LA PALABRA DE DIOS DEL DOMINGO: Fiesta de Nuestro Señor Jesucristo Rey

El César debe estar sujeto a Dios, para eso debemos luchar: eso significa la Instauración del reinado sociopolítico de Cristo en el mundo. El II Concilio Vaticano ha abdicado de esto -lo decimos una vez mas- y le ha dado poder al César para reducir a la privacidad de los corazones el Reino de Cristo; poniéndolo en igualdad de condiciones con otras religiones y cosmovisiones -Indiferentismo relativista- dándole la misma entidad al error que a la Verdad, a las religiones que no salvan, que a la que si salva.

 

 

 

 

 

Juan Donnet

 

 

FIESTA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO REY

I Clase, blanco
Gloria, Credo y Prefacio de Cristo Rey

(Comentario después de la Misa y sus oraciones)

 

M I S A

Mientras en el cielo adoran al Cordero inmolado los Angeles y los Santos proclamándole Rey, nos reunimos nosotros en la casa de Dios para renovar el misterio de la inmolación de este Cordero y proclamar también nosotros su reinado universal, en la vida individual y familiar, en la vida social y política, aquí y en la eternidad.

 

INTROITO

Digno es el Cordero que fué inmolado, de recibir el poder, la divinidad, la, sabiduría, la fortaleza y el honor. A El la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. —Salmo: Oh Dios, da tu juicio al Rey: y tu justicia al Hijo del Rey. V. Gloria al Padre.

 

COLECTA

Omnipotente y sempiterno Dios, que quisiste restaurarlo todo en tu amado Hijo, Rey de todos: haz propicio que todas las familias de las gentes, disgregadas por la herida del pecado, se sometan a su suavísimo imperio. El cual vive y reina contigo.

 

EPISTOLA

Lección de la Epístola del Ap. S. Pablo a los Colosenses (Col., I, 12-20).

Hermanos: Damos gracias a Dios Padre, que nos hizo dignos de participar de la suerte de los Santos en la luz, que nos arrancó de la potestad de las tinieblas y nos trasladó al reino del Hijo de su amor, en el cual tenemos la redención por su sangre, el perdón de los pecados. El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda criatura: porque en El fueron creadas todas las cosas del cielo y de la tierra, las visibles y las invisibles, sean los Tronos, sean las Dominaciones, sean los Principados, sean las Potestades: todo fué creado por El y en El, y El es antes que todo, y todo existe en El. Y El es la cabeza del cuerpo de la Iglesia, el principio, el primogénito de los muertos, para que sea quien tenga el principado en todo: porque plúgole al Padre hacer que habitara en El toda la plenitud, y conciliario todo en El, pacificando por la sangre de su cruz tanto lo que hay en la tierra como lo que hay en el cielo, en Jesucristo, nuestro Señor.

 

GRADUAL

Dominará de un mar a otro mar, y desde el río hasta los confines del orbe de las tierras. V. Y le adorarán todos los reyes de la tierra: todas las gentes le servirán.

Aleluya, aleluya. V. Su poder es un poder eterno, que no será quitado: y su reino, un reino que no será destruido. Aleluya.

 

EVANGELIO

Continuación del santo Evangelio según S. Juan (Jn„ VIII, 33-37).

En aquel tiempo dijo Pilatos a Jesús: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondió Jesús: ¿Dices esto por ti mismo, o te lo dijeron de mí otros? Respondió Pilatos: ¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los pontífices te han entregado a mí: ¿qué has hecho? Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuese de este mundo, lucharían ciertamente mis ministros, para que no fuera entregado a los judíos: pero ahora mi reino no es de aquí. Dijóle entonces Pilatos: ¿Luego tú eres Rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy Rey. Yo para esto nací y para esto vine al mundo: Para dar testimonio de la verdad: todo el que es de la verdad oye mi voz.

Este diálogo entre Jesús y Pilatos nos hace conocer el carácter espiritual y universal de la dignidad regia del Mesías, su origen divino y su fin: “Nací y vine al mundo para dar testimonio de la verdad: todo el que es de la verdad, oye mi voz.”

 

OFERTORIO

Pídemelo y te daré las gentes por herencia tuya, y por posesión tuya hasta los confines de la tierra.

 

SECRETA

Ofrecérnoste, Señor, esta hostia de la reconciliación humana: haz, te suplicamos, que Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, a quien inmolamos en el presente sacrificio, conceda El mismo a todas las gentes los dones de la unidad y de la paz. El cual vive y reina contigo.

 

PREFACIO DE CRISTO REY

Es verdaderamente digno y justo, equitativo y saludable que siempre y en todas partes te demos gracias a ti, Señor santo, Padre omnipotente, eterno Dios: Que ungiste con óleo de alegría a tu unigénito Hijo, nuestro Señor Jesucristo, Sacerdote eterno y Rey universal: para que, ofreciéndose a sí mismo, en el ara de la cruz, como hostia inmaculada y pacífica, obrase el misterio de la redención humana: y, sometiendo a su imperio todas las criaturas, entregase a tu inmensa Majestad un reino eterno y universal: un reino de verdad y de vida; un reino de santidad y de gracia; un reino de justicia, de amor y de paz. Y, por eso, con los Angeles y los Arcángeles, con los Tronos y las Dominaciones, y con toda la milicia del ejército celestial, cantamos el himno de tu gloria, diciendo sin cesar:

 

COMUNION

Se sentará el Señor Rey para siempre: el Señor bendecirá a su pueblo con la paz.

El fruto de la Comunión consistirá en preparar nuestras almas para entrar en el reino celestial.

 

POSCOMUNION

Habiendo conseguido el alimento de la inmortalidad, suplicárnoste, Señor, hagas que, los que nos gloriamos de militar bajo las banderas de Cristo Rey, podamos reinar eternamente con El en el trono celestial. El cual vive y reina contigo.

 

 

COMENTARIO

Habida cuenta de que no había en la Iglesia una festividad específica para Nuestro Señor Jesucristo Rey -la Epifanía no apunta puntualmente a eso, sino a que Cristo vino para salvar a judíos y gentiles; los que acepten su salvación obviamente- , el Papa Pío XI resolvió instaurar esta solemnidad litúrgica, el 11 de Diciembre de 1925 por medio de la Encíclica Quas Primas.

El motivo importante de esta decisión es dejar absolutamente en claro que Jesucristo no solo es Rey espiritual del Reino Trascendente que no es de este mundo, ni solo Rey de los corazones de los hombres que si no se someten a él por amor, finalmente se someterán por Justicia; sino también Rey de todos los hombres, en cuanto forman la sociedad visible en este mundo; reinos y naciones. Todo lo que hay en el mundo.

El Reinado de Cristo sobre todas las cosas es una consecuencia de la Unión Hipostática.
El Reinado de Cristo en los corazones se debe extender al mundo; de lo contrario no cumple su cometido. La fe que solo queda en el corazón y no emerge y transforma el mundo, es una fe inerte, enferma, famélica, anémica, inservible.

La necesidad de insistir en este punto tan capital es el combate contra el Laicismo, ese punto de la ideología Liberal que pretende -y lo ha logrado- un Estado neutro, liberado del ethos cristiano; independiente de la Ley de Dios y su moral, por un lado; y como consecuencia de esto, que sostiene que todas las cosmovisiones para él tienen el mismo valor: la verdad cristiana está al mismo nivel que los errores mas o menos graves de otras religiones y posiciones. El Indiferentismo, cargado de relativismo. El Lacismo es una Peste, como lo ha llamado el Papa Pío XI y otros anteriores: un atentado contra Dios. Y el resultado real es que el Estado laico no es neutro, sino que profesa, opresivo, la confesionalidad de la Corrección Política del Sistema.

La Revolución Francesa, el Iluminismo y la Ilustración preconizaron el Laicismo secularista como uno de sus caballitos de batalla; el Liberalismo masónico lo agitó siempre como bandera, como panacea: Separación de Iglesia y Estado, pero en el peor de los sentidos, ese que mencionamos. Y en la Democracia liberal pluralista moderna y contemporánea occidental esto se llevó a cabo, cumpliéndose el plan enemigo.

Pero Jesucristo es Rey de todo.

En la Encíclica verán en qué sentido Cristo es Rey de las inteligencias, de los corazones y de las voluntades; quiénes son los súbditos de este Rey, el triple poder incluido en su dignidad regia y la naturaleza espiritual de su reinado.

Que Jesucristo es Rey en los tres sentidos mencionados, está abonado escriturísticamente en el Antiguo y Nuevo Testamento -es bueno releer la Encíclica que adjuntamos, para no recargar de citas este comentario.

Solo mencionemos la atribución del Reinado absoluto de Cristo -incluso sobre la sociedad de este mundo-, en la Anunciación, el Pasaje del Juicio Final de San Mateo, la respuesta de Jesús a Pilato.

Si bien el Reino de Cristo viene de la Trascendencia -mi Reino no es de este mundo- se extiende al mundo: Todo Poder me ha sido dado en el Cielo y el la Tierra.

Jesucristo tiene el poder legislativo -vemos como legisla en el Evangelio-, el Judicial -pasaje del Juicio Final, que también vale sobre este mundo, en la provisoriedad de la inmanencia -ver Encíclica para mas desarrollo- y Ejecutivo: el gobierna todo: Cielo y tierra, y da dones a los hombres, premia y castiga de manera temporal y eterna. Es Señor de la Historia por arriba de Lucifer.

Ahora bien, ya en 1925 el Laicismo secularista liberal -ni hablar del comunismo, que es otra aberración distinta- estaba oprimiendo cada vez mas la libertad de la Iglesia: el Estado Laico pretendía que el poder espiritual de la Iglesia se limite a la privacidad de los corazones de los hombres y no tenga incidencia pública desde el poder secular de manera legislativa ni de ninguna otra.

Pero la Iglesia de Cristo fue creada para ser totalmente independiente del poder secular y no estar acotada miserablemente: fue hecha para instaurar el Reinado de Cristo acá en la Tierra. La única manera de que la civilización sea a la vez próspera, pacífica y contribuya a la salvación eterna de los hombres.

La idea de esta solemnidad litúrgica es reivindicar la implantación del Reinado de Cristo en la sociedad humana: la cultura y la política; ellas no son compartimientos estancos, cifrados, donde no debe entrar Dios: acá es donde emerge la aberración liberal: pretender que en la vida del hombre en la tierra, en el mundo, hay recintos reservados -de extraordinaria importancia, DONDE DIOS NO DEBE MOLESTAR.

La idea es combatir el aberrante Laicismo buscando la cristianización del Estado y la sociedad. El cristiano debe hacer pública su Fe, sus celebraciones, su Anuncio, su Denuncia. Mostrar públicamente y con valentía su Fe y su fidelidad a Cristo. Un Cristo confinado méramente a los corazones es una miseria; una caricatura mutilada de Cristo Rey del Universo.

Se debe luchar por esto con todos los medios disponibles: El establecimiento del reinado sociopolítico de Cristo en el mundo no es un opcional de lujo para kamikazes ultras, sino un imperativo elemental para todo católico.

Como ya mostramos el Domingo pasado, -en el comentario del Evangelio sobre la potestad del César y la de Dios- en el II Concilio Vaticano y su post Concilio, 1962 en adelante, LA IGLESIA HA ABDICADO DE ESTE IMPERATIVO Y ACEPTADO EL LAICISMO OPRESIVO Y REDUCTOR, HUMILLANTE PARA CRISTO Y SU IGLESIA.

La Declaración Humanae Dignitates es la claudicación formal y magisterial del imperativo de instauración del Reino de Cristo en la sociedad humana.

Todo el espíritu del Concilio, una especie de meta religión no explícita siempre en los textos, pero de facto dominante en la jerarquía y los Papas, refuerza los textos ambiguos y los explícitos como Humanae….

EL LAICISMO RETOMA EL SINIESTRO GRITO DE LOS JUDÍOS DEICIDAS: NO QUEREMOS QUE ESTE REINE SOBRE NOSOTROS. Y el II Concilio, optimista, inerme y buenista, regalado al mundo, se hace eco y lo hace Magisterio… (trucho, espúreo, que no debe obedecerse, por las razones que exponemos a continuación)

Gracias a Dios, este trágico concilio, no es dogmático ni define Doctrina, por lo que solo se debe aceptar lo que venía antes de él como Doctrina. No se debe aceptar la claudicante LIBERTAD RELIGIOSA, donde se abdica del Reinado de Cristo sobre la sociedad. (Ni el Novus Ordo tampoco, por las advertencias serias y anatemáticas de Papas anteriores)

Voviendo a utilizar como base el Evangelio del Domingo anterior, el XXII después de Pentecostés, digamos que el establecimiento de la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo Rey reivindica el Poder de convertir al César a Cristo; no de anularlo o hacerlo desaparecer.

El César debe estar sujeto a Dios, para eso debemos luchar: eso significa la Instauración del reinado sociopolítico de Cristo en el mundo.

El II Concilio Vaticano ha abdicado de esto -lo decimos una vez mas- y le ha dado poder al César para reducir a la privacidad de los corazones el Reino de Cristo; poniéndolo en igualdad de condiciones con otras religiones y cosmovisiones -Indiferentismo relativista- dándole la misma entidad al error que a la Verdad, a las religiones que no salvan, que a la que si salva.

Ha reconocido al César la potestad de guardar para él el gobierno civil de este mundo como un compartimiento cifrado, encriptado donde Cristo no debe ni puede entrar.

Este es uno de los puntos capitales de la cosmovision progremodernista. Una Iglesia que no busque convertir al César; sino que le cante cantos de sirena; que abdique del Anunció íntegro y vacíe su mensaje sobrenatural, trascendente, que exige la conversión del mundo, para ser aceptada por él.

El progremodernismo ha logrado a partir del II Concilio una Iglesia cuyo centro ya no es Cristo, sino el acomodamiento al César.

El cambio del centro de Dios por el del hombre. Antropocentrismo, inmanentismo.
El imperativo ya no es instaurar el Reinado sociopolítico cultural de Cristo, sino acomodarse, adaptarse al Mundo-César, limando y vaciando el odioso mensaje evangelico: indigesto e inadmisible para el César.

Aprovechando esta Solemnidad de Cristo Rey, refresquemos nuestra Fe, la Verdadera, la que viene de Cristo y los Apóstoles; aquella que rigió por 1962 años; aquella que busca la Instauración del Reino de Cristo convirtiendo al mundo, no haciéndose furgón de cola del Mundo.

El combate contra el Laicismo secularista, hoy toma un cariz drámatico, ya que el César va cobrando un poder omnímodo y totalitario, que busca ser absoluto en todo el mundo mediante la Instauración del Nuevo Orden Mundial anticristiano, el César maligno del Antricristo por antonomasia; que pretenderá no dejar resquicio alguno para Cristo, no solo en la sociedad, sino en los corazónes de los hombres.

Hoy, en un culmen de apostasía explícita y genuflexión servil, obscena ante el Mundo enemigo, la iglesia del Nuevo Paradigma bergogliano, -poniendo la frutilla del postre al II Concilio Vaticano- ya ha aceptado formalmente el Magisterio del César, -hecho de público conocimiento- rindiéndose ante el Plan de Desarrollo Sustentable 2030 de la ONU, y poniendo al mundo anticristiano como Rey en lugar de Cristo.

Con valentía, aún en situación de apostasía, contracorriente, estigmatizados, demonizados aún dentro de esta iglesia apóstata y lamebotas del Poder del César, y reducidos a un Resto Fiel, continuemos anunciando y denunciando, con los medios que podamos; bregando para sostener lo que queda y reivindicando el Reinado absoluto de Cristo sobre todas las cosas; sobre la sociedad humana; combatiendo las pretensiones de un César que ha mudado en diabólico como nunca en la Historia.

Que la Santísima Virgen nos proteja según la voluntad del Señor y nos de fortaleza y fidelidad, virilidad en esta lucha.

 

¡VIVA CRISTO REY!

 

 

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Categorías:BLOG ADORACIÓN Y LIBERACIÓN, LA PALABRA DE DIOS DEL DOMINGO

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4 respuestas

  1. Hoy mas que nunca es necesario, contra la presión social imperante y la corrección política, hacer emerger la Fe y mostrarla con valentía. Este es el desafío del católico de hoy.

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