Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa». Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. 
Señor, que como Zaqueo te deje entrar en mi casa y en mi corazón, aunque no me sienta muy digno de tu visita. 

Que como en Zaqueo, la conversión en mi sea total: que como él empiece con la renuncia a la ambición de riquezas, continúe con el propósito de compartir mis bienes y acabe con la resolución de hacer justicia, corrigiendo los pecados que he cometido. 

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