Damián Galerón

 

 

 

 

Hace ya como un par de años, la prensa internacional sacó ciertas noticias sobre la posibilidad de que el Papa sufriera un atentado, el cual, estaría relacionado con el nombramiento de un nuevo interventor para el control de la Banca del Vaticano. Esta supuesta amenaza de muerte que se anunció, procedía, con toda certeza, de la mafia italiana.

Sin embargo, esta “supuesta” amenaza de muerte no es fácil de comprenderla si no retrocedemos en el tiempo unas cuatro décadas atrás, concretamente al final del pontificado del Papa Pablo VI, que es cuando comenzó realmente el problema de las finanzas vaticanas, y que a su vez, fue la raíz de todos los acontecimientos que surgieron a partir de entonces.

Ya en esos años, la situación en las finanzas vaticanas era realmente complicada debido al escándalo en el cual estaba implicado el presidente de la banca vaticana, que no era otro que monseñor Marzinkus, (norteamericano), quien estuvo al frente de dicha entidad desde 1971 hasta 1989.  Para tal menester le había nombrado Pablo VI como presidente de la entidad, aun sabiendo que este obispo carecía de toda experiencia en el manejo de fondos económicos a nivel bancario.

Pero sucedió que, pasado el tiempo, monseñor Marcinkus, demostró una extraordinaria habilidad para el manejo financiero, lo cual, le hizo ganarse la admiración y el respeto de muchos representantes del poder económico, de tal manera que diversificó las inversiones internacionales de la Iglesia, colocando dinero en Estados Unidos, Canadá, Suiza, e incluso en la República Federal Alemana. Sin embargo, hacia el final del pontificado de Pablo VI, el Banco de Italia y la Magistratura de Roma empezaron a observar con no pocas sospechas de fraude sus irregulares manejos financieros.

Y sucedió que la verdadera alarma saltó cuando Michelle Sindona, un poderoso banquero italiano perteneciente a la logia masónica P-2, (y con notables evidencias de pertenecer también a la mafia), acusó directamente a monseñor Marzinkus y, también a Roberto Calvi, de ser el culpable del colapso financiero del Banco Ambrosiano en 1982.

Poco después, es decir, a mediados de la década de 1980, las autoridades italianas trataron de arrestar a Marcinkus por su conexión con varios crímenes financieros, pero el Vaticano reclamó inmunidad diplomática para el arzobispo estadounidense y lo protegió de las investigaciones. Aun así, Marcinkus negó cualquier acción incorrecta, por lo que fue autorizado para regresar a Estados Unidos a la diócesis de Phoenix, en Arizona.

A partir de aquí, los acontecimientos se precipitan, ya que tras la muerte de Pablo VI, le sucedería el cardenal Albino Luciani, más conocido como Juan Pablo I.

Todos estos hechos comienzan a desencadenarse cuando Albino Luciani, antes de dejar su diócesis en Venecia para participar en el cónclave donde sería elegido Papa, estaba notablemente disgustado por un escándalo financiero sucedido en su sede veneciana, de cuyo asunto, él no tenía ninguna culpabilidad.

Este disgusto personal se remontaba al año 1972, cuando el futuro Juan Pablo I era todavía responsable del patriarcado de Venecia. Este incidente se origina cuando en ese mismo año, el Banco Vaticano vendió a la entidad bancaria del Banco Ambrosiano, (que era propiedad de Roberto Calvi), la que entonces era la Banca Cattolica del Veneto. Este hecho, en sí mismo, no debiera tener ninguna relevancia, pero el incidente que desencadena toda la tormenta posterior, consiste en que esta venta del Banco Veneto, se hizo sin consultar al obispo metropolitano de Venecia, que no era otro que Albino Luciani.

Y es aquí donde surge la pregunta inevitable: ¿quién era el responsable de esta extraña maniobra bancaria que se hacía violando el procedimiento a seguir en estos casos? Pues no era otro que el arzobispo Marcinkus, que en ese momento era presidente del Banco Vaticano. Pues bien, esta maniobra financiera, totalmente ilegal, supuso notables desavenencias entre ambos.

El asunto radicaba en que la Banca Cattolica del Veneto estaba especializada en préstamos con bajos tipos de interés. Quizá por esto, Albino Luciani, había tomado cartas en el asunto. Pero Giovanni Benelli, que era sustituto del Secretario de Estado Vaticano, le vino a decir que existía un plan entre los más importantes banqueros (que no eran otros que Roberto Calvi, Michele Sindona y Marcinkus), con el objetivo de aprovecharse del amplio margen de maniobra que tenía el Vaticano; ¿Cuál era la motivación de fondo que desencadenó este fraude? Muy sencillo: evasión de impuestos y movimientos ilegales en las acciones bancarias.

Pero ahí no acababa el tema; solo unos meses antes de la muerte de Juan Pablo I, había sido asesinado el primer ministro italiano Aldo Moro, que era líder de la Democracia Cristiana. Los acontecimientos de la extraña muerte de Aldo Moro, asesinado por el grupo terrorista las Brigadas Rojas, dispararon las sospechas posteriores, en cuanto que, tras la muerte de Juan Pablo I, surgió la inmediata sospecha de que había sido “eliminado” siguiendo las órdenes de “alguien”. Dicho de otra forma, las distintas versiones que dieron cada una de las personas que encontraron muerto al pontífice, inducían a pensar que fue claramente envenenado.

Los hechos precedentes a su muerte no parecían contradecir los hechos de que el Papa hubiera sido eliminado, en cuanto que se sabía que Juan Pablo I, ya tenía decidido relevar de sus puestos tanto a Marzinkus como al siniestro cardenal francés Jean Villot (masón de alto rango), como así se lo comunicó personalmente y en su momento a ambos. Pues bien, todo este enorme conflicto que, acabó con la muerte de Juan Pablo I, estaba relacionado con la Banca Vaticana.

Pero no acabó todo en esto, sino que solo tres semanas antes de que Juan Pablo I fuera eliminado, ya habían intentado envenenarlo con un café con cianuro. Este incidente surge en el despacho personal del Papa, donde había recibido la visita de monseñor Nikodim, metropolitano de la Iglesia Ortodoxa Rusa; durante la conversación mantenida entre ambos, el Papa invitó a monseñor Nikodim a tomar café, pero el Papa, por deferencia hacia él, le invitó a tomarlo en el momento en que el propio Papa se disponía a hacerlo. Nada más tomar el café, el metropolitano ortodoxo cayó fulminado. Juan Pablo I quedó muy conmocionado por este incidente.

No existe ninguna evidencia que lo demuestre, pero ese café con cianuro, parece que iba destinado a Juan Pablo I, ya que solo un par de semanas más tarde, también el Papa estaba muerto. Ante este asesinato surge una pregunta inevitable, ¿cuál era el motivo existente detrás de este muerte? Indudablemente estaban las finanzas vaticanas.

Su muerte desató una tormenta mediática de tal calibre que el investigador inglés David Yallop, defiende que Juan Pablo I fue envenenado por altos jerarcas de la Iglesia católica en complicidad con mafiosos vinculados con el Banco Ambrosiano y las hermandades secretas masónicas, concretamente la masonería Iluminatti, entre los cuales hay numerosos cardenales y arzobispos.

Entre los papeles que estaba leyendo el Papa cuando murió, se encontraba una lista de 124 nombres de cardenales, obispos y sacerdotes pertenecientes a la masonería. Esta lista estaba elaborada por el periodista italiano Mario Pecorelli; pocos días más tarde de la muerte de Juan Pablo I, encontraron muerto a este periodista.

Si mal no recuerdo, tenía un balazo en la boca. Sin ninguna duda era la firma de la mafia italiana, quien ajusticiaba al periodista por “hablar”. ¿Cuál era el motivo de esta “vendetta” al más puro estilo siciliano? La respuesta es bastante sencilla: entre esos cardenales y obispos, no pocos de estos jerarcas de la Iglesia tenían notables vínculos con la mafia y, al verse descubiertos por el periodista italiano, se limitaron a “ajusticiarlo”.

Al año siguiente de la muerte de Juan Pablo I, habían muerto o desaparecido alrededor de unas 60 personas, y todas ellas estaban relacionadas con la Banca Vaticana. Entre los muertos, estaba el banquero Michelle Sindona, que murió envenenado por una taza de café con cianuro, y también Roberto Calvi, a quien le encontraron ahorcado bajo el puente colgante de Londres. Noera necesario ser adivino para saber que a Roberto Calvi, “le habían suicidado”.

 

(CONTINUARÁ)
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