En aquel tiempo, Jesús habló así: «Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas.


Hoy Jesús nos recuerda que Él es el buen pastor. Al igual que el pastor lleva a las ovejas al pasto, Jesús nos lleva al alimento de su cuerpo y su sangre, redención y liberación sanadora para todos nosotros, tan necesitados de la misericordia de nuestro Dios.

Dejémonos pues pastorear por Jesús, Nuestro Señor, y por los pastores que Él ha dejado a la cabeza de su rebaño, la santa Iglesia católica y apostólica, de la que todos formamos parte, y que es y debe ser nuestro redil, y nuestro lugar de lanzamiento al mundo.

¡Feliz día en el Señor, en la semana que comenzamos hoy y que concluirá en el fin de semana del centenario de las apariciones de la virgen en Fátima!

Vicente Montesinos

Anuncios