LA PALABRA DE DIOS DEL DOMINGO: II DOMINGO DE CUARESMA

 

 

 

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Juan Donnet

 

 

 

 

 

 

II DOMINGO DE CUARESMA

I clase, morado

Sin Gloria. Tracto. Credo. Prefacio de Cuaresma

Luego del Proemio Litúrgico y  los textos de la Misa consignamos nuestro comentario, seguido del comentario del Padre Castellani y por último las citas de los Santos Padres sobre nuestro Evangelio.

 

 

PROEMIO LITÚRGICO

Háblanos hoy el Breviario del patriarca Jacob, modelo que es de entera confianza en Dios, aun en medio de los mayores contratiempos.

Jacob, por la bendición de su padre Isaac, fue constituido como heredero de las divinas promesas hechas antes a Set, a Noé, a Abrahán y a Isaac, las cuales sólo tuvieron cabal cumplimiento en Jesucristo.

Toda la vida de Jacob es figurativa de Cristo y de su Iglesia en el misterio pascual. Dice S. Agustín Que el hecho de la bendición Que Isaac concedió a Jacob tenia un sentido simbó lico, por cuanto las pieles del cabrito representaban los pecados, y Jacob revestido de esas mismas pieles era imagen de Aquél que, no teniendo pecados propios, cargó con los ajenos. (Mait.). Simbolismo Que todavía recuerda el Pontifical romano al obispo, cuando se pone los guantes para celebrar misa.

Jacob fué el suplantador de su hermano Esaú, pues le ganó su derecho de primogenitura. Jesús, a su vez, suplantó al demonio, príncipe como se llamaba de este mundo, arrebatándole su presa con un arte y astucia divinas: ars ut artemfalleret.

Jacob en su lucha con el Ángel salió al fin vencedor, y desde entonces le mandó Dios Que se llamase Israel, o sea, fuerte contra Dios. Pero más fuerte aún fue Cristo Jesús. el cual, con los dolores y luchas a brazo partido con el ángel malo, lo venció y, lo que es más, logró desarmar a Dios mismo, atándole las manos de su justicia para que no descargase sobre la tierra culpable los golpes merecidos de su ira.

Además, Jesucristo es nuestro hermano mayor y nuestro capitán. Debemos escuchar sus palabras, porque Él nos ha elegido para ser su propio pueblo.  Claramente nos inculca todo esto la Epístola de hoy.

Jesús se aplica también a si mismo la aparición de la escala de Jacob, para demostrar que en medio de las persecuciones se ve continuamente protegido por la divinidad y por los Ángeles (Juan 1, 51). Dice también S. Hipólito que “así como Esaú urdía la muerte de su hermano, así el pueblo judío tramó la muerte de Cristo y de su Iglesia. Jacob hubo de huir muy lejos; y Cristo a su vez, rechazado por la incredulidad de los suyos, hubo de fugarse a Galilea, en donde le fue dada por esposa la Iglesia, proveniente de raza gentílica”. Mas al fin de los tiempos estos dos pueblos, judío y gentil, llegarán a reconciliarse. También el Evangelio de hoy tiene un precursor en la visión de Jacob.

Él vio la gloria de Dios, y también los Apóstoles la vieron en la Transfiguración, y más tarde cuando se les apareció inundado en divinales efluvios después de resucitado.

Hagámonos dignos de contemplarle cuando la Iglesia y su liturgia nos le presenten radiante de gloria el santo día de Pascua, preludio de la Pascua eterna y de la visión beatifica que no tendrá fin, y que colmará plenamente las ansias más hondas y más nobles de nuestro ser.

Para conseguir la victoria de nuestros enemigos espirituales nos propone el Introito una ilimitada confianza en la misericordia de Dios, invocándole con todo nuestro corazón. Esta confianza nos ayudará en gran manera a obtener los dos bienes más necesarios en la Cuaresma: la remisión de nuestros pecados, y el auxilio divino para no volver a cometerlos. En la Colecta rogamos a Dios por nuestras necesidades del alma y del cuerpo. Si nuestras súplicas son humildes y sinceras, que el Señor nos concederá ciertamente el remedio de todos nuestros males. Él velará por todas nuestras necesidades del cuerpo, y defenderá nuestra alma de las sugestiones del enemigo, que tan sólo procura nuestra eterna perdición. El Apóstol insiste en la Epístola recomendándonos la santidad de vida que debe resplandecer en todo cristiano, y la Iglesia, proponiéndonos sus palabras, nos advierte la necesidad de aprovechar el tiempo para restaurar en nosotros la imagen de Dios. El cristiano es un vaso de honor preparado y embellecido por la mano del Altísimo; nosotros debemos procurar con todas nuestras fuerzas preservarnos de toda ignominia, de toda degradación, que nos harías dignos de ser apartados muy lejos del Señor. Para purificar nuestras almas durante el  tiempo santo de Cuaresma, sirvámonos de la confesión de nuestras faltas, de la compunción del corazón; y para rehabilitar nuestro cuerpo, nos ayudará muchísimo la santa penitencia, la mortificación cristiana. En la Transfiguración del Señor, que recuerda el Evangelio, podemos admirar la sapientísima providencia de Dios. Quiso que fueran testigos de aquel admirable prodigio los mismos que habían de presenciar la ignominia de su pasión, para que el recuerdo de la gloria de Cristo les confortara y sostuviera. Este mismo efecto debe producir en nosotros la consideración de la gloria que Dios tiene preparada para cuantos le sirven como fidelidad, debe esforzarnos aún en las mayores dificultades, sabiendo que nada significan todas las aflicciones de la presente vida, en comparación de aquel premio de la gloria que el Señor tiene preparado para cuantos de veras le aman.

 

 

TEXTOS DE LA MISA

 

Introito. Salm. 24,6,3,22,1-2.- Acuérdate, Señor, de tus bondades, y de tus eternas misericordias. Nunca nos dominen nuestros enemigos. Dios de Israel, líbranos de todas nuestras angustias. Salmo.- A ti, Señor, levanto mi alma; Dios mío, en ti busco refugio, no me sienta avergonzado. V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Colecta.-  Oh Dios!, que nos ves privados de toda virtud, guárdanos interior y exteriormente, para que seamos fortalecidos contra toda ad­versidad en el cuerpo, y limpios de malos pensamientos en el alma. Por nuestro Señor.

Epístola. 1 Tes. 4.1-7. Hermanos: Os rogamos y exhortamos en nuestro Señor Jesucristo, que, así como habéis aprendido de nosotros de qué manera debéis portaros y agradar a Dios, así también sigáis adelantando. Ya sabéis qué preceptos os he dado en nombre de nuestro Señor Jesucristo. Esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación: que os abstengáis de la fornicación, y que sepa cada uno de vosotros poseer su propio cuerpo en santificación y honor, sin dejarse llevar por la pasión de la concupiscencia, como los gentiles, que no conocen a Dios. Que nadie, en este punto, engañe o perjudique a su hermano; porque el Señor castiga todo ello, como ya os lo hemos dicho y protestado. Porque no nos llamó Dios a la inmundicia, sino a la santidad, en Jesucristo Señor nuestro.

Gradual. Salm.24.17-18.-  Alíviame las angustias de mi corazón; líbrame, Señor, de mis calamidades. Mira mi miseria y mi dolor y perdona todos mis pecados.

Tracto. Salm.105,1-4.- Alabad Señor, porque es bueno y eterna su misericordia. ¿Quién   pregonará   las maravillas del, Señor y hará oír todas sus alabanzas? Bienaventu­rados los que observan la Ley y practican la justicia en todo tiempo. Acuérdate de nosotros, Señor, por el amor que tienes a tu pueblo; ven en nuestro auxilio.

Evangelio. Mat.17.1-9.-  En aquel tiempo: Tomó Jesús consigo a Pedro y a Santiago y a Juan, su hermano, y los llevó aparte a un monte alto. Y se transfiguró en su presencia; su rostro resplandecía como el sol, sus vestidos se hicieron blancos como la nieve. Y en esto se aparecieron Moisés y Elías y hablaban con él. Tomó entonces Pedro la palabra y dijo a Jesús: Señor, bueno es estarnos aquí; si quieres, hagamos aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Estaba Pedro aún hablando cuando vino una nube resplandeciente y los cubrió y una voz dijo desde la nube: Éste es mi Hijo muy amado, en quien me agradé; escuchadle. Y al oír esta voz cayeron los discípulos en tierra sobre su rostro, y tuvieron gran miedo. Mas Jesús se acercó y los tocó, y les dijo: Levantaos, y no temáis. Y alzando ellos sus ojos, no vieron a nadie, sino sólo a Jesús. Y al bajar del monte, les mandó Jesús diciendo: No digáis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos.

Ofertorio. Salm. 118,47-48.-  Yo pongo mis delicias en tus mandatos, que mucho amo. Alzo mis manos hacia ellos; los amo.

Secreta.-  Te rogamos. Señor, atiendas propicio al sacrificio presente, a fin de que nos aproveche para nuestra devoción y salvación. Por nuestro Señor.

Prefacio de Cuaresma.-  En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que, por el ayuno corporal, domas nuestras pasiones, elevas la mente, nos das la virtud y el premio, por Jesucristo nuestro Señor, por quien alaban los Ángeles a tu majestad, la adoran las Dominaciones, la temen las Potestades y la celebran con igual júbilo los Cielos, las Virtudes de los cielos y los bienaventurados Serafines. Te rogamos que con sus voces admitas también las de los que te decimos, con humilde confesión.

Comunión. Salm. 5.2-4.-  Escucha mi clamor, presta oídos a la voz de mi oración, Rey mío y Dios mío, porque a ti, Señor, te invoco.

Poscomunión.- Te rogamos humildemente, Dios, que, nos alimentas con tus sacramentos, nos concedas servirte dignamente con una vida de tu agrado, Por nuestro Señor.

 

 

Dominica Secunda in Quadragesima
I Classis
Statio ad S. Mariam in Dominica

 

 

English Mass Text

Introitus: Ps. xxiv: 6, 3, 22

Reminíscere miseratiónum tuárum, Dómine, et misericórdiæ tuæ, quæ a sæculo sunt: ne umquam dominéntur nobis inimíci nostri: líbera nos, Deus Israël, ex ómnibus angústiis nostris. [Ps. ibid. 1-2] Ad te, Dómine levávi ánimam meam: Deus meus, in te confído, non erubéscam. Glória Patri.  Reminíscere.

Oratio:

Deus, qui cónspicis omni nos virtúte destítui: intérius exteriúsque custódi; ut ab ómnibus adversitátibus muniámur in córpore, et a pravis cogitatiónibus mundémur in mente. Per Dóminum.

 

Aliæ Orationes (Quadragesima)

1 Thess. iv: 1-7

Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Thessalonicénses.
Fratres: Rogámus vos et obsecrámus in Dómino Jesu, ut quemádmodum accepístis a nobis, quómodo opórteat vos ambuláre et placére Deo, sic et ambulétis, ut abundétis magis.  Scitis enim quæ præcépta déderim vobis per Dóminum Jesum.  Hæc est enim volúntas Dei, sanctificátio vestra, ut abstineátis vos a fornicatióne, ut sciat unusquísque vestrum vas suum possidére in sanctificatióne et honóre: non in passióne desidérii, sicut et Gentes, quæ ignórant Deum: et ne quis supergrediátur, neque circumvéniat in negótio fratrem suum: quóniam vindex est Dóminus de his ómnibus, sicut prædíximus vobis et testificáti sumus.  Non enim vocávit nos Deus in immundítiam, sed in sanctificatiónem: in Christo Jesu Dómino nostro.

Graduale: Ps. xxiv: 17-18

Tribulatiónes cordis mei dilatátæ sunt: de necessitátibus meis éripe me, Dómine. v. Vide humilitátem meam et labórem meum: et dimítte ómnia peccáta mea.

Tractus: Ps. cv: 1-4

Confitémini Dómino, quóniam bonus: quóniam in sæculum misericórdia ejus. v. Quis loquétur poténtias Dómini: audítas fáciet omnes laudes ejus? v. Beáti qui custódiunt judícium, et fáciunt justítiam in omni témpore. v. Meménto nostri Dómine in beneplácito pópuli tui: vísita nos in salutári tuo.

Matth. xvii 1-9
+Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthæum.

In illo témpore: Assúmpsit Jesus Petrum, et Jacóbum, et Joánnem fratrem ejus, et duxit illos in montem excélsum seórsum: et transfigurátus est ante eos.  Et resplénduit fácies ejus sicut sol: vestiménta autem ejus facta sunt alba sicut nix.  Et ecce apparuérunt illis Móyses, et Elías cum eo loquéntes.  Respóndens autem Petrus, dixit ad Jesum: «Dómine, bonum est nos hic esse: si vis, faciámus hic tria tabernácula, tibi unum, Móysi unum, et Elíæ unum. Adhuc eo loquénte, ecce nubes lúcida obumbrávit eos.»  Et ecce vox de nube, dicens: «Hic est Fílius meus diléctus, in quo mihi bene complácui: ipsum audíte.»  Et audiéntes discípuli, cecidérunt in fáciem suam, et timuérunt valde.  Et accéssit Jesus, et tétigit eos: dixítque eis: «Súrgite, et nolíte timére.»  Levántes autem óculos suos, néminem vidérunt, nisi solum Jesum. Et descendéntibus illis de monte, præcépit eis Jesus, dicens: «Némini dixéritis visiónem, donec Fílius hóminis a mórtuis resúrgat.»

Offertorium: Ps. cxviii: 47, 48

Meditábor in mandátis tuis, quæ diléxi valde: et levábo manus meas ad mandáta tua, quæ diléxi.

Secreta:

Sacrifíciis præséntibus, Dómine, quæsumus, inténde placátus: ut et devotióni nostræ profíciant et salúti. Per Dóminum.

Aliæ Orationes (Quadragesima)

Præfátio de Quadragesima

Communio: Ps. v: 2-4

Intéllige clamórem meum: inténde voci oratiónis meæ, Rex meus, et Deus meus: quóniam ad te orábo, Dómine.

Postcommunio:

Súpplices te rogámus, omnípotens Deus: ut, quos tuis réficis sacraméntis, tibi étiam plácitis móribus dignánter deservíre concédas. Per Dóminum.

 

 

 

COMENTARIO

Como ya dijéramos al inicio, nuestro comentario está después de este, del Padre Castellani y después de las citas de los Santos Padres.

 

 

COMENTARIO

 

Vemos en el capítulo anterior del Evangelio que Jesús les dice a sus discípulos

 

 Porque el Hijo del Hombre ha de venir en la gloria de su Padre con sus ángeles; y entonces dará a cada uno según sus obras. En verdad os digo, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que vean al Hijo del Hombre venir en su reino.

 

Pues bien, en Transfiguración, Jesús se les muestra a los tres predilectos como viniendo en su Reino. Cumple su promesa.

 

 

LOS PREDILECTOS DE DIOS

 

La realidad es ontológicamente jerárquica. La Creación Dios la estructuró en una jerarquía. Ángeles, hombres, animales, vegetales, minerales, etc.

Y dentro de los seres que forman la jerarquía también hay una jerarquía interna. Sabemos que los ángeles están estructurados en Serafines, Querubines, Tronos, Dominaciones, etc. Nueve coros, de mayor a menor. Los animales también están estructurados: mamíferos, anfibios, peces, crustáceos….hasta llegar a insectos y luegos a bacterias, unicelulares, amebas..

Entre los hombres también hay diferencia, no estructurada con distinción específica como entre los ángeles, los cuales son todos distintos: no hay dos ángeles de la misma especie. El hombre en cambio, es una especie con individuos distintos.

Hoy cunde cierto igualitarismo que proviene del marxismo cultural es, naturalmente, una mentira. No tiene otro propósito que una nivelación hacia abajo; mediocrización, achatamiento. Desaliento astuto del impulso al heroísmo y la perfección. Esto se inscribe en la conspiración de la Revolución anticristiana. Incluso dentro de la iglesia conciliar, al que se esfuerza en perfeccionarse y sacrificarse lo tachan de fariseo y elitista.

 

…………………………………………………………………………

 

No somos todos iguales; tenemos distintas aptitudes y capacidades. Distintas capacidades de recepción de talentos naturales y divinos. Lo dice la Parábola de los Talentos:

A cada uno según su capacidad…

Hay diferencia natural e innata, que predispone a recibir distintos dones y gracias sobrenaturales, lo dice San Pablo:

¿Somos todos profetas? ¿Somos todos doctores? ¿Somos todos apóstoles? ¿Todos obradores de milagros?

Y en varios pasajes establece una jerarquía dentro la Iglesia según la función que cumple cada uno. Y pone al Profeta sobre los demás. Esto no gusta a los oídos progremodernistas que suelen estar impregnados del estulto igualitarismo antes mencionado; y que no aceptan la Iglesia estructurada en jerarquía, como la fundo Cristo….

Pero además de esta jerarquía innata que podría decirse que está condicionada naturalmente por la personalidad y constitución psicofísica-espiritual de cada uno, existe una diferencia en cuanto al ardor en la Fe, la Esperanza y el Amor.

A Dios le gustan los ardorosos, porque se parecen a Él. Dios no es solo bálsamo y brisa, Dios es fuego devorador.

¡Fuego he venido a traer sobre la tierra, y que angustia tengo hasta que esté encendido!

En sus visiones Santa Margarita María de Alacoque ve al Sagrado Corazón de Jesús como un gigantesco horno de fuego que se consume a sí mismo de amor. Dios es Amor, pero también es Justicia. La ira de Dios es fuego también. Lo pueden atestiguar los habitantes de Sodoma y Gomorra, y quien sabe cuantos de cuantas antiguas y modernas ciudades impías mas…..

Dios se enamora de las almas ardientes, fogosas, que buscan y se entregan con intensidad. Por el contrario, detesta hasta la náusea a los tibios, conformistas, tranquilos en la medianía, que no buscan la Verdad porque no aman en serio.

¡Ojalá fueras frío o caliente! ¡Pero porque no eres ni frío ni caliente, porque eres tibio, te vomito de mi boca!

El calculador anodino que solo busca su bienestar, su comodidad, es indigesto para Dios.

¡Dios detesta la tranquilidad de las almas que predestinó a la batalla! Dice Santa Juan de Arco.

 

 

 

Digamos, aunque ya nos estamos saliendo de lo que hace a este Evangelio, que hay en la cristiandad del último medio siglo una falsa concepción de la paz de Cristo, proveniente del progremodernismo, como comodidad pacífica e inerme en el lecho pecaminoso del Sistema, del Leviathán, del mundo. Los bautizados prefieren ser acunados en la mentira pacífica de la narcosis que brinda el Enemigo.

Volviendo a los fogosos, vemos que Cristo tiene una especial predilección por Pedro, Juan y Santiago, en ese orden; aunque Juan y Santiago está a veces en orden distinto en el Evangelio. Es obvia y notoria la predilección que Cristo tiene sobre Juan entre los hijos de Zebedeo, Hijos del Trueno…Y sobre Pedro entre los tres.

Pedro recibe las Llaves del Reino y la Potestad de la Iglesia, y las promesas. Su inspiración divina en reconocerlo como Mesías es corroborada por Jesús mismo.

Pedro casi siempre delante de todos en arrojo, fe e inspiración divina. Pedro, advertido gravemente en la Última Cena sobre la predilección que también el Diablo tiene sobre él.

Simón, Simón, mira que Satanás te ha pedido para zarandearte como se hace con el trigo, pero yo rogaré para que no desfallezcas. Tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos.

Donde hay algo grande y cercano a Dios en el hombre, enseguida está allí el Diablo para destruirlo.

El Enemigo vislumbró en el sanguíneo pescador galileo, un monstruo….de santidad potencial.

Por ese ensañamiento que el Demonio tiene sobre él, todavía sin Pentecostés, cae profundo y niega a Cristo. Pero luego, arrepentido en profundidad, tendrá un diálogo privilegiado con el Resucitado, en uno de los pasajes más conmovedores y asombrosos de la Escritura.

¿Simón me amas?… ¿me amas más que estos?… Apacienta mis ovejas…

El Dios Eterno hecho hombre parece mendigar el amor de aquel pobre pescador galileo, pecador como todos, pero lleno de una actitud de entrega y fuego para buscar a Dios, que enamora al Señor, y lo pone sobre todos los demás en un trato siempre deferente.

En la oración en el Huerto también Jesús se dirige específicamente a él antes que a los hijos del trueno.

En la Resurrección, los discípulos testimonian entre ellos: ¡se ha aparecido a Simón!

Debajo de él, Juan, el Discipulo amado, así se autodenomina el, también tiene un trato preferencial muy particular. Y Santiago, bajo Juan, también es elegido para asistir a algunos milagros especiales, a la Transfiguración y la agonía del Huerto.

Si, Dios tiene predilectos. Esto no es opone a que el ama a todos los hombres, quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad. Esto debe quedar claro. Pero lo seducen aquellos fogosos que no dudan en entregarse por su amor; los que se tiran al agua del mar para estar con Él aunque sea unos minutos mas que los otros; los que tienen confianza ciega en Él.

Juan y Santiago son llamados por Jesús bonaerges, Hijos de Trueno, por su fogosidad y celo. Querían hacer llover fuego del cielo para consumir a los samaritanos que no recibieron a Jesús. Juan quiere impedir que un exorcista que expulsa demonios en nombre de Jesús, pero no forma parte de los Apóstoles, siga haciéndolo…Ambos hermanos manipulan a su madrecita para que pida a Jesús que les de a cada uno un lugar en el Reino; uno a su izquierda y otro a su derecha. Con el Mesías de las Tentaciones del Desierto en la cabeza, pero demostrando un anhelo de grandeza oscuro y como un diamante en bruto, que el Señor sabrá pulir y embellecer. Ambos están en el Cielo, muy cerca de El, uno a su derecha y otro a su izquierda, y lo estarán también después de la Resurrección en el Mundo Nuevo, por toda la eternidad.

Tienen celo devorador, aunque al principio un tanto desorientado. Pentecostés orientará ese celo profundo por la Verdad que ambos tienen.

Si, Dios tiene sus predilectos. Vemos a Noé, Enoc, Job, Abraham, Moisés, Elías, Samuel, David….Daniel…

 

Veamos lo que dice el Crisóstomo sobre esto: San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 56,1

Tomó El a esos tres discípulos porque eran los que ocupaban los tres puestos más elevados. Ved como San Mateo no oculta esa preferencia de los tres discípulos, ni tampoco San Juan, que hace mención de las principales alabanzas de Pedro: (Hasta acá el Crisóstomo)

Entre sus predilectos, elige a los tres mas fogosos y amantes para presenciar su Teofanía, su Transfiguración; para que estos tres, por la Esperanza, sostengan a los restantes en la durísima prueba de la Pasión y muerte del Señor.

 

 

MOTIVOS DE LA TRANSFIGURACIÓN

 

Se acercaba la escandalosa Pasión y muerte del Señor, tan humillante y cruenta, truculenta, que aquellos apóstoles no se hacían una idea. De hecho queda claro como les costaba entender que el Mesías debía sufrir. Tenían el alma y la mente impregnada con el Mesías de las Tentaciones del Desierto; Mesías triunfador y liberador político, militar, mundano, inmanente, Dominador imperial del mundo. Tema del que hablamos el Domingo pasado.

Sería muy fuerte el shock que sufrirían; lo suficiente como para hacer desfallecer aquella fe incipiente no confirmada todavía por el Espíritu Santo en Pentecostés.

Hacía falta algo fuerte también para sostenerlos. Nada como la Esperanza verdadera: el anhelo, la vista al frente y arriba, hacia la Trascendencia de Dios, hacia la Eternidad, para poseer las Promesas eternas de Dios y a Dios mismo en el Reino Eterno, Perfecto y sin defectos.

 Porque el Hijo del Hombre ha de venir en la gloria de su Padre con sus ángeles; y entonces dará a cada uno según sus obras. En verdad os digo, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que vean al Hijo del Hombre venir en su reino.

 Jesús se muestra a sus débiles predilectos con una apariencia análoga a la que tendrá en el Día de la Parusía. Los quiere sostener con la Esperanza. La conciencia de la Meta; la visión de Cristo Pantocrator es lo único que puede sostener la adhesión a Dios del hombre en las catástrofes de la vida. Ningún miserable y patético sustituto de la Esperanza sirve. Como veremos, después del II Concilio Vaticano, en el cual la religión católica padeció un aterrizamiento…reducción a lo humano, inmanentización, sujeción al Sistema, genuflexión ante el poder inmanente mundano del Leviathán, se convirtió en Optimismo; como no podía ser de otra manera, de la mano de la estulta, dañina, letal teología neomodernista, encabezada en esto por Rhaner y Theilard de Chardin, pero seguida por los Personalistas y compartida en ciertos tópicos por sus Papas.

Veamos lo que dice San Juan Crisóstomo sobre los motivos de la Transfiguración:

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom.56,1

Hubo muchos motivos para esto. Primeramente porque el pueblo decía que Jesús era Elías o Jeremías, o uno de los profetas y para que vieran la diferencia entre el Señor y sus siervos, se manifestó rodeado de los principales profetas. En segundo lugar, porque continuamente acusaban los judíos a Jesús de transgresor de la Ley, de blasfemo y de usurpador de la gloria del Padre y a fin de hacer ver Jesús su inocencia de todas estas acusaciones, se presenta con aquellos, cuyo testimonio era irrecusable para ellos. Porque Moisés promulgó la Ley y Elías no tuvo rival en celo por la gloria de Dios. Otro motivo fue, para que supiesen que El tenía poder sobre la muerte y sobre la vida. Por esta razón presenta a Moisés que había muerto y a Elías que aun vivía. El evangelista añade otro motivo y es el manifestar la gloria de la cruz y calmar a Pedro y a otros discípulos, que tanto miedo tenían a la pasión. Porque hablaban, dice otro evangelista ( Lc 9), de la muerte que debía tener lugar en Jerusalén. Por eso se presenta con aquellos que se expusieron a morir por agradar a Dios y por la salud de los que creían. Ambos, en efecto, se presentaron libremente a los tiranos, Moisés al Faraón ( Ex 5) y Elías a Achab ( 1Re 10). También se aparece con ellos, para animar a los discípulos a que imitasen a Moisés en la mansedumbre y a Elías en el celo.

 

 

 

 

LA TRANSFIGURACIÓN

Jesús toma a los tres predilectos y los lleva a una montaña alta. El monte Hermón. Este monte está mencionado en salmos proféticos y mesiánicos como monte de la presencia divina.

Se transfiguró delante de ellos:

Y se transfiguró en su presencia; su rostro resplandecía como el sol, sus vestidos se hicieron blancos como la nieve.

Cobró una apariencia sobrehumana, divina. Probablemente análoga a la que tendrá en su Parusía, dijimos antes. Creemos que en su Parusía su Presencia será realmente Divina, majestuosa, tan imponente que solo la podrán mirar y disfrutar los fieles vivos; para los perdidos que estén vivos en el mundo será tan oprimente que será como el comienzo del castigo eterno. Es una idea nuestra.

Jesús quiere manifestar su Divinidad. Es obvio que su divinidad tal como es no la pueden ver ojos humanos en plenitud en esta vida. Nadie puede ver a Dios y vivir, dice la Escritura.

Jesús se muestra con una apariencia soportable a los hombres.

Dios es infinitamente bello, perfecto, luminoso, infinito, majestuoso, imponente sin medida; es mas de lo que un ser humano tocado por el pecado puede soportar. Nadie ha visto a Dios nunca, dice San Juan. Las teofanías a Moisés, profetas y santos del Antiguo Testamento, son siempre rebajadas, podríamos decir; adaptadas a la capacidad humana del hombre adámico.

 

Y en esto se aparecieron Moisés y Elías y hablaban con él. 

Cristo quiere mostrar que la Biblia habla de Él. La Ley y los Profetas, personificados en Moisés y Elías, nos hablan y llevan a Él. La Escritura es una Unidad. Obviamente sabemos que el Antiguo Testamento es figura y preparación del Nuevo y defintivo y que la Verdad plena y definitiva, eterna, está en el Nuevo Testamento. El antiguo debe leerse desde esta perspectiva, sabiendo que es provisorio en ciertos elementos que están destinados a plenificar y perfeccionar; ahondar, interiorizar en el Nuevo.

Escucharon que se dijo, pero Yo les digo…

Jesús les muestra que la Ley los Profetas, habla sobre él como Mesías; apuntaban hacia él.

Por otra parte digamos que para la Tradición de la Iglesia, Moisés y Elías en la Transfiguración no eran un mero espejismo, sino que realmente eran ellos. Recordemos la misteriosa muerte de Moisés, y el arrebato de Elías a un estado especial de beatitud, sin morir.

Tomó entonces Pedro la palabra y dijo a Jesús: Señor, bueno es estarnos aquí; si quieres, hagamos aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

En presencia de Dios se encuentran muy bien. Una paz indecible y un amor también incomparable los envuelve junto con aquella Majestad nunca imaginada. Todas las angustias y las incertezas de la vida parecen haber desaparecido. Que bueno estar así para siempre. Es un preanuncio de la felicidad eterna en el Reino Pleno, en la Presencia de Dios.

Están estupefactos, Pedro no puede con su genio y habla estas cosas…

Estaba Pedro aún hablando cuando vino una nube resplandeciente y los cubrió y una voz dijo desde la nube: Éste es mi Hijo muy amado, en quien me agradé; escuchadle. Y al oír esta voz cayeron los discípulos en tierra sobre su rostro, y tuvieron gran miedo.

La Teofanía se completa en esta nueva epifanía, la Nube, el Espíritu Santo; y la voz del Padre; la Voz del Todopoderoso y Eterno ante el cual tiemblan estupefactos los Serafines y toda la milicia del Cielo y repiten en su estupor: Santo, Santo, Santo….La debilidad del hombre ante la presencia divina suscita el santo temor. Quien no conoce a Dios, por los medios que Él mismo da en la Iglesia, no puede comprenderlo.

El progremodernismo no conoce a Dios, por eso no conoce ni entiende el Santo Temor de Dios. Por eso corrompe la Revelación y la Liturgia y la quiere hacer mas cercana, antropocéntrica, vaciarla de una divinidad que le causa rechazo o hasta horror, porque su miopía, su ceguera, en el mejor de los casos en que no es un enemigo declarado, consciente plenamente y secuaz del Enemigo, solo alcanza a lo humano. Quiere reducir a Dios y la Revelación y el Culto, al cachivache que es él mismo. De hecho lo ha logrado. Pero todo se restaurará y se hará Justicia por Dios a su debido tiempo.

Volviendo a la caída sobre el rostro de los apóstoles, vemos también esta claudicación ontológica de la criatura débil y pecadora ante la presencia divina o aún angélica en Daniel y Apocalipsis.

Mas Jesús se acercó y los tocó, y les dijo: Levantaos, y no temáis. Y alzando ellos sus ojos, no vieron a nadie, sino sólo a Jesús. Y al bajar del monte, les mandó Jesús diciendo: No digáis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos.

 

Jesús con el toque los levanta. El introduce en la trascendencia y vuelve a traer al hombre a la vida natural cuando hace falta.

El pueblo no está preparado, por su falta de fe y su tendencia a aterrizar todo, para el testimonio de la Transfiguración.

Vimos la actitud que tuvieron después del milagro de la multiplicación de panes en Cafarnaúm: querían hacerlo Rey! No porque vieron un signo de la Presencia y la bondad de Dios, sino porque tuvieron comida a roletes. El Mesías de las tentaciones del Desierto que enamoraba la bárbara alma judía no piadosa en espíritu y en verdad:

Si tu eres el Hijo de Dios, haz que estas piedras se vuelvan panes…

La Transfiguración será un hecho, un episodio de alta importancia en la Escritura, que será revelado después de la Resurrección de Cristo. Cual él haya cumplido la victoria personal sobre el Demonio y una cantidad de almas estén mejor preparadas para recibir la Verdad.

Tengamos también en cuenta el secreto mesiánico en el Evangelio. Jesús no quería que dijesen en cierto tiempo y ciertos lugares, que Él era el Mesías…

 

 

 

OPTIMISMO Y ESPERANZA

Después del II Concilio Vaticano, por efecto de la Teología de Rhaner, Theilard y los personalistas, y porqué no, por la ambigüedad y equivocidad de los textos conciliares, la religión católica sufrió un aterrizamiento, palabrita que tanto gusta a los progremodernistas.

Inmanentización, naturalización; vaciamiento de trascendencia y sobrenaturalidad. Vaciamiento de la concepción de Dios al fin y al cabo. Habida cuenta que en el neomodernismo tiende a desaparecer la distinción entre inmanencia y trascedencia; natural y sobrenatural; humano y divino. En el fondo del progremodernismo late un vago Panteísmo unicista.

La realidad objetiva, en la cual es distinta lo inmanente y lo trascedente; la diferencia abismal entre Dios y la criatura, es vista como dualidad antigua y divisiva, nefasta. Hay un monismo-panteísmo que recuerda a Hegel, Spinoza, y está reeditado por el nefasto jesuita francés del Punto Omega…. Esto está de acuerdo con ciertos gnosticismos y la concepción de pensadores como Carl Jüng.

Las virtudes teologales verdaderas, infusas, puestas desde la eternidad y trascendencia de Dios en el alma humana, son vistas como alienación, mistificación, magia, superstición,…

Hay en el progremodernista, un confinamiento, una reducción, una atrofia en lo natural e inmanente.

El Optimismo Histórico ha reemplazado a la Esperanza cristiana. Rhaner y Theilard los artífices de este malogramiento devastador de la Fe y la Esperanza cristianas. La Fe es Fe en el Progreso hacia el Punto Omega, o por lo menos hacia un futuro indefectiblemente promisorio; un Paraíso Terrenal mundano; un Milenarismo Terreno, Mundano. Un Mundo Mejor, no transfigurado por la Santidad de Dios desde la Eternidad: sino este mundo hecho mejor, según lo que es mejor en los valores aterrizados y vaciados de cristianismo, que profesan los progremodernistas.

Hay una abolición de la escatología y la soteriología cristiana y su reducción a la inmersión en la historia inmanente; que no es otra cosa que funcionalización al César, al Leviathán, al Mundo.

Ellos quieren El Reino en este mundo.

Insistimos sobre el tema de que el II Concilio Vaticano y su espíritu, y los teólogos progremodernistas amparados y admirados por él, han tendido a vaciar la Religión Católica de sobrenaturalidad y relación con lo Trascendente, Divino.

Vemos en Gaudium et Spes, una nueva concepción de la relación con el mundo, que ahora parece menos hostil y un amiguito genial que hay que comprender, admirar y porqué no, acompañar, seguir. El hombre es la única criatura que Dios ha amado por sí misma….antropocentrismo….

En el tema de la Libertad Religiosa, Dignitates Humanae, se deja de lado lo que la Iglesia siempre sostuvo sobre la Libertad religiosa; que Dios da libertad al hombre para elegir por la Gracia, meritoriamente la Verdad, la verdadera Religión que es la Católica, y salvarse. Y que el Estado debe velar por defender y promocionar la Fe católica e instaurar el Reino Sociopolítico de Cristo. Debe combatirse el laicismo liberal-masónico.

Ahora, en el II Concilio, la libertad religiosa consiste en que el hombre puede elegir cualquier culto que se le ocurra y el Estado, presumiblemente neutro, debe velar para que nadie sea coaccionado en su libre elección y puede profesar la religión que quiera. La Religión católica puesta en plano de igualdad con religiones adámicas, y un Estado que debe ser garante de este INDIFERENTISMO. Cosa que es utópica, pues el Estado liberal-laicista pluralista moderno nunca es neutral, sino que es políticamente correcto según la Revolución anticristiana, a partir de la Revolución Francesa. Y la religión queda confinada a la privacidad del corazón. Se renuncia al establecimiento del Reino sociopolítico de Cristo con absoluta claridad al aceptar el Estado laico y laicista liberal-masónico-pluralista. Religión queda muerta en la subjetividad ….

Si a esto le sumamos que Extra Ecclesia Nulla Salus es también diluido y ampliado (Oh las ampliaciones y actualizaciones!!) en una nueva eclesiología derivada de textos conciliares pero también de interpretaciones posibles en base a la ambigüedad de los mismos –nunca vista en un Concilio Ecuménico anterior- el aterrizamiento y dependencia mundana de la Iglesia, se hacen comprensibles. Y otro tanto, el vaciamiento teológico y práctico de las virtudes teologales. UR, NA, LG….

 

Esto tiene consecuencias concretas.

Todo tiende a quedar EN EL MUNDO, QUE AHORA ES LA REALIDAD, CON MAYÚSCULAS. Esto es bien Rhaner. Si Dios y el Mundo tienden a ser lo mismo, entonces esta inmanencia, la inmediatez del Mundo es la Realidad que importa. Toda alienación de cielos y temas sobrenaturales o transcendentes, es locura, disparate, para esta mentalidad progremodernista.

Entendemos entonces porqué la Esperanza se cambió por Optimismo. Esa convicción ensañada y sin base alguna racional, de que todo debe progresar e ir mejor. Eso nada tiene que ver con la Revelación crisitiana.

Habrá una apostasía y kenosis de la Iglesia acá en el mundo y un climax del Mal, con la plenitud del Mysterim Iniquitatis en la impostura de un Falso Mesianismo Anticristiano; y esto lo reconoce hasta el Catecismo Conciliar (Puntos 676 ss). Cosas, que obviamente, no son tomadas en cuenta por la clerecía progremdernista de hoy.

El Establecimiento del Reino pleno no será por un triunfo inmanente e intrahistórico de la iglesia, ni por ningún progreso intrínseco de la sociedad humana. Será por la Parusía extrahistórica del Señor que viene desde la Eternidad, de la Trascendencia de Dios, a poner fin al Mal y juzgar definitivamente hombres y ángeles.

 

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La Esperanza viene de Dios, es virtud infusa sobrenatural, divina. Es infundida por Dios en el alma humana, y comunica a esta la conciencia de la Meta gloriosa a la que está llamado el cristiano: que es Dios mismo y su Reino Eterno. Nada tiene que ver con el optimismo histórico.

La Esperanza no nos dice que todo va a ir bien en el mundo. La esperanza nos hace entender bien la Palabra de Dios, que justamente dice lo contrario. La Esperanza es realista. Ve las cosas como son; no necesita anteojeras de color de rosa para ver la realidad mejor de lo que és. La ve como es, porque sabe que Dios tiene para después de esta realidad desastrosa y maligna de este mundo, una Realidad de otro orden, divinizado, indefectible, perfecto y eterno.

Por otra parte, la Esperanza sobrenatural, no disminuye la acción benéfica del hombre sobre las realidades naturales e inmanentes; sino todo lo contrario, hace ver en las cosas la importancia que según Dios tienen y encuentra la mejor acción posible para combatir los males.

La Esperanza ultraterrena no aliena, como sostuvo el nefasto Marx y el progremodernismo, sino que es lo único que dignifica al hombre y su acción en el mundo, y la vuelve efectiva y benéfica.

Por el contrario, el hombre sin esperanza, el Optimista mundano, queda confinado a un activismo completamente vacuo de efectividad en lo verdaderamente importante; que es la Trascendencia del Reino de Dios.

 

Sin Mí nada pueden hacer, dice el Señor.

 

La acción del bautizado optimista, vaciado de esperanza, es nada mas que correr tras el viento; activismo vano y estúpido, oenegenismo…

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A la pregunta progremodernista que diría: Entonces la Encarnación no sirvió de nada? Se responde: Claro que sirvió; Dios no hace pavadas ni absurdos. Sirve para que se salven aquellos predestinados que Dios eligió porque previó que lo amarían.

 

 

TODO CRISTIANO NECESITA VIVIR LA ESPERANZA

Podríamos decir que todos necesitamos nuestra Transfiguración para alentar la Esperanza y sobrepasar las penas y tragedias, y pasiones y muertes de nuestra propia vida. Como lo conseguiremos?

En la lectura de la Escritura; el Repaso de la Tradición y el Magisterio de la Iglesia hasta 1962; en el Culto Católico, la Misa verdadera, Tridentina; la oración personal, y las buenas obras, está el secreto a voces para fortalecer las virtudes teologales. También ayuda mucho el ayuno y respetar toda la práctica que tiene que ver con los tiempos litúrgicos. Y por último, desechar completamente toda noción progremodernista.

Así tendremos incorporada una Transfiguración que nos enfile hacia la meta final del Reino de Cristo; hacia Cristo mismo, haciéndonos caminar sobre las aguas procelosas de las tormentas, penas y tragedias de esta vida; con la Vista fija en el Señor. Pedro se hundía cuando bajaba la vista y la fijaba en el mar. Con la vista solo en el mundo, nos hundimos. Podremos seguir viviendo pero perdemos el rastro de Cristo. Perdemos las virtudes teologales. Nos perdemos.

EL NEOMODERNISMO CONCILIAR Y POST CONCILIAR NOS HA VENDIDO LA ATERRIZACIÓN.

ES NECESARIO HACER JUSTAMENTE LO CONTRARIO, LEVANTAR VUELO CON LA ESPERANZA.

Pidámos esto al Señor, por la intercesión de su Madre.

 

COMENTARIO DEL PADRE CASTELLANI

DOMINGO SEGUNDO DE CUARESMA [Mt 17, 1-9] Mt 17, 1-9 Segundo de Cuaresma: la Transfiguración. La Transfiguración del Señor es un gran milagro privado de Jesucristo, efectuado no delante de las turbas, ni siquiera delante de los Doce, sino de Tres Apóstoles, los mismos que presenciaron la Resurrección de la Hija de Jairo y la Oración de los Olivos: Pedro, Santiago, Juan; la Fe, la Esperanza, la Caridad. La Transfiguración fue una visión de las que llama Santa Teresa “imaginarias”, lo cual no quiere decir imaginadas o falsas, sino medianeras entre las visiones corporales y las visiones intelectuales: son visiones angélicas. Algunos Santos Padres antiguos dicen que los Apóstoles Tres vieron aquí la esencia de Dios en una visión intelectual. Es un error; la esencia de Dios no la ve nadie en esta vida –ni mi amigo el de Santa Rosa, que fue retado por Dios durante el terremoto–; y si alguno la ve durante un relámpago medio fuera de esta vida, como dice San Pablo que él la vio (“si estaba mi cuerpo no lo sé, si estaba fuera no lo sé”), si lo que llaman “muerte mística o “séptima morada”, es realmente un instante de gloria divina, como enseñan algunos Doctores, eso deja unos efectos enormes en los pocos que sabemos lo han experimentado; y tales efectos en la narración evangélica no se ven en Pedro, Santiago y Juan ni de lejos. No puede ser. El Evangelio dice que “estaban dormidos”; y el sueño designa en la Escritura las visiones imaginarias; como las de San José y las de Daniel o Ezequiel. Lo que vieron Pedro y los dos hermanos fue el cuerpo de Cristo traspasado de luz y rezumando gozo y belleza, y el cuerpo de Ellas y el alma de Moisés hablando con Cristo en el viento. ¿De qué? De su Pasión y Muerte. ¿Por qué no puede haber sido una visión corporal? Porque simplemente Moisés actualmente no tiene cuerpo; y el cuerpo de Cristo entonces no era luminoso como la luna, ni sus vestidos blancos más que la nieve ni su rostro hermoso como la gloria. La ocasión, el lugar y el motivo de este milagro son solemnes. Era el último año de Cristo: era la predicación en la Judea, evangelizada ya la ruda y campiriña Galilea; era la lucha con los fariseos ya declarada e implacable; era el peligro de muerte claramente visible. Jesucristo se apresura a hacer y a decir las cosas y las palabras más decisivas y definitivas… El Evangelista nota con exactitud el tiempo: “seis días después”… de haber instituido en Cesarea el Primado de Pedro, o sea, el fundamento de su Iglesia; e inmediatamente después de haberles preanunciado concretamente su Pasión, de haberlo regañado violentamente al mismo Pedro que decía: “Déjate de macanas, no seas pesimista”; y de haber dicho que para salvarse había que llevar la cruz. Esto era tremendo para nosotros; quiero decir, para los pobres Apóstoles: no les cabía en la cabeza. Por eso era preciso robustecerlos. El motivo del milagro fue, como indica claramente el Evangelio, con una pequeña muestra sin valor de la Resurrección hacerles aceptar el escándalo de la Pasión. Fue un relámpago de la Resurrección; como las visiones intelectuales en los grandes místicos son un relampagueo del Cielo. San Pedro se entusiasmó y gritó al Maestro: “¡Qué bien estamos aquí! ¿Por qué no nos quedamos?”. No sabía lo que decía, desatinaba, dice San Marcos, que fue justamente el meturgemán de Pedro; o sea que se lo oyó a Pedro mismo; cuya catequesis puso por escrito: es decir, que lo que llamamos Evangelio de San Marcos es lo que Pedro recitaba de memoria con gran fidelidad en Jerusalén, Antioquía y Roma. Pero Jesucristo les dijo: “Vamos. No temáis. No digáis a nadie lo que habéis visto hasta que yo haya resucitado de entre los muertos. Vamos a Jerusalén. ¿A qué? ¿No lo sabéis? ¿No habéis oído de qué hablé yo con Moisés y Elías?…”. Este fue el motivo de este milagro: el Misterio de la Cruz: sin cruz no hay Resurrección; pero mirad: hay resurrección, no temáis la cruz. Santa Teresa dice que las visiones imaginarias producen temor, lo mismo que dicen los Evangelios aquí: “temieron grandemente”. Dice Santa Teresa que Jesucristo “le mostró” primero las dos manos y después el rostro, preparándola poco a poco. “Parecerá a vuestra merced que no era menester mucha preparación para ver unas manos y un rostro tan hermosos… Sonlo tanto los cuerpos glorificados que la gloria que trae consigo ver una cosa tan sobrenatural, desatina; y así me hacía tanto temor, que toda me turbaba y alborotaba, aunque después quedaba con certidumbre y seguridad…”53 . Los teólogos enseñan que las visiones imaginarias, como aquellas que tuvo en Alemania Teresa Neuman –según parece–, son producidas por los ángeles: por el roce de un espíritu puro en el alma humana; por lo cual el cuerpo sufre la patada, se enferma, parece una hoja de árbol al lado de una gran hoguera –se achicharra–; o por lo menos se conturba: dice el Evangelio que a los Tres Apóstoles los tiró por tierra. No así las visiones intelectuales, las cuales son superiores: son producidas directamente por Dios, no tienen esos efectos; y no pueden ser imitadas ni por el diablo, ni por enfermedad nerviosa alguna. Los Tres cayeron por tierra cuando vieron una gran nube resplandeciente (imagen de la fe, que es oscura y luminosa a la vez) que bajó sobre Cristo con una voz que dijo: “Éste es mi Hijo queridísimo en quien tengo todos mis agrados; escuchadlo a Él.” Fue la voz de Dios el Padre, naturalmente; pero como dije antes, impersonada por un Ángel. Si llega a ser la voz del mismo Dios, “la que hace temblar las montañas”, como dice David –y como creyó mi amigo de Santa Rosa– los Apóstoles no se levantan más. “El Zonda y el Pampero Tú creaste; el Tabor y el Hermón saltan cuando te oyen” (Ps LXXXIX, 13). Cuando Dios habló a Moisés en el Sinaí, fue también por medio de un Ángel; enseña expresamente San Pablo. Una vez Dios habló a los hombres… Dos o tres veces habló, a Adán, a Moisés, a Pedro: pero ésta fue la definitiva, después de la cual no hay otra. Si a los antiguos griegos, romanos y galos les hubiesen dicho por la prensa, la radio y la televisión que sobre un alto monte de Judea Dios acababa de hablar, se hubiesen puesto en marcha multitudes innumerables, si no para alcanzar a oírlo a Dios, para alcanzar a los testigos que lo oyeron; y saber de sus labios lo que dijo. Salvajes y civilizados, grandes y chicos, no hubiesen perdonado bestia ni molestia para hacer esa gran peregrinación, mayor que las Cruzadas; para saber qué dijo Dios. Pero resulta que ahora lo que dijo Dios está en un librito de 12 ó 15 pesos que sin moverme de mi cuarto puedo conseguir llamando por teléfono a la librería… la que sea, no quiero hacer propaganda comercial; y a los hombres no les interesa el librito ése: no lo leen, no lo compran, no lo estudian: ni lo mentan. Ni regalado lo quieren. Y lo que es peor, hay gente que lo lee, lo compra y lo estudia, para sacar de él divisiones, sectas, cismas, herejías y la justificación de los más grandes desvíos morales. Esta es la hechicera Humanidad. ¡Oh hechicera Humanidad! Menos mal que nosotros tratamos de entenderlo un vez por semana. No está todo perdido: y a lo mejor, la humanidad somos nosotros. “Éste es mi Hijo queridísimo: oídlo a El.” Cuando bajó Cristo del Monte Hermón, dio una respuesta misteriosa a una pregunta confusa de sus discípulos… –¿Cómo del Monte Hermón? ¿No fue del Monte Tabor? 53Vida, capítulo XXVII. –No: el Evangelio dice que la Transfiguración fue en un monte muy elevado: el Monte Hermón, que es llamado hoy el Monte de la Tentación, tiene 2.700 metros; el Monte Tabor tiene unos 320 metros de alto54, no es muy elevado. El texto griego dice la misma palabra “ypseelón” (que significa encumbrado, excelso) para calificar al Monte de la Tentación y al Monte de la Visión: “cuando estuvimos con El en el Monte Santo –dice San Pedro– en el monte de la Visión”. –Pero todos dicen que fue el Monte Tabor… –Todos, menos el Evangelio. –Pero hay una tradición antiquísima de que la Transfiguración fue en el Monte Tabor… San Cirilo… San Jerónimo… –Así es; pero “no hay tradición que valga contra la letra del Evangelio”, dice San Agustín. Es evidente que no se puede llamar “montana altísima” al Pie de Palo o a Cerrillos55 , sin mentir. Además, la cumbre mocha del Tabor estaba habitada; estaba llena de turistas que iban a hacer picniques. Jesucristo subía a orar “a las montañas desiertas”, y de esta montana de la Visión expresamente dice Mateo que era “ypseelón kat’idian” (“encumbrada y soledosa”). Kat’idian significa “en privado”. Al Hermón se puede ascender en 9 ó 10 horas. Yo subí al Hafelekaar de Innsbruck, que tiene 2.300 metros, en unas 8 horas de marcha cómoda, solo, sin guía y con bastante miedo. “¿Cómo va a subir Cristo al Monte Hermón?”, dice Maldonado, el famoso intérprete… ¿Y por qué no? Si yo puedo subir, Cristo también puede. Alpinista fue también el Papa Pío XI, Aquiles Ratti. Consta en el Evangelio que Cristo subía a las montañas a orar; y que cuando se transfiguró estaba orando. Se ora bien sobre las montañas; sobre todo cuando va anocheciendo y el funicular no viene. Se ora mal en los funiculares de Buenos Aires; quiero decir, en los colectivos pórtenos. En el Monte Hermón hay nieve ya en el otoño: “sus vestidos se pararon más blancos que la nieve”. Desde él se divisa hoy día hasta Jerusalén, hasta las fronteras de la Arabia Damascena y el Mediterráneo allá lejos, a la altura de donde Tiro fue. En el lugar donde Pedro propuso al Maestro “hacerle tres ranchitos, uno para él, otro para Moisés, otro para Elías” –y realmente, sobre el Tabor no son de menester ranchitos para nada, pero sí sobre el nevado Hermón–, existe hoy día una ranchada muy sólida para soldados, coronada de una especie de horno de acero y cemento, que se llama blocao –del alemán blockhaus– con cuatro ametralladoras y un cañón de 75. El sendero marcado con estacas de los tiempos de Cristo ha sido sustituido por un camino para jeeps. Así pues, al bajar el sendero del Hermón, le preguntó San Pedro a Cristo… Pero esta pregunta acerca de Elías, San Juan Bautista y los Dos Testigos del Apokalypsis es una cuestión difícil que no hay tiempo de tratar; y en la que el famoso P. Alio y sus discípulos han arrojado bastante barro; es decir, humo. La Transfiguración del Señor es una imagen de la resurrección; y es una imagen de la santidad. Cuando Cristo recibió ese testimonio solemne de su Padre, cuando vio a su lado rindiéndole pleitesía al representante de la Ley y al representante de los Profetas, cuando su Divinidad embistió a su cuerpo y lo traspasó por un momento de claridad, blancura y hermosura, Cristo se puso a hablar “del Exceso que había de tener lugar en Jerusalén”, del Exceso de Amor y de Dolor. Eso es la santidad (hasta acá Castellani)

 

 

SANTOS PADRES


 Evangelio según san Mateo, 17:1-4 

 

Y después de seis días, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a Juan su hermano, y los lleva aparte a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos. Y resplandeció su rostro como el sol; y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve. Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías hablando con El. Y tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: “Señor, bueno es que nos estemos aquí: si quieres hagamos aquí tres tiendas: una para Ti, otra para Moisés y otra para Elías”. (vv. 1-4)

Remigio

Seis días después el Señor realizó, en la transfiguración sobre la montaña, la promesa que había hecho a los discípulos de su aparición gloriosa. Por eso se dice: “Y después de seis días, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a Juan”, etc.

San Jerónimo

Mas pregunto yo: ¿cómo se pone después de seis días, mientras que San Lucas pone ocho? Pero la contestación es fácil. Porque aquí se habla de los días intermedios, mientras que Lucas cuenta también el primero y el último.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 56,1

El Señor espera que pasen seis días y no lleva inmediatamente a sus discípulos a la montaña, con el objeto de que los demás discípulos no abriguen sentimiento alguno de envidia, o bien para que llenos de vehementes deseos durante ese tiempo, los que habían de subir se acercaran con más ardor de su alma.

Rábano

Mas con razón les manifestó su gloria después de seis días, porque después de las seis edades o épocas del mundo tendría lugar su resurrección.

Orígenes, homilia 3 in Matthaeum

O también, porque este mundo fue hecho visible en seis días completos y el que penetra todas las cosas del mundo, es el que puede subir a las altas montañas y contemplar la gloria del Verbo de Dios.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 56,1

Tomó El a esos tres discípulos porque eran los que ocupaban los tres puestos más elevados. Ved como San Mateo no oculta esa preferencia de los tres discípulos, ni tampoco San Juan, que hace mención de las principales alabanzas de Pedro: no conocían los apóstoles ni la emulación ni la vanagloria.

San Hilario, in Matthaeum, 17

También se significa en los tres que tomó consigo la futura elección de los pueblos, atendido el triple origen de Cam, Sem y Jafet.

Rábano

O también lleva consigo solamente tres, porque son muchos los llamados y pocos los elegidos. O también porque los que conservan ahora en su alma pura la fe de la Santa Trinidad, gozarán después de su visión eterna.

Remigio

El Señor, para manifestar a sus discípulos la gloria de su felicidad, los lleva al monte. Por eso sigue: “Y los lleva a un monte”, etc. En esto el Señor nos enseña que es preciso, para todo el que desea contemplar a Dios, no estar enfangado en los bajos placeres, sino levantar su alma a las cosas celestiales mediante el amor de las cosas superiores. También a sus discípulos, les enseña que no deben buscar la gloria de su beatitud divina en las regiones bajas del mundo, sino en el reino de la beatitud celestial. Y son llevados separadamente, porque todos los santos están separados con toda su alma y por la dirección de la fe de toda mancha y serán separados radicalmente en el tiempo venidero, o también porque muchos son los llamados y pocos los elegidos.

Sigue: “Y se transfiguró”, etc.

San Jerónimo

El Señor apareció a los apóstoles como estará en el día del juicio. No se crea que el Señor dejó su aspecto y forma verdadera, o la realidad de su cuerpo y que tomó un cuerpo espiritual. El mismo evangelista nos dice cómo se verificó esta transfiguración en estas palabras: “Resplandeció su rostro como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve”; estas palabras nos manifiestan que su rostro resplandecía y que sus vestiduras eran blancas. No hay cambio, pues, en la substancia, el brillo es lo que había cambiado. El Señor efectivamente se transformó en aquella gloria, con que vendrá después a su Reino. La transformación le dio esplendor, mas no le quitó la figura. Supongamos que su cuerpo hubiese sido espiritual, ¿cómo se cambiaron sus vestiduras? Porque se pusieron tan blancas, que, según otro evangelista ( Mc 9), ningún lavandero de la tierra las podría poner tan blancas. Todo esto es corporal y apreciado por el tacto y no espiritual que ilusiona la vista y es sólo un fantasma.

Remigio

Y si el rostro del Señor resplandeció como el sol y el de los santos resplandecerá también como el sol, ¿será, por ventura, igual el resplandor del Señor y el de sus siervos? De ninguna manera; sino que como no hay cosa que brille tanto como el sol, se vale de él como comparación de la resurrección futura y por eso dice que el rostro del Señor y el de los santos brillarán como el sol.

Orígenes, homilia 3 in Matthaeum

En sentido místico aquel que, según lo que hemos dicho, ha pasado seis días, ve a Jesús transfigurado delante de los ojos de su corazón. Porque el Verbo de Dios tiene diversas formas y se manifiesta a cada uno bajo la forma que conviene al que se manifiesta y a ninguno se manifiesta de una manera distinta de la que cada uno puede recibir. Por esta razón no dijo: se transfiguró simplemente, sino delante de ellos. Porque comprenden simplemente en los Evangelios a Jesús aquellos, que no suben por el ejercicio de las virtudes espirituales al monte elevado de la sabiduría; pero los que suben, le conocen no ya según la carne, sino como Verbo de Dios. Delante de éstos se transfigura Jesús, mas no delante de aquellos que viven entregados a la vida de la tierra. Y éstos, delante de los que se transfigura Jesús, son hechos hijos de Dios, y se muestra Jesús a ellos como el sol de justicia y con vestiduras brillantes como la luz. Estas vestiduras, de que se cubre Jesús, son los discursos y los escritos evangélicos, por los que los apóstoles han expresado sus misterios.

Glosa

O también significan las vestiduras los santos, de quienes dice Isaías ( Is 49,18): “Te vestirás como con un vestido de todos ellos”. Son comparados con la nieve porque brillarán con la blancura de la virtud y estarán lejos del fuego de las pasiones.

Sigue: “Y he aquí les aparecieron Moisés”, etc.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom.56,1

Hubo muchos motivos para esto. Primeramente porque el pueblo decía que Jesús era Elías o Jeremías, o uno de los profetas y para que vieran la diferencia entre el Señor y sus siervos, se manifestó rodeado de los principales profetas. En segundo lugar, porque continuamente acusaban los judíos a Jesús de transgresor de la Ley, de blasfemo y de usurpador de la gloria del Padre y a fin de hacer ver Jesús su inocencia de todas estas acusaciones, se presenta con aquellos, cuyo testimonio era irrecusable para ellos. Porque Moisés promulgó la Ley y Elías no tuvo rival en celo por la gloria de Dios. Otro motivo fue, para que supiesen que El tenía poder sobre la muerte y sobre la vida. Por esta razón presenta a Moisés que había muerto y a Elías que aun vivía. El evangelista añade otro motivo y es el manifestar la gloria de la cruz y calmar a Pedro y a otros discípulos, que tanto miedo tenían a la pasión. Porque hablaban, dice otro evangelista ( Lc 9), de la muerte que debía tener lugar en Jerusalén. Por eso se presenta con aquellos que se expusieron a morir por agradar a Dios y por la salud de los que creían. Ambos, en efecto, se presentaron libremente a los tiranos, Moisés al Faraón ( Ex 5) y Elías a Achab ( 1Re 10). También se aparece con ellos, para animar a los discípulos a que imitasen a Moisés en la mansedumbre y a Elías en el celo.

San Hilario, in Matthaeum, 17

Moisés y Elías fueron elegidos entre todos los santos para asistir a Cristo, para manifestarnos que el reino de Cristo está colocado entre la Ley y los Profetas, con los que juzgará el Señor, según tiene anunciado al pueblo de Israel.

Orígenes, homilia 3 in Matthaeum

Si alguno comprende la relación del espíritu de la Ley y las palabras de Jesús y la sabiduría de Cristo oculta en las profecías, éste ve a Moisés y a Elías en la misma gloria con Jesús.

San Jerónimo

Es de considerar que el Señor se negó a dar a los escribas y a los fariseos las señales que le pedían. Y a los apóstoles, para aumentar su fe, les da la señal: nada menos que la de hacer bajar a Elías del lugar donde estaba y la de sacar a Moisés de entre los muertos, que es lo que se había mandado a Achab por Isaías ( Is 7): “Que pidiese una señal en el cielo o en el infierno”.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 56,2

Las palabras que dijo el ardoroso Pedro son éstas: “Y tomando Pedro la palabra, dijo: Señor, bueno es que nos estemos aquí”, etc. Porque comprendió que era conveniente que Jesús fuera a Jerusalén, aun teme por Cristo, pero después de la reprensión no se atreve a decir otra vez: “Ten compasión de Ti” ( Mt 16,22), mas indirectamente y con otras palabras le insinúa lo mismo. Porque veía la mucha tranquilidad y la soledad, pensó que les era conveniente quedarse allí; él lo conjetura por la disposición del lugar y esto es lo que significan las palabras: “Bueno es que nos estemos aquí”, etc. Quiere permanecer allí para siempre y por eso habla de tiendas: “Si quieres, hagamos aquí tres tiendas” etc.; pensó que si se hacían éstas no iría Jesús a Jerusalén y si no iba no moriría, pues sabía que allí le tenderían lazos los escribas. Pensaba además con la presencia de Elías, que hizo bajar fuego sobre la montaña ( 2Re 1) y con la de Moisés, que entró en una nube y habló a Dios ( Ex 24; 33), que podrían ocultarse de manera que ningún pecador pudiese saber dónde estaban.

Remigio

O de otra manera, Pedro, después de haber visto la majestad del Señor y de sus dos siervos, se complació de tal manera, que se olvidó de todo lo temporal y quisiera estar allí eternamente. Y si entonces Pedro se entusiasmó de esa manera, ¿cuán grande no será la suavidad y la dulzura al ver al Rey en todo su esplendor y al encontrarse en medio de los coros de los ángeles y de todos los santos? En las palabras de Pedro: “Señor, si quieres”, se ven claramente la humildad del súbdito y la obediencia del servidor.

San Jerónimo

Vas equivocado, Pedro; o como dice otro evangelista ( Lc 9), no sabes lo que te dices: no busques tres tiendas porque no hay más tienda que la del Evangelio, donde están contenidos la Ley y los Profetas. Mas si buscas tres tiendas, no iguales a los siervos con el Señor; haz tres tiendas (o mejor una sola) para el Padre, para el Hijo y para el Espíritu Santo. Porque las tres Personas que forman un solo Dios, no deben tener en tu corazón más que una sola tienda.

Remigio

Se equivocó además porque quiso establecer aquí en la tierra el reino de los elegidos, que prometió Dios dar en el cielo. Se equivocó también porque se olvidó de que tanto él como sus compañeros eran mortales y quiso subir, sin gustar la muerte, a la felicidad eterna.

Rábano

Y además, porque quiso hacer tiendas para la vida del cielo donde no hay necesidad de casas, según aquellas palabras ( Ap 21,22): “Yo no vi templo en ella”.


 Evangelio según san Mateo, 17:5-9 

 

El estaba aún hablando, cuando vino una nube luminosa que los cubrió. Y he aquí una voz de la nube, diciendo: “Este es mi Hijo el amado, en quien Yo mucho me he complacido: a El escuchad”. Y cuando lo oyeron los discípulos, cayeron sobre sus rostros y tuvieron gran miedo. Mas Jesús se acercó y los tocó, y les dijo: “Levantaos, y no temáis”. Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron, sino sólo a Jesús. Y al bajar ellos del monte, les mandó Jesús, diciendo: “No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos”. (vv. 5-9)

San Jerónimo

Todos los que querían una tienda terrenal hecha de ramas o de tiendas de campaña, están envueltos por la sombra de una nube brillante. Por eso se dice: “El estaba aún hablando, cuando vino una nube luminosa”, etc.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 56,3

El Señor presenta una nube tenebrosa, como aconteció en Sinaí ( Ex 19), cuando amenaza, pero como no trataba aquí de aterrar sino de enseñar, hizo aparecer una nube luminosa.

Orígenes, homilia 3 in Matthaeum

La nube luminosa que rodea a los santos es la virtud del Padre, o quizás el Espíritu Santo, y diré también que nuestro Salvador es la nube luminosa que cubre al Evangelio, a la Ley y a los Profetas. Así lo comprenden los que pueden mirar a la luz en su origen.

San Jerónimo

Pedro hizo una pregunta inconveniente y por eso no mereció la contestación del Señor, pero contesta el Padre por el Hijo, para que tuviera cumplimiento la palabra del Señor ( Jn 8,18): “El que me ha enviado da testimonio de Mí”.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 56,3

Mas no hablan Moisés ni Elías, sino que el Padre, que está sobre ellos, hace salir su voz de entre la nube, a fin de que crean los discípulos que esa voz viene de Dios. Siempre suele Dios aparecer en una nube, según aquello ( Sal 96,2): “La nube y la obscuridad están a su alrededor” y esto es lo que se dicen en las palabras: “Y he aquí una voz de la nube, diciendo”.

San Jerónimo

El Padre hace que se oiga su voz desde el cielo, que da testimonio de su Hijo y enseña a Pedro, libre de error, la verdad. Y por medio de Pedro la enseña a los demás apóstoles. Por eso añade: “Este es mi Hijo el amado”; para éste debe hacerse una tienda, a éste debe obedecerse, éste es el Hijo, aquellos son los siervos. Ellos, lo mismo que vosotros, deben preparar al Señor una tienda en lo más profundos de su corazón.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 56,3

No temas, pues, Pedro. Porque si Dios es poderoso, claro está que del mismo modo es poderoso el Hijo y si El te ama, no temas. Porque El no pierde al que ama, ni tú lo puedes amar tanto como El ama a su Padre, puesto que lo ama, no sólo porque lo ha engendrado, sino porque los dos no tienen más que una sola voluntad. Sigue: “En quien Yo mucho me he complacido”, que vale tanto como decir, “en quien descanso”, “a quien acepto”, porque cumple con celo cuanto viene del Padre y no hay más que una sola voluntad entre El y el Padre y si éste quiere que sea crucificado, tú no te opongas.

San Hilario, in Matthaeum, 17

La voz del cielo atestigua que éste es el Hijo, el amado, aquel en quien se complace el Padre y a quien debemos obedecer, a quien debemos escuchar: “Escuchadle”. El mismo, garante de tales maestros, había confirmado con su ejemplo que el que se niegue a sí mismo, cargue su cruz, muriendo el cuerpo, se haría merecedor a la gloria del Reino Celestial.

Remigio

Dice, pues: “Escuchadle”, como si dijera en otros términos: desaparezcan las sombras legales, los símbolos de los profetas y seguid la luz brillante del Evangelio. O también, “Escuchadle”, a fin de manifestar que El es a quien anunció Moisés ( Dt 18,13), diciendo: “Dios os suscitará un Profeta de entre vuestros hermanos; escuchadle como a mí”. El Señor tuvo, pues, muchos testigos por todas partes. En el cielo la voz del Padre, en el paraíso a Elías, en los infiernos a Moisés y entre los hombres a los apóstoles, a fin de que delante de su nombre se doblase toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los infiernos ( Flp 2).

Orígenes, homilia 3 in Matthaeum

La voz de la nube se dirige a Moisés y a Elías, que deseaban ver y oír al Hijo de Dios, o a los discípulos para instruirlos.

Glosa

Es de notar que el misterio de la segunda regeneración, que se verificará cuando resucitare la carne, se armoniza perfectamente con el misterio de la primera regeneración, que tiene lugar en el bautismo, donde resucita el alma. En el bautismo de Cristo se manifestó toda la Trinidad. Porque allí estuvo el Hijo encarnado, se apareció el Espíritu Santo en forma de paloma y el Padre se declaró en la voz. De la misma manera en la transfiguración, que es una figura misteriosa de la regeneración, se apareció toda la Trinidad: el Padre en la voz, el Hijo en el hombre y el Espíritu Santo en la nube. Se pregunta ahora: ¿por qué el Espíritu Santo se apareció en el bautismo en forma de paloma y en la transfiguración en una nube? Porque suele manifestar ordinariamente sus dones invisibles por las formas que revisten exteriormente. Da en el bautismo la inocencia, significada por la sencillez de la paloma y en la resurrección dará resplandor y descanso. Este está figurado por la nube, y el resplandor de los cuerpos resucitados por el brillo de la nube luminosa.

Sigue: “Y cuando lo oyeron los discípulos, cayeron sobre sus rostros y tuvieron gran miedo”.

San Jerónimo

Por tres causas cayeron aterrados de miedo. Porque comprendieron su error, porque quedaron envueltos en la nube luminosa y porque oyeron la voz de Dios cuando les hablaba. Y no pudiendo soportar la fragilidad humana tan grande gloria, se estremece con todo su cuerpo y toda su alma y cae en tierra. Porque el hombre que no conoce su medida, cuanto más quisiere elevarse hacia las cosas sublimes, más se desliza hacia las bajas.

Remigio

El acto de caer los discípulos sobre sus rostros es indicio de santidad. Porque de los santos se dice que caen sobre sus rostros y los impíos de espaldas.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 56,4

¿Pero cómo es que cayeron sobre sus rostros los discípulos en el monte, cuando antes en el bautismo de Cristo se oyó la misma voz, y, sin embargo, ninguno de los asistentes experimentó semejante cosa? Porque era grande la soledad, la altura y el silencio, la transfiguración imponente, la luz brillante y la nube extendida, todo lo cual no podía menos de causar espanto en el corazón de los discípulos.

San Jerónimo

El Señor misericordioso, viendo a sus discípulos arrojados por el suelo e incapaces de levantarse, se acerca a ellos y los toca. Con su contacto se desvanece el miedo y los debilitados miembros adquieren robustez. Esto es lo que significa: “Y se acercó el Señor y los tocó”. Y sanó con su voz a los que había sanado con su mano. Por eso sigue: “Y les dijo: levantaos y no temáis”. Primeramente les quita el miedo, para enseñarles después la doctrina. Sigue: “Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino sólo a Jesús”. No sin motivo obró de este modo. Porque si hubieran continuado allí Moisés y Elías con el Señor, no hubieran tenido seguridad los discípulos de a quien daba testimonio la voz del Padre. Ven que el Señor estaba allí y que se desvanecieron Moisés y Elías. Porque después que desapareció la sombra de la ley y de los profetas, se vuelven a encontrar las dos cosas en el Evangelio. Sigue: “No digáis a nadie la visión”, etc. No quiere que se publique lo que habían visto entre los pueblos, para que al oír la magnitud del prodigio no lo creyesen imposible y para que no sirviese a los hombres rudos de escándalo, el que a tan grande gloria siguiese después la cruz.

Remigio

O también, porque si se divulgaba en el pueblo la majestad del Señor, este mismo pueblo se opondría a los príncipes de los sacerdotes, e impediría la pasión y de este modo sufriría retraso la redención del género humano.

San Hilario, in Matthaeum, 17

Les manda que guarden silencio sobre las cosas que habían visto, a fin de que, cuando estuvieren llenos del Espíritu Santo, fuesen testigos de los hechos espirituales que acontecieran entonces.

 

 

 

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