LA PALABRA DE DIOS DEL DOMINGO: ÚLTIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

 

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Víctima de la persecución religiosa impuesta por el más radical de los gobiernos anticlericales en la historia de México y testigo de salvajes asesinatos durante la Guerra Cristera, José Sánchez del Río, tras ser apresado por su propio padrino en el mismo templo donde fue bautizado, fue brutalmente torturado y martirizado en el cementerio de su pueblo natal por su valerosa defensa de la Iglesia. Antes de morir, cuando le preguntaron «¿Qué mandas decir a tu padre?», respondió: «Que nos veremos en el cielo, ¡Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!». Era un niño de tan sólo 14 años de edad. En El niño testigo de Cristo Rey —obra que en el rodaje de Cristiada inspiró al actor Mauricio Kuri—, el sacerdote Luis Manuel Laureán, paisano del joven beato, relata con la viveza del testimonio directo de testigos presenciales, gran rigor histórico y la amenidad del buen estilo literario, la historia de este mártir cristero muy bien encuadrada en su ambiente histórico, cultural y geográfico, valiéndose de una cuidada investigación en documentos de archivo, prensa de la época, fotografías históricas y entrevistas.

 


 

 

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Juan Donnet

 

 

 

ÚLTIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

(II clase, verde)

Gloria, Credo y Prefacio de la Trinidad.

 

 

 

Se cierra el Ciclo litúrgico con la semana última del año eclesiástico y, con él, la historia del mundo, que se nos ha ido recordando desde sus comienzos (en el Adviento), hasta su fin postrero (en el Domingo 24º después de Pentecostés).

Por eso ha querido la Iglesia que este día se lea en su Breviario (el libro del profeta MIQUEAS (contemporáneo de Oseas) con el comentario de S. Basilio en que se nos habla del Juicio final, sirviendo de comentario al Evangelio.

El Señor, dice Miqueas, saldrá de su lugar; las montañas quedarán consumidas debajo de Él, y los valles se agrietarán y se fundirán como cera junto a la llama, como las aguas que se precipitan por la pendiente. Todo eso por causa del crimen de Jacob y de los pecados de la casa de Israel (Noct., 50 domo de nov.).

Pero junto a estas amenazas vienen las promesas de salvación: «Yo te juntaré a todo Jacob, y reuniré lo que aún queda de Israel y los pondré juntos como a rebaño en el aprisco» Los asirios han destruido a Samaría y los caldeos a Jerusalén; pero el Mesías restaurará esas ruinas, y ese mesías nos dice Miqueas que ha de nacer en Belén, y que su reino, el de la Jerusalén ce lestial, no tendrá fin.

Los profetas NAHUM, HABACUC, SOFONÍAS, AGGEO, ZACARÍAS y MALAQUÍAS, cuyos escritos se leen también por ahora, confirman lo que dice Miqueas. Jesús mismo empieza por evocar en el Evangelio la profecía de DANIEL, que anuncia la ruina total y definitiva del Templo de Jerusalén y de la nación judía por las armas romanas. Esa «abominable desolación que en el Templo santo reinó» por entonces, fué justo castigo de la infidelidad y obstinación de Israel en no querer admitir a Cristo (Ev.).El vaticinio de Daniel y de Jesús se cumplió al pie de la letra unos años después de la Ascensión de Cristo, y la desolación fue tal que de haber durado algo más ni un solo judío hubiera quedado vivo. Mas Dios quiso abreviar aquellos aciagos días del asedio para salvar a los que, al ver tamaño escarmiento, habían de convertirse.

Algo de esto sucederá también al fin del mundo, del que la ruina de Jerusalén era figura. Entonces» o sea, cuando Cristo vuelva, serán todavía mayores los satánicos prodigios, entre ellos el Antecristo, para hacerse pasar por Cristo. Ese hombre maldito de pecado llegará hasta a sentarse en el Templo santo para que se le adore como a Dios.

Al fin de todo vendrá Jesús. Pero no humilde y manso como la vez primera y en un rinconcillo del mundo; antes vendrá con «poderío y majestad» y el Hijo del Hombre aparecerá con la rapidez de un relámpago. Entonces le saldrán a esperar los elegidos con las ansias que el águila manifiesta cuando cae sobre su presa. Su advenimiento se anunciará con cataclismos de cielos, de mar y tierra. Todas las gentes estarán despavoridas y con los ojos desencajados, y se lamentarán antes de morir muertos y antes del juicio sentenciados, cuando vean en el cielo a Cristo a quien no quisieron reconocer ni servir como a su Dios y Señor, y que ahora viene a juzgar a los vivos y a los muertos y al mundo por el fuego (V. Libera me).

No hay pensamiento tan poderoso como éste para apartarnos del pecado. Claro lo dice S. Basilio en la homilía de hoy: «Cuando el deseo de pecar te ande salteando, quisiera te acordases del tremendo y terrible tribunal de Cristo… ante el cual uno por uno iremos dando cuenta de nuestra vida. Inmediatamente, los que hubieron perpetrado muchos males durante su vida veránse rodeados de ángeles terribles y feísimos que los precipitarán en el abismo sin fondo, en donde arde envuelto de espesas tinieblas un fuego sin llama, y gusanos venenosos devoran sin cesar sus carnes, causándoles con sus mordeduras inaguantables dolores; y por fin, el oprobio y eterna confusión, que es el peor de todos los suplicios. Temed estas cosas y traspasados de este temor, servíos de su memoria como de freno contra la concupiscencia y el pecado. (3» Noct.).

Por eso mismo nos exhorta la Epístola a portarnos de una manera digna de nuestro Dios y a dar frutos de toda clase de buenas obras… dando gracias a nuestro Padre celestial por habernos hecho capaces de tener parte en la herencia de los Santos desde ahora en espíritu, pero desde el día del Juicio Final en cuerpo y alma, merced a la Sangre redentora de su Hijo queridísimo. En medio de las angustias de nuestros postreros momentos precursores de nuestra muerte, desde el fondo del abismo de nuestra poquedad y miseria clamaremos al Señor (Of.) para que, en su misericordia, nos procure los remedios poderosos de los últimos sacramentos (Or.); y nuestro buen Dios, que abriga para con sus fieles sentimientos de paz y no de ira (Int.), y que tiene prometido despachar las plegarias hechas con fe (Com.), nos oirá, librándonos de las terrenales concupiscencias (Sec.), poniendo fin a nuestro cautiverio (Int. V.) e introduciéndonos en el cielo juntos con Jesús triunfante, el cual obrará entonces la consumación de las cosas y entregará a su Padre el reino con tantos trabajos por Él conquistado, como homenaje perfecto de Él y de sus místicos miembros. Aquel día será el de la verdadera Pascua, el verdadero paso del destierro a la Tierra de promisión, a la Patria de la Jerusalén celestial, en aquel inmenso «Templo en que todos cantaremos: ¡Gloria!». Y Dios será todo en todos.

En ese día venturoso, por medio de nuestro Pontífice Jesús, rendiremos un culto eterno a la Santísima Trinidad, diciendo: ¡Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo! Como en el principio, y ahora y siempre, y en los siglos de los siglos. Amén. (1)

 

 

 

TEXTOS DE LA MISA

 

Introito. Jer. 29, 11, 12 y 14. -Dice el Señor: Yo tengo sobre vosotros designios de paz y no de aflicción; me invocaréis y os escucharé, os haré volver de todos los lugares a donde os había desterrado. Salmo. 84, 2.-  Habéis bendecido, Señor, vuestra tierra; habéis acabado con el cautiverio de Jacob. Gloria al Padre…

 

COLECTA -Moved, Señor, los corazones de vuestros fieles, para que, ejecutando con más fervor el fruto de vuestra divina obra, alcancen mayores auxilios de vuestra piedad. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

Epístola. Col. 1, 9-14. «Capacitados para tomar parte en la herencia gloriosa de los santos», debemos llevar en la tierra una vida digna de la vocación a la que se nos ha llamado. -Hermanos: Estamos constantemente orando por vosotros. Pedimos a Dios que lleguéis a la plenitud en el conocimiento de su voluntad, con toda sabiduría e inteligencia espiritual. Así caminaréis según el Señor se merece y le agradaréis enteramente, dando fruto en toda clase de obras buenas y creciendo en el conocimiento de Dios fortalecidos en toda fortaleza, según el poder de su gloria, podréis resistir y perseverar en todo; con alegría daréis gracias al Padre que nos ha hecho capaces de compartir la herencia de los santos en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

 

Gradual. Sal. 43, 8-9.- Nos salvaste, Señor, de nuestros enemigos, humillaste a los que nos aborrecen. Todos los días nos glo­riamos en el Señor, siempre damos gracias a tu nombre.

 

Aleluya. Sal. 129, 1­.- Aleluya, aleluya. Desde lo hondo a ti grito Señor. Señor, escucha mi voz. Aleluya.

 

Evangelio. Mat. 24, 15-35.-.

 

«Dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando veáis, pues, la abominación de la desolación, anunciada por el profeta Daniel, erigida en el Lugar Santo (el que lea, que entienda), 16.entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes; 17.el que esté en el terrado, no baje a recoger las cosas de su casa; 18.y el que esté en el campo, no regrese en busca de su manto. 19.¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! 20.Orad para que vuestra huida no suceda en invierno ni en día de sábado. 21.Porque habrá entonces una gran tribulación, cual no la hubo desde el principio del mundo hasta el presente ni volverá a haberla. 22.Y si aquellos días no se abreviasen, no se salvaría nadie; pero en atención a los elegidos se abreviarán aquellos días. 23.«Entonces, si alguno os dice: «Mirad, el Cristo está aquí o allí , no lo creáis. 24.Porque surgirán falsos cristos y falsos profetas, que harán grandes señales y prodigios, capaces de engañar, si fuera posible, a los mismos elegidos. 25.¡Mirad que os lo he predicho! 26.«Así que si os dicen: «Está en el desierto», no salgáis; «Está en los aposentos», no lo creáis. 27.Porque como el relámpago sale por oriente y brilla hasta occidente, así será la venida del Hijo del hombre. 28.Donde esté el cadáver, allí se juntarán los buitres. 29.«Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, y las fuerzas de los cielos serán sacudidas. 30.Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre; y entonces se golpearán el pecho todas las razas de la tierra y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria. 31.El enviará a sus ángeles con sonora trompeta, y reunirán de los cuatro vientos a sus elegidos, desde un extremo de los cielos hasta el otro. 32.«De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. 33.Así también vosotros, cuando veáis todo esto, sabed que El está cerca, a las puertas. 34.Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. 35.El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.»

Ofertorio. Ps. 129, 1-2.- Desde lo más íntimo de mi corazón clamé a Vos, oh Señor; oíd mi oración, Dios mío; porque me he dirigido a Vos desde lo más íntimo, oh Señor.

 

Secreta.- Mostraos propicio, Señor, a nuestras plegarias; y después de recibir las ofrendas y oraciones de vuestro pueblo, conducid a Vos los corazones de todos, para que, libre de deseos terrenos, amemos lo ce­lestial. Por N. S. J. C…

 

Prefacio de la Santísima Trinidad.-  En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos tam­bién de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De suerte, que confe­sando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la pro­piedad en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz. Santo…

 

Comunión. Marc. 11,24.- En verdad os aseguro que cuantas cosas pidiereis en la oración, tened fe y las alcanzaréis.

 

Poscomunión.- Conceded, Señor, os suplicamos, que con lo que acabamos de tomar por estos Sacramentos, quede curado en su medicinal virtud todo mal. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

TEXTOS DE LA MISA EN LATÍN http://www.rosarychurch.net/latin/pentlast.html

 

 

COMENTARIO

Como habitualmente, reproducimos el comentario del Padre Castellani; luego el nuestro que hoy es extenso y en varios subtítulos, y luego los Santos Padres que también nos ofrecen mucho sobre este Evangelio magnífico.

Recordamos que este comentario se vincula con nuestro audio del Canal de Adoración y Liberación en Youtube:

 

 

 

 

 

 

 

COMENTARIO DE CASTELLANI

 

DOMINGO VIGESIMOCUARTO Y ÚLTIMO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS [Mt 24, 15-35] Mc 13, 24-32 La Santa Iglesia cierra y abre el año litúrgico con el llamado “Discurso Esjatológico”; o sea la predicción de la Segunda Venida y el fin de este mundo; lo que se llama técnicamente la “Parusía”. Este discurso profético es el último que hizo Nuestro Señor antes de su Pasión; y está con algunas variantes en los tres Sinópticos: más extensamente en San Mateo XXIV, de cuyo final está tomado el evangelio de hoy. Este capítulo es llamado por los exegetas el “Apokalypsis sucinto”; porque es como un resumen o bosquejo del libro profético que más tarde escribirá San Juan; y que es el último de la Sagrada Biblia. La Segunda Venida, el Retorno, la Parusía, el Fin de este Siglo, el Juicio Final o como quieran llamarle, es un dogma de fe, y está en la Escritura y está en el Credo, un dogma bastante olvidado hoy día; pero bien puede ser que cuanto más olvidado esté, más cerca ande. Hay muchísimos doctores católicos modernos que, las señales que dio Cristo –y a las cuales recomendó estuviéramos atentos– las ven cumpliéndose todas. Desde Donoso Cortés en 1854 hasta Joseph Pieper en 1954, muchísimos escritores y doctores católicos de los más grandes, comprendiendo al Papa San Pío X, al cardenal Billot, al Venerable Holzhauser, Jacques Maritain, Hilaire Belloc, Roberto Hugo Benson, y otros, han creído ver en el dibujo del mundo actual las trazas que la profecía nos ha dejado del Anticristo… Papini en su Storia di Cristo, capítulo 86, ha escrito: “Jesús no nos anuncia el “Día” pero nos dice qué cosas serán cumplidas antes de aquel día… Son dos cosas: que el Evangelio del Reino será predicado antes a todos los pueblos y que los gentiles no pisarán más Jerusalén. Estas dos condiciones se han cumplido en nuestro tiempo, y quizás el Gran Día se viene. Si las palabras de la Segunda Profecía de Jesús (la del fin del mundo) son verdaderas, como se ha verificado que lo fueron las de la Primera (la del fin de Jerusalén) la Parusía no puede estar lejos… Pero los hombres de hoy no recuerdan la promesa de Cristo; y viven como si el mundo hubiese de durar siempre…”. Cristo juntó la Primera con la Segunda Profecía –y esto es una gravísima dificultad de este paso del Evangelio– o mejor dicho, hizo de la Primera el typo emblema de la Segunda. Los Apóstoles le preguntaron todo junto; y El respondió todo junto. “Dinos cuándo serán todas esas cosas y qué señales habrá de tu Venida y la consumación del siglo…”. “Todas estas cosas” eran para ellos la destrucción de Jerusalén –a la cual había aludido Cristo mirando al Templo– y el fin del mundo; pues creían erróneamente que el Templo habría de durar hasta el fin del mundo. Hubiese sido muy cómodo para nosotros que Cristo respondiera: “Estáis equivocados; primero sucederá la destrucción de Jerusalén y después de un largo intersticio el fin del mundo; ahora voy a daros las señales del fin de Jerusalén y después las del fin del mundo.” Pero Cristo no lo hizo así; comenzó un largo discurso en que dio conjuntamente los signos precursores de los dos grandes Sucesos, de los cuales el uno es figura del otro; y terminó su discurso con estas dificultosísimas palabras: “Palabra de honor os digo que no pasará esta generación Sin que todas estas cosas se cumplan… Pero de aquel día y de aquella hora nadie sabe. Ni siquiera los Ángeles del Cielo. Sino solamente el Padre.” La impiedad contemporánea –siguiendo a la llamada escuela esjatológica, fundada por Johann Weis en 1900– saca de estas palabras una objeción contra Cristo, negando en virtud de ellas que Cristo fuese Dios y ni siquiera un Profeta medianejo: porque “se equivocó”: creía que el fin del mundo estaba próximo, en el espacio de su generación, “a unos 40 años de distancia”. Según Johann Weis y sus discípulos, el fondo y médula de toda la prédica de Cristo fue esa idea de que el mundo estaba cercano a la Catástrofe Final, predicha por el Profeta Daniel; después de la cual vendría una especie de restauración divina, llamada el Reino de Dios; y que Cristo fue un interesante visionario judío; pero tan Dios, tan Mesías, y tan Profeta como yo y usted. El único argumento que tienen para barrer con todo el resto del Evangelio –donde con toda evidencia Cristo supone el intersticio entre su muerte y el fin del mundo, tanto en la fundación de su Iglesia, como en varias parábolas– son esas palabras; “no pasará esta generación sin que todo esto se cumpla”, las cuales se cumplieron efectivamente con la destrucción de Jerusalén. –Pero no vino el fin del mundo. –Del fin del mundo, añadió Cristo que no sabemos ni sabremos jamás el día ni la hora. –Pero ¿por qué no separó Cristo los dos sucesos, si es que conocía el futuro, como Dios y como Profeta? –Por alguna razón que Él tuvo, y que es muy buena aunque ni usted ni yo la sepamos. Y justamente quizá por esa misma razón de que fue profeta: puesto que así es el estilo profético. –¿Cuál? ¿Hacer confusión? –No; ver en un suceso próximo, llamado typo, otro suceso más remoto y arcano llamado antitypo; y así Cristo vio por transparencia en la ruina de Jerusalén el fin del “siglo”; y si no reveló más de lo que aquí está, es porque no se puede revelar, o no nos conviene. La otra dificultad grave que hay en este discurso es que por un lado se nos dice que no sabremos jamás “el día ni la hora” del Gran Derrumbe, el cual será repentino “como el relámpago”; y por otro lado se pone Cristo muy solícito a dar señales y signos para marcarlo, cargando a los suyos de que anden ojos abiertos y sepan conocer los “signos de los tiempos”, como conocen que viene el verano cuando reverdece la higuera. ¿En qué quedamos? Si no se puede saber ¿para qué dar señales? No podremos conocer nunca con exactitud la fecha de la Parusía, pero podremos conocer su inminencia y su proximidad. Y así los primeros cristianos, residentes en Jerusalén hacia el año 70, conocieron que se verificaban las señales de Cristo, y siguiendo su palabra: “Entonces, los que estén en Judea huyan a los montes; y eso sin detenerse un momento” se refugiaron en la aldea montañosa de Pella y salvaron, de la horripilante masacre que hicieron de Sión las tropas de Vespasiano y Tito, el núcleo de la primera Iglesia. Los tres signos troncales que dio Cristo de la inminencia de su Segundo Adviento parecen haberse cumplido: la predicación del Evangelio en todo el mundo, Jerusalén no hollada más por los Gentiles, y un período de “guerras y rumores de guerras”, que no ha de ser precisamente la Gran Tribulación; pero será su preludio y el “comienzo de los dolores”. El Evangelio ha sido traducido ya a todas las lenguas del mundo y los misioneros cristianos han penetrado y recorrido todos los continentes. Jerusalén que desde su ruina el año 70 ha estado bajo el poder de los romanos, persas, árabes, egipcios y turcos… desde 1918 y por obra del general inglés Allenby ha vuelto a manos de los judíos; y un “Reino de Israel” que se reconstruye, existe tranquilamente ante nuestros ojos; y finalmente nunca jamás ha visto el mundo, desde que empezó hasta hoy, una cosa semejante a ésta que el Papa Benedicto XV llamó en 1919 “la guerra establecida como institución permanente de toda la humanidad”. Las dos guerras “mundiales”, incomparables por su extensión y ferocidad, y los estados de “preguerra” y “posguerra” y “guerra fría” y “rearme” y la gran perra, que ellas han creado, son un fenómeno espectacularmente nuevo en el mundo, que responde enteramente a las palabras de la profecía del Maestro: “Veréis guerras y rumores de guerra, sediciones y revoluciones, intranquilidad política, bandos que se levantan unos contra otros, y naciones contra naciones… Todavía no es el fin, pero eso es el principio de los dolores.” ¿Y cuál es el fin? El fin será el monstruoso reinado universal del Gran Perverso y la persecución despiadada a todo el que crea de veras en Dios; en la cual persecución a la vez interna y externa parecerá naufragar la Iglesia de Dios en forma definitiva (30) . Otras muchas señales menores, que parecen cumplirse ya, se podrían mencionar; pero no tengo lugar y además es un poco peligroso para mí. Baste decir que aparentemente la herramienta del Anticristo, como notó Donoso Cortés, ya está creada. Hace un siglo justo, el gran poeta francés Baudelaire, escribía en su diario Mon Coeur mis a Nu acerca del gobierno dictatorial de Napoleón III –que fue una tiranía templada por la corrupción–, que “la gloria de Napoleón III habrá sido probar que un Cualquiera puede, apoderándose del Telégrafo y de la Imprenta, tiranizar a una gran Nación”; cosa que los argentinos sabemos ahora sin necesidad de acudir a Baudelaire. Pues bien, desde entonces acá, los medios técnicos de tiranizar a una gran nación, y aun a todo el mundo, por medio del temor y la mentira, han crecido al décuplo o al céntuplo. El Anticristo no tiene actualmente más trabajo que el de nacer; si es que no ha nacido ya, como apuntó San Pío X en su primera encíclica. El mundo está ablandado y caldeado para recibirlo por la predicación de los “falsos profetas”, contra los cuales tan insistente nos precave Cristo; y que son otra de las señales: seudoprofetas a bandadas. El odio –y no el amor– reina en el mundo. Eso también está predicho en un versículo que no es nada claro en la Vulgata, pero se entiende bien en el texto griego. “Y porque sobreabundará la iniquidad, se resfriará la caridad en muchos”, dice la traducción de San Jerónimo; que yo creo que no es de San Jerónimo sino de Pomponio o de Brixiano; pues creo cierta la noticia actual de que San Jerónimo no tradujo, sino solamente corrigió la Vulgata. El versículo traducido así resulta una perogrullada, por no decir una pavada: el segundo miembro de la frase es un anticlímax, en vez de ser un clímax como pedía la lógica. Para explicarme rápido, diré que es como si yo dijera: “Como había una temperatura de 45 grados, no había muchos que dijesen que hacía frío…” (no había nadie). O bien otro ejemplo: “El que asesina a su madre, no se puede decir que tenga una virtud perfecta…” (ninguna virtud tiene). Y así, si el mundo está inundado de injusticia, estúpido es decir que a causa de eso “se enfriará la caridad”. No habrá caridad desde hace mucho, ni fría ni caliente. La caridad es más que la justicia. Pero el texto griego dice otra cosa, que es inteligente y lógica. Se puede traducir así: “Habrá tantas injusticias que se hará casi imposible la convivencia”; y eso es instructivo y luminoso, porque efectivamente el efecto más terrible de la injusticia es envenenar la convivencia. A la palabra griega Copee le dieron poco a poco los cristianos el significado de caridad en el sentido tan especial del Cristianismo; pero originalmente agápee significa “concordia, apego, amistad”; y por cierto amistad en su grado más ínfimo, que es ese mínimum necesario para poder vivir mal que bien unos al lado de otros; conllevarse como dicen en España; o sea la convivencia. Que la convivencia entre los humanos se está destruyendo hoy más y más y a toda prisa ¿quién no lo ve? Y que la causa de esa malevolencia que invade de más en más al género humano sea la injusticia ¿quién lo duda? Las injusticias amontonadas y no reparadas, que dejan su efecto venenoso en el ánimo del que las sufre… y también del que las hace. “Que hablará muy mal de ustedes – Aquel que los ha ofendido”, dice Martín Fierro; y “la injusticia no reparada es una cosa inmortal”, dice el hijo de Martín Fierro. No he escrito todo esto para desconsolar a la gente, sino porque creo que es verdad; y Cristo nos mandó no nos desconsoláramos por eso, al contrario: “Cuando veáis que todo esto sucede, levantad las cabezas y alegráos, porque vuestra salvación está cerca.” ¿Para qué ha sido creado este mundo, y para qué ha caminado y ha tropezado y ha pasado por tantas peloteras y despelotas sino para llegar un día? Estos impíos de hoy día que dicen que el mundo no se acabará nunca, o bien durará todavía 18 mil millones de anos, se parecen a esos viajeros que se empiezan a entristecer cuando el tren está por llegar. Y puede que ellos tengan sus motivos para entristecerse; pero el cristiano no los tiene. Este mundo debe ser salvado; no solamente las almas individuales sino también los cuerpos, y la naturaleza, y los astros (todo debe ser limpiado definitivamente de los efectos del Pecado); que no son otros que el Dolor y la Muerte. Y para llegar a eso, bien vale la pena pasar por una gran Angostura. Yo no sé cuándo será el fin del mundo; pero esos incrédulos que lo niegan o postergan arbitrariamente saben mucho menos que yo. ¿Verán los jóvenes de hoy la Argentina del año 2000? No lo sabemos. ¿Verán los chicos escueleros a la Argentina con 100 millones de habitantes, de los cuales 90 millones en Buenos Aires? No lo sabemos. ¿Verá el bebé que ha nacido hoy –y varios han nacido seguro– el mundo convertido en un vergel y un paraíso por obra de la Ciencia Moderna? Ciertamente que no. Si lo ven convertido en un vergel, será después de destruido por la Ciencia Moderna, y refaccionado por el poder del Creador, y la Segunda Venida del Verbo Encarnado; ahora no ya a padecer y morir, sino a juzgar y a resucitar. Lo que puede que vean y no es improbable, es a Cristo viniendo sobre las nubes del cielo para “fulminar a la Bestia con un aliento de su boca”, y ordenar la resurrección de todos nosotros los viejos tíos o abuelos, si es que no lo vemos también nosotros, porque nadie sabe nada, y los sucesos de hoy día parecen correr ya, como dijo el italiano, ‘precititevolissimevolmente”. DOM (Hasta acá Castellani) (2)

NOTAS PROPIAS DE CASTELLANI

30) De esta “Gran Tribulación hemos hecho un cuadro imaginario en nuestra novela Su Majestad Dulcinea.

 

 

COMENTARIO

Recordamos que este comentario se vincula con nuestro audio del Canal de Adoración y Liberación en Youtube:

 

 

 

 

En este último Domingo del año litúrgico,  el Evangelio habla de las ultimidades, los sucesos escatológicos, del último día, la Parusía del Señor, el juicio final; la Justicia Radical de Dios; el Descenlace de la Historia.

Mt 24 15-35

««Cuando veáis, pues, la abominación de la desolación, anunciada por el profeta Daniel, erigida en el Lugar Santo (el que lea, que entienda), 16.entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes; 17.el que esté en el terrado, no baje a recoger las cosas de su casa; 18.y el que esté en el campo, no regrese en busca de su manto. 19.¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! 20.Orad para que vuestra huida no suceda en invierno ni en día de sábado. 21.Porque habrá entonces una gran tribulación, cual no la hubo desde el principio del mundo hasta el presente ni volverá a haberla. 22.Y si aquellos días no se abreviasen, no se salvaría nadie; pero en atención a los elegidos se abreviarán aquellos días. 23.«Entonces, si alguno os dice: «Mirad, el Cristo está aquí o allí , no lo creáis. 24.Porque surgirán falsos cristos y falsos profetas, que harán grandes señales y prodigios, capaces de engañar, si fuera posible, a los mismos elegidos. 25.¡Mirad que os lo he predicho! 26.«Así que si os dicen: «Está en el desierto», no salgáis; «Está en los aposentos», no lo creáis. 27.Porque como el relámpago sale por oriente y brilla hasta occidente, así será la venida del Hijo del hombre. 28.Donde esté el cadáver, allí se juntarán los buitres. 29.«Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, y las fuerzas de los cielos serán sacudidas. 30.Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre; y entonces se golpearán el pecho todas las razas de la tierra y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria. 31.El enviará a sus ángeles con sonora trompeta, y reunirán de los cuatro vientos a sus elegidos, desde un extremo de los cielos hasta el otro. 32.«De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. 33.Así también vosotros, cuando veáis todo esto, sabed que El está cerca, a las puertas. 34.Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. 35.El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.»

 

 

LA PARUSÍA DEL SEÑOR

Este magnífico Evangelio constituye el Discurso Escatológico de San Mateo; el mas fuerte y completo de los Sinópticos; se podría decir que el Apocalipsis es una explanación de él; una explicitación a mayor detalle: una ampliación.

Fin del Año Litúrgico, en la Palabra se señala también al Fin del Mundo y la Parusía, Segunda Venida del Señor y los acontecimientos precedentes y relacionados con ella.

Parusía se puede traducir del griego como Venida, Llegada, Advenimiento. El Señor vuelve; esta vez no humilde y oculto, vulnerable; sino en Gloria y Majestad, como Dios-Hombre Omnipotente, visible a todo el mundo de manera maravillosa. Esta vez no viene a predicar y sufrir para salvar; viene a Juzgar; viene a traer la Justicia Radical y Definitiva y a fundar Nuevos Cielos y Nueva Tierra donde habite la Justicia. Viene a resucitar a los hombres; a todos los muertos: los buenos para bienaventuranza eterna, los malos para castigo eterno.

La Parusía del Señor y los textos escatológicos que la presentan tienen un valor y una importancia capital, extraordinaria para la Fe y la praxis cristiana. La Parusía del Señor es el Desenlace de la Historia de la Salvación, su cierre: el Triunfo definitivo de Cristo sobre el Mal, triunfo que comparten sus salvados.

La Parusía del Señor no es un acontecimiento de este mundo, no es un hecho intrahistórico: proviene de la Eternidad Divina; viene de mas allá de la historia; de la Trascendencia de Dios; pero entra en la Historia y la termina; la cierra.

Ella nos habla de la caducidad de este mundo y el Poder Infinito de Dios que aplastará el Mal hasta el fondo del abismo. La esperada Justicia de Dios en la que muchos no creyeron o desesperaron. Todos verán que es más infinitamente radical, magnífica y terrible de lo que se imaginaban.

No hay triunfo inmanente del hombre. El Triunfo es de Dios.; triunfo, que volvamos a decir, también es el triunfo de sus salvados, por Gracia.

La Parusía, por tanto, es el Evento por antonomasia, la Resolución del Plan de Dios: Creación, Encarnación, Rendención, Parusia- indeciblemente feliz y glorioso para los santos creyentes; para los católicos en serio. Ella constituye el Final de este mundo y el inicio del Nuevo, ya con Cielos y Tierra regenerados, resucitados también con el hombre.

 

 

EXPLOSIÓN E IMPLOSIÓN DEL EVANGELIO: NO HAY TRIUNFO INMANENTE DE LA IGLESIA A NIVEL CUANTITATIVO

Posteriormente a la Pasión y Muerte del Señor, a su Resurrección y Ascensión, a Pentecostés y Fundación plena de la Iglesia (ya existía en germen antes), se produce un movimiento de expansión y triunfo inmanente provisorio de la Iglesia en el mundo; la audaz misión conquista mundo irredento para Cristo. La Iglesia tiene claro el imperativo de la Instauración del Reino Sociopolítico de Cristo. Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado.

Junto con esta expansión, la cizaña de la herejía, la conspiración, la traición, la abdicación y corrupción de muchos, también hace su trabajo dentro de la Iglesia conquistadora. Pero a partir de la última Edad Media, la cizaña comienza a trabajar no solo fuera, sino con mas intensidad dentro de la Iglesia.

Nominalismo y otras yerbas malas comienzan un trabajo de solapada corrupción de la teología. Luego viene el Renacimiento, Iluminismo, la Revolución Francesa, y se comienza a detectar una lucha terrible contra el Reino de Dios. El César vuelve a cobrar fuerza (mas que en la antigüedad) Comienza a verificarse una especie de retirada de la Iglesia acosada….aunque siempre luchadora. Vendrá el Racionalismo, luego el primer Modernismo secularista y racionalista, luego el terrible siglo XX con dos guerras mundiales, la guerra civil española -con la gloriosa isla de resistencia de Franco, un punto de triunfo dentro de un panorama oscuro-….

Vendrá Yalta y el optimismo de posguerra porque han vencido los buenos (lluvia de comillas a discreción) y el II Concilio Vaticano mimetizado con el mundo; con su optimismo correlativo, ingenuo, inmanente. Su neomodernismo, ahora mas anómico, subjetivista, personalista. El movimiento de retirada se convierte en claudicación formal. Se aceptan las condiciones, las reglas de juego del Leviathan, del César; sobre todo, puntualmente con la aceptación del laicismo masónico en la Libertad Religiosa. Licuación de la fe, apostasía; expulsión de la Fe de la vida pública aceptada.

Otra religión reemplaza a la Fe Católica de 1962 años que se basó en la Escritura, vivida por la Tradición e interpretada por el Magisterio. Se reniega del Imperativo del Establecimiento del Reino Sociopolítico de Cristo en la Tierra. Se abdica de la potestad de castigar la herejía. Se ha verificado un punto de Inflexión en la Iglesia visible: claudica de sus funciones esenciales con los cuatro cauces funestos del II Concilio: Reforma Litúrgica, Colegialidad, Ecumenismo, Libertad Religiosa.

Hoy vemos la Apostasía rampante en la estructura visible de la vieja iglesia católica. Aunque la Fe, la verdadera Iglesia, el Resto Fiel, vive, aunque con poco peso en la estructura, extra estructuralmente sobre todo.

El movimiento de retirada se ha acentuado.

El Catecismo de la Iglesia Católica Conciliar (sí,  aún este catecismo) lo dice bien en sus puntos 676 y ss.

De allí hasta la Parusía del Señor no parece haber éxitos inmanentes apoteóticos de la Iglesia en el mundo.

 

 

EL RACIONALISMO, EL MODERNISMO Y LA LICUACIÓN DE LA FE Y LA REVELACIÓN. El Método Histórico-Crítico y el abuso del recurso del Lenguaje Apocalíptico.

La primera teología modernista, positivista, racionalista, cientificista, que dividió al Jesús de la Fe, del Jesús de la Historia, se concentró en Cristo, como en la Biblia como un objeto puramente humano inmanente y natural. Algo comprensible dada su atrofiada cosmovision. De alli surgió el Método histórico-crítico y la desmitificación de la Escritura. Una limpieza (comillas) de residuos míticos y místicos, trascendentes, sobrenaturales. Esta influencia se extendió y sufrió cierta mutación en la época conciliar, hacia el subjetivismo, la anomia, el fideísmo sentimental….

El hecho es que de ese acercamiento puramente cientificista y natural a la Escritura, (que es Palabra de Dios antes que nada) se abusó del estudio y consecuencias de Los Géneros Literarios de la Escritura. En el caso que nos ocupa, el LENGUAJE APOCALÍPTICO.

Se concluyó que dicho lenguaje era propio de comunidades perseguidas, estresadas, ¿un tanto desequilibradas, porqué no? Con temor y rencor del mundo, que exageraban y tremendizaban la nota; se volvían de un pesimismo paranoico…usaban una cantidad de códigos y símbolos extraños en su plasmar en el papel la palabra de Dios….En fin, lenguaje apocalíptico..,.hay que tomarlo con pinzas, con indulgencia….Digámoslo claramente, no es un lenguaje para tomar en serio…

Bueno, en realidad el progremodernista no se toma en serio nada de la Biblia, sino para interpretarlo a su manera y antojo. Pero sobre todo el objeto preferido de su vilipendio es el lenguaje apocalíptico. Su veneno está dirigido a la Escatología: lógico; aniquila su optimismo utópico inmanente y terreno.

De manera que el Apocalipsis y sus homólogos de los Evangelios y Cartas, así como Daniel y otros profetas, no son libros para tomar realmente muy en serio…. Son libros de circunstancia, que sirvieron para dar aliento a comunidades perseguidas. No tienen proyección escatológica, y todo se termina ahí, en la coyuntura en que fueron escritos (hasta acá hablo como progremodernista, para que alguno no se confunda)

Asistimos a una verdadera destrucción de la Escritura.

Los Discursos escatológicos de los Evangelios Sinópticos, especialmente el de Mateo, el más crudo y completo, son despreciados, tergiversados, licuados y proscriptos por el neomodernismo actual. Neomodernismo que cunde en toda la estructura de la Iglesia conciliar.

¿Discurso Escatológico de San Mateo? ¡No tomarlo muy en serio por favor! Lenguaje apocalíptico… Siempre hubo problemas en el mundo; siempre hubo pestes; siempre hubo terremotos; siempre hubo traiciones…. ¿Signos del Sol y los astros? Ah, meros símbolos que expresan la perplejidad y el estrés algo alucinado de aquellas comunidades antiguas…que digámoslo…je je, un poco fanáticas y paranoicas…..no sabían dialogar con el mundo, como nosotros sí sabemos… ¡Ese pesimismo deprimente! ¡Por favor! No es cristiano. El Progreso y la Evolución del Mundo, la Ciencia y la Técnica hacen evolucionar al hombre y la sociedad hacia un punto donde una cantidad de conflictos producidos por el fanatismo arcaico y bruto desaparecerán….Vamos hacia el Punto Omega…¡Optimismo! Optimismo en la Historia y el Hombre. La Historia después de Cristo no tiene vuelta atrás… (hablo como progremodernista)

Resultado: abolición de la Escatología y de la Soteriología Católicas. Abolición de la Parusía del Señor. Reemplazo de esto por un Progreso hacia una plenitud inmanente; un Paraíso en la tierra; un milenarismo terreno de la ciencia y la tecnología, coronado con una nueva y plena espiritualidad humanista. Theilar y Rhaner….se ven huellas de Hegel, de Spinoza….Hasta de Marx…de la Nueva Era…

Resumiendo, el progremodernista ve el Discurso Escatolótico de San Mateo y otros textos similares, como un pasaje de lenguaje apocalíptico, de puros símbolos que prácticamente tiene poco o ningún correlato en la realidad. HAY QUE ESQUIVAR LA LITERALIDAD, HACERLO COMO SISTEMA. No se debe tomar seriamente…

 

 

PERO EL DISCURSO ESCATOLÓGICO NOS DICE COSAS ESENCIALES

No se puede negar que puede haber símbolos, pero irse al símbolo, a la interpretación simbólica, a la alegoría a priori sin necesidad es locura interpretativa. Cuando algo puede ser interpretado literalmente sin caer en un absurdo, debe ser interpretado literalmente.

Si nos ponemos a ver, no hay casi nada en este discurso que no pueda ser interpretado literalmente. Nada impide que haya cataclismos cósmicos, nada impide el aumento del mal de manera alarmante, la pérdida de la caridad…lo vemos hoy. Nada impide que haya prodigios diabólicos….

Si hay afirmaciónes simbólicas como aquella, donde esté el cuerpo, se juntarán las águilas. Diversamente interpretadas por los SSPP. El Cuerpo es el de Cristo adveniente; las águilas son los salvados que lo rodean…dice algún Padre.

Vayamos a la médula: El Señor nos está diciendo que en los últimos tiempos el mundo se pondrá endiablado, peor que nunca. No solo en la relación entre los hombres, sino incluso la naturaleza estará conmovida.

No se debe quedar la interpretación en que todo se cumple en la Destrucción del Templo de Jerusalén. Queda claro que la cosa va más allá de eso. Jesús predice cosas que no sucedieron con la destrucción del Templo y la diáspora. Es absolutamente obvio que apuntan a tiempos finales.

El Tiempo Final, aquella tribulación como no hubo otra ni habrá mas, es un tiempo de maldad, de odio, de apostasía, de confusión, de cataclismos cósmicos, de perdición, de castigo de Dios.

¡UNA TRIBULACIÓN COMO NO HUBO OTRA NI LA HABRÁ MAS!. Esto va más allá de la destrucción del Templo, lo volvemos a decir. Solo la falta de rectitud y la falta de sensus fidei del progremodernismo puede interpretar esto como cumplido allí en la Ruina de Jerusalén.

La Ruina de Jerusalén es el Typo de un suceso posterior en que el Profeta (Cristo en este caso) hace pie para remontarse a un suceso lejano y final en el tiempo, y similar pero más amplio y grave , si puede decirse. El Antitypo.

Símbolo y figura de la realidad del momento (Typo) para remontarse a un suceso del final mas importante y crucial (Antitypo)

 

 

ESPERANZA VERSUS OPTIMISMO
LA ESCATOLOGÍA BÍBLICA NO ES PESIMISTA, SINO ESPERANZADA.

El cristiano es realista, no optimista.

El progremodernismo, que no es catolicismo, no es Fe en Cristo, carece de virtudes infusas teologales. Como no tiene la Esperanza sobrenatural, aquella que nos proyecta hacia las realidades gloriosas y eternas que promete el Señor en el Nuevo Testamento (los justos brillarán como el Sol en el Reino del Padre; la Nueva Jerusalén; Cielos y Tierra nuevos donde habite la Justicia; Dios será todo en todo….) debe reemplazarla por Optimismo. Es muy difícil vivir sin nada bueno adelante, en el tiempo. El Optimismo Histórico no es cristiano. El milenarismo inmanente no es cristiano; es un reemplazo idolátrico de la Esperanza cristiana.
El cristiano no necesita ningún optimismo: la Esperanza sobrenatural es tan potente que levanta al hombre de las penas de este mundo y lo hace vislumbrar el gozo eterno. El cristiano no necesita ponerse anteojeras color de rosa para ver la realidad del mundo mejor de lo que es. La Esperanza proyecta a la Eternidad gozosa y da realismo para ver el acá y ahora. Y no aliena de ninguna manera, sino que la mirada sobrenatural sobre las realidades terrenas, realista y seria, posibilita un diagnóstico de la Verdad sobre ellas, dando a su vez la acción mas constructivas para actuar aquí y ahora. No hace falta ninguna utopía ni evasión. El Optimismo Histórico es utopía y evasión, además de idolatría del hombre por el hombre. La Esperanza es tanto más excelsa y sublime que algún optimismo terreno,-mas allá de que el optimismo histórico es evasión y pecado al fin y al cabo- como lo es Dios de su Creación.

POR ESO A LOS HOMBRES SIN ESPERANZA SOBRENATURAL, A LOS PROGREMODERNISTAS, LA ESCATOLOGÍA LES PARECE DELIRANTE Y PESIMISTA.

Porque ven solo la inmanencia, no tienen vuelo trascendente, el que da la Esperanza, el que da la Gracia. Por eso ese vacío de Esperanza lo llenan con Optimismo.

El Discurso Escatológicoco de San Mateo, como el Apocalipsis, les resulta de un delirio y un pesimismo insoportable, porque aniquila su optimismo utópico en un milenarismo terreno y mundano.

Entonces, lo decimos una vez más: Este Discurso es un Discurso de Esperanza: Cuando vean que suceden estas cosas (dice San Lucas en su Discurso Paralelo), ¡LEVANTEN LA CABEZA QUE SE ACERCA VUESTRA REDENCIÓN!

Es un discurso profético de como terminará el mundo también: entre la Apostasía, el odio, el auge del Mal en su máxima virulencia, los cataclismos cósmicos.

NADIE SABE EL DÍA NI LA HORA, PERO HAY SIGNOS QUE PRECEDEN EL FIN

Jesús con la parabolita de la higuera, nos dice que hay signos claros de la cercanía del Fin. El aumento del Mal, los Falsos Profetas, las calamidades cósmicas, la Abominación de la Desolación…..

 

 

LA ABOMINACIÓN DE LA DESOLACIÓN

El Typo de esto es la estatua del César que Pilato levantó en el Templo de Jerusalén, profanándolo. Pero su Antitypo, su proyección escatológica es mas amplia y grave, aunque de la misma naturaleza sacrílega.
La Abominación de la Desolación en el Lugar que no debe.
La mentira en el lugar por antonomasia para la Verdad.
En la Cátedra de San Pedro desde donde se debe difundir la Verdad, el Enemigo de Cristo se sentará y difundirá la Mentira, dice Leon XIII en su exorcismo.
Dicen los SSPP que el el Anticristo se sentará en el Templo de Dios, como si fuera Dios y haciéndose adorar como Dios. Está profetizado en Daniel, tomando como Typo a Antíoco Epífanes. Pero Daniel ya insinúa fuertemente que esa profecía se proyecta hacia el tiempo final.

No vamos a la afirmación de que Francisco es el Anticristo o el falso Profeta. No le vemos sustento a esto. La Trinidad Satánica actuará con simultaneidad y gran poder, incluso con prodigios portentosos de orden preternatural diabólico, corroboran los Santos Padres.

De todas maneras hoy sobre todo -pero también desde hace unas seis décadas, desde el Sillón de San Pedro se difunde la ambigüedad, la confusión, la oscuridad, se reivindican herejes condenados Ex Cáthedra por Concilios Ecuménicos Dogmáticos, como Trento a Lutero. Lutero es anatema. Hoy fue erigido por Francisco en Testigo del Evangelio con estatua y todo en el Vaticano……Estamos presenciando ya la Abominación de la Desolación….

Bueno, Mahoma, enemigo acérrimo de la cristiandad ya fue reivindicado en cierta manera con aquel desdichado beso al Corán….

Sumado a esto, veamos el arte….de la Sala de Audiencias Pablo VI del Vaticano….y los inverosímiles excesos sacrílegos y profanatorios de la liturgia Novus Ordo… Las comilonas de Francisco dentro de Basílicas y Templos, con pobres servidos por mozos Hilton… Las afirmaciones sobre la Santísima Virgen María de que era una chica normal que buscaba casarse…

Y como frutilla del postre tenemos adoración idolátrica a la Pachamama en los jardines del Vaticano, con presencia de Francisco; con chamanes oficiando, quema de incienso, invocaciones típicas y toda la parafernalia del culto pagano incaico a la Madre tierra, genuflexiones y rostros en tierra….Abominación de la Desolación literal…..

 

 

CIELO Y TIERRA PASARÁN, PERO MIS PALABRAS NO PASARÁN

La Palabra del Señor es Eterna, Inmutable, Divina, Veraz. Ella tiene más entidad que el universo creado: Cielo y tierra pasarán, mas mi Palabra no pasará.

La palabra de Dios no es un apéndice del mundo que se debe adaptar a él; es el mundo que debe convertise a la Palabra de Dios. Al revés de lo que predican los inicuos, impíos progremodernistas.

Este mundo es transitorio: pasa. La apariencia del mundo pasa, dice San Pablo, San Pedro y San Juan en sus cartas.

La Palabra de Dios es Eterna. Al Principio era la Palabra. Y en el Fin de este mundo también será la Palabra. Eternamente será la Palabra.

Cuando Cristo dice que no pasará aquella generación sin que todo se cumpla, se debe entender, que esa generación malvada (así llama Jesús a los judíos conspiradores y corroboran algunos Padres) quiere decir que esa generación malvada durará hasta el Fin. No se refiere a generación temporal, de 30 años, diferencia entre padres e hijos, sino a una ralea, a una casta malvada.

 

 

TIEMPOS DIFÍCILES, LITERALMENTE ENDIABLADOS

Abominación en el Lugar que no debe; Falsos prodigios, poder aparentemente omnímodo del Mal, tan virulento que si fuera posible engañaría a los propios elegidos, traición, entrega, apostasía desaforada…

Aquellos días serán acortados en atención a los elegidos.

SI NO FUERAN ACORTADOS ESOS DÍAS NADIE SE SALVARÍA.

Que pesimismo insoportable, hay que licuarlo y endulzarlo, diría un progremodernista….
Pero en lo mas grave de la tribulación La Cruz de Cristo en el firmamento será visible a todos los hombres.
Es el Momento de la Parusía.

<<Y en aquel momento aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre. Y entonces todas las tribus de la tierra se golpearán el pecho y verán al Hijo del Hombre que viene sobre las nubes del cielo, con gran poder y majestad. Él enviará a sus ángeles con una trompeta atronadora, para que reúnan a sus elegidos de los cuatro vientos, de un extremo a otro del cielo.>>

Los que perseveraron en la Verdad del Señor, los que creyeron en su Palabra, en la Escritura, los que vivieron y amaron su Tradición, los que obedecieron al Magisterio que interpreta la Palabra, serán liberados y llamados a la Gloria Eterna.

Y todos los mentirosos, los asesinos, los perros, los degenerados, los traidores, irán al Lago de Fuego, junto con la Trinidad Satánica, según avisa el Apocalipsis.

¡Todo aquel que haya quitado algo a esta Revelación, le será quitado su lugar en el Libro de la Vida! …. esto lo manda el Señor a los progremodernistas….

 

¡VEN SEÑOR JESÚS!

El Espíritu y la Esposa claman: VEN SEÑOR JESÚS, dice Apocalipsis.
Desear la Venida definitiva del Señor es la piedra de toque del católico en serio. Como dijimos antes, el progremodernista, el continuador de aquella generación malvada….la detesta, la oculta, la proscribe, la licúa, la reemplaza por un delirante milenarismo mundano, por una estúpida utopía inmanente, por un insensato optimismo en el progreso humano….por una demencial adoración de la actualidad del aquí y ahora…
Pero el Católico la desea intensamente porque es el contenido de la Esperanza: Cristo mismo en Gloria y Majestad en su Triunfo definitivo y Eterno.

 

¡ESPERANZA!

¡En el mundo tendrán tribulación, pero ánimo! Yo he vencido al mundo. Dice el Señor.
El que persevere hasta el final, ese será salvo.
La eternidad de gozo nos espera si permanecemos en la Verdad y no cedemos a los falsos profetas con apariencia de piedad; a los falsos evangelios del facilismo, de la falsa misericordia, de la aceptación y bendición del pecado, de la degeneración; del acomodamiento al mundo, de la genuflexión ante el César; del culto de Leviathan.
¡Si no cedemos a la Falsa Iglesia legitimadora del Sistema anticristiano! – digamos en un lenguaje mas actual.

 

 

ORACIÓN FINAL

La Santísima Virgen nos de la Gracia de la Esperanza sobrenatural y todas las demás virtudes y gracias necesarias para perserverár en la difícil prueba escatológica;
Nos de la Gracia de de permanecer en la Verdad expresada en la Escritura, vivida por la Tradición e interpretada por el Magisterio de la Iglesia Católica hasta 1962.
Nos de la Gracia de fortalecernos con el verdadero y santo culto católico de la Misa Tridentina de San Pío V.
Nos alcance fortalece y virilidad en esta lucha hasta llegar a la victoria.

 

 

SANTOS PADRES

 

 Evangelio según san Mateo, 24:15-22 

 

«Por tanto, cuando viereis que la abominación de la desolación, que fue dicha por el profeta Daniel, está en el lugar santo, el que lee entienda. Entonces los que estén en la Judea, huyan a los montes. Y el que en el tejado, no descienda a tomar alguna cosa de su casa. Y el que en el campo, no vuelva a tomar su túnica. ¡Mas ay de las preñadas y de las que crían en aquellos días! Rogad, pues, que vuestra huida no suceda en invierno o en sábado. Porque habrá entonces grande tribulación, cual no fue desde el principio del mundo hasta ahora ni será. Y si no fuesen abreviados aquellos días, ninguna carne sería salva; mas por los escogidos aquellos días serían abreviados». (vv. 15-22)

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 75, 2

Como el Señor había insinuado ya, aunque de una manera oculta, la destrucción de Jerusalén, les da a conocer esto mismo de una manera evidente, aduciendo la profecía que prueba la destrucción de los judíos. Por esto dice: «Por tanto, cuando viereis la abominación de desolación», etc.

San Jerónimo

Esto que dice: «El que lee entienda», se expresa para que busquemos el sentido místico. Leemos, pues, en Daniel de este modo: «Y en medio de la semana cesará el sacrificio y las ofrendas; y en el templo habrá abominación de desolaciones hasta la consumación del tiempo, y la consumación se dará sobre la soledad» ( Dn 9,27).

San Agustín, Epístola, 199, 31

San Lucas, para probar que había acontecido la abominación de la desolación predicha por Daniel, cuando fue destruida Jerusalén, recuerda las palabras del Salvador en este mismo lugar: «Cuando veáis que Jerusalén es sitiada por un ejército, sabed que entonces se acerca su desolación» ( Dn 21,20).

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 49

Por lo que me parece que llamaba abominación de desolación al ejército por el cual fue destruida la santa ciudad de Jerusalén.

San Jerónimo

También puede entenderse respecto de la estatua del César, que Pilato colocó en el templo; o de la estatua ecuestre de Adriano, que ha permanecido hasta hoy en el mismo lugar donde estuvo el Sancta Sanctorum, pues la abominación, según la antigua Escritura, es llamada ídolo. Y por lo tanto, se añade la desolación, porque el ídolo fue puesto en el templo desolado y desierto.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 75, 2

O porque el mismo que desoló la ciudad y el templo, colocó la estatua en el interior.

Y para que sepan que sucederán estas cosas viviendo aun algunos de ellos, dijo: «Cuando, por tanto, viereis», etc. En lo que debe admirarse el poder de Jesucristo y la fortaleza de sus discípulos, que predicaban en aquellos tiempos, en que se perseguía todo lo que era judío. Los apóstoles, como procedentes de los judíos, introdujeron leyes nuevas contra los romanos, que mandaban entonces. Los romanos vencieron a muchos miles de judíos, pero no pudieron vencer a doce hombres desnudos y desarmados. Como muchas veces había sucedido que los judíos habían sido rehabilitados después de grandes guerras (como sucedió en los tiempos de Senaquerib y Antíoco), para que nadie crea que entonces sucedería lo mismo, ordena el Salvador a sus discípulos que huyan, cuando añade: «Entonces los que están en la Judea», etc.

Remigio

Todo esto consta que sucedió cuando empezaba la desolación de Jerusalén. Cuando se aproximaba el ejército romano, todos los cristianos que había en aquella provincia (como refiere la historia eclesiástica) avisados por un milagro del cielo, se marcharon bien lejos. Atravesando el Jordán, vinieron a la ciudad de Pela, y allí bajo la protección del rey Agripa (de quien se hace mención en el Libro de los Hechos de los Apóstoles), permanecieron algún tiempo. Este mismo Agripa, con la parte de judíos que le obedecían, estaba sujeto al imperio romano.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 76, 1

Después, manifestando los inevitables males y la calamidad sin límites que habían de venir sobre los judíos, añade: «Y el que esté en el tejado no descienda», etc. Porque era preferible salvarse con el cuerpo desnudo, que entrar en la casa a tomar vestido, y ser muerto. Por lo que dice también respecto del que está en el campo: «Y el que está en el campo no vuelva», etc. Porque si los que están en la ciudad huyen, con mucha más razón no deben volver a la ciudad los que están fuera. Y en verdad que es fácil despreciar el dinero, y no es difícil proveerse de vestidos; pero lo que atañe a la vida ¿cómo se podrá prescindir de ello? ¿Cómo podrá suceder que la que esté embarazada se encuentre ligera para huir? ¿Y cómo la que está criando abandonará al que parió? Por esto añade: «Mas ¡ay de las preñadas y de las que crían!», etc. Aquéllas, porque están más pesadas y no podrán huir con facilidad, cargadas con el peso de su concepción; y éstas, porque son detenidas por el vínculo de la compasión hacia sus hijos, y no pueden al mismo tiempo salvar a los que lactan.

Orígenes, in Matthaeum, 29

O porque entonces no habrá lugar a tener compasión ni de las preñadas, ni de las que crían, ni de sus infantes. Y como que hablaba a los judíos, los cuales decían que en el sábado no debía recorrerse más camino que el de un sábado, añade: «Rogad, pues, que vuestra huida no suceda en invierno o en sábado».

San Jerónimo

Porque en el primero, la crudeza de la estación impide andar por las soledades y ocultarse en los montes del desierto. Y en el segundo, porque era quebrantar la ley el querer huir, y les amenazaba la muerte si se quedaban.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 76, 1

Véase cómo se habla aquí en contra de los judíos, porque los apóstoles no habían de guardar el día sábado, ni habían de permanecer allí cuando Vespasiano hizo esto, porque muchos de ellos ya habían muerto antes; y si alguno quedaba entonces, vivía en otras partes del mundo. Por qué dijo que debía orarse, lo explica cuando añade: «Porque habrá entonces grande tribulación», etc.

San Agustín, epistola, 80

Se lee en San Lucas: «Y habrá grande aflicción sobre la tierra, e ira contra este pueblo; y caerán degollados unos, y serán llevados cautivos por los gentiles otros» ( Lc 21,23-24). Y después Josefo, que escribió la historia de los judíos, dice que sucedieron a este pueblo unos males tan grandes, que apenas pueden creerse; por esto se ha dicho con razón que no hubo semejante tribulación desde el principio del mundo, ni la habrá. Pero aunque en tiempo del Anticristo acaso la habrá igual o mayor, por lo dicho respecto de este pueblo debe entenderse que no será para ellos de tal magnitud. Así pues, aunque ellos reciban al Anticristo muy grandemente y de manera singular, en aquel tiempo experimentaron una tribulación mayor que la que habrá de acontecer.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 76, 1

Yo pregunto a los judíos: ¿de dónde ha venido sobre ellos un castigo divino tan intolerable, que es mucho peor que cuantos anteriormente habían recibido? Porque desde luego se comprende que les vino aquella desgracia por el crimen cometido sobre la cruz. Pero aun manifiesta que eran dignos de mayor castigo en esto que añade: «Y si no fuesen abreviados aquellos días, ninguna carne sería salva», etc. Como diciendo: Si hubiese durado más aquella batalla de los romanos contra la ciudad, hubiesen perecido todos los judíos. Dice que toda carne judía, todos los que están fuera, y todos los que están dentro, porque no solamente a aquéllos que estaban en Judea atacaban los romanos, sino que perseguían también a los que andaban dispersos.

San Agustín, epistola, 80

Algunos me parece que han entendido bien, considerando que aquellos males estaban designados con el nombre de días, de la misma manera que se habla de días malos en otros lugares de la Escritura ( Gén 47; Sal 93; Ef 5). Pues los días no son malos ellos mismos, sino lo que sucede en ellos. Y se dice que estos días serán abreviados para que, concediendo Dios alguna tolerancia, se sientan menos. Así pues, si bien serán largos, serán abreviados.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 76, 2

Para que los judíos no dijesen que les sucedían estas cosas por la predicación de Jesucristo o por sus discípulos, manifiesta que si no hubieran estado allí ellos, hubieran perecido en absoluto. Por esto añade: «Mas por los elegidos, aquellos días serán abreviados».

San Agustín, epistola 80

No debemos dudar de que cuando fue destruida Jerusalén, había en aquel pueblo escogidos de Dios, que se habían convertido de entre los circuncidados, los cuales creían, o habían de creer, siendo elegidos antes de la constitución del mundo, en gracia a los cuales se acortarían aquellos días, y se harían un tanto tolerables aquellas desgracias. No faltan, sin embargo, quienes crean que se han de abreviar aquellos días, porque la carrera del sol será más corta, como fue más larga en tiempo de Josué.

San Jerónimo

Pero no recuerdan que está escrito: «El día persevera según tu orden» ( Sal 118,91), por esto es que debemos admitir que se abrevian según las circunstancias de los tiempos, esto es, que se abreviarán, no por la medida, sino por el número, con el fin de que no desaparezca la fe de los que creen, por la tardanza.

San Agustín, epistola 80

Y no creamos que las semanas de Daniel se trastornaron abreviándose los días, ni que se concluyeron en menos tiempo, sino que serán completadas en el fin de los tiempos. Dice San Lucas muy terminantemente que la profecía de Daniel se completó cuando Jerusalén fue destruida.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 76, 2

Obsérvese la ordenación del Espíritu Santo, porque San Juan nada escribió acerca de esto, para que no pareciese que escribía aquellas cosas que refería la historia, porque todavía vivió mucho tiempo después de la destrucción de Jerusalén. Pero los que murieron antes y nada vieron de esto, son los que escriben para que brille por todas partes la verdad de la profecía.

San Hilario, in Matthaeum, 25

O de otro modo, el Señor da a conocer un indicio seguro de su venida futura diciendo: «Cuando viereis que la abominación». Esto lo dijo el profeta refiriéndose a los tiempos del Anticristo. Fue llamada abominación, porque viniendo contra Dios, reclama para sí el honor de Dios; y abominación de desolación, porque ha de desolar toda la tierra con guerras y mortandades, y por esto, recibido por los judíos, se instalará en el lugar de santificación, para que donde se invocaba a Dios por las súplicas de los santos, recibido por los infieles, sea venerado con los honores de Dios. Y porque este error será más propio de los judíos, que por haber menospreciado la verdad abracen la falsedad, les aconseja que abandonen Judea y se marchen a los montes, no sea que mezclándose con aquellas gentes crean en el Anticristo y no puedan escapar de la perdición. Y lo que dice: «Y el que esté en el tejado no descienda», etc., se entiende de este modo: El techo es lo más alto de la casa y la conclusión más elevada de toda habitación; por lo tanto, todo aquél que se esforzare en la conclusión de su casa (esto es, en la perfección de su corazón), y en hacerse nuevo por la regeneración, y elevado según el espíritu, no deberá rebajarse por la codicia de bienes mundanos. «Y el que estará en el campo», etc., esto es, cumpliendo con su deber, no vuelva a los cuidados antiguos, por los que habrá de volver a tomar el vestido formado por los pecados viejos con que se cubría.

San Agustín, epistola 80

En las tribulaciones debe evitarse que nadie sea vencido y descienda de la sublimidad de las cosas espirituales a la vida carnal, y que aquél que antes adelantaba progresando por el camino de la virtud, desmayando mire hacia atrás.

San Hilario, in Matthaeum, 25

Cuando dice: «¡Ay de las preñadas y de las que críen en aquellos días», no debe creerse que el Señor decía esto por el peso del embarazo, sino que dio a conocer la grave situación de las almas, abrumadas de pecados, porque ni las que estén en el techo, ni las que se hallen en el campo, podrán evitar los ímpetus de la justicia, que pesará sobre ellas. También serán desgraciadas aquéllas que críen. Manifiesta por medio de estas palabras la debilidad de aquellas almas que se amamantan en el conocimiento de Dios, y por lo tanto también hay que temer por ellas, porque siendo pesadas para huir del Anticristo e incapaces para hacerle frente, no huyeron de los pecados, ni tomaron el alimento del verdadero pan.

San Agustín, de verb. Dom. serm. 20

También se dice que está embarazado aquél que desea las cosas ajenas, y nutriéndose el que ya robó lo que deseaba; a éstos se les considera como desgraciados en el día del juicio. En cuanto a lo que dijo el Señor: «Rogad, pues, para que vuestra huida no tenga lugar ni en invierno ni en sábado», etc.

San Agustín, quaestiones evangeliorum. 1, 37

Esto es, que nadie debe tener alegría ni tristeza en aquel día por las cosas temporales.

San Hilario, in Matthaeum, 25

Ni seamos hallados en la frialdad de los pecados, o en el ocio de las buenas obras, porque nos amenaza una desgracia grave, a no ser que se abrevien aquellos días en gracia a los escogidos de Dios, para que la brevedad del tiempo venza la fuerza de los males.

Orígenes, in Matthaeum, 29

Hablando en sentido místico, diremos que en todo el lugar santo de las Sagradas Escrituras (tanto del Nuevo como del Antiguo Testamento) se halla con frecuencia el Anticristo, que es la predicación falsa; y los que esto entienden, huyen desde la Judea de la letra a los elevados montes de la verdad. Y si se encuentra alguno que haya subido sobre el techo de la palabra, y que está sobre la cubierta, no baje de allí, con el fin de tomar algo de su casa. Y si está en el campo, en donde se halla escondido el tesoro, y volviese hacia atrás, caerá en el lazo de la mentira, y especialmente si ya se había quitado el vestido antiguo (esto es, el hombre viejo), y otra vez vuelve a tomarlo; entonces el alma que tenía en su seno, y que todavía no había dado frutos por medio de la palabra, incurre en esa misma amenaza; pues arroja lo que concibió, y pierde la esperanza que podía tener en los actos de la verdad; del mismo modo, cuando parezca que se ha formado y que fructifica la palabra, pero que en realidad no está suficientemente robustecida. Rueguen, por lo tanto, los que huyen a los montes, no sea que su fuga tenga lugar en invierno o en sábado. Porque en virtud de la tranquilidad del alma así constituida, pueden alcanzar el camino de la salvación. Pero si les coge en invierno, caerán en manos de aquéllos de quienes huyen. Oren, por lo tanto, para que su huida no tenga lugar ni en invierno ni en sábado. Algunos aun cuando nada malo hacen en sábado, sin embargo, nada hacen bueno; en semejante sábado, cuando el hombre no hace buenas obras, tampoco debe tener lugar vuestra huida, porque ninguno es vencido fácilmente amenazado por un falso dogma, sino el que está desnudo de buenas obras. ¿Qué tribulación hay mayor que ver seducir a nuestros hermanos y que alguno se vea a sí mismo agitado y dudoso? Por días se entiende los preceptos y los dogmas de la verdad. Todos los entendimientos que vienen abandonando la ciencia de falso nombre, son como añadidura de los días, que Dios abrevia en favor de los que quiere.

 

 Evangelio según san Mateo, 24:23-28 

 

«Entonces si alguno os dijere: Mirad, el Cristo está aquí o allí, no lo creáis. Porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y darán grandes señales y prodigios, de modo que (si puede ser) caigan en error aun los escogidos. Ved que os lo he dicho de antemano. Por lo cual si os dijeren: He aquí que está en el desierto, no salgáis; mirad que está en lo más retirado de la casa, no lo creáis. Porque como el relámpago sale del Oriente, y se deja ver hasta el Occidente, así será también la venida del Hijo del hombre. Donde quiera que estuviese el cuerpo, allí se juntarán también las águilas». (vv. 23-28)

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 76, 2

Habiendo concluido de hablar el Salvador de lo que había de suceder a Jerusalén, se ocupa de lo que había de preceder a su venida, e indica las señales, no sólo para utilidad de ellos, sino también para nosotros y para los que habrán de venir después; por esto dice: «Entonces si alguno os dijere», etc. Porque así como al decir antes el Evangelista: «En aquellos días vino Juan Bautista» ( Mt 3,1), no designó el tiempo que había de venir a continuación (porque había treinta años de por medio), así ahora cuando dice «entonces» da a conocer todo el tiempo que había de mediar, y que abarcaría desde la destrucción de Jerusalén hasta los principios de la destrucción del mundo. Mas dándoles las señales de su segunda venida, les advierte cuál será el lugar y quiénes los seductores; porque no sucederá entonces lo que en su primera venida, que apareció en Belén, y en un pequeño ángulo de la tierra, ignorándolo todos al principio, sino que vendrá de una manera visible, sin necesidad de que nadie anuncie su venida, por lo que dice: «Y si alguno dijere: aquí o allí está el Cristo, no lo creáis».

San Jerónimo

En lo que da a conocer que su segunda venida no se conocerá por la humildad (como la primera), sino por la gloria que la acompañará. Es muy necio, por lo tanto, buscar entonces en un lugar humilde o escondido, al que es la luz que alumbra a todo el mundo.

San Hilario, in Matthaeum, 25

Y sin embargo, como habrá gran conmoción entre los hombres y los falsos profetas, como para indicar el poder que es propio de Jesucristo, fingirán que el Cristo está y se encuentra en muchas partes, para llevar engañados y abatidos a muchos al servicio del Anticristo. Por lo tanto, añade: «Se levantarán falsos cristos y falsos profetas».

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom.76, 2

Aquí se habla del Anticristo y de algunos de sus ministros, a quienes llama falsos cristos y falsos profetas, los cuales fueron muchos en tiempo de los apóstoles. Pero los que habrá antes de la segunda venida de Jesucristo serán mucho más funestos que los primeros. Por esto añade: «Y darán grandes señales y prodigios».

San Agustín, de diversis quaestionibus octoginta tribus liber, 77

El Señor nos advierte aquí, para nuestra inteligencia, que los hombres malvados pueden hacer ciertos milagros que no pueden hacer los buenos. Mas no por ello han de ser considerados como en lugar preferido por Dios, pues los magos de Egipto no eran más aceptos a Dios que el pueblo de Israel, porque este pueblo no podía hacer lo que aquéllos hacían, aunque Moisés pudo obrar cosas mayores por virtud divina. No se encomiendan a todos los buenos estas cosas maravillosas, para que no sean engañados los débiles con el perjudicial error de creer que en tales hechos hay mayores dones que en las obras de justicia, por las que se consigue la vida eterna. Pues cuando los magos obran cosas que algunas veces no pueden obrarlas los buenos, lo hacen con diverso poder. Aquéllos lo hacen buscando su gloria; éstos buscando la gloria de Dios. Aquéllos lo hacen con potestad concedida según su orden, para algún negocio o beneficio, como privados; éstos lo hacen públicamente y por mandato de aquél a quien están sujetas todas las criaturas. Pues de distinto modo da el posesor su caballo al soldado cuando es obligado, y de distinto modo lo entrega al comprador o a aquél a quien lo regala o lo presta. Y de la misma manera que la mayor parte de los soldados, a los cuales condena la disciplina imperial, amedrentan a algunos posesores simulando órdenes de su emperador, y les arrebatan violentamente lo que no está mandado por autoridad pública; así algunas veces los malos cristianos, ora cismáticos, ora herejes, por el nombre de Jesucristo, o por las palabras, o por los sacramentos cristianos, exigen algo de las potestades. Mas cuando obedecen a las órdenes de los malos, obedecen para seducir a los hombres, en cuyo error se alegran. Por lo cual, de una manera obran los milagros los magos, de otra los buenos cristianos y de otra los malos cristianos. Los magos por contratos ocultos, los buenos cristianos por la pública justicia; los malos cristianos por la simulación de la justicia pública. Y aun esto no debe causarnos admiración, porque todas las cosas que se hacen visiblemente, aun por las potestades inferiores de los aires, no es absurdo creer que pueden hacerse.

San Agustín, de Trinitate 3, 8

No se ha de creer que esta materia de las cosas visibles está al arbitrio de los ángeles rebeldes, sino sólo al de Dios, por quien se da a aquéllos la potestad. Ni tampoco han de ser llamados creadores aquellos ángeles malos, sino que por su sutileza conocieron los semilleros de estas cosas más ocultas a nosotros, que esparcen secretamente por medio de combinaciones congruentes a las estaciones, y de este modo tienen ocasión de producir las cosas y de acelerar los incrementos. Porque muchos hombres conocen de qué hierbas o carnes, o jugos o humores, aunque estén sepultados o confundidos, provienen las cosas que suelen suceder en los animales. Pero esto se hace tanto más difícil a los hombres, cuanto más abandonan las sutilezas de los sentidos y la actividad de los cuerpos, cambiándolas en pesadez y negligencia de los miembros.

San Gregorio Magno, Moralia, 15, 30

Cuando el Anticristo haya obrado prodigios admirables a la vista de los hombres carnales, los arrastrará en pos de sí. Porque los que se deleitan en los bienes presentes, se sujetarán sin resistencia alguna a la potestad de aquél. Por lo que continúa: «De modo que, si puede ser, aun los escogidos caigan en error».

Orígenes, in Matthaeum, 25

Elevada es la locución que dice: «Si es posible». No pronunció ni dijo, que aun los escogidos caigan en error, sino que quiere demostrar que los razonamientos de los herejes son frecuentemente muy persuasivos, y poderosos para conmover aun a los que obran con sabiduría.

San Gregorio Magno, Moralia 33, 36

O porque el corazón de los escogidos es agitado por pensamientos de consternación aun cuando su constancia no se altere. El Señor comprendió ambas cosas en una sola sentencia. Vacilar en el pensamiento, es ya lo mismo que errar. Y añade: «si puede ser», porque no puede ser que los escogidos caigan en error.

Rábano

O no dice esto, porque la elección divina quede frustrada, sino porque los que según el juicio humano parecían escogidos, caerán en el error.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 35

Mas los dardos que se ven de antemano hieren menos, y por esto añade: «De antemano os lo dije», pues nuestro Señor denuncia los males precursores de la destrucción del mundo, para que, siendo sabidos de antemano, perturben menos cuando lleguen. Por lo cual concluye: «Luego si os dijeren: He aquí que está en el desierto, etc.»

San Hilario, in Matthaeum, 25

Porque los falsos profetas (de los cuales había hablado antes), ora dirán que el Cristo está en los desiertos, para corromper a los hombres en el error, ora afirmarán que está en los lugares más recónditos de la casa, para aprisionarlos bajo el poder del Anticristo dominante. Mas el Señor declara que ni se ha de ocultar en lugar alguno, ni que ha de ser visto por algunos en particular, sino que declara terminantemente que ha de venir estando presente en todas partes y a vista de todos. Por esto sigue diciendo: Así como el relámpago sale del Oriente y se deja ver hasta el Occidente, así, etc.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom.76, 3

Así como anteriormente predijo de qué manera ha de venir el Anticristo, así también por este pasaje manifiesta cómo ha de venir El. Así como el relámpago no necesita de anunciador o de pregonero, sino que se manifiesta en cualquier instante a todo el orbe, aun a aquéllos que están descansando en sus lechos, así también la venida de Jesucristo se manifestará a un mismo tiempo en todas partes por el brillo de su gloria. A continuación indica otra señal de su venida, cuando añade: «Donde quiera esté el cuerpo se congregarán las águilas, etc.,» designando por las águilas a la multitud de ángeles, mártires y de todos los santos.

San Jerónimo

Por el ejemplo natural que vemos diariamente, somos instruidos en el sacramento de Cristo. Porque se dice que las águilas y los buitres, aun cuando estén al otro lado del mar, perciben el olor de los cadáveres y se congregan para comerlos. Si, pues, las aves que carecen de razón, por instinto natural (aun estando tan alejadas) perciben en qué lugar hay un pequeño cadáver, ¿con cuánta mayor razón la multitud de creyentes debe apresurarse a llegar a Jesucristo cuyo esplendor sale del Oriente y se deja ver hasta el Occidente? Mas por el cuerpo (esto es, swma ; o ptwma, lo cual en latín con más claridad se llama cadáver, por lo mismo que la muerte le hace caer), podemos entender la pasión de Jesucristo.

San Hilario

Para que no estuviésemos ignorantes siquiera del lugar a donde ha de venir, dice: «Donde quiera que se encuentre el cuerpo, allí se congregarán las águilas». Llamó águilas a los escogidos, a motivo del vuelo de su cuerpo espiritual, cuya reunión demuestra que ha de acontecer en el lugar de su pasión, cuando se congreguen los ángeles. Y con razón se ha de esperar la venida del esplendor, en el mismo lugar donde nos abrió la gloria de la eternidad por la pasión de su cuerpo abatido.

Orígenes, in Matthaeum, 30

Y téngase presente que no dijo: Donde quiera estuviere el cuerpo allí se congregarán los buitres o los cuervos, sino las águilas 1, queriendo demostrar que son como nobles y de estirpe regia, los que creyeron en la pasión del Señor.

San Jerónimo

Son llamados águilas, aquéllos cuya juventud se renueva, como la del águila ( Sal 102), y los que toman plumas, para llegar a la pasión de Cristo.

San Gregorio, Moralia 14, 31

Donde quiera estuviere el cuerpo se congregarán las águilas, puede entenderse también como diciendo: Porque presido, encarnado, a la corte celestial, cuando separare las almas de los escogidos con sus cuerpos, las elevaré a las regiones celestiales.

San Jerónimo

O de otro modo, lo que aquí se dice, puede entenderse de los falsos profetas, pues hubo muchos príncipes en tiempo de la conquista del pueblo judío que a sí mismos se daban el nombre de cristos. Tanto era así, que, cuando estaban sitiados por los romanos, estaban al mismo tiempo divididos en tres bandos. Pero como queda ya dicho anteriormente, mejor aplicado está a la consumación del mundo. Puede entenderse también, en tercer lugar, de la guerra de los herejes contra la Iglesia, y de esos Anticristos que, apoyándose en la opinión de una ciencia falsa, pelean contra Jesucristo.

Orígenes, in Matthaeum, 30

Hablando en general, uno solo es el Anticristo, mas sus variedades son muchas, como cuando decimos: una mentira en nada se diferencia de otra mentira. A la manera que los profetas santos fueron verdaderos cristos, debemos entender también que cada uno de los falsos cristos tiene muchos falsos profetas, los cuales publican como verdaderos los sermones falsos de algún Anticristo. Por consiguiente, cuando alguno diga: Ved aquí al Cristo, vedle allí, no se ha de mirar fuera de las Escrituras, porque de la Ley, de los profetas y de los apóstoles sacan los testimonios que parecen defender la mentira. O al decir: Mirad aquí al Cristo, miradle allí, demuestra, no al Cristo sino a alguno que finge su nombre, como aconteció, por ejemplo, con la doctrina de Marción, con la de Valentino y con la de Basilides.

San Jerónimo

Por tanto, si alguno afirmare que el Cristo mora en el desierto de los gentiles y filósofos, o en lo más recóndito de los antros de los herejes que prometen los misterios de Dios, no lo creáis, porque la fe católica brilla en todas las iglesias, desde el Oriente hasta el Occidente.

San Agustín, quaestiones evangeliorum. 1, 38

Bajo el nombre de Oriente y Occidente, quiso significar todo el mundo por el cual se había de extender la Iglesia. Y según el sentido en que dijo: «De aquí a poco veréis al Hijo del hombre venir en las nubes» ( Mt 26,64.); oportunamente hace ahora mención del relámpago, que suele resplandecer especialmente en las nubes. Constituida, pues, la autoridad de la Iglesia en toda la redondez de la tierra de una manera brillante y manifiesta, previene oportunamente a sus discípulos y a todos los fieles que no den crédito a los cismáticos y a los herejes. Porque cada cisma y cada herejía tiene su lugar en la redondez de la tierra, dominando en alguna parte, o engañando la curiosidad de los hombres en conciliábulos tenebrosos y ocultos. A esto se refiere cuando que dice: Si alguno os dijere: Mirad el Cristo está aquí o allí (lo cual indica las partes de la tierra o de las provincias), o en lo más retirado de la casa, o en el desierto; lo cual significa los conciliábulos secretos y oscuros de los herejes.

San Jerónimo

O por esto que dice: En el desierto y en lo más retirado de las casas, se da a conocer que los falsos profetas, en el tiempo de la persecución y de las angustias, siempre hallarán ocasión de engañar.

Orígenes, in Matthaeum, 29

O que cuando sacan a luz las Escrituras secretas y no divulgadas, en confirmación de su mentira, parecen decir: He aquí que la palabra de verdad está en el desierto. Mas cuantas veces mencionan las Escrituras canónicas a las cuales presta fe todo cristiano, parecen decir: He aquí que la palabra de verdad está en las casas. Pero nosotros no debemos abandonar la primitiva tradición eclesiástica. Quizá también, queriendo dar a conocer los razonamientos que no se hallan en las Escrituras, dijo: Si os dijeren: He aquí que está en la soledad, no queráis alejaros de la regla de fe. Mas queriendo dar a conocer a aquéllos que simulan las Escrituras divinas, dijo: Si os dijeren: He aquí que está en lo más recóndito de las casas, no lo creáis. Porque la verdad es semejante al relámpago que sale del Oriente y se deja ver hasta el Occidente. O dice esto porque la luz de la verdad es defendida en todos los lugares de la Escritura. Sale, pues, el relámpago de la verdad desde el Oriente, es decir, desde el nacimiento de Cristo, y se deja ver hasta su pasión en la cual tuvo lugar su muerte. O desde el primer principio de la creación del mundo hasta la novísima Escritura de los apóstoles. O también, el Oriente es la ley y el Occidente el fin de la ley y de la profecía de San Juan. Unicamente la Iglesia no quita la palabra ni el sentido de este relámpago, ni añade, a manera de profecía, ninguna otra cosa. O dice esto, porque no debemos prestar atención a aquéllos que dicen: mirad aquí al Cristo. Pues no lo dan a conocer en la Iglesia, a toda la cual ha llegado el Hijo del hombre, como El mismo lo dice: «Mirad que yo estoy con vosotros todos los días hasta la consumación de los siglos» ( Mt 28,20).

San Jerónimo

Somos invitados a tomar parte en la pasión de Jesucristo, para que nos congreguemos en donde quiera que se lea en las Escrituras, a fin de que por ella podamos llegar al Verbo de Dios.

Notas

  1. El término griego aetoV se puede traducir tanto por águila como por buitre.

 

 Evangelio según san Mateo, 24:29-30 

 

«Y luego después de la tribulación de aquellos días el sol se oscurecerá, y la luna no dará su lumbre, y las estrellas caerán del cielo y las virtudes del cielo serán conmovidas: y entonces aparecerá la señal del Hijo del hombre en el cielo, y entonces plañirán todas las tribus de la tierra». (vv. 29-30)

Glosa

Después que el Señor previno a los fieles contra la seducción del Anticristo y de sus ministros, haciendo comprender que vendrá de una manera manifiesta, ahora da a conocer el orden y el modo de su venida, diciendo: «Y luego después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá», etc.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom.76, 3

Dice tribulación de aquellos días, a motivo del Anticristo y de los falsos profetas; porque la tribulación será grande entonces existiendo tantos engañadores. Mas no se alargará por mucho tiempo, pues si la guerra judía fue acortada por causa de los escogidos, mucho más se abreviará esta tribulación por causa de aquéllos. Por esto no dijo sencillamente: Después de la tribulación sino que añadió, inmediatamente, porque El se presentará sin dilación.

San Hilario, in Matthaeum, 26

Indica la gloria de su venida por la oscuridad del sol, por el eclipse de la luna y por la caída de las estrellas, pues sigue diciendo: Y la luna no dará su lumbre, y las estrellas, caerán del cielo.

Orígenes, in Matthaeum, 30

Mas dirá alguno: así como en el principio de los grandes fuegos se forman las tinieblas a causa del mucho humo, así también en el fin del mundo, por el fuego que se ha de encender, serán oscurecidas las grandes lumbreras. Y languideciendo la luz de las estrellas, no pudiendo el restante cuerpo de las mismas remontarse como antes cuando las levantaba la misma lumbre, caerán del cielo. Cuando sucedan estas cosas, es consiguiente que las virtudes racionales de los cielos susceptibles de estupor, se conturben y padezcan alguna conmoción. Las alejadas, se entiende, de sus primitivas funciones. Por esto sigue diciendo: Y las virtudes del cielo serán conmovidas; y entonces aparecerá la señal del Hijo del hombre en el cielo, a saber, por la cual se han obrado las maravillas celestiales, o lo que es lo mismo, aparecerá el prodigio que obró el Hijo pendiente del leño. Y en el cielo aparecerá principalmente su señal, para que los hombres de todas las tribus que no creyeron antes en la anunciada cristiandad, reconociéndola entonces por la señal aparecida, lloren y se lamenten de su ignorancia y de sus pecados. Por lo que continúa: «Y entonces plañirán todas las tribus de la tierra». Mas cada cual juzgará de diferente manera, porque así como poco a poco se extingue la lumbre de la antorcha, así faltando el sustento de las lumbreras celestes, el sol se oscurecerá y también la luna, y faltará la luz de las estrellas. Y lo que quedare en éstas, como terreno caerá del cielo. Mas, ¿cómo puede decirse que será oscurecida la luz del sol, declarando el profeta ( Is 30) que en el fin del mundo será más intensa? Igualmente refiere ( Is 36), de la luz de la luna, que será como la del sol. Algunos intentan probar que todas o la mayor parte de las estrellas son más grandes que toda la tierra, luego ¿cómo podrán caer del cielo, si la tierra no basta a contener su magnitud?

San Jerónimo

No caerán, por tanto, a motivo de la disminución de esta luz, pues leemos ( Is 30) que el sol tendrá una luz siete veces mayor. Pero todas las cosas parecerán tenebrosas a la vista, comparadas con la verdadera luz.

Rábano

Nada, sin embargo, nos impide entender que el sol y la luna con los demás astros han de ser despojados entonces por cierto tiempo de su luz (como consta que aconteció con el sol en tiempo de la pasión del Señor). Por esto dice el profeta Joel ( Jl 2,31): «El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre, antes que venga el día grande y manifiesto del Señor». Por lo demás, acabado el día del juicio y brillando la vida de la gloria futura, habiendo un nuevo cielo y una nueva tierra, entonces sucederá lo que el profeta Isaías predice ( Is 30,26). Será la luz de la luna como la del sol, y la luz del sol será siete veces mayor. Respecto a lo que se dijo de las estrellas: «Y las estrellas caerán del cielo», en San Marcos está escrito de esta manera: «Y caerán las estrellas del cielo» ( Mc 13,25), esto es, careciendo de su luz.

San Jerónimo

Por virtudes de los cielos entendemos el gran número de ángeles.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom.76, 3

Los cuales con mucha razón se conmoverán o se turbarán, al ver que se obra tan gran trastorno, y que sus consiervos son castigados, y que todo el orbe de la tierra asiste al terrible juicio.

Orígenes, in Matthaeum, 30

Así como cuando se verificó la consumación del sacrificio de la cruz, faltando el sol, la tierra se cubrió de tinieblas, así al aparecer la señal del Hijo del hombre en el cielo, faltarán las luces del sol, de la luna y de las estrellas, como consumidas por la magnitud de aquella señal. Por lo que sigue: Y entonces aparecerá la señal del Hijo del hombre en el cielo. Debemos entender que esta señal será la de la cruz, para que los judíos, según el profeta Zacarías (capítulo 12) y según San Juan (capítulo 13) vean al que traspasaron y la señal de su victoria.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom.76, 3

Si el sol se oscureciese realmente, la cruz no se dejaría ver, a no ser que fuera mucho más clara que los rayos solares. Y para que los discípulos no se avergüencen ni se duelan de la cruz, la llama «señal rodeada de cierta claridad». Aparecerá, pues, la señal de la cruz para que confunda la falta de pudor de los judíos. Vendrá, pues, Jesucristo al juicio, mostrando no solamente sus llagas, sino que también la muerte más reprochable. Por esto sigue diciendo: «Y entonces plañirán todas las tribus de la tierra», porque vista la cruz considerarán que nada ganaron con matarle, y que crucificaron a Aquél a quien se debía adorar.

San Jerónimo

Expresa muy bien las tribus de la tierra, porque llorarán los que no tienen ciudadanía en el cielo, sino que están inscritos en la tierra.

Orígenes, in Matthaeum, 30

Mas dirá alguno en un sentido moral que el sol que se ha de oscurecer es el diablo, el cual ha de ser acusado en el fin del mundo. Porque siendo él tinieblas, simula ser verdadero sol; mas la luna que parece ser iluminada por este sol, es toda la sociedad de los hombres perversos, que frecuentemente afirma tener la luz y promete darla. Confundida entonces, con todos sus reprobados dogmas, perderá su claridad. Y todos los que, ora valiéndose de dogmas, ora de falsas virtudes, prometían la verdad a los hombres y los seducían con mentiras, éstos han de ser llamados, muy oportunamente, estrellas que caen (por decirlo así) de su cielo, en donde se encontraban encumbradas, sublevándose contra la sabiduría de Dios. Para mejor apreciar este modo de razonar, usaremos de un ejemplo del libro de los Proverbios que dice: «La luz de los justos siempre es inextinguible» ( Prov 4,18; según la versión de los Setenta); mas la luz de los impíos será apagada; entonces la claridad de Dios se manifestará en todo aquél que llevó la Imagen del hombre celeste, y los hombres celestes se alegrarán, mas los terrenos plañirán. O la Iglesia es el sol, la luna y las estrellas, a la cual se ha dicho: «Hermosa como la luna, escogida como el sol» ( Cant 6).

San Agustín, epist. 80

Entonces se oscurecerá el sol y la luna no dará su luz, porque la Iglesia no se dejará ver entonces de sus perseguidores impíos y extraordinariamente crueles. Entonces las estrellas caerán del cielo, y las virtudes de los cielos serán conmovidas. Porque muchos en los cuales parecía brillar la gracia de Dios, al ser perseguidos se dejarán vencer y caerán, y algunos fieles esforzadísimos, se perturbarán. Mas esto se dice que ha de acontecer después de la tribulación de aquellos días, no porque sucedan estas cosas pasada toda aquella persecución, sino porque precederá la tribulación para que se siga la deserción de algunos. Y como quiera que así acontecerá durante todos aquellos días, de consiguiente, también después de la tribulación de aquellos días, y aun en los mismos días, acontecerá esto.

 

 Evangelio según san Mateo, 24:31-31 

 

«Y enviará sus ángeles con trompetas y con grande voz: y allegarán sus escogidos de los cuatro vientos, desde lo sumo de los cielos hasta los términos de ellos». (v. 31)

Orígenes, in Matthaeum, 30

Como había hecho antes mención del llanto, el cual será para que los malos pronuncien espontáneamente su sentencia y se condenen a sí mismos, a fin de que no se crea que en este llanto han de terminar sus males, añade: «Y enviará sus ángeles con trompetas», etc.

Remigio

Mas esta trompeta no se ha de entender que realmente será material, sino la voz de los arcángeles, la cual será tan grande, que a sus clamores todos los muertos resuciten del polvo de la tierra.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 76,4

Mas el sonido de la trompeta hace referencia a la resurrección, para dar una idea del gozo, del estupor que entonces habrá, y del dolor de aquéllos que serán separados y no serán llevados en las nubes.

Orígenes, in Matthaeum, 30

Pues escrito está en el libro de los Números ( Nm 10,1-10) que haciendo sonar los sacerdotes las trompetas congregaban de los cuatro vientos a aquéllos que fueron de los campamentos de Israel, en comparación a los cuales se dice consiguientemente de los ángeles de Cristo: Y allegarán sus escogidos de los cuatro vientos, etc.

Remigio

Esto es, de las cuatro regiones del mundo, o sea el Oriente, el Occidente, el Norte y el Sur.

Orígenes, in Matthaeum, 30

Y opinan, los más sencillos por cierto, que tan sólo han de ser reunidos aquéllos que entonces tengan vida corporal. Pero mejor es afirmar que han de ser congregados todos por los ángeles de Jesucristo no solamente los llamados y escogidos desde la venida de Jesucristo hasta la consumación del mundo, sino que también todos los que hayan existido desde el principio del mundo; los que vieron, como Abraham ( Jn 8) el día de Jesucristo; y se regocijaron en él. Y que no tan sólo dice que han de ser congregados los escogidos de Cristo que entonces existan corporalmente, sino también los que salieron de sus cuerpos, lo manifiesta la frase que dice: «Allegarán sus escogidos», no sólo de los cuatro vientos, sino que aun añade: «Desde lo alto de los cielos hasta los confines de ellos». Lo cual me parece que no conviene a nada de lo que existe sobre la tierra. O los cielos son las Escrituras divinas, o los testimonios de ellas, en las cuales habita Dios; las cimas de las Escrituras son sus principios; y los términos, los cumplimientos de las mismas. Se congregarán, pues, los santos desde lo más alto de los cielos (esto es, desde los que viven en los principios de las Escrituras) hasta los términos de ellos, esto es, hasta los que vivan cuando tenga lugar el cumplimiento de ellas. Y serán congregados con trompetas y grande voz, para que los que hayan oído y atendido, se preparen para el camino de la perfección que conduce al Hijo de Dios.

Remigio

O de otro modo: para que alguno no crea, tal vez, que tan sólo se han de congregar de las cuatro partes del mundo, y no de las regiones y de los lugares mediterráneos. Añade, por lo mismo: «Desde lo sumo de los cielos», etc. Se entiende por lo sumo del cielo, al centro del orbe; porque lo sumo del cielo preside al centro del orbe. Cuando habla de los términos de los cielos quiere significar los confines de la tierra, pues a lo lejos parece que los círculos celestes tienen su asiento en la tierra.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 76,4

Mas esto se refiere a que el Señor llama a los escogidos por medio de los ángeles, al honor de los escogidos: pues, San Pablo ( 1Ts 4,16) dice que serán arrebatados en las nubes, porque los ángeles congregarán a aquéllos que en verdad hayan resucitado, mas las nubes recibirán a los congregados.

 

 Evangelio según san Mateo, 24:32-35 

 

«Aprended de la higuera una comparación: cuando sus ramos están ya tiernos, y las hojas han brotado, sabéis que está cerca el estío: pues del mismo modo, cuando vosotros viereis todo esto, sabed que está cerca, a las puertas. En verdad os digo, que no pasará esta generación, que no sucedan todas estas cosas: el cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán». (vv. 32-35)

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 77,1

Porque había dicho que inmediatamente después de la tribulación de aquellos días acontecerá todo lo que estaba predicho, los discípulos podían tratar de averiguar el tiempo que había de transcurrir; por lo mismo lo declara, poniendo el ejemplo de la higuera, cuando dice: «Aprended de la higuera una comparación», etc.

San Jerónimo

Como diciendo: Así como cuando están tiernos los brotecillos en la higuera, y de la yema está naciendo la flor y la corteza da a luz las hojas, entendéis que viene el estío, y con la entrada del céfiro la primavera; así también cuando veáis todo lo que está escrito, no creáis que es llegado ya el fin del mundo, sino que vienen como ciertos precedentes o precursores para manifestar que está cerca, y a las puertas: por lo que sigue diciendo: Pues del mismo modo, cuando vosotros viereis todo esto, etc.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 77,1

Con lo cual demuestra que no mediará mucho tiempo, sino que inmediatamente acontecerá la venida de Jesucristo. Y otra cosa predice también con esto, a saber, el estío espiritual y la tranquilidad que ha de suceder a los justos después del invierno; mas a los pecadores por el contrario, el invierno después del estío.

Orígenes, in Matthaeum, 30

La higuera en la temporada de invierno tiene la virtud vital escondida en sí misma, y después cuando la misma virtud vital principia a manifestarse pasado el invierno, por su misma pujanza sus ramas se ponen tiernas y producen hojas. Así también el mundo, y cada uno de los que se salvan, tienen la virtud vital escondida en sí (como en el invierno) antes de la venida de Jesucristo. Mas soplando sobre ellos Jesucristo, se convierten en tiernos ramos, y de corazón no duro; y lo que estaba oculto en ellos se manifiesta en hojas, y muestran evidentes frutos: para estos tales está cerca el estío y la venida de la gloria del Verbo de Dios.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 77.1

Por esto también puso el referido ejemplo, para hacer creer que este discurso así ha de suceder realmente: porque en todos los lugares donde predice lo que en realidad ha de suceder, toma para ejemplo las necesidades de la naturaleza.

San Agustín, epist. 80

Mas, ¿quién niega que debemos esperar la pronta venida del Señor cuando veamos cumplirse los anuncios de los evangelistas y de los profetas? Ciertamente, cada día se aproxima más y más: ¿pero qué transcurso ha de mediar hasta que llegue? Sobre esto se ha dicho: «No toca a vosotros saber los tiempos o los momentos» ( Hch 1,7). Observa cuando dijo el Apóstol: «Ahora está más cerca nuestra salud que cuando creímos» ( Rom 13,11); y he aquí que pasaron tantos años, y sin embargo lo que dijo no es falso, ¿con cuánta mayor razón se ha de decir al presente que se acerca la venida del Señor, cuando tanto se ha recorrido para llegar al fin?

San Hilario, in Matthaeum, 26

La sinagoga es comparada, en un sentido místico, a la higuera: las ramas de la higuera se entienden que son el Anticristo hijo del diablo, porción del pecado, usurpador de la ley; el cual cuando principiara a reverdecer y a cubrirse de hojas a causa del verdor de los pecadores soberbios, entonces está próximo el estío, esto es, se advertirá el día del juicio.

Remigio

O cuando esta higuera brote nuevamente (esto es, cuando la Sinagoga reciba la palabra de la predicación santa, predicándola Enoc y Elías), debemos entender que está cerca el día de la consumación.

San Agustín, de quaestiones evangeliorum, 1,39

O por la higuera entiende el linaje humano, a causa del prurito de la carne. Cuando su ramo se ha puesto ya tierno, esto es, cuando los hijos de los hombres lleguen a producir, por la fe de Jesucristo, frutos espirituales, y brille en ellos el honor de ser adoptados como hijos de Dios.

San Hilario, in Matthaeum, 26

Y para que fuese firme la fe, acerca de lo que había de suceder, añadió: En verdad os digo, etc. Pues al decir «en verdad» añadió una declaración de veracidad.

Remigio

Y los ignorantes, ciertamente, refieren estas palabras a la destrucción de Jerusalén, y opinan como dicho a aquella generación, que vio la pasión de Jesucristo, el que no había de pasar antes de que aconteciese la destrucción de aquella ciudad. Mas no sé si palabra por palabra podrán explicarlo, por aquello que dice: «No quedará aquí piedra sobre piedra» ( Mt 24,2), hasta aquello: «Cerca está a las puertas» ( Mt 24,33), porque tal vez en algunos lugares podrán, mas en otros absolutamente no podrán.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 77,1

De consiguiente, todas estas cosas fueron dichas acerca de la destrucción de Jerusalén. Así como las que dijimos de los falsos profetas y de los falsos cristos, y de todo lo demás que ha de acontecer hasta la venida de Cristo. Mas cuando dijo: «Esta generación», no lo dijo por aquella generación que entonces existía, sino por la que constituyen los fieles. Pues la Escritura acostumbró a designar la generación, no solamente por el tiempo, sino también por el lugar, por el culto y por el lenguaje. Así como cuando se dice: «Esta es la generación de los que buscan al Señor» ( Sal 23,6). Con esto indica que perecerá Jerusalén y que será destruida la mayor parte de los judíos; mas ninguna prueba vencerá a la generación de los fieles.

Orígenes, in Matthaeum, 30

Sin embargo, la generación de la Iglesia pasará alguna vez todo este siglo, para que herede el futuro: no obstante, hasta que sucedan todas estas cosas, no pasará, y cuando sucedieren todas estas cosas, pasará, no tan sólo la tierra, sino también el cielo. Por esto sigue diciendo: «El cielo y la tierra», esto es, no solamente los hombres, cuya vida es terrena, y por lo mismo son llamados tierra, sino que también aquéllos cuya guarda está en los cielos, y por tanto son llamados cielo: y pasarán a las cosas venideras para que alcancen otras mejores. Pero las palabras pronunciadas por el Salvador no pasarán, porque, siendo suyas propias, producen su efecto y siempre lo producirán: mas los hombres perfectos que no pueden en este mundo completar su perfección para que se hagan mejores, pasando de lo que son a lo que no son; y esto es lo que se añade: «Mas mis palabras no pasarán». Y quizá pasen en realidad las palabras de Moisés y de los profetas; porque las cosas que eran profetizadas por aquéllos se han cumplido, mas las palabras de Jesucristo siempre se cumplieron y se cumplen todos los días, y se han de cumplir todavía en los escogidos. O por mejor decir, quizás no debemos afirmar que las palabras de Moisés o de los profetas se han cumplido enteramente; porque propiamente también aquellas palabras son del Hijo de Dios, y siempre se cumplen.

San Jerónimo

O aquí da a entender, bajo el nombre de generación, a toda la raza humana, o especialmente la de los judíos. Después los induce a la fe en lo que ha de preceder, añadiendo: «El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán». Como quien dice: Más fácil es que sean destruidas las cosas fijas e inmóviles, que el que falte cosa alguna de mis palabras.

San Hilario, in Matthaeum, 26

Porque el cielo y la tierra, por condición de su creación, nada tienen en sí que haga necesaria su existencia; mas las palabras de Jesucristo, deducidas de la eternidad, contienen en sí la virtud de ser permanentes.

San Jerónimo

El cielo y la tierra pasarán por transformación y no por su extinción. De otra manera, ¿cómo se oscurecerá el sol, y la luna no dará su lumbre, si el cielo (en el que éstos se hallan) y la tierra no existieren?

Rábano

Debemos entender, sin embargo, que el cielo que pasará no es el sidéreo, sino el aéreo, que pereció antiguamente en el diluvio.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 77,1

Y aduce a vista de todos los elementos del mundo, demostrando que la Iglesia es más apreciable que el cielo y la tierra; y con este motivo se da a conocer al propio tiempo como Criador de los hombres.

 

NOTAS

 

  1. https://rinconliturgico.blogspot.com/2016/11/ultimo-domingo-despues-de-pentecostes.html
  2. https://radiocristiandad.files.wordpress.com/2017/12/re-a124-el-evangelio-de-jesucristo-pe-castellani.pdf

 

 

 



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3 respuestas

  1. ———————————————————————————————————————————————
    Los mismos ortodoxos (al menos en Rusia, Serbia y Ucrania) consideran a Bartolomé como el “Francisco” de ellos, por sus movidas ambientalistas y ecuménicas, y su afán de acabar con la oposición tradicionalista.
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    BARTOLOMÉ FANARIOTA PERSUADE A LOS MONJES DE MONTE ATHOS A UNIRSE CON LOS CATÓLICOS

    COMENTARIO: Curiosamente, durante dichas vísperas (que contaron con los cantos en griego y antiguo eslavo eclesiástico del coro monástico de la Abadía benedictina de la Santa Cruz de Chevetogne) los trapenses orientaron su altar hacia el Señor para la visita del patriarca ortodoxo.

    Los greco-ortodoxos no reconocen el bautismo católico, y rebautizan a los católicos que apostatan para ir con ellos (y si son sacerdotes, los ordenan de nuevo). Su actitud anticatólica es todavía más pronunciada en los veinte monasterios del Monte Athos, donde el ingreso está prohibido a los “cismáticos” (católicos, por supuesto, aunque en esa categoría entran los monjes greco-ortodoxos de Esfigmenou, que consideran hereje a Bartolomé y no lo conmemoran en la Divina Liturgia).

    Aparte, los monasterios de Xenophontos y Pantokrator han aplaudido la invasión constantinopolitana a los territorios de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana, y celebrado servicios religiosos con los cismáticos que siguen a Epifanio Dumenko, contrariando el Canon 45 de los Santos Apóstoles: «Cualquier Obispo, o Presbítero, o Diácono que meramente participe en la oración con los herejes, sea suspendido, pero si les ha permitido realizar cualquier servicio como clérigos, sea depuesto».

    Los mismos ortodoxos (al menos en Rusia, Serbia y Ucrania) consideran a Bartolomé como el “Francisco” de ellos, por sus movidas ambientalistas y ecuménicas, y su afán de acabar con la oposición tradicionalista.

    Finalmente, las diferencias entre los Ortodoxos y los Católicos son doctrinales, y el único camino es el del regreso a la Unidad que es la Iglesia Católica.
    caballerodelainmaculada.blogspot

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