Mas Él, dándose cuenta de su hipocresía, les dijo: «¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea». Se lo trajeron y les dice: «¿De quién es esta imagen y la inscripción?». Ellos le dijeron: «Del César». Jesús les dijo: «Lo del César, devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios». Y se maravillaban de Él.


Jesús nos da otra lección de ingenio, de sabiduría y de finura. Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. 

Pero más allá de eso, quedémonos en lo que hay que dar a Dios. ¿Es a Él a quién doy lo mejor de mí?

Ya lo dijo San Jerónimo: «tenéis que dar forzosamente al César la moneda que lleva impresa su imagen; pero vosotros entregad con gusto todo vuestro ser a Dios, porque impresa está en nosotros su imagen y no la del César”

Que así sea. 
                                   Vicente Montesinos

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