LA PALABRA DE DIOS DEL DOMINGO: XXII DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS

    

 

 

XXII DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS. II clase, verde

Gloria, credo y prefacio de la Santísima Trinidad.

 

 

 

 

PROEMIO LITÚRGICO

 

La indignación de Jesús ante los fariseos ha de ser para nosotros una lección. Jamás se ha censurado tan severamente la hipocresía. Siempre odiosa, lo es doblemente cuando con ella tratamos de sustraernos a los deberes para con Dios. Ocurre a veces que una excesiva preocupación por nuestros deberes para con los hombres deja muy postergado lo que debemos al que es nuestro Creador y soberano Señor. Meditemos bien las palabras de Cristo: «Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios».
Es estos últimos domingos del año litúrgico evoca la Iglesia el día de Cristo, que será el del fin del mundo, cuando vuelva a juzgar. Nos invita a esperarle con confianza, no apoyándonos en nuestros méritos, pues el hombre ante Dios no es más que miseria, sino asiéndonos a la misericordia divina, y recordando que no cesa el Omnipotente de proseguir hasta su consumación la obra salvífica que ha comenzado en nosotros.

Interpretación de los textos de la misa en relación con las lecturas de Maitines. (No todos los años coincide). Lo que algunos han llamado rebelión de los Macabeos, es un testimonio magnífico del respeto debido a las cosas divinas, a la Ley de Dios, a su Culto, a su Templo. Dícennos los santos Libros que, viéndose apurado Judas y sabiendo que los romanos eran los amos del mundo, los llamó en su ayuda, llegando el Senado a firmar con el Macabeo un tratado de paz y de alianza, tratado que después fue renovado por Jonatás y luego por su hermano Simeón. Pero muy pronto la guerra civil vino a desgarrar a aquel reino ya medio deshecho, pues dos hermanos enemigos se disputaban la corona. Uno de ellos creyó conveniente llamar en su ayuda a los romanos, los cuales vinieron en efecto, apoderándose Pompeyo de Jerusalén el año 63, con lo cual Palestina vino a ser colonia romana, porque Roma jamás soltaba lo conquistado por sus armas. Con esto, el Senado romano nombró a Herodes rey de los judíos, y éste, más por bienquistarse a sus nuevos súbditos que por devoción, volvió a levantar por vez tercera el Templo de Jerusalén, el mismo en que había luego de entrar triunfalmente Jesús, nuestro divino Salvador. Desde entonces el pueblo judío hubo de pagar tributos a Roma. Así la escena evangélica de la misa enlaza perfectamente con lo anterior, y tuvo lugar en los últimos días de la vida de Jesús, confundiendo el Maestro a sus rabiosos émulos, que no esperaban había de responder con tanto acierto a su insidiosa pregunta de si había o no de pagarse tributo al emperador romano, su señor. Si Jesús respondía que si, se indisponía con el pueblo que llevaba mal resignado el yugo romano; si decía que no, caería sobre Él la furia del fisco. Pero Jesús, con su infinita sabiduría, sin contestar con una evasiva, supo dar la más atinada respuesta al capcioso dilema, trazándonos al propio tiempo un programa de nuestros deberes cívicos y religiosos, los cuales no pugnan entre sí. Al poder secular, que gobierna con la autoridad participada de la de Dios, los pueblos deben tributos metálicos, respeto y acatamiento a sus justas órdenes y leyes*. A Dios se le debe amor, servicio y adoración rendida de cuerpo y alma, se le debe de justicia el culto litúrgico. Nosotros somos la moneda que Dios troquela a su imagen; y Dios reclama esa moneda como el César la suya.
El Evangelio y la misma Epístola, estando ya pronto a expirar el año litúrgico, nos traen la memoria de los últimos días del mundo y de cada hombre, y el justo juicio de Dios en el día de Cristo Jesús (Ep.).
Pidámosle, pues, la perseverancia final en el bien, que es la gracia de las gracias. «Que nuestra caridad vaya en aumento, procurando llegar a la plenitud de Cristo, a que se verifique en nosotros el ideal, el cual consiste en que se forme en nosotros Cristo». Pongamos nuestra confianza en Jesús «para ese día tremendo en que los mismos cielos y tierra han de temblar», porque, «si Dios se fijase en nuestras iniquidades, ¿quién sería capaz de resistir su mirada?» (Int.). Pero Dios es el apoyo de los que en Él esperan (Alel.) y en el Dios de Israel se encuentra la misericordia (Int., Sec.), y la tendrá para con nosotros, si nosotros la tenemos con nuestros hermanos. En la hora del peligro acudamos al recurso magno de la oración, porque «si invocamos al Señor, Él nos oirá» (Com.). Teniendo en cuenta que la oración eminentemente social y fraternal que Dios escucha con preferencia es la oración litúrgica, la oración de la Iglesia, su Esposa. Por quererla tanto como la quiere, no puede resultar fallida, y la oye, como el rey Asuero oyó la de su esposa Ester cuando quiso salvar a su pueblo.

El Introito expresa los sentimientos del pueblo judío durante el cautiverio de Babilonia. Humildemente confiesa que aún merece mayores castigos por sus iniquidades. Con todo, reconoce ser más grande la misericordia de Dios que su malicia. Esto los consuela y esfuerza para confiar en la bondad infinita de Dios.
La Epístola nos demuestra la ternura con que San Pablo miraba a los fieles de la ciudad de Filipos, los cuales, por su parte, le correspondían afectuosos, y le daban señales muy claras de su reconocimiento por las gracias espirituales que les había procurado desde su conversión, asistiéndole en sus necesidades e interesándose en sus prisiones.

Habiendo resuelto los fariseos sorprender a Jesús, por lo menos en sus palabras, ya que nada hallaban reprensible en sus obras, no cesaban de tenderle lazos, haciéndole preguntas capciosas. La que hoy nos recuerda el Evangelio, era delicada, pero la respuesta del Salvador, que leía en su corazón los malos designios que en él abrigaban, nos sirvió más que para cubrirlos de confusión, haciendo brillar su divina sabiduría. (1)

 

INTROITO

Si escudriñares nuestras iniquidades, Señor; Señor, ¿quién podrá resistir? Pero en ti está el perdón, oh Dios de Israel. — Salmo: Desde lo profundo clamo a ti, Señor: Señor, escucha mi voz. T. Gloria al Padre.
COLECTA
Oh Dios, refugio y fortaleza nuestra: oye las piadosas preces de tu Iglesia, tú, que eres el mismo autor de la piedad, y haz que, lo que pedimos fielmente, lo consigamos eficazmente. Por Nuestro Señor Jesucristo.

 

EPISTOLA

Lección de la Epístola del Ap. San Pablo a los Filipenses (Flp., I, 6-11).
Hermanos: Confiamos en el Señor Jesús que, el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo. Es justo que yo sienta esto de todos vosotros: porque os tengo en el corazón; y en mis cadenas, y en la defensa y confirmación del Evangelio, todos vosotros sois los compañeros de mi gozo. Porque Dios me es testigo de cuánto os amo a todos vosotros en las entrañas de Jesucristo. Y lo que pido es que vuestra caridad crezca más y más en ciencia y en todo conocimiento: para que probéis cosas mayores, para que estéis puros y sin mancha el día de Cristo, llenos de frutos de justicia, por Jesucristo, para gloria y loor de Dios.

GRADUAL

Qué bueno y deleitoso es habitar como hermanos unidos! V. Como el ungüento en la cabeza, que se escurre hasta la barba, hasta la barba de Aarón.
Aleluya, aleluya. V. Los que temen al Señor, esperan en El, que es su ayudador y su protector, Aleluya.

EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según San Mateo (Mt„ XXII, 15-21).
En aquel tiempo, yendo los fariseos, tuvieron consejo para sorprender a Jesús en sus palabras. Y le enviaron sus discípulos, con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres veraz, y que enseñas de veras el camino de Dios y no te preocupas de nadie: porque no miras la persona de los hombres: dinos, pues, qué te parece: ¿es lícito dar tributo al César, o no? Pero Jesús, conocida la maldad de ellos, dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario. Y díjoles Jesús: ¿De quién es esta imagen, y esta inscripción? Dijéronle: Del César. Entonces les dijo El: Dad, pues, al César lo que es del César; y a Dios, lo que es de Dios.

 

OFERTORIO

Acuérdate de mí, Señor, que dominas sobre todo poder: y pon en mi boca la palabra justa, para que agraden mis palabras al príncipe.

 

SECRETA

Haz, oh Dios misericordioso, que esta saludable oblación nos libre incesantemente de nuestras culpas, y nos proteja contra toda adversidad. Por Nuestro Señor Jesucristo.

 

COMUNION

Clamo porque tú me oyes, oh Dios: inclina tu oído, y escucha mis palabras.

 

POSCOMUNION

Hemos recibido, Señor, los dones de tu sagrado Misterio, suplicándote humildemente hagas que, lo que nos mandaste celebrar en recuerdo tuyo, se convierta en remedio de nuestra enfermedad. Tú, que vives.

TEXTOS DE LA MISA EN LATÍN: http://www.rosarychurch.net/latin/pent22.html

COMENTARIO

Como habitualmente, reproducimos el comentario del Padre Castellani; luego recabamos ideas a los Santos Padres y por último hacemos nuestro propio comentario.

 

COMENTARIO DEL PADRE CASTELLANI

 

DOMINGO VIGESIMOSEGUNDO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS[Mt 22, 15-21] MI 22, 15-21

La obediencia es una gran virtud cristiana. Cristo murió por obediencia, dice San Pablo, “hecho obediente hasta la muerte; y muerte de cruz”. La desobediencia es hija de la soberbia, y como ella, es la raíz de la perdición; porque en definitiva, todo pecado es una desobediencia. Pero la obediencia no es el Mandato Máximo y Mejor del Cristianismo, sino la Caridad. La obediencia es una virtud moral, pertenece al grupo de la Religión, que es la primera de las virtudes morales: no es una virtud teologal. Digo esto, porque hay una tendencia en nuestros días a falsear la virtud de la obediencia, como si fuera la primera de todas y el resumen de todas. “Usted no tiene más que obedecer y está salvo. La obediencia.
trae consigo todas las otras virtudes. El que obedece está siempre seguro. “El que a vosotros oye, a Mí me oye”, dijo Cristo (20) En caso contrario, Cristo hubiese dicho: “El que a vosotros obedece, a Mí obedece”; lo cual –siendo verdad en un sentido–induciría sin embargo una conclusión desmesurada, a saber: que la Iglesia tiene potestad total en este mundo, incluso potestad directa en las cosas temporales, cosa que la Iglesia siempre ha negado; pues es evidente que a Cristo debemos obediencia en todo, incluso en el dominio temporal, político o civil: es Rey de Reyes y Señor de los Señores.La interpretación viciosa de ese texto autorizaría a los Jerarcas Eclesiásticos a elegir o deponer Reyes, hacer leyes civiles, y gobernar las naciones; error teológico denominado cesaropapismo oteocratismo.. El que obedece no puede equivocarse porque hace la voluntad de Dios. Hay que matar el juicio propio. La obediencia es pura fe y pura caridad. El Papa es Cristo en la tierra”, etcétera. Todo eso es menester entenderlo bien.Algunos representantes de Dios parecen a veces pretender sustituirse a Dios. “Lo que yo digo es para usted la voz de Dios, no se puede seguir nunca el propio juicio. La obediencia lo dispensa a usted de todo.” Eso ya no se puede entender bien, es engafo. Sería un grave y donoso error teológico equiparar la obediencia con las virtudes teologales. La obediencia, como todas las virtudes morales, tiene sus límites. No se puede amar demasiado a Dios, no se puede esperar ni creer demasiado; pero sí obedecer demasiado a un hombre. Los límites de la obediencia son la caridad y la prudencia. No se puede obedecer contra la caridad: en donde se ve pecado, aun el más mínimo, hay que detenerse, porque “el que despreciare uno de los preceptos estos mínimos, mínimo será llamado en el Reino de los Cielos”. Y no se puede obedecer una cosa absurda; porque “si un ciego guía a otro ciego, los dos se van al hoyo”( 21).Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. Esto dijeron los Apóstoles ante el Sinedrio, que los conminaba a cesar su predicación. Pedro, Santiago y Juan resistieron a las autoridades religiosas con esta palabra. ¿Adónde iríamos a parar? Conozco un cristiano que escribió esta palabra a una autoridad religiosa, y recibió esta respuesta: “¡Eso lo han dicho todos los herejes!”. ¿Qué me importa a mí? Eso prueba que está en la Sagrada Escritura; y que los herejes lo hayan malusado, no lo borra de la Escritura. En uno de esos “volantes anónimos” que hay ahora, se lee: “El Evangelio ensena que la primera virtud del cristiano es obedecer a la jerarquía.” Puedenleer todo el Evangelio y no encontrarán esa “enseñanza” de este teólogo improvisado. Al contrario, Jesucristo anda todo el tiempo aparentemente levantado contra las autoridades eclesiásticas, quiero decir, religiosas. Aparentemente, he dicho. Un ironista inglés ha dicho con gracia: “Los que conocen el punto exacto en el cual hay que desobedecer, ésos son pocos y les va mal; pero son grandes bienhechores de la humanidad.” El punto exacto es cuando los mandatos de los hombres interfieren con los mandatos divinos, cuando la autoridad humana se desconecta de la autoridad de Dios, de la cual dimana. En ese caso hay que “acatar y no obedecer”, como dice Alfonso el Sabio en Las Partidas: es decir, reconocer la autoridad, hacerle una gran reverencia; pero no hacer lo que está mal mandado; lo cual sería incluso hacerle un menguado favor. Si esto que digo no fuese verdad, no habría habido mártires.En este evangelio tan conocido y decantado se propone a Cristo la cuestión de la obediencia a las autoridades civiles, y por extensión a toda autoridad en general. “Dad al César lo que es del César –pero dad a Dios lo que es de Dios–”. ¿Qué podemos decir acerca de este efato que no haya sido dicho mil y una vez? ¿Y también, que no haya sido muchas veces interpretado mal, como una moneda ya gastada por el uso? Los democristianos, por ejemplo, creen que hay que darse por entero al César; es decir, a la política. Se meten a salvar a las naciones, por medio de la política, antes de salvarse a sí mismos.Cristo se hizo mostrar una moneda nueva, no la tomó en sus manos, y desconoció a Octavio Augusto.“–¿Quién es éste? –preguntó.–El César de Roma.–Pues entonces, dad al César lo que es del César…”, es decir, las monedas; no le deis el alma.Los judíos se daban cuerpo yalma a la política; y consideraban eso como una cosa religiosa. Por eso le preguntaron si era licito pagar tributo al César. Mas Cristo rehusó “definirse” en política, como ellos pretendían que hiciese, para embromarlo. Si Cristo hubiese dicho: “Y bien,el Emperador de Roma es nuestro soberano legítimo”, lo hubiesen tachado de traidor a su nación y a la Ley, que decía que Israel era de Dios si hubiese negado, lo habrían acusado de “sedicioso” y de “nacionalista” como de hecho lo acusaron calumniosamenteal final, ante el Tribunal de Pilato. “Este se niega a pagar el tributo al César”…Jesucristo dijo que había que pagar el tributo al César –de hecho, Él lo pagó una vez de un modo curioso–y obedecerle en lo que era autoridad; de hecho, los judíos, alno tener moneda propia, reconocían no tener soberanía. Octavio Augusto César era un individuo hipócrita, soberbio, y lujurioso, que por increíble buena suerte hablase apoderado del Imperio fundado por el héroe su tío; al cual los judíos llamaban “tirano”: Jesucristo no se dio por entendido. Después de él, sus discípulos Pedro y Pablo mandaron la obediencia a los príncipes seculares legítimos, incluso si no son cristianos, “incluso si son díscolos”, dijo San Pablo; y dio la razón: “porque toda autoridad viene de Dios”. San Pablo añade luego otra razón que indica los límites de esa obediencia; y por qué ella se puede extender a veces incluso a los “tiranos”: “porque ya veis que él tiene la Espada”. La doctrina católica acerca de la tiranía –que es el peor mal que puede caer sobre una nación–estatuye que es lícito y aun obligatorio –para el que puede–levantarse contra ella y deponerla; pero con tres condiciones, la primera de las cuales es que ello sea factible, que no sea un amago temerario e insensato, el cual sólo sirve para traer males mayores; como fue por ejemplo la famosa “Conspiración de la Pólvora”, contra Jacobo I de Inglaterra. Acerca del Imperio Romano, Jesucristo guardó una singular prescindencia: no dijo una sola palabra de tacha, ni una sola palabra de entusiasmo. Yerra el Dante Alighieri en su libro De Monarchia al aducir que Cristo aprobó el Imperio Romano, porque quiso nacer en él, empadronarse en Belén, y ser por tanto súbdito del César. Cristo aceptó o soportó el Imperio, como se acepta el clima, el paisaje o la geología de una comarca: como una cosa inevitable. Esa mezcla de bienes y males que era la creación política de Julio César –que había de degenerar después bajo un Nerón o un Calígula en monstruosa tiranía–, no le arrancó ningún entusiasmo “patriótico”. La prescindencia de Cristo no es negativa sino positiva y voluntariosa: no es mera apatía, falta de visión o indiferencia hacia la moral política, de “un joven campesino galileo incapaz de ver más allá de su rincón, más allá de los pequeños problemas de la moral individual”, como blasfemó Renán. No. Cristo estaba en
medio de los torbellinos políticos de su nación y su época, había leído los Profetas; y no era indiferente, muy al contrario, al sino desastroso de Jerusalén, el cual predijo y lloró. Cristo prescindió inconmovible de la política, porque tenía que prescindir: no habla nada que hacer en política para los palestinos. La idea de los Zelotes de alzar mano armada contra el enorme Imperio era netamente insana: de hecho los llevó al desastre. Más tarde será otra cosa: en la formación de los grandes reinos cristianos de Europa entraron y tomaron parte hombres religiosos, discípulos fieles de Cristo. Era ya otra cosa. El “entrar en política” puede ser un deber religioso en algunos casos para un cristiano, que tenga vocación política. En ese caso, no se da al César lo que es de Dios; sino simplemente a Dios, a través de la Patria. “Ningún hombre religioso se entromete en negocios seculares”, dijo San Pablo. Pero en el caso de Hildebrando, o el cardenal Cisneros, o si me apuran, monseñor Seipel el austríaco, ésos ya no eran negocios seculares. Para ellos, ésos eran asuntos religiosos. Lo mismo el apoyo activo prestado por muchos nobles sacerdotes argentinos al alzamiento del general Lonardi. Todo esto es claro en teoría, pero es enredado y espinoso en la práctica; y más hoy día. Las naciones occidentales, perdida la religiosidad, se van convirtiendo de más en más en las Fieras de la Escritura. El Estado moderno se vuelve de más en más tirano. El Estado es una consecuencia del pecado original, no es una creación directa de Dios, es la “creación más grande de la razón práctica” del hombre, enseña Santo Tomás. En el Paraíso Terrenal, si Adán no hubiera caído, hubiese habido gobierno, por cierto; pero no gobierno estatal, sino familiar y paterno. Eso no se puede obtener ya con perfección. Entre los extremos del gobierno tiránico y el gobierno paterno, oscilan todos los regímenes políticos humanos, después del Pecado. En los grandes siglos cristianos se tendió a realizar el ideal del gobierno paterno: San Luis rey de Francia, San Fernando de España, San Eduardo el Confesor. Había un monarca que venía al trono con la naturalidad de la fruta en los árboles, que intentaba hacerse respetar y amar de todos, y que daba cuenta de sus acciones solamente a Dios, y había una cantidad de fuerzas políticas y sociales que tendían a mantenerlo dentro de la rectitud; de las cuales la religión era la principal. Eso se llamó la Monarquía Cristiana: duró diez siglos, hizo la Europa; y cayó. El ideal tendía a una familia: ideal inasequible en su totalidad, porque siempre habrá díscolos, la masa siempre será oscura, y el Estado siempre tendrá que usar de la fuerza; pero por lo menos había un conato continuo por sujetar la fuerza a la razón y la razón al amor; y por hacer llegar la nación a algo como una familia. Por eso justamente hay más sublevaciones en los países católicos que en los otros; y son más difíciles de gobernar: el ideal atávico de la nación como una familia trabaja terriblemente a los franceses, a los italianos, a los hispanos. “Los países protestantes son más fáciles de conducir; pero si son conducidos mal, no tienen remedio”, dijo el líder irlandés Parnell (22) Puede ser fácil presa del amor engañoso de un demagogo; pero es muy difícil Que caiga en la trampa de quienes, por arte de ideologías, procuran convencerlo de que eje orden político debe construirse alrededor de ideas, a veces muy honorables; pero que no son en sí mismas el bien supremo de los argentinos…” (Ernesto Pueyrredón, en Elogio Fúnebre del Genera/ Lonardi, 13 de abril de 1956)..Los hombres hoy día prefieren tener encima a tiranuelos irresponsables, agitados y pasajeros, que los opriman en nombre de “la libertad”. Las condiciones han cambiado, los hombres ya no pueden fiarse tanto unos de otros como para poner a la cabeza del bien público a una familia permanente e inamovible, con poderes absolutos. Por tanto se ha vuelto más fácil el advenimiento de la Fiera, que es el otro extremo del eje político, el polo opuesto al Padre. Los grandes imperios paganos que precedieron a Cristo: Asiria, Persia, Grecia Macedónica y Roma, fueron pintados por el profeta Daniel en figura de cuatro fieras; y con mucha razón. En la actual economía del mundo, el rechazo de Cristo lleva necesariamente al otro extremo de la ordenación política; es decir, al Estado pagano duro e implacable. De la cuarta fiera, el Imperio Romano, que Daniel describe como una mezcla de las otras tres y lamás poderosa y temible de todas, profetizó el Vidente que surgirá después de muchos siglos y diversos avatares, la Bestia del Mar o sea el Anticristo: un poder pequeño que se hará grande, un poder muerto que resucitará, un poder inicuo que a causa de la apostasía del mundo llegará a enseñorearse de todo el mundo; afortunadamente, por muy poco tiempo. Entretanto tenemos que ir viviendo y tendiendo al gobierno paternal en lo político y a la obediencia noble y caballeresca; aunque sean ideales hoy día casi inasequibles, por lo menos en este pobre país sin esqueleto; quiero decir, sin “estructuración política”; sin “Instituciones. El doctor Carlos Ibarguren conoció cuando muchacho en Salta a un viejo guerrero de la Independencia, al cual ha retratado en La historia que he vivido. Era un catamarqueño que ingresó casi adolescente todavía en los ejércitos de Mayo, hizo todas las campañas de Chile y del Perú, y murió centenario. Cuando regresó al país después de Ayacucho, cosido a cicatrices, pidió ver al “tirano” Rosas para pedirle su retiro y un pasaporte para Montevideo.

–¿Por qué se va de la nación? –le preguntó Rosas.–Porque francamente no me gusta la manera de su gobierno; y además, yo no sabría usar mi sable contra el general Lavalle, que me lo regaló.–Entonces debe irse con Lavalle y usarlo contra mí –le dijo el gobernador de Buenos Aires, ceñudo.–Yo no sabría usar mi sable contra Su Excelencia, porque creo que es la autoridad legítima.–Vuelva mañana por su pase.Volvió con bastante aprensión y halló que Rosas le dio su pase y 500 pesos fuertes, se cuadró ante él, lo abrazó y le dijo:–No forzaré la voluntad de un soldado de la Independencia.
El sargento retirado volvió pronto de Montevideo, nadie le exigió su reintegro al ejército; y subió a Salta, donde se dedicó a fabricar botas y aperos de montar, en lo que era habilidoso. Esta es obediencia cristiana y caballeresca, señoril. Esto es virtud: y el servilismo por un lado y la rebelión por el otro, son vicios. (2) Hasta acá Castellani.

 

NOTAS PROPIAS DE CASTELLANI

20) Este texto: “El que a vosotros oye, a Mí me oye; el que a vosotros desprecia, a Mí despreciar está aquí muy mal traído; y de hecho lo hemos oído varias voces interpretar viciosamente. En su contexto y en la intención de Cristo, no se refiere a la obediencia, sino a la fe: lo dijo Cristo cuando mandó a los Setenta Discípulos a predicar, no se lo dijo a San Pedro cuando constituyó la Iglesia como sociedad visible. Vease Lucas, X, 16: “El que a vosotros desprecia, a Mí desprecia; y el que a Mí desprecia, desprecia Al que me envió.” Es paralelo del texto de Juan, V, 24: “El que oye mi Palabra y la cree, tiene la vida eternas

21)–¿Se puede obedecer un mandato absurdo? Materialmente se puede a veces, helás, pero ningún voto religioso obliga per se a tal cosa, “status enim religiosas est status rationalis, non irrationalis” (cf.: A. Ballerini, Op. Theol. Mor., val. fo, Nº 130).

22)“Este pueblo es extraordinariamente sensible al amor del que lo rige. Sin amor no admite ser conducido. Resiste a la violencia, pero no puede resistir al amor. La indiferencia lo resiente y lo enfada; la violencia lo enoja y lo levanta. Sólo el amor lo atrae y tranquiliza. Si se le han dado pruebas de amor, es paciente para esperar, presto para agradecer, celoso para defender, rápido para perdonar, tardo en desengañarse. No tiene tranquilidad ni paz sin confianza en el gobierno, pero su confianza no reposa tanto en la comprensión de sus actos, como en la intuición de que ellos están inspirados en el amor.

 

SANTOS PADRES

Evangelio según san Mateo, 22:15-22

Entonces los fariseos se fueron y consultaron entre sí, cómo le sorprenderían en lo que hablase. Y le envían sus discípulos, juntamente con los herodianos, diciendo: «Maestro, sabemos que eres veraz, y que enseñas el camino de Dios, en verdad, y no te cuidas de cosa alguna; porque no miras a la persona de los hombres: Dinos, pues, qué te parece, ¿es lícito dar tributo al César o no?» Mas Jesús, conociendo la malicia de ellos, dijo: «¿Por qué me tentáis, hipócritas? mostradme la moneda del tributo». Y ellos le presentaron un denario. Y Jesús les dijo: «(Cuya es esta figura e inscripción?» Dícenle: «del César». Entonces les dijo: «pues pagad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios». Y cuando esto oyeron, se maravillaron, y dejándole, se retiraron. (vv. 15-22)
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 42
Así como sucede cuando alguno quiere detener el curso del agua que corre, que si llega a saltar la presa busca su curso por otro lado, así la malicia de los judíos, cuando se vio confundida por una parte, buscó salida por otra. Por esto dice: «Entonces los fariseos se fueron», etc. Se fueron, diré, a buscar a los herodianos. Tal fue el consejo, como tales eran los que lo dieron. Por esto sigue: «Y le enviaron sus discípulos juntamente con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres veraz, y que enseñas el camino de Dios en verdad».
Glosa
Se valieron de personas desconocidas, para engañar más fácilmente a Jesús y poderle atrapar por medio de ellas. Porque como temían a las gentes, no se atrevían a hacerlo por sí mismos.
San Jerónimo
Hacía poco que Judea había quedado sometida a los romanos por César Augusto, cuando tuvo lugar el censo de todo el mundo, y se establecieron los tributos. Por eso había en el pueblo mucho deseo de insurreccionarse. Decían unos que los romanos cuidaban de la seguridad y de la tranquilidad de todos, por cuya razón se les debía pagar el tributo; pero los fariseos, que se atribuían toda justicia, apoyaban, por el contrario, que el pueblo de Dios (que ya pagaba los diezmos, daba las primicias, y todo lo demás que estaba prescrito en la ley) no debía estar sujeto a leyes humanas. Pero César Augusto había colocado a Herodes, hijo de Antipatro, extranjero y prosélito, como rey de los judíos; el cual debía ordenar los tributos y obedecer al Imperio Romano. Por lo tanto, los fariseos envían a sus discípulos con los herodianos, esto es, o con los soldados de Herodes o con aquellos a quienes daban el apodo irónico de herodianos y trataban como no afectos al culto divino, porque pagaban sus tributos a los romanos.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 70,1
Por esto, pues, envían a sus discípulos junto con los soldados de Herodes, para que pudiesen vituperar cualquier cosa que dijere el Salvador. Deseaban, pues, que el Señor dijere algo en contra de los herodianos, porque como temían prenderlo por temor a las turbas, querían ponerle en peligro, y hacerle aparecer como enemigo de los tributos públicos.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 42
Esta es la primera ficción de los hipócritas, cuando alaban a los que quieren perder; y por lo tanto, empiezan la alabanza, diciendo: «Maestro, sabemos que eres veraz, etc.» Le llaman Maestro, para que viéndose honrado y alabado, les manifieste sencillamente los secretos de su corazón, como deseando tenerles por discípulos.
Glosa
De tres modos sucede que alguno no enseñe la verdad: primeramente, por parte del que enseña, porque o desconoce la verdad, o no la estima; y en contra de esto dicen: «Sabemos que eres veraz». En segundo lugar, de parte de Dios, porque pospuesto su temor, algunos no enseñan con toda su pureza la verdad que procede de Dios, y que ellos conocen; y contra esto dicen: «Y que enseñas el camino de Dios, en verdad». Y en tercer lugar, de parte del prójimo, por cuyo temor o amor calla alguno la verdad; y para ocultar esto añaden: «Y que no te cuidas de cosa alguna», (esto es, del hombre), «porque no miras a la persona de los hombres».
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 70,1
Esto lo decían en secreto, pero refiriéndose a Herodes y a César.
San Jerónimo
Esta pregunta suave y engañosa, le provoca a responder, que debe temerse más a Dios que al César; por esto dicen: «Dinos, pues: ¿qué te parece?», etc. Para que si dice que no deben pagarse los tributos, lo oigan enseguida los herodianos y le detengan como reo de sedición contra el emperador de Roma.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 70,1
Y como sabían que a algunos que habían aspirado a introducir esta discordia los habían matado, querían también hacerle caer en esta sospecha por estas palabras.
Prosigue: «Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos», etc.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 42
No les responde de la misma manera sencilla y pacífica sino que contesta según las intenciones malas de los que preguntan, porque Dios responde a los pensamientos y no a las palabras.
San Jerónimo
La primera virtud del que responde consiste en conocer las intenciones de los que preguntan y no llamarles discípulos suyos sino tentadores. Hipócrita es aquel que aparenta ser algo que no es.
Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 42
Les llama hipócritas porque no iban a llevar a cabo lo que pensaban hacer, sabiendo que El conoce el corazón de los hombres y que, por eso mismo, conocía sus malas intenciones. Véase aquí el porqué los fariseos le halagaban para perderle. Pero Jesús los confundía para salvarlos, puesto que para un hombre no es de ningún provecho adular mientras que sí lo es ser corregido por Dios.
San Jerónimo
La sabiduría siempre obra de una manera sabia, y confunde con frecuencia a sus tentadores, por medio de su palabra. Por esto sigue: «Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario». Esta clase de moneda era la que se consideraba del valor de diez monedas, y llevaba el retrato del César. Por esto sigue: «Y Jesús les dijo: ¿de quién es esta figura e inscripción?» Los que creían que la pregunta del Salvador era hija de la ignorancia y no de la deferencia, aprendan aquí cómo Jesús podía conocer la imagen que había en la moneda. Prosigue: «Dícenle: del César». Y no creemos que era César Augusto, sino Tiberio, su hijastro, en cuyo tiempo sufrió la pasión nuestro Señor. Todos los emperadores romanos, desde el primero, llamado Cayo César que se apoderó del imperio, se llamaban Césares. Prosigue: «Pues pagad al César lo que es del César», esto es, la moneda, el tributo y el dinero.
San Hilario, in Matthaeum, 23
Si nada hay que siendo del César se encuentre entre nosotros, no estaremos obligados a darle lo que es suyo. Por lo tanto si nos ocupamos de sus cosas, si usamos del poder que él nos concede no haremos ofensa alguna, si damos al César lo que es del César.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 70,2
Tú también, cuando oigas: da al César lo que es del César, sabe que únicamente dice el Salvador aquello que no se opone a la piedad. Porque si hubiese algo de esto, no constituirá un tributo del César, sino del diablo. Y después, para que no digan: que los hombres no están sujetos, añade: «Y a Dios lo que es de Dios».
San Jerónimo
Esto es, las décimas, las primicias, las oblaciones y las víctimas. Así como el mismo Señor pagó al César el tributo por sí y por San Pedro, pagó también a Dios, lo que es de Dios, haciendo la voluntad de su Padre.
San Hilario, in Matthaeum, 23
Conviene por lo tanto que nosotros le paguemos lo que le debemos, esto es, el cuerpo, el alma y la voluntad. La moneda del César está hecha en el oro, en donde se encuentra grabada su imagen; la moneda de Dios es el hombre, en quien se encuentra figurada la imagen de Dios; por lo tanto dad vuestras riquezas al César y guardad la conciencia de vuestra inocencia para Dios.
Orígenes, homilia 21 in Matthaeum
En esto aprendemos por el ejemplo del Salvador que no debemos atender a lo que dicen muchos so pretexto de religiosidad y que, por lo tanto, tiene algo de vanagloria, sino a lo que es conveniente, según dicta la razón. También podemos entender este pasaje en sentido moral, porque debemos dar al cuerpo algunas cosas -lo necesario- como tributo al César. Pero todo lo que está conforme con la naturaleza de las almas, esto es, lo que afecta a la virtud, debemos ofrecerlo al Señor. Los que enseñan que según la ley de Dios no debemos cuidarnos del cuerpo son fariseos, que prohiben pagar el tributo al César, como los que prohiben casarse y mandan abstenerse de comer a los que Dios ha creado. Y los que dicen que debemos conceder al cuerpo más de lo que debemos, son herodianos. Nuestro Salvador quiere que no sufra menoscabo la virtud, cuando prestamos nuestro servicio al cuerpo; ni que sea oprimida la naturaleza material, cuando nos dedicamos con exceso a la práctica de la virtud. El príncipe de este mundo, es decir, el diablo, representa al César; no podemos por lo tanto dar a Dios lo que es de Dios hasta que hayamos pagado al príncipe lo que es suyo, esto es, hasta que hayamos dejado toda su malicia. Aprendamos también aquí esto mismo que no debemos callar en absoluto en contra de los que nos tientan, ni responder sencillamente, sino con circunspección, así quitaremos la ocasión de que se quejen contra nosotros, y enseñaremos qué es lo que deben hacer para no ser dignos de reprensión los que quieren salvarse.
San Jerónimo
Los que debieron creer en tan admirable sabiduría, se asombraron al ver que sus propósitos de asechanzas no habían tenido lugar: Por esto sigue: «Y cuando esto oyeron, se maravillaron, y dejándole, se retiraron», llevando consigo su infidelidad y su admiración.

 

ALIANZA DE INICUOS Y ADVERSARIOS ENTRE SÍ, CONTRA CRISTO – LA PREGUNTA ENVENENADA Y LA RESPUESTA MARAVILLOSA

Se acerca la Pasión, la presión de la envidia del estrato religioso de Israel se hace sentir sobre Cristo. Ahora se alían con los partidarios del Rey Herodes.
Los fariseos le buscaban la vuelta para sorprenderlo en alguna palabra y poder acusarlo. Lo adulan. Pero Cristo no responde a palabras hipócritas, sino a la intención de aquellos hijos del Maligno.
Tan hipócritas y falsos son, que se unen a sus adversarios: los herodianos lugartenientes del poder de Roma; pues Herodes fue puesto por el César; y representaba esa Roma que le cobra impuestos a Israel: los fariseos estaban a favor de independizarse de Roma y contra el pago de impuestos. Pero aquí se unen para enredar al Señor.
La pregunta que le hacen es verdaderamente envenenada: ¿Es lícito o no pagar el tributo al César?
Si Jesús responde que no, lo acusarían de rebelión contra Roma, de levantisco y de revolucionar al pueblo. Si responde que sí, lo acusarían de antipatriota pro-romano que está de acuerdo con la dominación de Roma.
A la adulación trucha que le hacen, el Señor responde con fuerza: ¿Porqué me tientan hipócritas?
Esto es para reflexión de los paladines del buenismo inerme y afeminado de la otra mejilla a ultranza y descontextualizada; de los cobardes y gelatinosos de la dulzura inclaudicable.
Sí, el Señor no es ese hippie de sonrisa lánguida y amariconada que emana siempre almíbar, que vendió el personalismo post conciliar: es viril, enérgico, temperamental, además de misericordioso y de ser la Verdad Absoluta.
Su sabiduría se muestra en su actitud y su respuesta: Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario. Y díjoles Jesús: ¿De quién es esta imagen, y esta inscripción? Dijéronle: Del César. Entonces les dijo Él: Dad, pues, al César lo que es del César; y a Dios, lo que es de Dios.
Esta respuesta es infinitamente más que una expresión de ilustre desdén: está cargada de Doctrina y sabiduría cristiana hasta el Fin del mundo.
El César -El mundo y también las obligaciones del cristiano para con el mundo y su gobierno, su ciudad- merece su parte, sí. Impuestos y obediencia, SIEMPRE QUE LA OBEDIENCIA NO VAYA CONTRA DIOS, NO IMPIDA DAR A DIOS LO QUE ES DE DIOS.
A Dios hay que dar lo que le corresponde: Todo.
Y en este todo entra también lo que se le debe al César, porque el cristiano no se rebela contra la autoridad mundana sin motivo claro. Esto lo afirma San Pablo diáfanamente.
Pero debe quedar absolutamente claro que Dios está primero, y lo que se le dé al César nunca debe ser nada que le corresponda a Dios: cumplir con las obligaciones del gobierno civil de acá abajo, SIEMPRE Y CUANDO NO VAYAN CONTRA DIOS. En caso de que vayan contra Dios, hay que desobedecer y OBEDECER A DIOS ANTES QUE A LOS HOMBRES.

EL CESAR CRECE DESPUÉS DEL CONCILIO Y DIOS DISMINUYE

Con el II Concilio Vaticano se oscureció la Doctrina católica en este punto, como en otros cauces muy importantes. A pesar de haber declarado sus promotores e iniciadores, Juan XXIII y Pablo VI que era un Concilio Pastoral, que no se proponía definir Doctrina, y consecuentemente no fue encabezado con la Solemne Fórmula de invocación de la Infalibilidad Ex Cáthedra, DE FACTO CAMBIÓ DOCTRINA EN CUATRO CAUCES MUY IMPORTANTES.
Reforma Litúrgica: incide en la Doctrina: Viraje del teocentrismo al antropocentrismo; de la Verticalidad a la Horizontalidad; de la Trascendencia a la inmanencia.
Ecumenismo: Se promovió un irenismo claudicante de la Verdad en favor de un diálogo (comillas) con los herejes y enemigos inveterados de la Iglesia. Los resultados los vemos hoy: Indiferentismo práctico e incluso teórico.
Colegialidad: con las conferencias episcopales y los sínodos se oscurece la autoridad episcopal y papal, con el resultado paradójico que vemos hoy de una especie de autocracia papal sin límite.
Y el que nos importa hoy: LIBERTAD RELIGIOSA.
Con pasajes ambiguos de los textos constitucionales -y aún contrarios al Magisterio de siempre- y sobre todo con la Declaración Dignitates Humanae, se inicia una época de claudicación trágica en la Iglesia: la aceptación del Laicismo liberal que siempre promovieron los enemigos de la Iglesia. El CRECIMIENTO DEL CÉSAR Y LA DISMINUCION DE DIOS.
La Iglesia conciliar abdica formalmente del imperativo de implantar el Reinado sociopolítico y cultural de Cristo en el mundo y le admite poder al César para que lo impida. Acepta un Estado Laico Liberal, neutro que le otorga el mismo nivel a todas las cosmovisiones: La Verdad y el error están al mismo nivel ahora. Relativismo e indiferentismo desde el Estado aceptado alégremente por la Iglesia.
Y la neutralidad es una quimera: El Estado, de hecho, adopta la confesionalidad solapada del Sistema y de la Corrección Política del Nuevo Orden Mundial; de los resortes de poder del mundo enemigo de Dios; del César más enemigo que nunca. Y así lo hace sentir.
El imperativo de instaurar el Reino de Cristo en el mundo, transformando sus instituciones políticas y sociales, es abandonado y se lo confina a la privacidad de los corazones. El Estado adquiere autonomía moral para el II Concilio Vaticano: Ya no está bajo el poder de Cristo.
Para recuperar la parte de Dios que se entregó insensatamente al César por el II Concilio Vaticano, hay que recuperar el Imperativo de la Implantación del Reinado Social de Cristo en el mundo; algo básico para el cristianismo.
Recordemos que para la Iglesia y su Magisterio de siempre el Estado debe defender la religión católica y la Ley natural. Esa autonomía del Estado está condenada claramente en Quanta Cura, y también en Libertas y Quas Primas. Esta es la Doctrina de la Iglesia; el laicismo liberal de la libertad negativa proviene del liberalismo masónico.

 

EL REMEDIO
Y para esto no hay mas remedio que revisar y rectificar el trágico y claudicante II Concilio Vaticano, donde la Iglesia, con la sonrisa aquiescente de Rhaner y Theilard, los personalistas y la ONU, hace genuflexión ante el César y lo llama Maestro.
Y porqué no, Esposo…..
Hay que volver a las Fuentes: la Escritura, vivida por la Tradición e interpretada por el Magisterio hasta 1962.
Demos a Dios lo que es de Dios, el imperativo de instaurar en el mundo la lucha por el Reinado sociopolítico de Cristo, dejando para el César lo que realmente le debemos.
¡Genuflexión solo ante Dios! Ante el César respeto y obediencia siempre que no se extralimite en sus exigencias y no pida lo que no le corresponde: lo que le corresponde a Dios.
En el Nuevo Orden Mundial que se avecina, el César se vuelve totalitario y pretende no dejar ningún resquicio para Dios. Pidamos la Gracia de reivindicar con palabras, obras y lucha, el lugar que le corresponde a Dios.
Que la Santísima Virgen nos de virilidad para esta lucha.

 

NOTAS

1) http://rinconliturgico.blogspot.com/2016/10/xxii-domingo-despues-de-pentecostes.html
2) https://radiocristiandad.files.wordpress.com/2017/12/re-a124-el-evangelio-de-jesucristo-pe-castellani.pdf

 

 

 

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