LA PALABRA DE DIOS DEL DOMINGO: Domingo de Pentecostés

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan Donnet

 

 

 

DOMINGO DE PENTECOSTÉS 

I CLASE, ROJO

Gloria, Secuencia, Credo, prefacio y comunicantes y hanc igitur propio.

En el Veni Sancte Spiritus del Aleluya, todos se arrodillan.

 

 

 

 

TEXTOS DE LA SANTA MISA

 

 

Introito. Sab.1,7.- El Espíritu del Señor llenó toda la tierra, aleluya, y él, que todo lo abarca, sabe cuanto se dice, aleluya, aleluya, aleluya. Salmo. Que se levante Dios  y se dispersen sus enemigos, huyan de su presencia los que le odian. V/. Gloria al Padre.

 

Oración .- Oh Dios, que hoy has iluminado los corazones de tus hijos con la luz del Espíritu Santo. Haznos dóciles a tu Espíritu, para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo.

 

Epístola. Hech.2.1-11.- Llegó el día de Pentecostés y estaban todos los discípulos reunidos en un mismo sitio; de pronto vino del cielo un ruido, como de un viento recio, que llenó toda la casa donde estaban. Y vieron aparecer unas lenguas como de fuego que se repartían posándose encima de cada uno. Y todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, según el Espíritu les concedía expresarse. Residían entonces en Jerusalén judíos devotos, oriundos de toda nación  que hay bajo el cielo; al correrse la voz, acudió la multitud y quedaron desconcertados, porque cada uno oía hablar en su propio idioma. Fuera de sí por la sorpresa decían: Pero ¿no son galileos todos esos que están hablando? Entonces ¿cómo es que cada uno les oímos hablar nuestra propia lengua nativa? Partos,  medos, elamitas, habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto, zona de Libia fronteriza de Cirene, romanos residentes, judíos y prosélitos, cretenses y árabes les estamos oyendo hablar en nuestras lenguas de las maravillas de Dios.

 

Aleluya. Salm 103.30.-  Aleluya.  Envía tu Espíritu, y créalos, y repuebla la faz de la tierra.

Se hace genuflexión al decir las palabras siguientes. Aleluya. Ven, Espíritu Santo, llena el corazón de tus fieles,  enciende en ellos la llama  de tu  amor.

 

Secuencia. Venid, Espíritu Santo,  y enviad desde el cielo un rayo de vuestra luz. Venid, Padre de los pobres; venid, dador de todo don; venid, luz de los corazones. Vos sois el mejor Consolador, el dul­ce huésped de nuestra alma y su dulce refrigerio. Sois descanso en el trabajo, alivio en la aflicción y con­suelo en el llanto. ¡Oh felicísima luz, llenad lo más íntimo del alma de vuestros fieles. Sin vuestra inspiración no hay nada en el hombre; nada que sea bueno y recto. Lavad lo que está manchado, regad lo que está árido, curad lo que está enfermo. Doblegad lo que es rígido, enfervorizad lo que está frío, dirigid lo que está descarriado.  Dad a vuestros fieles, que en vos confían, vuestros siete dones. Dadles el mérito de la virtud, dadles el buen éxito de la salvación, dadles el gozo eterno. Amén. Aleluya.

 

Evangelio. Juan 14.23-31.- En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: El que me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos morada en Él. El que no me ama, no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora, que estoy a vuestro lado.; pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando  todo lo que yo os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy, y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre; porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda sigáis creyendo. Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe de este mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que lo que el Padre me manda yo lo hago.

 

Ofertorio. Salm. 67.29-30.- Confirma, ¡oh Dios!, lo que has hecho en nosotros. A tu templo, de Jesuralén traerán su tributo, aleluya.

 

Secreta.- Santifica, Señor, nuestras ofrendas, y, por la luz del Espíritu Santo, purifica nuestros corazones.

 

 

Prefacio del Espíritu Santo.- Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias, siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor: Que después de subir al Cielo, donde está sentado a tu derecha, ha derramado (en este día) sobre tus hijos adoptivos el Espíritu Santo que había prometido. Por eso con esta infusión de gozo el mundo entero desborda de alegría, y también los coros celestiales, los Ángeles y los Arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria: Santo

 

Infra-Acción.- Unidos en caridad y celebrando el día sacratísimo de Pentecostés, en que el Espíritu Santo se apareció a los Apóstoles en forma de innumerables lenguas de fuego;  y venerando también, en primer lugar, la memoria de Jesucristo nuestro Dios y Señor

 

Comunión. Act. 2.2,4.- De pronto vino del cielo un ruido, como de viento recio , que llenó toda la casa donde estaban, aleluya; todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenza­ron a proclamar las maravillas de Dios, aleluya, aleluya.

 

Poscomunión.- Tu Espíritu Santo, Señor, descienda sobre nosotros, purifique nuestros corazones y, con el suave rocío de su venida, los vuelva fecundos.

 

 

 

TEXTOS DE LA MISA EN LATÍN: http://www.rosarychurch.net/latin/pentecost.html

 

 

 

 

COMENTARIO

 

 

PROEMIO LITÚRGICO

 

Los profetas ya habían anunciado para los tiempos mesiánicos el don del Espíritu.  El envío del Espíritu Santo sobre los apóstoles abre la nueva era. La Iglesia está fundada y se le da el Espíritu de Cristo para que «renueve la faz de la tierra».

El relato de los Hechos recuerda los acontecimientos del día de Pentecostés: la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles y los fenómenos que la acompañan; en particular, el milagro de las lenguas, símbolo de la misión universal de los apóstoles.

Todas las naciones son llamadas a oír la proclamación de la Buena Nueva.

A esta presencia del Espíritu, que inspira y dirige a la Iglesia en su misión de predicar el evangelio hasta en los confines de la tierra, se añade otra presencia más íntima y más personal, que hace de los discípulos hombres nuevos, transformados en su mismo ser. La se­cuencia de la misa y el himno de vísperas describen y piden esta acción penetrante del Espíritu Santo en los corazones de los fieles. Y esta doble acción del Espíritu Santo, en la Iglesia y en las almas de los creyentes, es la que mostrarán durante toda la octava las lecturas del libro de los Hechos.

Domingo de Pentecostés, día solemnísimo, en el que la Iglesia celebra uno de los mayores beneficios que Dios hizo al hombre: el don del Espíritu Santo. La liturgia sagrada es, durante toda esta semana, principalmente en la Misa, de lo más tierno y a la vez sublime que pueda concebirse. Llena la Iglesia de gratitud, va a pagar el tributo augusto de su reconocimiento, ofreciendo la Víctima sagrada que nos ha merecido don tan grande con su inmolación. Ya en el introito lo canta con singular entusiasmo y con sublimes melodías. Son palabras del libro de la Sabiduría, cuyo oráculo tiene hoy su cumplimiento.

El Espíritu del Señor llenó el orbe de la tierra, aleluya, y el que contiene todas las cosas posee y comunica la ciencia del lenguaje, aleluya Jesucristo lo había prometido a sus apóstoles; hoy en el Cenáculo vieron cumplida su palabra. Los corazones de los fieles fueron en este día enseñados con las ilustraciones del Espíritu divino. La Iglesia al proclamarlo agradecida en la Oración, a la vez que pide para todos sus hijos este precioso don, nos enseña los efectos propios de este Espíritu en el alma: enseñarnos a conocer y estimar las cosas rectas y santas, recta sapere, y darnos consuelo, fortaleza y aliento para ponerlas en práctica et de eius semper consolatione gaudere.

La Epístola no es más que una relación histórica que este conmovedor suceso, tal  como nos lo cuenta el libro de los Hechos apostólicos. Después de pedir que el Espíritu, autor de esta nueva creación y renovación espiritual de la tierra, llene los corazones de los fieles y los inflame en su amor, entona la Iglesia la preciosa Secuencia canuto de entusiasmo y a la vez que inefable ternura, composición atribuida al Papa Inocencio III, de fines del siglo XII, llamando al Espíritu Santo con los más dulces títulos que a la vez que nos demuestran la necesidad que de su venida tenemos, nos hacen desearlo con todo el fervor de nuestros corazones. ¡Luz del cielo; padre de los pobres, dador de todo bien; lumbre del corazón; el mejor consuelo; dulce huésped; refrigerio; descanso; todo lo es para el alma el divino Espíritu!  El lava las sordideces del pecado, riega la aridez, calienta la frialdad, dirige lo desviado. Todo esto lo hace con los siete dones que dan al alma  en el mérito de la virtud, la seguridad de la salvación y el perenne gozo de la gloria.

El Evangelio nos hace ver cómo el Espíritu Santo es don del amor de Dios al hombre y causa en el hombre que su amor a Dios, y como su venida al alma infunden la paz y la tranquilidad, la alegría espiritual y nos hace entender cuánto Jesucristo nos ha enseñado. Esto nos ha de mover a desear y decidir este divino don (Ofertorio y oraciones Secreta y Poscomunión), y procurar que permanezca para siempre en nuestras almas, las cuales aunque de su suyo áridas e incapaces de fructificar, serán fecundadas y dispuestas para todo bien con el rocío de la gracia del divino Espíritu.(1)

 

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Jesús había establecido los fundamentos de la Iglesia en el curso de su vida apostólica, y le había comunicado sus poderes después de resucitar. Pero el Espíritu Santo debía completar la formación de los Apóstoles y revestirlos de la fuerza de lo alto. (Evangelio). Al reino visible de Cristo sucedía el reino invisible del Espíritu Santo, que venía a terminar y pulir la obra ya admirable de Jesús, a “renovar la faz de la tierra”.

Jesús, dice el Evangelio, había anunciado a sus discípulos la llegada del Espíritu Paráclito; y la Epístola nos muestra el cumplimiento de esa promesa. A la hora de Tercia se apodera del Cenáculo el <espíritu Santo, y un viento huracanado que de repente sopla en torno de la casa y la aparición de lenguas de fuego en el interior, son las señales maravillosas.

Alumbrados con las luces del Espíritu Santo (Oración colecta) y llenos de la efusión de sus siete Dones (Oración

secreta), los Apóstoles son renovados  y van a renovar el universo entero (Introito, Aleluya). La Misa Mayor, a la hora de Tercia, es el momento en que nosotros recibimos también  “el Espíritu Santo que Jesús, subido al cielo, derramó en este venturoso día sobre los hijos de adopción” (Prefacio); pues cada uno de los Misterios del ciclo litúrgico produce frutos de gracia en nuestras almas el día en que la Iglesia lo celebra.

Como decíamos durante el Adviento al Verbo: “Ven, Señor, a expiar los pecados de tu pueblo”, digamos en este tiempo con la Iglesia al Espíritu Santo: “Ven, Espíritu Santo, hinche los corazones de tus fi eles y enciende en ellos la llama de tu amor”. (2)

 

 

COMENTARIO

 

Como de costumbre reproducimos el comentario del Padre Castellani, siempre muy rico y erudito, luegos haremos pié en determinados puntos del Evangelio de hoy.

 

 

COMENTARIO DEL PADRE CASTELLANI

 

Hemos visto el Domingo pasado que Judas Tadeo, el Otro Judas, interrumpió el

Sermón-Despedida de Cristo diciendo: “Y bueno, vamos a ver, ¿por qué demonches te mostrarás a nosotros y al mundo no?”.  Habla con la idea mesiánica vulgar del triunfo externo y terreno del Rey Mesías; idea que a los fariseos los llevó al error y al furor, y que no estaba ausente de los Apóstoles: era uno de esos prejuicios comunes. Es exactamente lo que dijeron cuando comenzó a hacer los primeros milagros: “¡Muéstrate al mundo!”, “ ¡Publicidad, publicidad! ¡Propaganda!”. Ellos esperaban la Epifaneia, la Manifestación espectacular y gloriosa, que en las mentes groseras o apasionadas significaba el “nacionalismo”; o sea, la sublevación general, la expulsión de los Romanos, la independencia, la instauración de la Nueva Israel de los Profetas y de la Nueva Jerusalén, “Visión de Paz”.  Pero los Apóstoles consternados estaban escuchando entonces una cosa diferente: Cristo hablaba de otra clase de paz, no de la paz después de la victoria, sino de una misteriosa derrota. Hablaba de caridad fraterna, no de guerra; del Espíritu Santo, no de Judas Macabeo; de que el mundo iba a triunfar y ellos habían de entristecerse, de que se iba y no lo verían más; del Príncipe de este mundo, el que no tiene parte alguna en Él, pero al cual no dice que Él va a arrollar; al contrario. Cristo habla de cosas desconocidas, lejanas y espirituales. ¿Y el Reino de Israel?  Cristo no responde directamente a Judos Tadeo, no discute: hubieran podido argüirle con el Rey de sus parábolas, con el Sultán que hace el convite de bodas y excluye furiosamente a los remisos, el Sultán que hace pasar a cuchillo a los que se le sublevan… ¿Jesús mismo no se había proclamado heredero directo de David y mayor que Salomón?  Cristo responde indirectamente: repite los cuatro o cinco temas de este ColoquioTestamento, como un gran sinfonista: su vuelta al Padre, la venida del Espíritu de Dios, el momentáneo triunfo del mundo… añadiendo tres cosas raras, que son tres grandes puntos teológicos: la inhabitación de Dios en el hombre (“Si alguien me ama, guardará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos en él y haremos en él mansión”), la función del Espíritu Santo (“El Parácleto, que mandará el Padre en mi nombre, él os ensenará todo, y os subrecordará todas cuantas cosas yo os dije”) y por fin una palabra inesperada: “El Padre es mayor que yo.”  La venida en nosotros del Padre y el Hijo no es otra cosa que el Espíritu Santo: que es el lazo inseparable del Padre y su Verbo, el amor de Dios en Dios. No fue desconocida a los filósofos y místicos paganos una habitación de Dios en el hombre: “Est Deus in nobis, agitante calescimus illo”, dijo Ovidio, repitiendo un tema poético común, que está ya en Lucrecio (69) P. S. – “Efectivamente, el verso citado es de Ovidio, Fastorum, 1. VI, v. 5 El

                                                          

 ( NOTA 69) El hexámetro, atribuido en la primera edición de Lucrecio, que reza “Est Deus in nobis, agitante calescimus illo”, no está en el poema De Natura Rerum, única obra de Lucrecio – por lo menos en el texto crítico establecido por Alfred Ernout para Les Belles Lettres de París, año 1935, que acabamos de recorrer verso por verso–. La idea sí que está en Lucrecio, y por cierto que como una de las ruedas maestras de su pensamiento, principalmente en la invocación: “Aeneadum genetrix hominum divonque voluptas Alma Venus… “ (1. I, v.1), y en la mitad del Libro IV, v. 1058 seq.: “Haec venus est nobis “ Nosotros copiarnos la cita equivocada (el verso probablemente de Ovidio) de un exégeta llamado A. Durand, el cual probablemente la copió, según la santa costumbre de los eruditos, de otro exegeta, el cual la copió de otro, que era un vago que citaba de memoria no teniéndola buena. Así se han creado cosas pintorescas y aun portentosas en el mundo de las letras, como observa Belloc: “Inaccuracy is a God… A t least, sume God guides it… Inaccuracy is a very fruitfull and powerfull creator of things. It not only creates legends, it creates words There are hosts and crowds of words… through the inspiration of inaccuracy, which is blown into meo by this God of whom I speak…”, “On Inaccuracy” en el libro On, p.100, Methuen Ldon. cuarta

dístico completo reza así: “Est Deus in nobis agitante calescimus illo Impetus hic sacrae semina mentís habet” (Pbro. Dr. Lucas Tapia, profesor de Humanidades).  [En las ediciones anteriores, esta nota, y la que ahora lleva el número 98, estaban incluidas en un anexo titulado “Erratas”. Al final del mismo se leía la siguiente declaración del autor: “Se agradecerá al lector que avise cualquier error, errata, o lapsus de este libro al Autor, calle Caseros 796, Buenos Aires. Agradecimiento al Pbro. Enrique A. Villamil de Gualeguay, y también al Pbro. Abel Suquilvide, de Guanaco, al Dr. Rodolfo J. Charchaflié, a Bachicha Beccar Varela y otros que me han indicado varias erratas de la 1. edición (1 de mayo de 1958). N. del E. ].; y Séneca Estoico en su Epístola LXIII: “¿Te asombras de que un hombre vaya a los dioses? Pues un dios viene a los hombres, más aún “en” los hombres: ninguna sin un dios hay mente buena.” Mas el judío Filón habla continuamente del Dios que habita nuestra mente. Pero hablan de una cosa muy distinta de la de Cristo, de esta presencia invisible, personal y amorosa.

 Lucrecio habla de la naturaleza, y concretamente en este punto de la acción de Venus, la diosa del instinto amoroso; Ovidio habla de la inspiración poética, atribuida a la Musa Polimnia; Séneca de acuerdo a la teoría estoica entiende una especie de moción general y providencia vaga; y Filón llama “dios” a la razón del hombre bien informada y orientada hacia el bien. Cristo en cambio habla de la “gracia’, una realidad que nos injerta en Dios como un sarmiento en una cepa; de una vida humana vuelta divina de un modo humilde e imperceptible, como en la Encarnación. Y esta presencia no es una nueva revelación, ni una visión, ni un éxtasis metafísico pasajero, como en Plotino y los neoplatónicos; es algo que está humildemente, cuotidianamente, prosaicamente en todos los que están en gracia, por sencillos que sean: “Si alguien me ama”... (FIN NOTA 69)

 

 Eso es el Espíritu Santo en nosotros; no nos hace grandes filósofos. No hace nada nuevo: nos sub-giere, nos “recuerda desde abajo” –como dice el texto griego– simplemente todo lo que Cristo dijo. ¿Y para qué, entonces? ¿No basta decirlo Cristo? Y sin embargo nos enseña ¿oda, todo de nuevo. Porque una cosa es la voz exterior, otra la voz interior: otra y la misma. Hemos visto que la fe se compone como de dos elementos: primero los hechos históricos y la doctrina que nos viene de afuera; después –y al mismo tiempo– la iluminación y el consentimiento que nosotros hacemos colaborando con Dios: el consentimiento a la gracia. “¿Cómo creerán si no oyen? –dice San Pablo– ¿Y cómo oirán sin predicante? La fe viene del oído”… De hecho vemos que la predicación en algunos no hace ningún efecto; porque un hombre puede llevar un caballo al río, pero ni diez hombres pueden hacerlo beber si no quiere. O mejor dicho, no es que no haga ningún efecto, es que hace efectos contrarios a la fe, efectos de resistencia en muchos, Bajo la actual indiferencia religiosa, un furor sordo o una nostalgia sorda encueva. Ella será invisible en las masas, pero se abre lugar y sale a luz en la literatura contemporánea, por ejemplo, sobre todo en el sector que hemos llamado literatura de pesadilla70, La desesperación actual no es la desesperación pagana del viejo Catulo o del viejo Lucrecio: es más aguda y está orientada. Una sorda nostalgia de la fe palpita en Kafka o en Simona Weil; un furor contra la fe en Joyce o en Andreief; y toda clase de ídolos muertos o supersticiones incluso pueriles en las masas descristianadas. Lo que va a salir de esto, yo no lo sé. “El que no me ama, no guarda mis palabras.” No tendrá paz, tendrá una paz falsa, “como la da el mundo. Yo os dejo la paz, os doy mi paz, no como la da el mundo”.  “El Padre es mayor que yo”. Ésta es la palabra de que se prevalieron los arrianos para                                                                                                                                                                                 negar la divinidad de Cristo: herejía de los primeros siglos, que duró cinco siglos, cundió en el Ejército Romano y entre los reyes bárbaros (Leovigildo, Recaredo) y amenazó ahogar la Iglesia; pero hay arrianos sutiles o burdos aún hoy: muchos de los protestantes y modernistas –si no todos– son arrianos, o nestorianos o socinianos hoy día. “Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre; porque el Padre es mayor que yo.” ¡Vaya una razón!  Cristo no se va a contradecir cada diez minutos: estaba repitiéndoles con insistencia que Él y el Padre eran uno, que lo que Él les decía lo decía el Padre, que el que lo veía a Él veía también al Padre, y que el Espíritu Santo era el Espíritu de Él y del Padre. Esta palabra divergente: “Mi Padre es mayor que yo” tendrá pues explicación… Tiene tres explicaciones.  Dicen algunos Santos Padres (Atanasio, Gregorio Nacianzeno) y Tertuliano que Cristo se dice menor que el Padre porque procede del Padre en la eterna generación divina. Eso era llamarse menor en un sentido enteramente impropio y aun equívoco; que por lo demás nada tiene que ver con el discurso actual y disuena de él. ¡Valiente consuelo para los Apóstoles! ¡Ininteligible! Por lo demás, tampoco sabían ellos todavía la Trinidad claramente.  Segunda, decir que Cristo entonces “habló como hombre y no como Dios”, evasiva con que se descartan algunos comentaristas baratos, es justamente lo que diría un arriano; y es absurdo en este caso. Jamás habló Jesús como puro hombre; ni podía tampoco, sin fingir o mentir.  La exégesis de San Cirilo de Jerusalén es la buena: Cristo habla como Dioshombre, y como hombre que está en esa situación particular: frente a su Pasión y Muerte, presto a ser hecho no sólo varón de dolores sino “gusano y no hombre”: cosas que al Padre no podían alcanzar; mas cuando volviera al Padre, sería igual al Padre aun en ese aspecto de la gloria ya inconmutable. Volvería a reasumir su divinidad que nunca dejó, oculta ahora a los ojos de la carne, y como vaciada según la palabra de San Pablo: “exinanivit semetipsum”, se aniquiló a sí mismo, tomando figura de siervo. Mas lo que tenían los Apóstoles delante de los ojos era esa figura de siervo; y de acuerdo a eso había que hablarles.  Entonces sí la frase es un consuelo y encaja perfectamente en el contexto. Los Apóstoles podían alegrarse por amor a Cristo de saber que iba a superar su dura tortura y derrota, asimilándose después al Padre incluso con su misma naturaleza humana: “Porque mi Padre está ahora mejor que yo, aunque seamos iguales…” quiso decir Cristo.  ¿Así que Dios mora en nosotros? No me parece los días de viento Zonda. No se ve mucho Dios en Sisebuta. No se ve la gracia los días de elecciones. “Creo en la gracia porque no la veo”, dijo César Pico; lo cual es exacto; se cree lo que no se ve; pero si de ninguna manera la viéramos, no podríamos creer en ella. La vemos a veces en sus efectos, por lo menos en sus efectos totales. Los Apóstoles vieron venir al Espíritu en forma de viento impetuoso y lenguas de fuego. Después del día de Pentecostés los Apóstoles cambian, parecen otros hombres: “Iban gozosos delante del Sinedrio a padecer por el nombre de Cristo contumelia” los que no querían creer ni a la Magdalena ni a la Santas Mujeres ni a Pedro, los que no acababan de creer ni el día de la Ascensión, los que huyeron despavoridos del Sinedrio cuarenta días antes. Pedro negó a Cristo y después fue mártir. Pablo persiguió a los cristianos y después convirtió a la gentilidad. Una fuerza sobrehumana propaga y sostiene la Iglesia.  En la vida de cualquier cristiano no hay milagros; pero puede ser que mirada en su conjunto no deje de ser algo milagrosa. Vivió cristianamente, tropezó, cayó, se levantó, creyó, esperó, acabó y se fue; no dejó nada en la Historia; pero… hizo lo que otros declaran imposible, perseveró en lo que otros tienen por locura, duró derecho a través de las vicisitudes de la vida, no perdió la línea y temblaba el suelo, fue una cosa igual a sí misma cuando en cada hombre hay tantos hombres diversos, y en el mundo tantos contrastes e incoherencias. Parecía que había una voz escondida en su fragilidad infinita, un silbo, un compás, un Apoyo y un Co-estante; que eso significa en griego Parácleto: el que está junto:

el Apoyo, el Co-estante.  Cosa curiosa: cuando creó a la mujer, Dios dijo que hacía una “ayuda” para el hombre; y la palabra con que se designa aquí al Espíritu de Dios es “ayuda”; “Parácleto” puntal, soporte, refuerzo. (Hasta acá el Padre Castellani) (3)

 

Sobre el Espíritu Santo, su inhabitación en el alma, sus dones, su acción, recomendamos la obra del Padre Royo Marin en la nota (4). Ya hablamos algo de eso en el Domingo anterior. Ahora tocaremos algunos lugares del Evangelio que nos parecen importantes en el contexto actual:

 

 

PENTECOSTÉS TRANSFORMA AL HOMBRE

PENTECOSTÉS Y BABEL

 

Veamos la diferencia en los Apóstoles y discípulos, cobardes y dubitantes, vacilantes antes de Pentecostés, y llenos de inspiración divina, sabios, elocuentes, orgullosos de enfrentar los poderes del mundo y la falsa religión, sufriendo alegres e íntegros, incluso en el martirio, por Cristo. Después de Pentecostés, son Hombres Nuevos, levantados con fuerza Sobrenatural.

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En la Torre de Babel, el hombre quiso llegar al cielo sin Dios, y sus lenguas fueron confundidas. Caos. Esto pasa en este pecado de pura cepa luciferino. El hombre confía en sí mismo y da la espalda a Dios. La Perdición lo espera.

Pentecostés es la contracara: Los humildes que se entregan a Dios son hechos en comunión una sola alma con Dios y a pesar de ser de distintas lenguas y culturas, todos se entienden. El hombre en el Centro: División y Perdición. Dios en el Centro comunión y salvación.

Esto nos dice que solo la aceptación de la Verdad de Cristo trae la unión verdadera del hombre, en la Fe, la Esperanza y el Amor.

El Espíritu Santo es el mismo que hizo resucitar a Cristo: entonces tenemos una infinita fuerza sobrenatural, la de Dios, a nuestra disposición para resucitar de una vida perdida, pecaminosa, errónea, mendaz. Vemos claramente que la conciencia de esto se ha perdido hoy en la iglesia concilio-neoparadigmática de Francisco, donde en sus documentos se insinúa que la Ley de Dios es demasiado difícil para cumplirla y que Dios se conforma con una vida signada por ciertos pecados graves…Dios la bendice igual…

 

 

EL ESPÍRITU SANTO, SUS DONES Y CARISMAS

 

Como dijimos antes, para este tema puntual remitimos a San Pablo en Corintios y a la Obra de Royo Marín de la nota (4). Esto no obsta para buscar material abundante y muy bueno en la Tradición y el Magisterio de la Iglesia bimilenario.

 

 

EL ESPÍRITU SANTO NOS HACE HIJOS DE DIOS

 

Hablando con propiedad y rigor teológico, no nacemos hijos de Dios, sino hijos de Adán, perdidos y bajo el poder de Satanás. El Bautismo nos hace hijos de Dios dándonos el Espíritu Santo y librándonos del poder del Demonio, aunque permanezca en nosotros el Fomes Peccati, la inclinación al mal. El Espíritu es el que nos hace clamar a Dios, Abba Padre! Con parresía…

El Espíritu Santo no es una posesión que quede en nosotros para siempre automáticamente; se puede perder con la apostasía. Ya lo dice San Pablo a los cristianos de Roma: entre ellos hay quienes no tienen el Espíritu Santo (Ro 8)

El Espíritu Santo entonces solo actúa en los bautizados en Gracia. Puede extraordinariamente actuar en gente no bautizada cuya ignorancia es invencible y no tienen manera de acceder a Sacramentos por vivir en regiones remotas, por ejemplo.

 

 

MARÍA Y EL ESPÍRITU SANTO

 

La Santísima Virgen María cuenta el privilegio de tener una relación privilegiada con el Espíritu Santo; así como es Madre del Hijo y criatura predilecta del Padre. Pero también, paradogicamente, hija del Hijo en cuanto Dios y discípula suya. Los Padres y varios Santos la han llamado la Esposa del Espíritu Santo. Ella desde niña en su Inmaculada Concepción, ya recibió al Espíritu y fue preservada por Él en función de los méritos de Cristo Redentor; en su Consagración en el Templo de Israel volvió a recibir otra efusión; en la Anunciación, otra superior en la que engendró al Hijo de Dios. Y en Pentecostés una mas si cupiera. Ella en el Cenáculo, con su oración, probablemente fue quien logró la mejor disposición de los Apóstoles y Discìpulos para recibirlo. Por esto, no hay mejor manera que prepararse para la recepción del Espíritu Santo invocando la preparación a la Santísima Virgen, Esposa del Espíritu Santo.

 

 

 

EL QUE ME AMA GUARDARÁ MI PALABRA: Amor y fidelidad a la Palabra: el Indicador de la Presencia del Espíritu Santo.

 

Como siempre decimos, el II Concilio Vaticano fue un hito en la historia de la Iglesia; un punto de inflexión donde el Magisterio abdica de la potestad correctiva, de la fidelidad a la Revelación  e incluso de la precisión teológica de siempre. Fidelidad…Fidelidad a la Palabra…Fidelidad a la Verdad es algo que se perdió en el II Concilio . La creatividad tomó su lugar. El antropocentrismo y la entrada del humanismo liberal en la Iglesia hicieron que una característica humana reemplazara a la Fidelidad a la Verdad Divina Revelada. Es lógico. El dios panteísta evolutivo modernista pide una fidelidad al progreso del mundo; al hombre mismo y su evolución; algo absolutamente herético y que no tiene nada que ver con el Dios inmutable cristiano. El Metamagisterio Espíritu del Concilio exaltó la Creatividad como una virtud suprema, aboliendo de facto la Fidelidad, que es lo que importa. A la Fidelidad a la Revelación se la estigmatizó como Inmovilismo…Bueno, el derrotero de la Iglesia después del Concilio nos prueba las consecuencias trágicas de tan inverosímil falacia.

El Señor es claro: quiere Fidelidad a su Palabra. La creatividad conciliar NO EXISTE en el Evangelio, ni en la Tradición ni en el Magisterio de la Iglesia. Cuando el hombre se propone ser totalmente fiel a la inspiración del Espíritu y sus mociones, este mismo genera una creatividad pero ya en el Espíritu, que es posterior a la comunión con Él. Si se pretende empezar por la creatividad humana sin antes entregarse fielmente al Espíritu negándose a sí mismo, lo que se obtiene son los frutos conciliares de un activismo del hombre caído: disparate, error, herejía, anomia, confusión, mentira, oscuridad…pecado..

 

Nada inocente existe en el hombre sin ti….dice la Secuencia de hoy.

 

Veamos el Evangelio de la Víspera: Jn 14

 

15 «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; 16. y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, 17. el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros. 18. No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros. 19. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros si me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis. 20. Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros. 21. El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.»»

 

Y el de hoy, Pentecostés:

 

El que me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos morada en Él. El que no me ama, no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora, que estoy a vuestro lado.; pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando  todo lo que yo os he dicho.

 

Queda absolutamente claro que el Señor quiere fidelidad a su Palabra y su Ley: no le interesa ninguna creatividad. Así lo supo y lo sabe la Iglesia del Señor; no lo sabe el período conciliar, el neocatolicismo liberal modernista. El Espíritu Santo suscita en el hombre que ya es fiel, un don o carisma de creatividad, podríamos decir, que nada tiene que ver con la pura creatividad pelagiana sin fidelidad, del período conciliar. Si bien en ciertos escritos, los Papas conciliares subrayan lo necesario de la fidelidad al Depósito de Cristo; en otros exaltan la creatividad necesaria para que el Anuncio sea entendido por los hombres de hoy; es decir manifestado con un lenguaje y una conceptualización moderna….Hoy vemos los resultados de este ….experimento..

Fidelidad entonces es la clave. Respeto religioso y santo a la Palabra; algo que se ha perdido completamente. Eso es lo único que puede recomponer la Iglesia: la vuelta, no al pasado, como lo entendería un estulto progremodernista, levantando un muñeco de paja, sino la vuelta a las Fuentes Eternas…

 

El que me declare delante de los hombres, Yo a él lo declararé ante el Padre; pero el que se avergüence de mí ante los hombres, Yo me avergonzaré de él ante el Padre….

 

Que este avergonzarse de Cristo? Sino el adaptar su Palabra para que no choque al mundo?

 

El II Concilio Vaticano es el período en que la Iglesia se avergüenza de su Esposo, por su antigüedad, su rusticidad, su mitologismo..su distancia del adorado y admirado Mundo Moderno….y abdica del establecimiento del Reino Social de Cristo, adoptando el laicismo liberal masónico, y poniendo la Iglesia bajo la bota del Leviathán….aceptando formar parte de la Ciudad del Hombre, de la Torre de Babel…

 

 

 

 

LA PAZ DE CRISTO NO ES LA QUE DA EL MUNDO

 

La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo.

 

Otro tema que ya hemos tratado es el de la Paz. La Paz de Cristo no es la paz como la concibe el mundo: no es una mera ausencia de conflicto violento; sino el reposo, la quietud en el Amor verdadero, la Justicia y la Verdad.

 

Por eso la búsqueda de la paz por medio de simples contubernios humanos, sin conversión a la Verdad, no es la Paz de Cristo. Digámoslo de una: El Ecumenismo irenista, que pretende acordar con herejes y cismáticos, coqueteando mediante claudicaciones a la verdad católica, no es Paz, ni amor, ni Verdad: es miserable apostasía con ropaje de misericordia y comunión.

No hay otro Ecumenismo que traer a la única Fe Católica a herejes y cismáticos.

Nunca habrá paz abdicando de la Verdad; abdicando de Cristo. Cristo nunca mandó claudicar de la Verdad para hacer amigos a los enemigos, ni a los alejados de la fe.

 

Por otro lado, la división que produce la prédica de la Verdad, es algo ya profetizado por Cristo:

 

No he venido a traer paz, sino espada…se separarán hermanos de hermanos…etc…

 

Cristo vino a ser Signo de Contradicción. El Ecumenismo conciliar, hoy agravado,  no quiere otra cosa, que evitar esta Contradicción, porque ya no hay nada que justifique un espíritu de Sacrificio por un Cristo y una Verdad en la que ya no se cree…Solo se cree en la realidad de la inmanencia de este mundo, con el cual hay que estar bien cueste lo que cueste; y la abdicación de aquel Cristo antiguo preconciliar en el que no se cree, no cuesta nada, ya que no existe…Solo existe el acá y ahora: el Leviatán, con el cual hay que coquetear para formar parte de su Reino. Cristo ahora es la evolución del Mundo: Cristo y el Leviatán de Hobbes son una misma cosa, nos atrevemos a decir, aunque produzca escándalo…

 

La Paz solo es para aquellos que aceptan la Verdad de Cristo que predica la Iglesia (hasta 1962); no hay paz para el impío

 

. Quietud en el Mal, no es paz, es cobardía, complicidad.

 

El cristiano, aunque acosado por el Leviatán, perseguido, martirizado, tendrá paz y seguridad en el fondo del corazón. Estár en comunión con Cristo es la Paz, aunque se tenga todo el mundo en contra.

 

Buscar la paz del mundo está muy bien. Siempre que esa paz buscada sea el fruto de la aceptación del mundo de la Verdad de Cristo y la misión de la Iglesia. Una paz sin Cristo, o aún contra Cristo, es la Paz del Anticristo, como ya lo profetizaron algunos Santos Padres.

Además, que el «Lograr la Paz del mundo» no es la Misión dada a la Iglesia por Cristo; sino

Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado.

La Paz mundial es condicional a la aceptación por parte del mundo de la Verdad predicada por la Iglesia. Es fruto de la Conversión del mundo a la Verdad de Cristo.

 

 

NO SE ACOBARDE VUESTRO CORAZÓN!

 

Valiente no es aquel que no siente el miedo; sino el que actúa como si no lo sintiera; el que se sobrepone al miedo.

En el Evangelio queda claro la repugnancia de Cristo a la cobardía. Sus palabras son fuertes hacia los pobres discípulos en la barca que estaba a punto de naufragar: Cobardes! Así traduce Castellani y otros del griego.

En el Apocalipsis hay una inédita condena muy severa contra la cobardía, enumerada entre los pecados que pierden al hombre. Interpreta Castellani y algunos Santos Padres, que los últimos tiempos serán tiempos de bautizados cobardes. Eso es innegable que ya lo estamos viviendo…

Sentir miedo no es pecado; el pecado es dejar modificar nuestra fidelidad a Dios por el miedo. Que es lo que nos puede pasar? Morir? Moriremos de todas maneras. No se puede vivir sánamente con miedo; es una vida enferma. Hay que hacer lo que hay que hacer y decir lo que hay que decir, pase lo que pase y se enoje quien se enoje. Mas vale quedar segregado de este mundo mentiroso o incluso de esta iglesia tan afeminada, cobarde e infiel actual; ser martirizado, que enfrentar el juicio del Señor y escuchar de Él que nos hemos avergonzado de Él….

Sabemos que la Iglesia es Santa en cuanto institución divina, pero sus miembros pueden y de hecho lo son, desastrosos. Las amenazas, castigos, reprensiones, y también reconocimientos y alabanzas de Cristo a los distintos períodos de la Iglesia, a sus distintos espíritus, están claros en Apocalipsis 3: no reprende ni al mundo ni a Satán allí; sino a la Iglesia: por infidelidad y cobardía; por adaptación al mundo….algo tan caro esto último al Espíritu conciliar…

 

Reiteremos, a riesgo de parecer obsesivos (Cristo también es reiterativo en temas importantes y poco le importa la corrección retórica):

 

El que me declare delante de los hombres, Yo a él lo declararé ante el Padre; pero el que se avergüence de mí ante los hombres, Yo me avergonzaré de él ante el Padre….

 

 

EL PRÍNCIPE DE ESTE MUNDO

 

En el Evangelio de hoy tenemos nuevamente este ominoso personaje. Ya hablamos suficientemente del tema del Diablo en Domingos anteriores e incluso del Ciclo litúrgico del año pasado.

Baste decir que hasta los Papas conciliares saben su existencia. El progremodernismo, como era de esperar, la niega y sume al Diablo en una nebulosa de símbolos mitolóticos y sicológicos, como la personalización mitológica de los impulsos negativos, destructivos, violentos del corazón humano y la sociedad.

En Domingos anteriores consignamos sobre este tema un parágrafo titulado: EL DIABLO GOZA DE BUENA SALUD

 

Recordemos simplemente a Pablo VI en un momento de rara inspiración:

 

El humo de Satanás ha entrado por algún resquicio al Templo de Dios…

 

Esto en el contexto de un estupendo discurso sobre el Príncipe de las Tinieblas.

 

Recordemos también al poeta maldito Charles Baudelaire, que a veces tenía también una rara clarividencia sobre temas teológicos y se dio cuenta de que:

 

La astucia mayor del Diablo, es hacer creer que no existe…

 

Remito para ampliación de este tema en el contexto de comentarios a la Palabra a los Domingos anteriores donde en el Evangelio se tratara del Diablo (https://adoracionyliberacion.com/category/la-palabra-de-dios-del-domingo/)

 

 

ALGUNAS CITAS SABROSAS DE LOS SANTOS PADRES SOBRE EL EVANGELIO DE HOY

 

San Agustín In Ioannem tract., 76.

El amor aparta del mundo a los santos. Es el único que hace a los concordes habitar en la mansión en que el Padre y el Hijo moran. Ellos dan este amor, a los que concederán por fin su contemplación. Hay cierta manifestación interior de Dios, que los impíos desconocen por completo, porque para éstos no hay manifestación alguna de Dios Padre y Espíritu Santo. La del Hijo pudo existir, pero en carne, que no es tampoco como aquélla, ni pudo ser por mucho tiempo, sino por breve, y esto no para alegría, sino para condenación; no para premio, sino para castigo. Después continúa: «Y vendremos a él». En efecto, vienen a nosotros, si vamos nosotros a ellos; vienen con su auxilio, nosotros con la obediencia; vienen iluminándonos, nosotros contemplándolos; vienen llenándonos de gracias, nosotros recibiéndolas, para que su visión no sea para nosotros algo exterior, sino interno, y el tiempo de su morada en nosotros no transitorio sino eterno. Por eso continúa: «Y habitaremos en él».

 

Crisóstomo In Ioannem hom., 74.

Los prepara para que pueda hacérseles más llevadera su ausencia corporal, prometiéndoles que ésta será origen y fuente de grandes bienes para ellos. Porque mientras El no se ausentase y no viniese el Espíritu Santo, nada grande podían saber. Sigue por ende: «El Espíritu Santo Paráclito que el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todas las cosas e inspirará lo que yo os dijere».

 

Crisóstomo ut supra.

La paz exterior sirve muchas veces para el mal, y no aprovecha de nada a los que la tienen.

San Agustín De verb. Dom. serm., 59.

Porque es la paz serenidad en el entendimiento, tranquilidad de ánimo, sencillez de corazón, vínculo de amor y consorcio de caridad, sin que pueda llegar a la heredad del Señor quien no quisiere observar el testamento de la paz, ni puede estar conforme con Cristo el que no lo esté con el cristiano.

 

 

Sabemos que el Espíritu Santo es la Persona de la Santísima Trinidad menos conocida, realmente conocida. A veces, en ciertos grupos sectarios, interiores a la Iglesia, se tiene un conocimiento folklórico, pintoresco, de la Tercera Persona.

Remitimos para ampliar sobre el Espíritu Santo, la laureada obra del Padre Royo Marín: El Gran Desconocido. (4) Acá está en pdf

 

 

NOTAS:

 

  1. http://rinconliturgico.blogspot.com/2011/06/domingo-de-pentecostes.html
  2. http://www.fsspx-sudamerica.org/sites/sspx/files/35.pentecostes.pdf
  3. https://radiocristiandad.files.wordpress.com/2017/12/re-a124-el-evangelio-de-jesucristo-pe-castellani.pdf
  4. http://www.traditio-op.org/biblioteca/Royo-marin/El_Gran_Desconocido_El_Espiriritu_Santo_y_Sus_Dones.pdf

 

 

 

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Categorías:LA PALABRA DE DIOS DEL DOMINGO

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4 respuestas

  1. La posesión del Espíritu Santo lleva justamente a lo contrario del humanismo liberal prometeico-masónico conciliar. lleva a poner a dios en el centro y al hombre debajo como criatura herida necesitada de misericordia y salvación.

  2. El Espíritu Santo, Espíritu de la Verdad, suscita el amor a la Verdad. Algo olvidado hoy. Muy pertinente.

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