Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré: y cuando Él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio; en lo referente al pecado, porque no creen en mí; en lo referente a la justicia porque me voy al Padre, y ya no me veréis; en lo referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo está juzgado. 




Esta pequeña perla del evangelio de hoy,  nos invita a reflexionar al respecto del Espíritu Santo; persona de Dios que viene a nosotros, y que Jesucristo nos anuncia de forma tan gráfica y vehemente.

Y es que el Espíritu demostrará al mundo su error en la sentencia sobre Jesucristo. De esta forma durante cada día de nuestra existencia, el espíritu Santo saca a la luz, para salvarnos, nuestro pecado; siguiendo la tarea redentora de Jesucristo.

Y nuestro principal pecado es la falta de fe en el enviado del Padre. 
Creer o no creer marca la línea del juicio. Y hoy nos podemos preguntar: ¿cómo está mi fe, que firmeza la sustenta, qué hechos dan testimonio de ella?

Que nuestro corazón sea una puerta abierta a ese espíritu de Dios que permanece en nosotros, y al que Cristo nos invita a acoger.

María nos asista en esta tarea.

                                 Vicente Montesinos

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