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Queridos hermanos: estrenaremos pronto, Dios mediante,  el mes de junio, dedicado al Corazón de Jesús; y además celebraremos una de las fiestas más significativas del calendario católico; y fiesta por excelencia para los adoradores: el Corpus Christi.

La Exaltación del Cuerpo y de la Sangre de Cristo; hecho banquete eterno para nosotros, por pura entrega y sacrificio suyo. Todo un Dios hecho pan, que sustenta la vida diaria de nosotros, pobres peregrinos en este mundo.

La fiesta del Corpus nos debe hace reflexionar en la constante necesidad de oración, adoración, contemplación y alabanza a Nuestro Señor Jesucristo, Santísimo Sacramento, y Pan de Vida. Los adoradores siempre han sido “maestros del silencio y la contemplación”, y así debería seguir siéndolo; en este mundo de hoy, henchido de ruido y distracciones malsanas.

Y meditando sobre esto, no creo que sea coincidencia que haya llegado a mí en recientes fechas el libro del Cardenal Sarah “La fuerza del silencio. Frente a la dictadura del ruido”. Su lectura os la aconsejo con fuerza.

Robert Sarah es un cardenal de la Iglesia católica, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, que en los últimos años está realizando una labor impagable en la defensa y cuidado de la liturgia en nuestro Iglesia, con todas las dificultades a las que se está teniendo que enfrentar en los tiempos que corren.

Robert Sarah es un cardenal de la Iglesia católica, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, que en los últimos años está realizando una labor impagable en la defensa y cuidado de la liturgia en nuestro Iglesia, con todas las dificultades a las que se está teniendo que enfrentar en los tiempos que corren.

Como ha dicho Su Santidad, el Papa Benedicto XVI recientemente; “con el Cardenal Sarah la liturgia está en buenas manos” (demos gracias a Dios).

Como ha dicho Su Santidad, el Papa Benedicto XVI recientemente; “con el Cardenal Sarah la liturgia está en buenas manos” (demos gracias a Dios).

En este gran libro que nos trae, Sarah explica que el ruido nos impone su dictadura, hasta el punto de que rara vez añoramos el silencio. Sin embargo, el ruido genera desconcierto, mientras que en el silencio se forja nuestra identidad. El Cardenal habla de la necesidad de silencio interior para escuchar la música de Dios, para que brote la oración confiada en Él, y para entablar relaciones cabales con nuestros allegados. La verdadera revolución -afirma- viene del silencio, que nos conduce a Dios y los demás, para colocarnos a su servicio”.

El Cardenal se pregunta: ¿pueden aquellos que no conocen el silencio alcanzar la verdad, belleza y amor? La respuesta es innegable: todo lo grande está relacionado con el silencio. Dios es silencio. El habla caracteriza al hombre, pero el silencio lo define, porque lo hablado adquiere sentido en virtud de ese silencio.

En este mes próximo mes tan eucarístico; que sepamos, como nos invita Sarah, descubrir a Dios en el silencio, para desde, ese diálogo íntimo, poder salir al mundo a realizar nuestra labor en clave de Dios.

En este mes próximo, tan eucarístico; que sepamos, como nos invita Sarah, descubrir a Dios en el silencio, para desde, ese diálogo íntimo, poder salir al mundo a realizar nuestra labor en clave de Dios.

¡Que el Señor os bendiga!

Vicente Montesinos

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