FIRMA INVITADA: La apostasía y el obstáculo

 



 

 

 

 

 

Jorge Alberto Vásquez González

N.d.R: El autor nació en Medellín en 1980. Es ingeniero civil de la Universidad EAFIT y filólogo hispanista de la Universidad de Antioquia. Ha publicado artículos académicos de lingüística, literatura y filosofía en diversas revistas especializadas.

 

 

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Analizaremos en especial un texto de San Pablo para intentar mostrar con brevedad una relación entre la apostasía y el obstáculo. El término apostasía se resalta en esta epístola a los tesalonicenses, donde aconseja el Apóstol no inquietarnos por el día y la hora de la Parusía:

 

En cuanto a la venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestro encuentro con él, os rogamos, hermanos, que no se inquiete fácilmente vuestro ánimo ni os alarméis: ni por revelaciones, ni por rumores, ni por alguna carta que se nos atribuya, como si fuera inminente el día del Señor. Que de ningún modo os engañe nadie, porque primero tiene que venir la apostasía y manifestarse el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición, que se opone y se alza sobre todo lo que lleva el nombre de Dios o es adorado, hasta el punto de sentarse él mismo en el templo de Dios, mostrándose como si fuera Dios (2 Tes 2, 1-4).

 

Aquí se puede inferir una secuencia cronológica: antes de la Parusía, debe primero no solo «venir la apostasía», sino «manifestarse el hombre de la iniquidad». Este hombre es comúnmente entendido como el Anticristo. Precisamente, la apostasía y el Anticristo serán coexistentes.

Puesto que la apostasía concierne a la pérdida de la fe católica, su ámbito será la Iglesia fundada por Jesucristo, cuyo centro es Roma, donde se encuentra la Sede de Pedro. Concretamente, concierne a los bautizados que desertan de la vida de la gracia, sean laicos o clérigos, y se van alejando de la práctica religiosa, a no ser que se arrepientan y regresen. Pues la fe católica implica ejercitar con perseverancia las buenas obras y recibir con disposición los sacramentos de la Iglesia.

Pero se puede suponer que no se habla simplemente de la apostasía de unos cuantos bautizados, pasajera y superable, sino de un suceso de gran relevancia e impacto histórico, que compromete la estabilidad de la Iglesia. Parece que la apostasía cundirá incluso hasta la cabeza de la Iglesia, a juzgar por un importante personaje sobre el que habla el Apocalipsis: el Pseudoprofeta (Ap 13, 11 ss.).

Aun así, es preciso distinguir que un hereje no es necesariamente apóstata. De hecho, un hereje, si no es contumaz y declarado, puede todavía conservar la fe católica y ser corregido fraternalmente, mientras que un apóstata es peor, aunque mantenga la apariencia de ser piadoso, como aquellos hipócritas fariseos y escribas a los que Jesucristo reprendía por ser falsos pastores: adulteraban la Revelación con doctrinas humanas y se aprovechaban de la religión para vanagloriarse.

Del texto de San Pablo pudiera deducirse que la apostasía, desde el más grande hasta el más pequeño entre los bautizados, se refiere a un abandono masivo de la fe católica en cierto momento de la historia: cuando se manifieste el Anticristo. Esta apostasía inicial no sería por culpa del Anticristo, aunque sea él quien, de manera seductora o impositiva, induzca a la apostasía final al requerir el culto de la propia personalidad (cf. Ap 13, 8). Semejante lectura es capaz de complementarse con el pasaje del Apocalipsis sobre el Pseudoprofeta: conforme a cierta extendida interpretación, será él un Papa en Roma y además promoverá la adoración del Anticristo en el ámbito político (cf. Ap 13, 12). Si al Pseudoprofeta se le aplica el calificativo de apóstata, regirá como un nuevo Caifás. A pesar de todo, era Caifás el Sumo Pontífice en Jerusalén durante el deicidio.

Siguiendo el mismo texto de San Pablo, la apostasía, seguramente propiciada por las fuerzas anticristianas contra la Iglesia a través de los siglos —pensemos, por ejemplo, en la Revolución francesa, la masonería eclesiástica, la multiplicación de las herejías y la negligencia de los sacerdotes—, es no solo anterior a la manifestación del Anticristo, sino coexistente con él. Pero el Pseudoprofeta, al ser el colmo de la apostasía, por decirlo así, es quien probablemente la agudizará. Al no fungir como un buen pastor que lleve a las ovejas al redil de Jesucristo, será el precursor del Anticristo y coexistirá con él. Se trata particularmente de un hombre prodigioso, no por la acción de Dios, sino por la acción de Satanás (cf. Ap 13, 13; 19, 20):

 

Aquél, por la acción de Satanás, vendrá con todo poder, y con falsas señales y prodigios, y con todo género de engaños malvados, dirigidos a los que se pierden, puesto que no aceptaron el amor de la verdad para salvarse. Por eso Dios les envía un poder seductor, para que ellos crean en la mentira, de modo que sean condenados todos los que no creyeron en la verdad, sino que pusieron su complacencia en la injusticia (2 Tes 2, 9-12).

 

Será, sin duda, un falso pastor, que conducirá, en detrimento del valor de la Redención, al amor del mundo anticristiano, consistente en gozar de los bienes efímeros de la vida terrena, olvidando el bien supremo de la salvación eterna del alma.

Otra cuestión es hasta qué punto puede ser verosímil esta profecía de un hombre prodigioso, comparable con un sacerdote pagano o un mago satánico (cf. Hch 13, 6-12). Ya nos advertía Jesucristo sobre los falsos profetas prodigiosos y engañadores (cf. Mt 7, 15; 24, 24). Si el Pseudoprofeta, literalmente, hiciera bajar fuego del cielo a la tierra de forma acaso mediática (cf. Ap 13, 13), así como el profeta Elías, con la ayuda de Dios, hizo bajar fuego del cielo a la tierra frente a los pérfidos sacerdotes de Baal, algunos estarían prevenidos porque el Apocalipsis lo había ya señalado.Uno puede imaginar que será tanta la apostasía de entonces que muchos bautizados y no bautizados —acaso la mayoría de la humanidad— no sabrán o no querrán enterarse del contenido del Apocalipsis. En cuanto a los clérigos que obedezcan al Pseudoprofeta sin el debido discernimiento, siendo como él unos falsos profetas, habrán tergiversado este libro, sea por una deficiente formación teológica, sea por malicia, o lo habrán ignorado.

Algo similar ocurrió con Jesucristo: muchos, a pesar de sus verdaderos milagros y de las profecías veterotestamentarias sobre Él, no supieron reconocerle como el Mesías, hasta que algunos decidieron su Crucifixión. «Por eso Dios les envía un poder seductor, para que ellos crean en la mentira, de modo que sean condenados todos los que no creyeron en la verdad, sino que pusieron su complacencia en la injusticia».

Son palabras terribles. Por lo demás, hoy apenas, en medio de un ambiente modernista y escéptico, se predica sobre la Parusía, que es un dogma de fe. Quizá por esto, para no ser engañados, leemos: «Mira, vendré enseguida. Bienaventurado el que guarde las palabras de la profecía de este libro» (Ap 22, 7).

 

  1. Sin embargo, San Pablo puntualiza que el obstáculo es aquello que impide o dificulta la manifestación del Anticristo. El término obstáculo se corresponde con algo (tὸ katέcon) o con alguien (ό katέcwn). «Pero ahora ya sabéis qué es lo que impide su manifestación, que sucederá en su momento. Porque ya está actuando el misterio de la iniquidad, sólo falta que sea apartado el que hasta ahora lo retiene» (2 Tes 2, 6-7). El obstáculo se refiere, pues, a aquello que retiene dicha manifestación. A todas luces, su apartamiento presupone una intriga, un complot, una conspiración del mal. Se nota que se habla de apartar, que puede ser lo mismo que quitar, remover, retirar.

Obviamente, el obstáculo es coexistente con la apostasía inicial, cuando el número de los anticristos, incluidos los soberanos de las naciones, haya crecido como una marejada furiosa contra la Barca de Pedro. Aquí también se puede inferir otra secuencia cronológica: la manifestación del Anticristo será posterior al apartamiento del obstáculo, no coexistente con él. En otras palabras, una vez quitado enteramente el obstáculo, «sucederá en su momento» dicha manifestación, aunque no de inmediato. Acaso transcurran días, meses o años, pero sucederá seguramente durante el gobierno del Pseudoprofeta, quien será contemporáneo con el Anticristo, por lo que se ve muy improbable, atendiendo al límite de la edad humana, que dicha manifestación tarde más de medio siglo.

Aparentemente, el apartamiento del obstáculo no es instantáneo ni accidental, sino gradual hasta ser definitivo: presupone un deterioro paulatino, un debilitamiento o una claudicación a causa de las fuerzas anticristianas contra la Iglesia. Es, pues, concomitante con la apostasía inicial. No es de extrañar que desde mucho antes del Concilio Vaticano II, con el liberalismo y el modernismo, junto con la infiltración de la masonería y el comunismo, además de las guerras mundiales y de la amenaza de otra conflagración más lamentable, se haya pretendido desviar el rumbo de la Barca de Pedro, no a contracorriente del mundo, sino a sus vaivenes, para que haya, en fin, paz y seguridad.

Desde luego, no es la paz y seguridad de Jesucristo, quien vino a traer la espada contra los pecados. Mejor dicho, desde el tiempo de San Pablo «ya está actuando el misterio de la iniquidad». Ciertos escritos, como El Anticristo de Alberto Ezcurra, constatan cuáles han sido los principales enemigos de la Iglesia.

Quizá convenga este pasaje del Apóstol, referente a un signo preliminar de la Parusía, como también a la ruina de los anticristos: «Así pues, cuando clamen: “Paz y seguridad”, entonces, de repente, se precipitará sobre ellos la ruina —como los dolores de parto de la que está encinta—, sin que puedan escapar» (1 Tes 5, 3). Según distintos textos bíblicos, la Parusía comporta un castigo sobre los impíos (cf. Ap 19, 20-21; 2 Pe 3, 13).

San Juan, por otra parte, recuerda que el misterio de la iniquidad no solo se trama desde afuera, sino sobre todo en el interior de la Iglesia:

 

Hijitos, es la última hora. Habéis oído que tiene que venir el Anticristo: pues bien, ya han aparecido muchos anticristos. Por eso sabemos que es la última hora. Salieron de entre nosotros, pero no eran de los nuestros. Porque si hubieran sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que ninguno de ellos es de los nuestros. En cuanto a vosotros, tenéis la unción del Santo; y todos estáis instruidos (1 Jn 2, 18-19).

 

¿Y quién es el Anticristo? San Juan lo explica: «¿Quién es el mentiroso sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ése es el Anticristo, el que niega al Padre y al Hijo» (1 Jn 2, 22). El que niega que Jesús de Nazaret, nacido de la Virgen María, es el Mesías, enviado por Dios Padre para ser el Redentor. El que así piense no permanece en la Iglesia, así como el sarmiento sin fruto de la vid, que finalmente se seca y se quema:

 

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí es arrojado fuera, como los sarmientos, y se seca; luego los recogen, los arrojan al fuego y arden (Jn 15, 5-6).

 

«Están fuera de la verdadera Iglesia los infieles, los judíos, los herejes, los apóstatas, los cismáticos y los excomulgados» (Catecismo de San Pío X, § 226). El apóstata es un anticristo, así como el infiel y el judío. Judas Iscariote era de los Doce y llegó a ser un anticristo. Como él diría San Juan sobre otros bautizados: «Salieron de entre nosotros, pero no eran de los nuestros».

Queda pendiente la incógnita de a qué se puede identificar exactamente el obstáculo. Ya vimos que el apartamiento definitivo del obstáculo pasará en el contexto de la apostasía inicial y no es posible sin el trasfondo oculto del poder maligno del misterio de la iniquidad. Una vez apartado enteramente el obstáculo, todavía seguirá existiendo la apostasía, que se acentuará cuando reinen el Pseudoprofeta y el Anticristo. Ambos, respectivamente, son la bestia de la Tierra y la bestia del Mar (cf. Ap 13).

¿Puede el obstáculo significar la fe católica? Es sabido que la fe católica perdurará hasta el fin del mundo, incluso con los sacramentos, aunque sea en un resto fiel: «yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20); «las puertas del infierno no prevalecerán» contra la Iglesia (Mt 16, 18). La fe católica puede ir disminuyendo, mientras la apostasía puede ir aumentando. Además, no existe solo la fe católica: hay muchos cristianos que, a pesar de ser cismáticos o herejes, esperan la Parusía.

Ciertamente, el apartamiento del obstáculo es total, no parcial. Si el obstáculo fuera la fe católica, su apartamiento significaría la apostasía. Entonces habría un momento histórico en que ninguna alma humana conservará la fe católica, lo que contradice la promesa de Jesucristo. No se ve, pues, razonable identificar el obstáculo con la fe católica. Esta puede, a lo sumo, ser proscrita, mas no desaparecida. La semántica del verbo apartar, equivalente a quitar, remover, retirar, no favorece que se entienda una pérdida o desaparición de la fe católica.

¿Puede el obstáculo, por lo demás, significar especialmente la Eucaristía? Se diría, con arreglo a la profecía de Daniel, que el Sacrificio Perpetuo será suprimido. Pero apartar no significa suprimir o abolir, tampoco prohibir. No es verosímil que el Anticristo se manifieste después de haberse quitado la Eucaristía sobre toda la tierra. En todo caso, él se manifestará después de haberse apartado definitivamente el obstáculo, en el tiempo de la apostasía y del reinado del Pseudoprofeta: será quien, a mi juicio, ordenará la supresión o al menos prohibición del Sacrificio Perpetuo, pues «se opone y se alza sobre todo lo que lleva el nombre de Dios o es adorado, hasta el punto de sentarse él mismo en el templo de Dios, mostrándose como si fuera Dios». «Y abrió su boca con blasfemias contra Dios, para injuriar su nombre, su tabernáculo y a los que moran en el cielo» (Ap 13, 6); «pronunciará palabras contra el Altísimo, someterá a prueba a los santos del Altísimo y pretenderá cambiar los tiempos y la Ley» (Dn 7, 25).

Aun así, es imaginable que haya todavía buenos sacerdotes que celebren dignamente la Eucaristía, ya en la forma del Novus Ordo Missae, ya en la forma tridentina, cuando existan el Pseudoprofeta y el Anticristo, aunque fuera en las catacumbas. La descristianización del mundo y la desacralización de la liturgia no son más que expresiones de la apostasía. Tampoco se ve, pues, razonable identificar el obstáculo con la Eucaristía.

Algunos lo han identificado con el Papa. Al fin y al cabo, ¿no era Pedro quien manejaba el timón de la barca? ¿No era él quien debía confirmar en la fe a sus hermanos? ¿No era la roca sobre la que se edificaría la Iglesia? Si el obstáculo es el Papa, lógicamente se sigue que, una vez que sea apartado y ya no resulte ser un opositor del mundo anticristiano, «sucederá en su momento» la manifestación del Anticristo. Sin embargo, esta manifestación no es posible sin haberse aparecido el Pseudoprofeta, quien, como ya se dijo, será el precursor del Anticristo, al encabezar la apostasía inicial, y coexistirá con él.

El Pseudoprofeta es un lobo que luce como un cordero, doblez que indica ambigüedad y astucia en el modo de hablar y actuar (cf. Mt 7, 15). De lo contrario, no tendría seguidores, diría el arzobispo Fulton John Sheen. Al encarnar la condición de apóstata, es un anticristo y está fuera de la verdadera Iglesia, aunque no lo demuestre de forma tan explícita, así como hizo Judas Iscariote, del que ninguno de los Apóstoles, según el relato de la Última Cena, temió que pudiera traicionar vilmente al Maestro.

Si el Papa es el obstáculo, su apartamiento no significa su asesinato. Apartado y viviente, será todavía la cabeza visible de la Iglesia, hasta su defunción. Será la verdadera cabeza —aun cuando haya fenecido, de modo que entonces quedaría vacante por algún tiempo, tal vez no muy largo, la Sede de Pedro—, a diferencia de la falsa del Pseudoprofeta. No será imprescindible que ambos coexistan: el Pseudoprofeta podría tener uno o varios predecesores, esto es, falsos profetas. Así, acontecería una circunstancia como la que hubo en Jerusalén: Caifás, la cabeza de la sinagoga de Satanás, y Pedro, la cabeza de la Iglesia. Habría un punto de inflexión, una bifurcación entre la verdadera Iglesia, arrinconada o suspendida, y la falsa Iglesia, oficial y publicitaria, denominada también la gran ramera.

Supuestamente, el Pseudoprofeta, una vez que el verdadero Papa haya sido apartado e incluso fenecido —a pesar de su cobardía, de sus criticables errores, de sus omisiones o complicidades, de sus antecedentes heréticos o de sus útiles o vanos esfuerzos por contener el avance anticristiano—, habrá por fin usurpado su lugar, lo que recordaría las palabras de Jesucristo, quien es la puerta de las ovejas: «En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es un ladrón y un salteador. Pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas» (Jn 10, 1-2).

Quien no entra por la puerta de las ovejas es un falso pastor, es decir, un destructor del depositum fidei: no predica cabalmente el Evangelio de Jesucristo, sino uno diferente, contaminado, con un concepto de Jesucristo deforme y amigable con las prerrogativas del mundo anticristiano. El Pseudoprofeta, por supuesto, es un falso pastor: «no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otra parte», habiendo seguido doctrinas mundanas.

La identidad del obstáculo con el Papa se ve plausible, si bien es una opinión teológica disputable. No es tan sencillo identificarlo. Un lúcido exegeta como Lorenzo Turrado comenta al respecto: «Pero ¿qué impedimento u obstáculo es ése? Las teorías son infinitas. Y, desde luego, nunca podremos salir de conjeturas. Ya en su tiempo decía San Agustín: “Sinceramente confieso que no sé a qué se refiera el Apóstol”».[1] Teniendo en cuenta las obras de diversos autores, describe tres identificaciones propuestas del obstáculo: el Imperio romano, con el emperador de turno; los predicadores evangélicos, «que extienden por el mundo la buena nueva de Cristo», y el arcángel San Miguel.

Considero que el Imperio romano, en el orden político, había sido un obstáculo indirecto contra las fuerzas anticristianas, sobre todo cuando protegía a la Iglesia. A eso aludiría Marcel Lefebvre:

 

el objetivo de los impíos liberales no es nada menos que la eliminación de la Iglesia por medio de la destrucción de los Estados católicos que la sostienen. Estos Estados eran las murallas de la fe. Era necesario entonces abatirlas. Y una vez destruidas esas defensas de la Iglesia, una vez suprimidas las instituciones políticas que eran su protección y la expresión de su benéfica influencia, la Iglesia misma sería paralizada y abatida y con ella la familia cristiana, la escuela cristiana, el espíritu cristiano y hasta el nombre mismo cristiano. León XIII ve claramente ese plan satánico, tramado por las sectas masónicas, y que llega hoy a sus últimas consecuencias.[2]

 

Asesinado el archiduque Francisco Fernando de Austria, estalló la Primera Guerra Mundial el 28 de julio de 1914, casi un mes antes de la muerte de San Pío X, que fue un gran Papa rival de los enemigos de la Iglesia. Después de todo, ¿no era el objetivo masónico final decapitar al Papa o, a lo mejor, dado que por los martirios prosperaba la Iglesia indestructible, lograr poner uno a su gusto en el trono, habiendo corrompido la moral de los Estados? ¿No era, pues, el Papa, en el orden religioso, el obstáculo directo, como si para los anticristos fuera una hidra? Una Iglesia sin Papa visible es una Iglesia sin cabeza: un edificio sin la roca fundamental se derrumba. En el fondo, es Satanás, valiéndose de sus partidarios, quien solicita cribar a Pedro como trigo (cf. Lc 22, 31-32).

Les contestó Jesucristo a los judíos que intentaban matarle: «Yo he venido en nombre de mi Padre y no me recibís; si otro viniera en nombre propio, a ése lo recibirías» (Jn 5, 43). Aquellos judíos eran anticristos porque rechazaban al Mesías. En cierto modo, eran apóstatas. Asimismo, los futuros apóstatas, siendo anticristos, acabarán recibiendo al Anticristo. Porque quien no está con Jesucristo está contra Él.

[1]Hechos de los Apóstoles y Epístolas paulinas (1965, p. 671). En: Biblia comentada. Texto de la Nácar-Colunga, tomo VI. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.

[2] Le destronaron. Del liberalismo a la apostasía. La tragedia conciliar (1987, p. 51). Ecône.

 

 

 

 

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26 respuestas

  1. Es un buen artículo pero no remata la faena.
    El KATEJON, u obstáculo que impedía la usurpación del trono es el papa legítimo Benedicto XVI.
    Bergoglio es el falso profeta del anticristo, usurpador del trono sagrado y quien prepara la entrada triunfal del anticristo con sus herejías.
    Hasta ahora nos movemos con bastante «libertad», pero cuando el anticristo comience a reinar, comenzará el sellado de la bestia (chip-666), y es cuando se verá con total claridad, quienes son los verdaderos y los falsos creyentes. Porque los fieles a la doctrina divina seremos perseguidos, encarcelados o llevados al cementerio. Pero será un corto plazo de tiempo, ya que Jesucristo acortará dichos dias en favor nuestro.
    Non Nobis.

  2. Buen artículo. Los hechos demuestran que el KATEJON referido por San Pablo en 2Ts.2 es S.S. BENEDICTO XVI, único, legítimo y verdadero Papa hasta que el Señor se lo lleve al Cielo, Dulce Vicario de Cristo en la Tierra: «Tú eres Pedro y sobre ti edifico mi Iglesia y las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella».

    En lo que parece haber un error o contradicción en el artículo es cuando afirma: «Además, no existe solo la fe católica: hay muchos cristianos que, a pesar de ser cismáticos o herejes, esperan la Parusía.»

    No se puede considerar verdaderos cristianos ni por consiguiente denominar cristianos sin faltar a la verdad en toda su integridad y plenitud a los que son herejes o cismáticos aunque conserven alguna verdad de fe cristiana, cuando se trata de herejía contumaz, apostasía y cisma, porque se autoexcluyen de la COMUN-UNIÓN CON CRISTO, LA VERDADERA FE, LA DOCTRINA Y LA IGLESIA CRISTIANA CATÓLICA que es la única y verdadera fundada por Jesucristo a través de San Pedro y fielmente guardada por sus legítimos sucesores Apostólicos y Pontificios a lo largo de la Historia.

    Los demás, que han abandonado la Iglesia Católica o no pertenecen verdaderamente y en fidelidad a la misma guardando y cumpliendo íntegra e incólumemente la Fe y la Doctrina Católica, como afirma la Santísima Virgen en el Escorial: «Son falsos pastores» que con sus falsas doctrinas desvían a las ovejas de la Iglesia Católica de Cristo, que por consiguiente, se han salido del rebaño del Señor, y por tanto no pueden ni deben ser calificados como cristianos en el sentido, justo, pleno, íntegro y verdadero del término. Son como el sarmiento que no da ni puede dar fruto porque se ha secado al separarse de la Vid (Cristo), y sólo sirve para ser cortado y echado al fuego como nos enseña literalmente Nuestro Señor Jesucristo en los Santos Evangelios:

    «Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí es arrojado fuera, como los sarmientos, y se seca; luego los recogen, los arrojan al fuego y arden» (Jn. 15, 5-6).

    «EL SEÑOR SIEMPRE VENCE AL FINAL»

    «¡¡¡AL FINAL MI CORAZÓN INMACULADO TRIUNFARÁ!!!»

    «¡¡¡VEN SEÑOR JESÚS!!!»

    • Katejon fue la Doctrina- la verdadera misa y al verdadero papa, el cardenal Siri al que no dejaron gobernar.

    • https://bibliaytradicion.wordpress.com/tradicion/catecismo-de-la-realeza-social-de-jesucristo/

      ¿a ver si su benedicto profesaba esta doctrina o defendía la herética libertad religiosa del vaticano dos??

      • 13. ¿Cómo pueden los Estados estar obligados a dar culto a Dios? De hecho no conocen a Dios.

        A esta pregunta se responde por las palabras del Apóstol San Pablo. En el primer capítulo de la Epístola a los Romanos, habla así: “La ira de Dios se manifiesta desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que injustamente cohíben la verdad; puesto que lo que es dable conocer de Dios está manifiesto en ellos, ya que Dios se lo manifestó. Porque lo invisible de Él, su eterno poder y su divinidad, se hacen notorios desde la creación de/ mundo, siendo percibidos por sus obras, de manera que no tienen excusa; por cuanto conocieron a Dios y no lo glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias” (Rom. 1, 18).
        ————————————————————————————————–
        El Espíritu Santo, por la boca del Doctor de las Naciones, proclama que los paganos sumergidos en todos los horrores de la impiedad, son inexcusables de no haber conocido ni glorificado a Dios. Los acusa de haber rechazado la luz; no puede excusarlos en nada.
        ——————————————————————————————-
        Lo mismo que los paganos, de los que habla San Pablo, los Estados modernos, sean los que sean, son inexcusables. No puede admitirse que su actitud sea conforme a las exigencias de la razón. A los gobernantes y a los dirigentes, como a cualquier otra persona, Dios se les manifiesta por sus obras. Si los hay que no quieren exigir que los Estados den a Dios un culto social y oficial, son inexcusables por las razones que da San Pablo. Desde el simple punto de vista racional, los Gobernantes, los Parlamentos, los Legisladores, etc., deben practicar un culto a Dios, del que no pueden dispensarse y del que no pueden dispensar a ningún Estado ni Sociedad. Dicho esto, se debe concluir que incluso cuando un Estado pudiese ser excusado de no someterse a las directivas de la Iglesia por no haberlas conocido, no podrá ser excusado de faltar a Dios ni de haber dejado de someterse a los divinos preceptos de la Ley Eterna

        ——————————————————————————————

        benedictooooo teléfonooo para ti!!!

        Nostra aetate dignitatis humanae telefonooo para tiiii!!!

  3. que un hereje no es necesariamente apóstata. De hecho, un hereje, si no es contumaz y declarado…..

    ¿alguien que da por tierra el magisterio bimilenario de la iglesia y fabrica montaña de documentos para dar una vuelta de tuerca a la doctrina para que coincida con las novedades heréticas del un concilio puede no ser apóstata contumáz???

    ¿alguien que pisotea la verdadera liturgia puede no ser hereje o apóstata???
    claro si no es contumáz y declarado sigue siendo cabeza de la iglesia ….claro, si como no…..los neocones de siempre haciendo lo de siempre justificando lo injustificable.

    salieron de nosotros ….. pues estos modernistas demoledores como vieron que desde fuera no podían derruir la iglesia se quedaron y la dinamitaron por dentro. Cambiaron de táctica los muy cretinos.

  4. Es un buen análisis pero falla en el tema de El Katejón: no puede ser un hombre. Menos un abdicante e inerme Papa conciliar. Menos que menos un modernista artífice de la debacle conciliar. Para mí es la Fe Católica con centro en la Misa Verdadera. El anticristo la abolirá por ley en la superficie de la tierra; estará prohibida, pero esto no impide que se celebre secretamente quizás en catacumbas. Otra cosa que no tiene sustento es identificar a Bergoglio con el Falso Profeta (no entendí si lo afirma acá). Bergoglio no hace prodigios, es un anciano obeso, ridículo, afeminado, grotesco; nunca puede ser el Falso Profeta, espíritu de la Trinidad Satánica, que debe ser un individuo brillante, extraordinario hasta en su apariencia.

    • Me parece bien explicado por qué el obstáculo no puede ser la fe católica ni la Eucaristía. El Anticristo, quien suprimirá el Sacrificio Perpetuo, se manifestará después de apartarse el obstáculo, no antes. Así lo dice San Pablo expresamente, tratándose de un hombre individual. Otra cosa distinta es que haya, antes de apartarse el obstáculo, un colectivo anticristiano y apóstata en el contexto de la apostasía. El Anticristo será finalmente la cabeza.

      • No lo veo así amigo. No veo ningún motivo coherente de que por que el Katejón no puede ser la fe católica con centro en la Misa. Sino todo lo contrario. Que el Anticristo la impida con su totalitarismo sobre la superficie de la tierra, no implica que la anule totalmente; quedará reducida a un pequeño resto en catacumbas. Me parece obvio que no puede ser un hombre el Katejón, es demasiado importante. Y menos que menos el abdicante y claudicante, emblema de la Derrota Benedicto XVI. El Anticristo suprimirá el Sacrificio perpetuo, pero no implica que lo haga personalmente, el NOM en el cual el ya participará en el grupo de los 10, como lo dice Apocalipsis, puede llevar a cabo la supresión.

      • Estimado Juan, se habla de «apartar» el obstáculo, como cuando se quita una roca en la vía que obstruye el flujo vehicular. No se habla de «impedir» o «anular» (la Misa tridentina, según tu opinión). La idea de la Misa desterrada (no oficial o prohibida), como quien dice: «quítate de ahí», no encaja bien, a mi parecer, con el texto de San Pablo, porque el Apóstol habla de un apartamiento total, no parcial.

        La Misa, como bien dices, podrá ser prohibida, pero no anulada o desaparecida totalmente. Por lo mismo, no podrá ser «apartada» totalmente de la tierra. A lo sumo, será «apartada» parcialmente del ámbito oficial anticristiano, es decir, no será tan común ver su celebración cotidiana en las parroquias corrientes, así como en el tiempo de Pedro y Pablo en el Imperio romano. Esto significa que habrá sido prohibida. Pero esta prohibición no es posible, a mi parecer, sin haberse manifestado públicamente el Anticristo.

        Resulta que San Pablo precisa una cronología: la manifestación del Anticristo será posterior al apartamiento del obstáculo. ¿No es más bien el Anticristo mismo, con la colaboración del NOM (la bestia del Mar), quien dará la orden de la supresión o al menos prohibición de la Misa? Pues él «se opone y se alza sobre todo lo que lleva el nombre de Dios o es adorado, hasta el punto de sentarse él mismo en el templo de Dios, mostrándose como si fuera Dios». «Y le adorarán todos los que habitan la tierra, aquellos cuyo nombre no está escrito en el libro de la vida del Cordero inmolado» (Ap 13, 8).

        El tema de la identidad del obstáculo sigue abierto, sujeto a interpretaciones diversas. Algunos lo han identificado con San Miguel, que es un ángel. Lo mejor que podría hacerse es un proceso de descarte de lo que no puede ser.

      • La verdadera misa que obstaculizaba el ecumenismo ramplón naturalista masón si fue quitada del todo.

  5. El Katejon es la Eucaristía
    He mandado un correo electrónico.

  6. Sabe alguien que pasa con montesinos, porque ha dejado de escribir????

  7. Una comparación entre Francisco y los papas heréticos anteriores, como Liberio, Honorio y Juan XXII, «no se sostiene en absoluto», dijo a LifeSiteNews.com Claudio Pierantoni, profesor de Filosofía Medieval en la Universidad de Chile.

    Pierantoni firmó la carta abierta de abril acusando al papa Francisco de herejía. Él explica que,

    • Liberio (+366) fue obligado por el emperador a firmar una falsa fórmula trinitaria cuando la terminología teológica aún no estaba completamente definida;

    • Honorio (+638) cuestionó una sola enseñanza sobre las dos voluntades de Cristo, también debido a una incertidumbre terminológica en ese momento;

    • Juan XXII (+1334) negó la doctrina de la visión beatífica inmediata de los bienaventurados después de la muerte, pero luego se retractó.

    Pierantoni explica que Francis relativiza «la totalidad de la doctrina católica», queriendo imponer un «cambio revolucionario en la ética sexual y matrimonial» y posicionando al catolicismo entre otras religiones que «se acerca mucho al indiferentismo religioso».

    Para Pierantoni Francis «en el fondo no es realmente católico».

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