Vicente Montesinos

 

 

 

Hoy nos hemos desayunado con la noticia de que Francisco ha convocado a todos los presidentes de las conferencias episcopales nacionales en Roma para “discutir” la crisis de abusos que está sacudiendo a la Iglesia.

El tema de la reunión es del todo idílico: “La protección de los menores“.

El comunicado de prensa del Consejo de Cardenales, tras la reunión con Bergoglio, dice: “El Santo Padre Francisco, después de escuchar al Consejo de Cardenales, decidió convocar a una reunión con los Presidentes de las Conferencias Episcopales de la Iglesia Católica sobre el tema ‘la protección de los menores’“.

La reunión de “urgencia”, tal y como se ha manifestado,  se realizará en el Vaticano del 21 al 24 de febrero de 2019.

Y todo ello después del escándalo destapado por Monseñor Viganó, implicando con toda clase de pruebas en abusos homosexuales a diversos sacerdotes, obispos y cardenales; y con el encubrimiento facilitado por Bergoglio, como acreditó Viganó en el caso McCarrick y su continua depredación sexual de adolescentes y jóvenes varones.

El Papa, que “no iba a decir ni una palabra del asunto”, cambia de estrategia, tras la reunión de su grupo de confianza, y convoca a bombo y platillo esta reunión para “salvar a la Iglesia de la pedofilia” y proteger a los menores.

Tras el informe Viganó, el prelado denunciante ha tenido que huir a un lugar desconocido, y como ya hemos venido informando, estaría en “caza y captura” por los servicios secretos vaticanos.

A pesar de las muchas voces en el episcopado que se han alzado pidiendo que se investigue este asunto, y se llegue a las últimas consecuencias;  ayer el Consejo de Cardenales publicó un memorándum informando de que había expresado plena lealtad al Santo Padre tras la carta de 11 páginas del ex nuncio papal. Dicho apoyo emana de la reunión del famoso C9, que en esta ocasión ha visto limitada su participación a los cardenales Pietro Parolin, Oscar Rodríguez Maradiaga, Seán P. O’Malley, Oswald Gracias, Reinhard Marx y Giuseppe Bertello, no asistiendo a la reunión los Cardenales Laurent Monsengwo Pasinya, Francisco Errazuriz Ossa y George Pell.

 

Desde luego, es evidente que se trata de una estrategia astuta y algo retorcida, si se me permite la expresión, de Bergoglio; en el día en el que además ha saltado a la luz un nuevo escándalo de abusos que ha salpicado en esta vez a la Iglesia católica alemana.

 

Porque digo yo:

 

  • ¿Ahora van a a salvar a la Iglesia de esta ignominia permanente los mismos que la han introducido en ella, entre tanto matones a sueldo del Vaticano buscan sin descanso a Monseñor Viganó por decir la verdad?

 

  • ¿Se entiende que se hable de una reunión de “urgencia”, y se convoque la misma para dentro de cinco meses? ¿No será que Bergoglio quiere ganar tiempo para que los escándalos se mitiguen, se finiquite el caso Viganó a cualquier precio, y además tengamos más de 20 semanas por delante para que los medios del mundo hagan el trabajo sucio de limpiar la imagen de Francisco a base de reiterados recordatorios al esfuerzo que hace el “bueno del Papa” para proteger a los menores del mundo de las garras de los malvados sacerdotes que él ha venido a eliminar?

 

  • En relación a esto… ¿Se entiende que los medios de comunicación generalistas de todo el planeta, al servicio del nuevo orden mundial, estén dando hoy la noticia como “el Papa Francisco da otro paso en su lucha sin cuartel para acabar con la pederastia en la Iglesia”? ¿Recuerdan ustedes como toda la vida los medios de comunicación y los imperios socialistas, comunistas, sionistas y masónicos se han preocupado por atacar a la Iglesia Católica? ¿Como es que ahora la Iglesia actual no es objeto de su ataque, antes bien “Francisco es uno de los nuestros” a los que hay que salvar? ¿No será que todos ellos, en una lucha inmemorial contra la Iglesia de Cristo, que continua, quieren proteger a toda costa a quienes por fin la están destrozando desde dentro? ¿Acaso hay estrategia mejor? Escuchar, ver o leer hoy a los medios generalistas, y desgraciadamente a muchos “católicos”, por llamarlos de alguna manera, mueve a vergüenza.

 

  • ¿Y si no porque esos mismos medios de todo el mundo compran el mensaje de Bergoglio y su séquito de que van a acabar con la pederastia en la Iglesia? ¿Pero de que pederastia hablamos? ¿Porqué todos ellos callan el verdadero motivo de escándalo, que no es otro que el del abuso homosexual a adolescentes y jóvenes varones, que es lo que es en la mayoría de los casos, y tan hábilmente encubierto y manipulado por Francisco, nuestra jerarquía actual y el nuevo orden mundial?

 

  • ¿No es cierto que ya tenemos el mensaje de Francisco salvador frente a la antigua Iglesia tradicional come-niños, que es el que interesa a esta mafia vaticana y que nos van a machacar hasta la saciedad, con lo que los ateos nos van a hablar en los próximos meses de que “ahora sí que tenéis por fin un buen papa luchando contra la pederastia y destapando las cosas”; y los católiquillos van a volver a hacer palmas con las orejas con su Santísimo Padre Francisco?

 

Les diría que “no se a quién quieren engañar”, pero desgraciadamente sí que lo sé, y me temo que van camino de conseguirlo.

Pero a algunos no nos van a embaucar ni nos van a silenciar.

Ahora resulta que esta red de abusadores y encubridores va a salvar a la Iglesia de esa supuesta “pederastia” (que no es más que una red de homosexualismo y homoherejía abusadora), encima con los presidentes de las Conferencias Episcopales? ¿Pero donde dice que sea este nuevo grupo (el papa más los presidentes de esos entes cuasi en su mayoría herejes y al servicio de intereses políticos de todo tipo menos católicos) el que haya de solucionar nada en la Iglesia Católica?

¡Convoque un Concilio, Bergoglio, como Dios manda; y de paso háganos un favor, y hágaselo a su alma! Váyase, llévese a toda su tropa con usted, y deje que la Iglesia católica elija a un nuevo papa que cierre de una santa vez los desastres postconciliares que han alcanzado con usted el tope de la mundanidad. Y si de paso damos carpetazo al devastador Vaticano II y volvemos a enlazar nuestro camino con Trento, miel sobre hojuelas.

 

 

 

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