Carlos Núñez Díaz

 

 

 

 

EN LA OQUEDAD DE UN ARBOL SECO Y CARCOMIDO
QUE AÚN LEVANTA SU ESQUELETO SOBRE EL SUELO,
RECORTANDO SU FIGURA BAJO EL CIELO,
SE ADIVINA UN NIDO HUMILDE Y ESCONDIDO.

DE MANERA QUE, EN EL LEÑO, YA SIN VIDA,
OTRAS VIDAS -A SU SOMBRA- EN ÉL PROSPERAN.
Y AUNQUE NO SON YA SUS RAMAS LO QUE FUERAN,
DAN COBIJO A OTRA ESPERANZA,PRESENTIDA…

ASÍ LA IGLESIA DE ESTE TIEMPO MALHADADO:
PODRIDA COMO EL ÁRBOL; COMO EL ÁRBOL SECA…
MAS GUARDANDO EN EL SAGRARIO, COMO EN GRIETA HUECA,
UN NIDO VIVO, Y UN DIOS EN-TÚ-SIASMADO…

(Va por ti,Vicente. Adorador entusiasta;

y que acabas de perder a tu padre…) 

 

Nota del Director: Gracias, Carlos… de todo corazón.
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