Rafael Ortín

 

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P.Chiodi

 

Ya me he referido a las múltiples “ignorancias” del P. Chiodi, más peligrosas en cuanto es profesor de Teología Moral y da conferencias. Añado más.

Como ya pudimos leer…

(https://adoracionyliberacion.com/2018/01/10/y-ahora-a-por-la-humanae-vitae-un-miembro-de-la-academia-pontificia-de-la-vida-defiende-que-las-parejas-puedan-usar-anticonceptivos)

… Chiodi en su conferencia… ¡en la Gregoriana!, se manifiesta en contra de la enseñanza tradicional de la Santa Iglesia Católica. Y ahora lo pruebo, Catecismo en mano, que expresa lo que los católicos debemos creer (sin dudas), practicar (sin “rebajas”), celebrar litúrgicamente (sin “shows”) y orar (sin descanso).

Así, el teólogo moralista italiano explicó que «normalmente, lo objetivo se identifica con la norma moral conocida por la razón y lo subjetivo se identifica con la conciencia iluminada por la ley», pero rechazó esta idea, argumentando en cambio que «la relación entre lo objetivo y lo subjetivo no es una relación entre la norma conocida por la razón y la conciencia sino entre el acto … y la conciencia ». La tarea para los filósofos y teólogos, dijo Chiodi, es «repensar una teoría de la conciencia que recupere el vínculo original entre conciencia y el acto moral».

Pues, parece que no ha entendido el Catecismo, números 1749 hasta el 1794. Transcribo unos pocos:

1756 Es, por tanto, erróneo juzgar de la moralidad de los actos humanos considerando sólo la intención que los inspira o las circunstancias (ambiente, presión social, coacción o necesidad de obrar, etc.) que son su marco. Hay actos que, por sí y en sí mismos, independientemente de las circunstancias y de las intenciones, son siempre gravemente ilícitos por razón de su objeto; por ejemplo, la blasfemia y el perjurio, el homicidio y el adulterio. No está permitido hacer el mal para obtener un bien.

1780 La dignidad de la persona humana implica y exige la rectitud de la conciencia moral. La conciencia moral comprende la percepción de los principios de la moralidad («sindéresis»), su aplicación a las circunstancias concretas mediante un discernimiento práctico de las razones y de los bienes, y en definitiva el juicio formado sobre los actos concretos que se van a realizar o se han realizado. La verdad sobre el bien moral, declarada en la ley de la razón, es reconocida práctica y concretamente por el dictamen prudente de la conciencia. Se llama prudente al hombre que elige conforme a este dictamen o juicio.

Contrariamente al Catecismo, leemos: «Desde esta perspectiva», argumentó Chiodi, «las normas morales no se pueden reducir a la objetividad racional, sino que pertenecen a la vida humana entendida como una historia de salvación y gracia. Las normas conservan lo bueno e instruyen en el camino del bien. Pero son históricas»

O sea que según época, cultura y circunstancias cambian….a gusto del “cliente” y caprichos del “teólogo”… Y las normas las pone cada uno, según interés y conveniencia. ¿suena conocida esta forma de pensar?

Hablando sobre la anticoncepción (Veritatis Splendor n. 80 incluye la anticoncepción entre los actos «intrínsecamente malvados») dijo: «Oficial y objetivamente, la norma se ha mantenido», pero «incluso muchos pastores» no hablan de eso, dijo. «En público, en la catequesis y en la predicación, prefieren no hablar de ello», mientras que «en encuentros personales mantienen una actitud muy indulgente cuando se plantea el problema». «Y por lo tanto», argumentó, «es significativo que Amoris Laetitia hable tan poco de eso»

Ah!! Ahí está el “quid” de la cuestión: aquellos que tienen que enseñar no enseñan y los que tienen que iluminar las conciencias no lo hacen. Volvemos al Catecismo:

1783 Hay que formar la conciencia, y esclarecer el juicio moral. Una conciencia bien formada es recta y veraz. Formula sus juicios según la razón, conforme al bien verdadero querido por la sabiduría del Creador. La educación de la conciencia es indispensable a seres humanos sometidos a influencias negativas y tentados por el pecado a preferir su propio juicio y a rechazar las enseñanzas autorizadas.

Si unos callan y otros tergiversan la Doctrina Católica….están deformando las conciencias de sus fieles, pues si no predican y enseñan la verdad, que es lo que deberían hacer….¡otros introducirán su ideología creando conciencias laxas y erróneas!

Termino con la última parte de ese párrafo: efectivamente, es significativo que Amoris Laetitia hable poco de eso, ¡muy significativo! Pero para vergüenza, propia y ajena.

 

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