unas autoridades corruptas y corrompedoras, alzar la voz es algo más que un deber moral; es también un freno a los excesos de tantos eclesiásticos que han olvidado el sentido de su sacerdocio y el espíritu de su vocación; harían bien en meditar seriamente en la gravedad de cooperar al discurso del covid, y más aún cuando la superstición pseudocientífica se convierte en la única forma posible de fe y se apropia de la simbología, el léxico y los ritos de una religión. El que tenga oídos para oír, que oiga.

 

Pedimos por tanto a nuestros sacerdotes que celebren la Misa como si fuese la primera y la última de su vida; que se dejen de ritos mundanizados y restituyan el tesoro que han ocultado tercamente. No nos olvidemos de ayudar material y espiritualmente a los sacerdotes que celebran de forma valerosa y coherente la liturgia tradicional, recordándonos que el día de mañana serán ellos los que reconstruyan el tejido de la sociedad cristiana. Y si no nos es posible asistir con regularidad al Santo Sacrificio celebrado según el rito que nos fue transmitido desde los Apóstoles, alejémonos de quienes profanan el Santísimo Sacramento y se valen del púlpito para corromper la Fe y la moral. La conciencia me obliga a recalcar, que donde sea posible asistir sin grave perjuicio a la Misa Tridentina debe preferirse ésta a la reformada.

 

Vuestra Excelencia habrá visto que ha resurgido el debate en cuanto a quien es o no el Papa. Algunos dicen: en vista de que Bergoglio fue elegido por medio de maniobras de la mafia de San Galo, y al parecer hubo irregularidades en el cónclave, no es papa. Lo sería en realidad Ratzinger, que no habría abdicado libremente, sino obligado bajo fuertes presiones, y adrede habría escrito incorrectamente el texto latino de la renuncia para que no fuera válido. ¿Se trata de conjeturas fantasiosas, o hay algún factor que convendría tener seriamente en cuenta?

 

Numerosas causas –fuertes presiones indebidas tanto externas a la Iglesia como por parte de eminentes miembros de la Jerarquía, así como el  carácter   personal del propio Joseph Ratzinger– habrían motivado a Benedicto XVI a formular una declaración de renuncia de una manera totalmente irregular, dejando a la Iglesia en un estado de grave incertidumbre y confusión. Maquinaciones de una camarilla de progresistas habrían señalado a Bergoglio como candidato a elegir en un cónclave que se caracterizó por infracciones de la constitución apostólica Universi Dominici gregis, que regula la elección del Sumo Pontífice. Estos elementos serían suficientes para anular la abdicación de Ratzinger, así como el cónclave de 2013 y la elección del sucesor. Con todo, aunque sean de sobra conocidos e innegables, se necesitaría una confirmación, y sobre todo una declaración, por parte de la autoridad suprema de la Iglesia. Un pronunciamiento formulado por quien carece de autoridad para hacerlo sería temerario. Creo además que en la situación actual la disputa sobre quién será el verdadero Papa reinante no haría otra cosa que debilitar la ya fragmentada parte sana del cuerpo de la Iglesia sembrando división entre los buenos.

 

Roguemos con confianza al Señor para que saque a la luz la verdad y nos indique el camino a seguir. Por ahora, mediante la virtud de la Prudencia, que ordena los fines al fin último, mantengámonos fieles y custodiemos celosamente lo que siempre ha creído la Iglesia: quod semper, quod ubique, quod ab omnibus creditum est.

 

En esta fase que en tantos aspectos resulta tan complicada y confusa, ¿cuál sería su oración? ¿Nos podría sugerir cómo podemos dirigirnos a Nuestro Señor?

 

Todo lo que está sucediendo tiene su origen en los pecados públicos de las naciones, en los de las personas particulares y, por terrible que parezca decirlo, en los pecados del clero. No podemos intervenir en lo que respecta a los pecados de las naciones ni los de la jerarquía; pero sí podemos empezar con humildad y con espíritu de verdadera conversión a enmendarnos de nuestras culpas, nuestras infidelidades y nuestra tibieza. De ese modo, mientras los nuevos fariseos se complacen agradando al mundo, además de rezar por su conversión debemos implorar la misericordia del Señor para nosotros mismos con las palabras del Evangelio: «Oh Dios, compadécete de mí, el pecador» (Lc.18, 13). La sociedad, y más todavía la Iglesia, obtendrán un gran beneficio de nuestra fidelidad y de recurrir, por la gracia de Dios y con la protección de la Santísima Virgen, el camino de santidad que se ha dispuesto para nosotros. No dejemos de recurrir con confianza a Aquella que nos dio por Madre Nuestro Señor en la Cruz, que como Madre que es no nos negará la ayuda en la hora de la prueba.

 

En la Pascua: a pesar de todo, el Señor resucita. Buscamos motivos para le esperanza; la empresa es difícil, pero ¿podemos hacer el intento?

 

No sólo podemos, debemos tener fe y ejercitarnos también en la virtud de la Esperanza, por la que sabemos que el Señor nos concede las gracias necesarias para evitar el pecado, hacer el bien y hacernos acreedores a la bienaventuranza eterna en el Cielo. No olvidemos que somos peregrinos en este valle de lágrimas y que nuestra Patria es la Jerusalén celestial, con la presencia de los ángeles y los santos en la gloria de la Santísima Trinidad. Surrexit Dominus vere, verdaderamente resucitó, proclama la liturgia pascual. El Señor ha resucitado de una vez por todas, derrotando a Satanás y arrancándole el contrato que había firmado con Adán mediante el pecado original. No debemos dejarnos intimidar por las pruebas que estamos atravesando, el miedo a quedar abandonados, solos frente a un ejército poderosísimo que parece que nos va a aplastar y vencer, sino que deben motivarnos a renovar la confianza en Aquel que dijo de Sí mismo: «Os he dicho estas cosas, para que halléis paz en Mí. En el mundo pasáis apreturas, pero tened confianza: Yo he vencido al mundo» (Jn. 16, 33).

 

Que esta Santa Pascua nos estimule a volver a Dios, ofreciendo las pruebas y tribulaciones con espíritu de expiación y reparación por la conversión de los pecadores, para que después de haber participado del amargo cáliz de Getsemaní seamos dignos de la gloria de la resurrección.

 

 

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4 respuestas

  1. Ha dicho ud., Mons. Viganó, horrores del «nazismo» y del comunismo. Ha evitado citar los HORRORES de la DEMOCRACIA (incluidos los de la patria de Donald Trump, su candidato político frente al del jefe del Estado Vaticano actual, el progresista argentino). ¿Es eso ser FIEL A LA VERDAD y enemigo de la MENTIRA de la que es padre el demonio, o más bien es ser fiel a la propaganda política, la corrección política y la diplomacia electoralista en favor de su política, Mons. Viganó? Es muy malo para su alma MENTIR, Mons. Viganó. Empiece por ud. mismo por aplicarse sus propias «recomendaciones y sermones». Dios no quiere MENTIROSOS ni COBARDES. Ap 21,8 y Dios no piensa igual que los hombres. Lo que para los hombres es bueno, para Dios es abominable. Y ud. lo debería saber mejor que nadie, aunque no le interese expresarlo.

    Por cierto, ignoro si existía tan solo un «católico» entre los millones de comisarios soviéticos y afiliados comunistas y entre los políticos democráticos de cualquier signo (estoy seguro de que NO, porque ambas ocupaciones son propias de demonios encarnados). Pero compruebe ud. bien, Mons. Viganó, si hubo o no hubo millones, que no centenares de miles, sino MILLONES de católicos, incluso ejemplares, entre los NAZIS. Investigue, investigue, si es que en VERDAD ud. sirve al que es Camino, VERDAD y Vida. Y medite antes de tratar de convencer a los católicos humildes y de bien con basura propagandista hollywoodiense fiel al demonio. Ya sabemos, por el Evangelio de San Juan, el «amor» a la VERDAD que tenían los judíos que crucificaron al Señor y negaron su Gloriosa Resurrección sobornando incluso a la guardia del Santo Sepulcro. ¿O es que solo son «católicos» los que son fieles al argentino o los que lo son a ud. o los que son fieles a Jesucristo según los Santos Evangelios y no catecismos o encíclicas al gusto del pecador de cada tiempo?

  2. Escribía el santo cura de Ars que si las almas del infierno tuviesen tan siquiera media hora para confesar todos los pecados de su vida ante un sacerdote, no habría una sola que desaprovechase la ocasión.

    Veamos. Entre los gulags circundantes de la inaccesible ciudad siberiana de Norilsk (véase acerca de los gulags soviéticos la descripción de Alexandr Solzhenitsyn, Archipiélago Gulag. Lectura obligada para todo católico que quiera aumentar su CAPACIDAD DE DISCERNIMIENTO, no para el que quiera seguir idolatrando a Francisco y sus ocurrencias), los campos de concentración nazis en Polonia, como el famoso campo de Auschwitz, y los campos de prisioneros de USA en sus guerras por toda la tierra, como el de Guantánamo en Cuba, NO EXISTE UNO SOLO en el que la TOTALIDAD de las almas del infierno prefiriesen pasar allí toda la eternidad antes que entre las llamas del infierno. Pues bien, aunque hay gente, incluso católicos, que NO cree en el INFIERNO y por lo tanto toma a Jesucristo Nuestro Señor y a los santos y santas que nos han revelado su existencia y horrorosa verdad, por embusteros, es seguro que más nos valdría a toda la humanidad pasar por esos lugares de tortura y muerte en vida para purgar nuestros pecados, que ser condenados eternamente a ese lago de azufre y fuego, a esa gehenna, por toda la eternidad tras nuestra muerte.

    ¿Merece la pena MENTIR, aficionarse a la mentira y rechazar así a Dios eternamente, a cambio de que una determinada opción política gane unas elecciones? ¿O creemos que la MENTIRA no tendrá consecuencias eternas? La propaganda POLÍTICA es MENTIRA. Los políticos MIENTEN, ENGAÑAN Y MANIPULAN, ayer, hoy y siempre y en todo lugar. La POLÍTICA es el ejercicio de la MENTIRA y el ENGAÑO. Los políticos no son amigos de Dios, sino enemigos, por mucho que traten de engañar a los católicos y aprovecharse de su voto y favor. La ley es la Biblia y nuestro Rey es Jesucristo y nuestra Reina es la Santísima Virgen María. Nuestra confianza es el Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María. No hay opción política para los que aman a Dios, porque el mundo odia a Dios y no es más el siervo que el amo (el evangelista San Juan NO MIENTE, los políticos, amantes de este mundo, SÍ). Los políticos no tienen salvación a no ser de que dejen la política (es decir, la MENTIRA Y LA HIPOCRESÍA Y FARISEÍSMO que la política conllevan) y obren conforme a la Palabra de Dios en el NT.

    Publiquen uds., adoración y liberación, el número de niños y niñas no nacidos alemanes que, entre 1933 y 1945, fueron asesinados en clínicas abortivas en la Alemania de Adolf Hitler (si es que hallan testimonio y estadísticas de ello, que lo dudo muchísimo) y comparen la cifra con la URSS en esos mismos años, la RDA posteriormente, Polonia desde 1944 hasta 1989, USA incluso entonces, UK idem, la España democrática actual, o con cualquier otro país de la tierra. Que nos lo aclare Monseñor Viganó, ya que hace alusión a esos Antikomintern teutones llamados nazis. YA QUE HAY TANTA OPOSICIÓN CATÓLICA AL ABORTO QUE SE EXAMINEN CIFRAS HISTÓRICAS, PAÍSES QUE LO IMPLANTARON HASTA HOY Y CIFRAS DE NIÑOS Y NIÑAS A LOS QUE NINGÚN DERECHO SE LE HA DEJADO EJERCER. A ver si los católicos empezamos ya de una vez a DISCERNIR de verdad. Y no vengan con la mamandurria de que toda vida vale lo mismo (una persona que ha sido condenada en Texas a morir en la silla eléctrica por asesinato no es lo mismo que una persona inocente, especialmente no nacida. Se puede objetar a la pena de muerte por crímenes, pero no es lo mismo un caso que el otro). La legítima defensa es no ya un derecho, SINO UNA OBLIGACIÓN. ¿Qué padre no mataría para salvar a su familia de unos desalmados que quisieran violar a su esposa e hija y asesinar a toda la familia? Ya está bien de hipocresía política entre el rebaño del Señor. Ya está bien.

    Ya que Mons. Viganó es tan valiente atacando al progresista argentino, que tenga la valentía de sacar a la luz esos datos sobre ABORTO en la historia. Que se entere toda la Cristiandad. Ah, y que de los datos de cuantos niños y niñas fueron abortados en los 4 años de gobierno de Donald Trump en USA. Que quien anda entre tinieblas NO TIENE NI LA MÁS MÍNIMA CREDIBILIDAD.

    Cuando se JUZGA a un sistema, hay que hacerlo a la luz de la VERDAD, no de la propaganda política, que es embustera como el mismo demonio. Cuanto más se ataca al régimen nazi, MUCHO MÁS SE ENSALZA A SUS SATÁNICOS ENEMIGOS.

  3. Es una pena que la Iglesia y los sitios católicos se nieguen una y otra vez a presentar una teología de la historia que no sólo explique el Concilio Vaticano II sino los sucesos actuales y no recuerden a San Agustín cuya Ciudad de Dios contribuyó a la creación de la cristiandad, no considero que una teología de la historia tenga los efectos de modificar todas las voluntades de la Iglesia de manera que Ella se dirija a otro final pero puede ser de utilidad para la fe de los católicos y para la comprensión de lo que sucede en la Iglesia a cambio de ello se le ha suministrado pecando con gravedad artículos con omisiones de verdades importantes y verdades a medias. En mi caso he preparado durante estos años lo que puedo llamar una verdadera teología de la historia que está expuesta sólo en comentarios pues Adelante la Fe y otros sitios me niegan la entrada porque progresistas, conservadores y tradicionalistas rechazan desde hace ocho años a adoptar otra estrategia y a suministrar toda la verdad a los fieles de manera de comprender cómo nos acercamos a los tiempos finales.

  4. No hay más que leer y meditar profundamente, guardar en el corazón, como hacía Nuestra Señora, la Santísima Virgen María, las palabras de Jesucristo Nuestro Señor, Dios verdadero, acerca de que solo los que escuchan la VERDAD son de Dios. Y los judíos escuchan y propagan solo la MENTIRA, de la que es padre el demonio. Y eso no lo cambia ni toda la élite del Vaticano junta si es que aprecian en algo su salvación eterna.

    Ya sé que la aristocracia católica, tan idolatrada por los falsos católicos, nos trata como menos que basura ignorante (terminología de San Pablo según Primera a los Corintios) a los católicos de calle, a los sencillos y pobres no consagrados (despreciados y excomulgados en favor de los que odian a Dios. No olvidemos que para el argentino Francisco «los COMUNISTAS defienden lo mismo que los CRISTIANOS». MAYOR SALVAJADA HEREJE SOLO ES POSIBLE POR VOZ DEL PROPIO LUCIFER), pero el EVANGELIO SEGÚN SAN JUÁN, DISCÍPULO AMADO DE JESUCRISTO, es el que es, no el que la POLÍTICA ordena a cada papa, cardenal, arzobispo, obispo o sacerdote para que instrumentalicen a conveniencia la fe. La COBARDÍA está muy extendida entre nuestros hermanos mayores de fe, para desgracia de lo que Dios mismo nos encomendó: «id y predicad el Evangelio a toda criatura» (sustituido por la satánica prédica POLÍTICA). Y Mons. Viganó NO ES UNA EXCEPCIÓN, por mucho que bendiga a Adoración y Liberación.

    Teología cristiana o católica verdadera es la teología de la VERDAD, no la «teología» de la POLÍTICA, esa de la que nos advirtió el santo Padre fiel y preso Benedicto XVI, es decir, la teología de la ACCIÓN POLÍTICA-instrumento de satanás para llevar almas al infierno con ateísmo, apostasía, división, MENTIRA, engaño, manipulación, latrocinio, corrupción ilimitada, escándalos, perversidades, maldades sin freno, etc., de la que es plenamente responsable todo votante, le guste o no (católicos engañados incluidos y votantes de Donald Trump incluídos, por mucho que Viganó lo niegue).

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