Vicente Montesinos

 

 

Escriva 01papa

 

La Exhortación Apostólica Gaudete et Exsultate deberemos analizarla con más calma.

Y no porque se trate de uno de esos textos profundos y completísimos de los que tantos nos ha regalado la Iglesia, y que merecían lectura, re-lectura, disfrute, discernimiento y oración. No. Realmente poca chicha se puede sacar de estos párrafos llenos de tópicos del pontificado del buen rollo.

Si no porque creo que los comentarios más profundos ante este “magisterio” que ni es magisterio ni quiere serlo, deben hacerse en frío. Y tras adorar, como siempre, al Santísimo, y pedirle luz.

Además, de entrada, son cosas que no sorprenden en absoluto las que encontramos allí: es un texto tipo “Power-Point” para acampadas, con frases como las que ya ha pedido recientemente el Papa a los religiosos (ustedes diviértanse, no se preocupen en atraer almas a Cristo y armen lío); y del estilo del decálogo aquel de ingrata memoria, que pretende sustituir los mandamientos de la ley de Dios, con aquél mandato tan profundo: “Vive y dejà vivir“. Poco más.

Por eso enfriaré la sopa para servirla. Pero sacaré a la mesa un entrante. Porque me parece tan llamativo desde que ayer, a eso de las 18:30 de la tarde pude leer la Exhortación (y no porque la publicara Infovaticana, que además hizo en cada momento lo que debía, por lo que felicito a Gabriel Ariza una vez más), que no puedo evitar “precipitarme”, si quieren, en comentarlo.

El asunto es el siguiente: aquella llamada a la santidad extendida a todo el mundo que pretendió atribuirse el Vaticano II (lástima que no hubiera recogido otros muchos aspectos positivos en vez de facilitar, y más con su libertina interpretación y aplicación, todo tipo de desmanes) la había visionado, fundado, adelantado y extendido mucho tiempo antes un gran santo. San Josemaría Escrivá. El santo de lo ordinario. El que invitó al mundo a santificar la vida diaria, en cada acción, cada ambiente y cada lugar, aportando a la Iglesia un valor de fe, apologética, vida en coherencia con la creencia y acción apostólica, impagables.

¿Como puede permitirse esta Exhortación, o lo que sea, disertar con frases hechas durante todas su miles de palabras sin mencionar ni una sola vez a este gran santo?

¿Cómo puede además, en lo que parece una auténtica burla, mencionar, entre otros muchos santos a Santa Josefina Bakhita precisamente (nada tengo contra ella, Dios me libre), que “casualmente” fue beatificada junto a Josemaría Escrivá, lo cual hizo que la gente la conociera? ¿Es una burla?

No se explica un documento sobre la santidad en la vida ordinaria sin mención a San Josemaría. Imagínense un documento que pretendiera dar a conocer España y no mencionara Madrid. Pues esto es aún peor.

El enconamiento de los jesuitas con el Opus Dei; cuando aquellos abandonaron la fe fiel a Cristo en manos de Arrupe, mientras la Obra formaba a miles de personas en la sana doctrina, es del todo conocido. Y el papa jesuita no parece ser una excepción en este asunto. Todo lo contrario. De hecho ahí tiene al Opus sin nombrarle obispo al Prelado; por exclusiva arbitrariedad y capricho.

Y entre tanto, ¿lo más grave? Que el Opus hoy defiende la papolatría más ramplona, y come de la mano del Santo Padre, en el abandono de la sana doctrina, la tradición, el magisterio bimilenario y la fidelidad a las Sagradas Escrituras.

Así que es lo que hay… Un papa que no hace magisterio, sino textos ” de buen rollo”…

Una exhortación a la Santidad ordinaria, sin el Santo de la Santidad en lo ordinario…

Y una obra fundada por ese santo que callada, sigue peregrinando a Santa Marta a rendir pleitesía a Bergoglio; y rechaza cualquier voz crítica con él; en otro mal entendimiento (muy doloroso viniendo de la obra) de lo que es ser católico, y de quien es el Papa.

¿Alguien da más?

 

Actualización: Llego a casa; escribo este artículo, y a continuación me pongo a leer el resto de artículos publicados hoy en Infovaticana. Descubro con sorpresa y agrado que hoy mismo La Cigüeña de la Torre ha tratado este mismísimo tema que me ha traído a escribirles. ¿Nos pusimos de acuerdo? No de forma consciente. Pero la búsqueda de la verdad atemporal, y la fidelidad a Cristo y a su Iglesia, es lo que tiene. Acaba encontrándose. Que honor, Paco Pepe, haber pensado igual que tú. Dios te bendiga.

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