LA PALABRA DE DIOS DEL DOMINGO: DOMINGO DE PASCUA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan Donnet

 

 

 

DOMINGO DE PASCUA

(I clase, blanco)

Gloria, Secuencia,

 

 

TEXTOS DE LA MISA

Introito.  Salm. 138.18,5-6,1-2.- Resucité, y estoy contigo, aleluya; pusiste sobre mí tu mano, aleluya, admirable es tu sabiduría, aleluya, aleluya.  Salmo. Señor, me probaste y me conoces; lo sabes todo de mí, la hora de mi muerte y la de mi resurrección. V/.  Gloria al Padre.– Resucité.

Colecta.-  Oh Dios! que en este día nos has franqueado de nuevo por tu unigénito Hijo las puertas de la eternidad, ayúdanos a realizar los santos deseos que tú mismo nos inspiras previniéndonos con tu gracia. Por el mismo Señor.

Epístola. 1 Cor. 5.7-8.- Hermanos; Purificaos de la antigua levadura, para convertiros en nueva masa como ázimos que sois. Pues ha inmolado Cristo, nuestro cordero pascual. Por tanto regalémonos no con vieja levadura, ni con levadura de malicia y de perversidad, sino con ázimos de sinceridad y de verdad[1].

Gradual. Salm.117.24,.1–  Éste es el día que ha hecho el Señor: regocijémonos y alegrémonos en él. V/.  Alabad al Señor, porque es bueno, que su misericordia permanece  por  los  siglos.

Aleluya. 1 Cor.5.7.-  Aleluya,  aleluya. V/. Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.

Secuencia. Wipo † 1050- 

  1. 1. A la víctima pascual entonen alabanzas los cristianos.
  2. 2. Redimió el Cordero a las ovejas; Cristo, inocente, reconcilió con su Padre a los pecadores.
  3. 3. La muerte y la vida lucharon un duelo admira­ble; el Señor de la vida reina vivo después de muerto.
  4. 4. Dinos, María, ¿qué has visto en el camino?
  5. 5.  Vi el sepulcro de Cristo vivo y la gloria del Resu­citado.
  6. 6. Vi ángeles como testigos;  vi el sudario y los vestidos.
  7. 7.  ¡Resucitó Cristo, mi esperanza! Precederá a sus discípulos a Galilea.
  8. 8. ¡Sabemos que Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos! Tú, ¡oh Rey triunfador!, apiádate de nosotros. Amén. Aleluya.

Evangelio.  Marc. 16.1-7 En aquel  tiempo: María Magdalena, y María, madre de Santiago, y Salomé compraron aromas para venir y embalsamar a Jesús. Y muy de mañana, el primer día después del sábado,   llegaron al sepulcro, salido ya el sol. Decían entre sí: ¿Quién nos rodará la piedra de la entrada del sepulcro? Y mirando vieron rodada la piedra, que era muy grande. Y entrando en el sepulcro, vieron un joven sentado a la diestra, vestido de blanco, y se asustaron. Mas él les dijo: No temáis; buscáis a Jesús Nazareno, que fue crucificado; pues bien, resucitó; no está aquí; ved el lugar en donde le pusieron. Y ahora id y decid a sus discípulos y a Pedro que va delante de vosotros  a  Galilea;  allí  le veréis, como él os lo dijo. Credo

Ofertorio. 75.9-10.-        ‘Tembló  la  tierra  y  calló al  levantarse Dios para el juicio, aleluya

Secreta.-  Recibe, Señor, las oraciones de tu pueblo juntamente con la oblación de estas ofrendas, para que, santificadas con los misterios pascuales, por un efecto de gracia nos sirvan de remedio para la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.

Prefacio de Pascua

En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, que en todo tiempo, Señor, te alabemos; pero con más gloria que nunca en este día (en este tiempo), en que se ha inmolado Cristo, nuestra Pascua.  El cual es el verdadero Cordero que quita los pecados  del  mundo y que muriendo, destruyo nuestra muerte y, resucitando repa­ró nuestra vida. Por eso con los Ángeles y los Arcángeles, con los Tronos y las Domina­ciones, y con. toda la milicia del ejército celestial, cantamos un himno a tu gloria, diciendo sin cesar: Santo…

Comunión.  1 Cor.5,7-8.-  Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado, aleluya; por tanto, regalémonos con los ázimos de sinceridad y de verdad, aleluya, aleluya, aleluya.

Poscomunión.-  Infúndenos, Señor, el espíritu de tu amor, y haz que vivan unidos de corazón tus fieles, a quienes ha alimentado con los sacramentos de la Pascua. Por nuestro Señor… en unidad.

 

 

 

TEXTOS EN LATÍN

Dominica Resurrectionis
Duplex I classis cum octava privilegiata I classis
Statio ad S. Mariam majorem

Introitus: Ps. 138: 18, 5-6

Resurrexi, et adhuc tecum sum, allelúja: posuísti super me manum tuam, allelúja: mirábilis facta est sciéntia tua, allelúja, allelúja. [Ps. ibid., 1-2]. Dómine, probásti me, et cognovísti me: tu cognovísti sessiónem meam, et resurrectiónem meam. Glória Patri. Resurrexi.

Collect:

Deus, qui hodiérna die per Unigénitum tuum, æternitátis nobis áditum devícta morte reserásti: vota nostra, quæ preveniéndo aspiras, étiam adjuvándo proséquere. Per eúmdem Dóminum.

1 ad Cor. v: 7-8

Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Corinthios.
Fratres: Expurgáte vetus ferméntum, ut sitis nova conspérsio, sicut estis ázymi. Etenim Pascha nostrum immolátus est Christus. Itaque epulémur: non in ferménto véteri, neque in ferménto malítiæ, et nequitiæ: sed in ázymis sinceritátis, et veritátis.

Graduale Ps. cxvii: 24 et 1

Hæc dies, quam fecit Dóminus: exsultémus, et lætémur in ea. V. Confitémini Dómino, quóniam bonus: quóniam in sǽculum misericórdia ejus.
Allelúja, allelúja. [1 Cor. 5: 7] Pascha nostrum immolátus est Christus.

Sequéntia

Victimæ pascháli laudes ímmolent Chrístiani.
Agnus redémit oves: Christus ínnocens Patri reconciliávit peccatóres.
Mors et vita duéllo conflixére mirándo: dux vitæ mórtus, regnat vivus.
Dic nobis, María, quid vidísti in via?
Sepúlcrum Christi vivéntis: et glóriam vidi resurgéntis.
Angélicos testes, sudárium, et vestes.
Suréxit Christus spes mea: præcédet vos in Galilǽam.
Scimus Christum surrexíse a mórtuis vere: tu nobis, victor Rex, miserére. Amen. Allelúja.

Sequéntia dicitur usque ad Sabbatum in Albis inclusive.

Marc. xvi: 1-7

Sequéntia sancti Evangélii secúndum Marcum.
In illo témpore:.María Magdaléne et María Jacóbi et Salóme emérunt arómata ut veniéntes únguerent Jesum. Et valde mane una sabbatórum, véniunt ad monuméntum, orto iam sole. Et dicébant ad ínvicem: Quis revólvet nobis lápidem ab ostio monuménti? Et respiciéntes vidérunt revolútum lápidem. Erat quippe magnus valde. Et introëuntes in monuménum vidérunt júvenem sedéntem in dextris, coopértum stola cándida, et obstipuérunt. Qui dicit illis: Nolíte expavéscere: Jesum quǽritis Nazarénum crucifíxum: surréxit, non est hic, ecce locus ubi posuérunt eum. Sed ite, dícite discípulis ejus, et Petro, quia præcédit vos in Galilǽam: ibi eum vidébitis, sicut dixit vobis.

Credo.

Offertorium: Ps. lxxv: 9-10.

Terra trémuit, et quiévit, dum resúrgeret in judício Deus, allelúja.

Secreta:

Súcipe, quǽasumus, Dómine, preces pópuli tui cum oblatiónibus hostiárum: ut paschálibus initiáta mystériis, ad æternitátis nobis medélam, te operánte, profíciant. Per Dóminum.

Præfatio Paschalis: «Te quidem Dómine, omni témpore, sed in hac potíssimum die.»

Infra Actionem: «Communicántes» et «Hanc igitur oblatiónem» propria. Et sic dicitur usque ad Sabbatum in Albis inclusive.

Communio: 1 Cor. v: 7-8

Pascha nostrum immolátus est Christus, allelúja: itaque epulémur in ázymis sinceritátis, et veritátis, allelúja, allelúja.

Postcommunio:

Spíritum nobis, Dómine, tuæ caritátis infúnde: ut, quos sacraméntis paschálibus satiásti, tua fácias pietáte concórdes. Per Dominum… in unitáte ejúsdem.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

COMENTARIO

 

Estamos ante el Hecho mas importante de la Historia humana y de la Historia de la Salvación. Incluso mas importante que la Creación, a la cual, obviamente, supone. La Resurrección del Señor es la Nueva Creación.

Hecho irrepetible, extraordinario, que es la culminación del Año Litúrgico; la mayor celebración de la Iglesia.

 

Pascua  es la Fiesta de las fiestas, la alegría sin comparación del católico.

La gran oración de acción de gracias, el Prefacio, nos dirá el motivo extraordinario de esta alegría: Si es justo alabar a Dios en todo tiempo, mucho más lo es en este Día, en que Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado para expiar los pecados del mundo y nos ha dado la vida con su muerte y su resurrección.

Pascua es el Demonio vencido; el pecado destruido, la muerte vencida, la vida divina recobrada, nuestro mismo cuerpo promovido a la inmortalidad.

 

Todos estos bienes en potencia y en condición de nuestra aceptación de Cristo y su fe.

 

Ante tal certeza debe desaparecer toda tristeza en el verdadero cristiano.

Haec dies quam fecit Dominus. «He aquí el día que ha hecho el Señor.»

 

Durante toda la Octava cantaremos la alegría de este día sin precedente, que nos abre las puertas de la eternidad.

 

Durante ocho Dìas la Iglesia celebra esta Fiesta como Un Solo Día en que Cristo ha resucitado y vencido para todos nosotros. Todos los domingos no harán sino evocarlo continuamente.

Y así, domingo tras domingo y año tras año, nos conducirán las pascuas de esta tierra hacia el día bienaventurado en que nos ha prometido Cristo volver lleno de gloria para introducirnos consigo en el reino de su Padre.

 

Cristo ha vencido  en su terrible lucha. Su Madre lo acompañó espiritualmente y sufrió con Él. Ella es la que comparte mayormente la alegría del Triunfo. Con ella también compartámosla nosotros. Y con ella también aprendamos a luchar con Cristo y acompañarlo en su Pascua para resucitar con él.

Él venció, ahora debemos vencer nosotros; debemos, con su Gracia, apropiarnos de la Redención ofrecida.

 

 

 

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Reproducimos el comentario del Padre Castellani, muy interesante, salvo que le hacemos una pequeña corrección: La Resurrección de Cristo, aunque hecho divino y Trascendente, también es Histórico, ya que se produjo en la Historia y dejó indicio de su ocurrencia. Luego haremos algunas consideraciones.

En el Domingo de Resurrección la Iglesia lee sencillamente siete versículos del último capítulo de Marcos que narra la ida de las Santas Mujeres con sus bálsamos ya inútiles al Santo Sepulcro, que encontraron vacío; y la aparición de un jovencito (de un “ángel”, dice Mateo; de “dos hombres en vestes lúcidas”, dice Lucas) que les anuncian la Resurrección y les dan orden de avisar a Pedro y los Discípulos; cosa que ellas no hicieron de miedo. Cuando les pasó el miedo, por la aparición de Cristo mismo, avisaron y no las creyeron. Las mujeres eran: María Magdalena, Juana, la otra María madre de Santiago el Menor, Salomé, madre de Juan “y otras”.  Quienes primero vieron a Cristo fueron mujeres, en este orden primero, su Santísima Madre; después, la Magdalena; después, el resto del grupito que llama el Evangelio “syneleelythyiai ek íes Galilaias” (“las que lo escoltaban desde Galilea”), una especie de rama femenina de la Acción Católica de aquellos tiempos. Y nadie las creyó: “según dicen las mujeres”, le dijeron los dos discípulos de Emmaús al Misterioso Peregrino, y en ese momento él se les enojó, y les dijo: “¡Oh cabezaduras!”. Pero, lo mismo, en la Iglesia primitiva se siguió invocando el testimonio de los varones, como lo hace San Pablo en su Primera Carta a los Corintios (XV 4): “Resurgió al tercer día según la Escritura, y fue visto por Pedro y luego por los Doce; después fue visto por más de 500 hermanos juntos [el día de la Ascensión] de los cuales están vivos los más hoy día y algunos murieron ya; después fue visto por Jácome y por todos los Apóstoles; y el ultimo de todos, como un abortivo, fue visto también por mí”. Eran un poco cabezas duras estos israelitas; y más dispuestos a negar todo que a ver visiones. Si yo dijera que la Resurrección de Cristo es el suceso más grande de la Historia del mundo….no sería rigurosamente exacto, La Resurrección no es un suceso de la Historia, porque está por arriba de la Historia de los hombres; lo cual no quiere decir que los testimonios que tenemos de ella no sean rigurosamente históricos; pero quiere decir que es un suceso trascendente, como la Encarnación misma y todos los Misterios. Son objeto de la Fe. Los sucesos históricos, rigurosamente demostrables y que no se pueden racionalmente ni negar ni tergiversar, nos ponen delante de una afirmación enorme y nos invitan a hacerla; y somos nosotros quienes la tenemos que hacer. Hay un paso que dar; o un salto, mejor dicho: un salto obligatorio por un  (sigue después de la nota)

                                                         

 (nota)En la Argentina se ha visto mucho una película “holliwoodense” llamada El Manto Sagrario, en la cual el proceso de Cristo y sus promotores está escamoteado; y la idea que saca el vulgo es que a Cristo lo mataron los romanos; es decir, ¡los fascistas!; y que Cristo murió por la “democracia”. Han aplicado a la ecología la técnica de los dibujos animados: el maneo (no la túnica, que es lo que los soldados echaron a suertes) obra brujerías; pero no se sabe si Cristo es Dios, o qué. La “cinca” está inspirada por ese neomahometismo culto que parece ser la ecología de una gran parte del pueblo yanqui; conforme a lo que predijo hace más de un siglo y medio el conde Joseph de Maistre: “El proeeseaneismo vuelco sociniano [negada la divinidad de Cristo] no se diferencia ya esencialmente del mahometismo. (fin de la nota)

 

lado; y por otro, libre. Si a mí me hacen la demostración del binomio de Newton o el teorema de Pitágoras, yo no soy libre de aceptarlos o negarlos; me veo intelectualmente forzado a admitirlos. Si me hacen la demostración de la Resurrección de Cristo, aunque en su plano sea tan racionalmente completa como las otras, yo soy libre de creer o no creer. Por eso la fe es meritoria: porque su objeto no es natural sino sobrenatural.  En una Historia Universal, la más popular que existe en el mundo, y que fue propuesta por el autor nada menos que para libro de texto de todas las escuelas de Inglaterra, se da cuenta de la Resurrección de Cristo con estas palabras:

 

La mente de los discípulos se hundió por una temporada en la oscuridad. De repente surgió un susurro entre ellos y varias historias, historias mas bien discrepantes, que el cuerpo de Jesús no estaba en la tumba en que fue colocado, y primero éste y después estotro lo habían visto vivo. Pronto ellos se hallaron consolándose con la convicción de que se había levantado de entre los muertos, que se había mostrado a muchos y ascendido visiblemente a los cielos. Testigos fueron hallados para declarar que positivamente lo habían visto subir el cielo, El se había ido, a través del azur, a Dios…

 

 Ésta es la versión que da del suceso básico de la fe cristiana la impiedad contemporánea. Mientras se mantiene en esa maliciosa vaguedad, el absurdo no salta a los ojos; pero cuando quieren determinar la historia de la explosión de la mañana de Pascua, entonces cuentan ellos como nuevos evangelistas “varias historias, historias más bien discrepantes”: unos dicen que Cristo en realidad fue enterrado vivo; y en consecuencia se despertó en su sepulcro, se liberó de mortajas y vendas, rodó la gran piedra de la entrada y huyó, desnudo y con una lanzada en el corazón; otros dicen que el cadáver se pudrió en su sepulcro y todo lo que vieron Apóstoles y discípulos, incluso en las orillas del lago de Galilea, fueron “alucinaciones visuales y auditivas…” –táctiles también, en el caso de Santo Tomás el Desconfiado–; otros, finalmente, que los Apóstoles robaron el cuerpo y lo escondieron, “que es lo que dicen hasta hoy los judíos”, advierte San Mateo.  Von Paulas, Reimarus, Meyer, Schmiedel, Kirsopp Lake, Renan… La escuela de París, la escuela de Tubinga, la escuela de Marburgo…  Hay que explicar de algún modo “racional” esa historia extraordinaria. Entonces toman los cuatro Evangelios, y con un lápiz colorado van borrando todos los versículos o perícopas que ellos quieren; y con lo que les queda, escriben pomposamente una Verdadera Historia de Cristo Pero salta a los ojos que de unos documentos tan extraordinariamente mentirosos como serían los Evangelios en ese caso, no se puede uno fiar en nada, y que la única consecuencia lógica sería negar incluso la misma existencia de Cristo; que es adonde han llegado algunos, llamados “evhemeristas”, como Baur, por ejemplo.  Pero negar la existencia de Cristo es mucho más difícil que negar la existencia de Julio César, de Napoleón Bonaparte o de Sarmiento. Ese salto de la fe es difícil de dar, algunos prefieren empantanarse en el absurdo.  “Increíble es que Cristo haya resucitado de entre los muertos; increíble es que el mundo entero haya creído ese Increíble; más increíble de todo es que unos pocos hombres, rudos, débiles, iletrados, hayan persuadido al mundo entero, incluso a los sabios y filósofos, ese Increíble. El primer Increíble no lo quieren creer; el segundo no tienen más remedio que verlo; de donde no queda más remedio que admitir el tercero”, argüía San Agustín en el siglo IV. La existencia de la Iglesia, sin la Resurrección de Cristo, es otro absurdo más grande.  Leyendo los disparates de los seudosabios incrédulos, recuerda uno el final de la oda de Paul Claudel a San Mateo, en la cual el poeta lo pinta escribiendo pacientemente, con el mismo instrumento de su oficio que le sirvió para hacer números y cuentas, su testimonio seco y descarnado:

                                                         

  Ya veces nuestro sentido humano se asombra, ¡ah! es  duro, y querríamos otra cosa.  ¡Tanto peor! el relato derechito continúa y no hay corrección ni glosa.  He aquí a Jesús más allá del Jordán, he aquí el Cordero de Dios, el Cristo.  El que no cambiará; he aquí el Verbo que yo he visto.  Sólo lo necesario es dicho, y por todo una palabrita irrefragable  tranca a punto fijo la rendija de la herejía y de la fábula, manda un camino rectilíneo entre los dos,  de los que niegan que fue un hombre, de los que niegan que fue Dios,  para la edificación de los Simples y la perdición de los Complicados,  para la rabia, agradable al cielo, de los sabihondos y los curas renegados.  (Hasta acá Castellani)

 

 

 

QUE NO ES LA RESURRECCIÓN DE CRISTO:

 

Un hecho méramente inmanente, confinado a lo sicológico o espiritual de Jesús de Nazareth.

No es una vuelta a la vida terrenal, inmanente. No es como la resurrección del hijo de la viuda de Naím, o la de Lázaro, que vuelven a esta vida y tendrán que morir finalmente.

No es un revivir recuerdos de Jesús en el corazón de sus discípulos, o un aplicar sus palabras a la vida cotidiana, inmanente, como suele sostener el progremodernismo.

 

 

 

QUE ES:

La Resurrección es un evento Sobrenatural, divino, trascendente, que penetró la Historia Humana. Es el paso a una vida divina, eterna, indefectible, indestructible, perfecta, mas allá del tiempo y de la muerte. Una realidad divina y eterna, verificada en la Persona de Jesús de Nazareth, el Hijo de Dios, que afecta a su naturaleza humana.

La Resurrección de Cristo es la culminación de la Encarnación; aquello a lo que esta apuntaba.

La Resurrección afecta también al Cuerpo, no es solo espiritual. Ahora el cuerpo tiene propiedades distintas; esencialmente superiores; análogas a las de un ángel. Vemos en el Evangelio que aparece cuando quiere y donde quiere sin estar sometido al tiempo ni al espacio y no está sometido a las leyes físicas. Es un Cuerpo Glorificado. No necesita alimentarse, dice Santo Tomás, pero lo puede hacer si quiere por algúna razón como la edificación de los discípulos. Obviamente no está sujeto ya a la enfermedad, ni al desgaste ni la muerte, que son consecuencias del Pecado, que ya ha sido vencido.

 

Sus propiedades son: Impasibilidad, Sutilidad, Agilidad, Claridad.

 

La Resurrección es una obra de la Santísima Trinidad. En la primera Creación obra Ella, en la Segunda también. Se suelen atribuir funciones específicas a las personas de la Santísima Trinidad, el Padre crea, el Hijo redime y el Espíritu Santifica, pero esto es solo figurativo, no excluye la participación de las tres personas.

 

La Resurrección de Cristo confirma su aseveración de Divinidad. Así se había mostrado en la Transfiguración. Con ella vuelve a asumir la Divinidad de la cual en cierta manera se había despojado (kenosis) en la Ecnarnación. Aunque este despojamiento no es estrictamente ontológico, sino una condición asumida con humildad por la Persona del Hijo para asumir la naturaleza humana plenamente, infinitamente inferior a la divina.

 

La Resurrección de Cristo es prenda y primicia de la nuestra. Es nuestra meta: ella nos alienta la Esperanza: Así como es Él, así seremos nosotros, dice San Juan.

 

Los muertos resucitarán con el mismo cuerpo que tuvieron en la tierra (idéntica y numéricamente el mismo).

Los cuerpos de todos los salvados serán los mismos cuerpos, aunque transfigurados, glorificados, inmortalizados, resucitados.

El concilio de Letrán (1215) declara: “Todos ellos resucitarán con el propio cuerpo que ahora llevan” (Dz 429).

 

En la Resurrección serán como ángeles en el cielo….revela el Señor en el Evangelio.

 

En cuanto a los cuerpos de los condenados, también resucitarán, pero reflejarán en sus cuerpos la horripilancia de sus pecados, además de que no tendrán las propiedades de los salvados. Y recibirán los tormentos del Infierno no solo sobre el alma, sino también sobre el cuerpo. Pero esto va mas allá de nuestro comentario de hoy.

 

La Resurrección de Cristo tiene indicios históricos: testimonios de mujeres, (sin valor judicial en aquella época), de los Apóstoles; el Sepulcro vacío, gran símbolo…Tambíen fue precedida por Apariciones sobrenaturales a muchos habitantes de judea, como lo dice el Evangelio, eventos telúricos…

 

 

 

PERO ES NECESARIA LA FE

 

La fe nos hace agradables a Dios. (Cfs. Hb). La Fe es necesaria para la salvación.

El que crea se salvará; el que no crea se condenará…

 

Dios amó tanto al mundo que envió a su Hijo Único, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna.

Por esto, a pesar de los indicios, testimonios históricos, etc. Para creer en la Resurrección de Cristo es necesaria la Fe teologal. Fe que Dios infunde ordinariamente por el Bautismo en el hombre, y a partir de allí se fortalece por la Eucaristía y demás Sacramentos. Se fortalece por la oración personal, conocimiento de Dios, de su Doctrina, por Biblia, Tradición y Magisterio;  por las obras buenas, y por la penitencia. Como también se debilita y se pierde por el pecado y la tibieza impenitentes.

 

 

 

EL MODERNISMO Y LA LICUACIÓN DE LA RESURRECCIÓN

 

La concepción y la teología progremodernista, que hizo pié en la Iglesia sobre todo después del II Concilio Vaticano, en que la Iglesia abdicó explícitamente de la potestad correctiva y disciplinaria. Esta abdicación empieza en el Discurso de Inauguración del II Concilio Vaticano (1). Por lo cual el modernismo personalista se difundió sin control en Seminarios sacerdotales y catequísticos.

Por eso escuchamos nefastas imbecilidades y vaguedades licuatorias todo el tiempo afirmando que

 Cristo resucita en las cosas cotidianas

 

o en el recuerdo de Cristo en el corazón de los discípulos…

Recordemos ante esta Apostasía recubierta de actualidad cientificista y psicologista, de desmitificación, los que nos dice con claridad San Pablo:

 

Si solamente para esta vida tenemos esperanza en Cristo, somos los mas infelices (estúpidos, estultos) de los hombres…

 

Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación, vana es nuestra Fe.

 

En vista de que la Resurrección es la Nueva Creación, el centro de la Esperanza cristiana, vemos cual es la malicia luciferina del progremodernismo que nos licúa justamente el meollo de nuestras virtudes teologales, camino de nuestra vida eterna.

 

El Progremodernismo anula los medios dados por Cristo para la salvación. El progremodernismo mata almas. Manda almas al infierno, sencillamente.

 

Por esto, para creer verdaderamente en la Resurrección de Cristo es necesaria una Fe Católica íntegra, única que nos posibilita y conduce a la salvación.

 

 

 

LA FE EN LA RESURRECCIÓN SE FORTALECE EN LA MISA Y NOSOTROS MISMOS RESUCITAMOS DESDE AHORA

 

Si morimos con Cristo, también resucitaremos con Él…..(Cf San Pablo)

 

La Misa es el hacerse presente el Sacrificio del Calvario en el Sacramento. La Misa Católica (la de siempre, la Tridentina)  bien vivida, nos sumerge en la muerte redentora de Cristo, y por ende, nos provée su Resurrección. Esto sucede espiritualmente desde ahora; se puede afirmar sin temor. Es el culmen y centro de nuestras virtudes teologales y nuestra vida cristiana, y además nos provée y fortalece de ellas. Es allí nuestro ámbito privilegiado de encuentro con Cristo y afianzamiento de nuestra futura Resurrección. La cual, obviamente, queda supeditada a la victoria final, que la Misa nos va fortaleciendo y consolidando. Y lo cual se complementa con el cumplimiento de los Mandamientos, la oración personal y las buenas obras y la perseverancia final; todo lo cual la Misa fortalece y posibilita.

 

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O felix culpa, quæ talem ac tantum méruit habére Redemptórem !

O feliz culpa que ha merecido tan gran Redentor.!

Dios es grande. En su sabi e infinito amor y providencia, ha previsto una solución al pecado y la claudicación de la criatura humana, que deja todo mejor que al principio. Por esto se puede hacer esta feliz y paradógica exclamación. Lo cual no quiere decir que debemos pensar que cometer mas pecados nos va a reportar mayor bien. No hagas el mal para conseguir bien, dice San Pablo y toda la Tradición y el Magisterio católicos bimilenarios.

Pero Dios es así. Del mal saca bien, así que esta noche en la Solemne Vigilia Pascual, exclamemos con gozo en el Pregón:

 

O felix culpa, quæ talem ac tantum méruit habére Redemptórem !

 

 

 

 

 

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5 respuestas

  1. Muy buen punto la crítica a la licuación del hecho concreto, corporal y sobrenatural de la Resurrección de Cristo.

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