Código Ratzinger: el libro-investigación. Benedicto XVI papa legítimo, Bergoglio ilegítimo. El Papa Francisco no existe

El libro, escrito para laicos y creyentes por igual, desvela la mayor impostura de los últimos siglos: por lo tanto, seguirá siendo ignorado por el mainstream, estén seguros. La técnica básica es fingir que se ignora el tema porque sería muy arriesgado abrir el debate.

2 2.013

 

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Ancrea Cionci

 

Traducción autorizada: Maria Luisa Perez Gherlone

 

 

Misión cumplida: el mosaico está por fin montado de nuevo. No fue fácil: dos años de estudio, unas 800 horas de trabajo (y no pocas noches sin dormir) para producir más de 200 artículos. La investigación completa está ahora disponible en un volumen de 340 páginas, “Código Ratzinger” (ByoBlu edizioni, 2022), que aclara finalmente la Magna Quaestio sobre los llamados “dos papas”.

A pesar de la laboriosa, pero lógica reconstrucción, todo, al final, resultó sencillo y adamantino: el Papa Benedicto, obligado a salir del paso por los poderes globalistas y la facción eclesiástica modernista que apoyaba a Bergoglio, no abdicó en absoluto en 2013, sino que “puso a prueba” a sus enemigos con una cándida y sincera declaración en la que, renunciando al ejercicio del poder, se retiró a la sede impedida, un estatus canónico en el que el Papa está preso y se le impide comunicarse libremente. Así, siguió siendo el Papa a todos los efectos, aunque contemplativo y privado del poder de gobernar, y sus enemigos, cegados por el ansia de poder, agarrando el primer acto que hablaba de “renuncia”, se cismatizaron y anularon convocando un cónclave nulo con un Papa ni muerto ni abdicado.

Así se revela el misterio del doble papado: “una especie de ministerio ampliado” entre dos papas, sí, pero uno legítimo-contemplativo (Benedicto XVI) y el otro ilegítimo-activo (Bergoglio). Para distinguirse del antipapa, Benedicto es, por tanto, el “emérito”, no “el papa retirado” (legalmente imposible y, de hecho, inexistente), sino “el que merece”, el que “tiene derecho” a ser papa, del verbo emereus.

¿Quién dice esto? Mientras tanto, una veintena de especialistas, teólogos, canonistas, juristas y latinistas que han traducido correctamente la Declaratio del latín, donde el verbo vacet no significa “sede vacante”, sino “sede vacía”; pero sobre todo es el propio Papa Benedicto quien la explica en un lenguaje extremadamente preciso, pero sutilmente lógico, debido a que, al estar legalmente en cautiverio, no puede hablar libremente. Es lo que hemos llamado el “Código Ratzinger”, un estilo de comunicación que reproduce totalmente el de Jesús con sus enemigos y que está destinado a los que “tienen oídos para comprender”.

¿Pero luego esos abrazos con Francisco? Benedicto XVI, Vicario de Cristo, ama a Bergoglio como Jesús amaba a Judas, tanto que el Salvador, hasta el final, intentó salvar el alma del apóstol traidor.

Si fuera realmente “ex papa”, ¿no habría tenido que desmentirlo el Papa Benedicto? Por supuesto, pero cuando nos contestó por carta, no lo hizo. Al contrario.

¿Les parece chocante todo esto? Tienen razón: LO ES, pero ¿cuántas cosas impactantes han sucedido en la historia? Quizá les consuele el hecho de que, un mes después del descubrimiento de la sede impedida, los canonistas de Bolonia crearon -según parece- un grupo de estudio “sobre el papa emérito y el papa impedido” .

Ustedes mismos pueden verificar si la investigación se produce o no sobre la base de pruebas, documentos, hechos absolutamente indiscutibles. Hasta ahora, las únicas objeciones recibidas se referían a errores de pronunciación infantiles del apellido del escritor, a insultos gratuitos y a observaciones sobre el hecho de que Ratzinger, a sus 78 años, aún no había comprendido del todo el papel del Papa.

Y sin embargo, nihil sub sole novum: ha habido 40 antipapas en la historia y no tiene sentido que Bergoglio se moleste en nombrar cardenales, completamente inválidos por supuesto, para asegurar la sucesión de alguien como él. Sólo elegirían a otro antipapa.

Podemos decir que si se tratara de una invención, de una novela a lo Dan Brown, sería la obra maestra de ficción más extraordinaria e increíble de todos los tiempos, ya que habría conseguido organizar CIENTOS de datos aleatorios, de declaraciones “distraídas” del Papa Ratzinger en un diseño perfectamente superponible a la Declaratio, al derecho canónico, a la teología, al latín, a la actualidad y a la historia eclesiástica. No somos tan buenos novelistas: aquí de genios sólo hay uno y es el Santo Padre Benedicto XVI, uno de los más grandes pontífices de la historia, todavía casi totalmente incomprendido.

El Código Ratzinger es un extraordinario lenguaje de verdad esencial, de ultratransparencia: enfrentarse a él es una verdadera “EXPERIENCIA DE CONVERSIÓN”, a la fe o a la lógica, según la predisposición de cada uno. Benedicto XVI consiguió -sorprendentemente- ser siempre perfectamente sincero, dominando la palabra, incluso en una situación que hubiera justificado que simulara.

Es exactamente lo contrario de esas “fake news astutas”, o de la “brujería culta” de la que habló Bergoglio el 25 de mayo, el mismo día en que salió el libro. Es, más bien, la Lógica, el Logos: la razón que revela la verdad.

El mérito histórico de haber dado espacio a la investigación, en un clima de oscura y opresiva censura mediática, se debe en primer lugar a Libero y ByoBlu, y después a RomaIT, La Finanza sul web, Radio Libertà, Databaseitalia.it y Radio. Pero cada día surgen más periódicos y blogs que se interesan por el tema, y el debate ha llegado por fin a Estados Unidos. Impensable, hasta el año pasado.

El libro-investigación se organiza de la siguiente manera: una parte contextual en la que se documentan los enemigos dentro y fuera de la Iglesia del Papa Benedicto y su situación de impotencia para gobernar. A continuación, se ilustra el aspecto canónico, de manera popular, aunque con notas de profundización para los “especialistas”, con todos los escenarios para el período posterior a Benedicto XVI o el después-Bergoglio.

Una amplia sección está dedicada al Códice del Papa Ratzinger, es decir, a las decenas de frases en las que él mismo explica exactamente cómo se retiró in sede impedida. La cantidad de ejemplos constituye una verdadera “enciclopedia de la evidencia”, como la definió ayer Fray Alexis Bugnolo, efectivamente

Se crea así una tenaza lógica implacable: los que se engañan a sí mismos pensando que pueden confundir las cartas sobre el aspecto canónico, deben asumir lo que el propio Benedicto XVI explica en el Código Ratzinger; los que creen que tales mensajes son meramente casuales, fruto de la distracción o de la “mala preparación cultural” (¡!) del papa-teólogo, deben confrontarlos con la adhesión absoluta y constante al aspecto canónico descrito. No hay forma de evitarlo.

Luego hay una sección dedicada a la “resistencia” católica, prácticamente desconocida para el público en general, con los obispos Lenga, Gracida, Viganò, el padre Minutella, el padre Bernasconi y muchos otros clérigos que dijeron la verdad, pagando un alto precio; luego hay varios capítulos que tratan del “tabú” de la Magna Quaestio: cómo esta realidad es rechazada, opuesta, manipulada y ocultada por los principales medios de comunicación, el clero y los intelectuales seculares y católicos, incluso -increíblemente- por los tradicionales-conservadores.

Una parte importante del libro explica cómo Bergoglio, además de no ser Papa, ni siquiera es católico, sino todo lo contrario, completamente anticatólico, como se desprende del intento de derrocamiento doctrinal llevado a cabo según una técnica sutil, de “sobreactuación” y un poder mediático que aprovecha la manipulación emocional de las masas.

“Código Ratzinger” no es un libro sobre Francisco, pero el enfoque en el antipapa y su espiritualidad tan especial explica una vez más cómo y por qué Benedicto XVI tuvo que recurrir al plan de contingencia -preparado durante 30 años- para salvar a la verdadera Iglesia. Además, este hecho corrobora -se sea creyente o no- el dogma de la infalibilidad papal: Francisco puede permitirse el lujo de trastocar la fe católica y cometer continuas meteduras de pata porque no es el Papa, no tiene el munus, la investidura divina que sigue teniendo el Santo Padre Benedicto XVI.

El libro, escrito para laicos y creyentes por igual, desvela la mayor impostura de los últimos siglos: por lo tanto, seguirá siendo ignorado por el mainstream, estén seguros. La técnica básica es fingir que se ignora el tema porque sería muy arriesgado abrir el debate.

No hay mal que por bien no venga: la verdad se impone por sí misma y ya se extiende por el mundo. Veremos algunas cosas buenas.

Muchas gracias a todos los lectores que han contribuido con sus ánimos, las utilísimas sugerencias enviadas al correo electrónico de consulta codiceratzinger@libero.it y por las traducciones a otros idiomas de los artículos hasta ahora.

Ustedes han creado la primera “investigación participativa” de la historia, en defensa del verdadero Papa y de la verdadera Iglesia.

 

 

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2 comentarios
  1. Alberto Ramón Althaus says

    Sólo una pregunta:
    ¿Cómo es que Benedicto dejando el poder en manos de Bergoglio salva a la Iglesia? o lo que es lo mismo ¿de qué manera la situación de la Iglesia puede mejorar si sabemos que Benedicto es el único papa siendo que los cardenales han sido elegidos en su gran mayoría por Bergoglio y todos los auténticos cardenales no elegidos por Bergoglio lo apoyan y reconocen como pontífice?
    Un misterio de iniquidad, una apostasía general y la abominación de la desolación dentro del templo.
    Recuerde que Bergoglio va a morir como todos y, luego, se llamará a un cónclave en el que participarán los falsos cardenales elegidos por Bergoglio y los verdaderos.
    No digo que el libro y el autor no tengan razón pero todo esto indica una ruptura con la tradición y con la continuidad papal y de la Iglesia misma que tiene trágicas consecuencias.
    “Ahora todos reformistas” dijo Bergoglio y estamos ante un intento de reiniciar de cero una iglesia al estilo de Lutero y al estilo del anglicanismo con todas las desgraciadas consecuencias de ausencia completa de racionalidad en lo que se busca crear pues está fuera del alcance humano crearlo.
    Aunque comparto el punto de vista del autor y comparto la necesidad de decir la verdad con decirla no se soluciona nada más que para aquellos que pueden esperar que todo esto termine en un nuevo lefebvrismo llamado viganocismo, una pequeña Iglesia que tenga a Bergoglio y a los sucesores de Bergoglio como antipapas al mismo tiempo que como sucedió con la Fraternidad San Pío X busque llegar a algún reconocimiento y a alguna especie de aceptación de la situación irregular de parte de una Iglesia de antipapas con lo cuál evidentemente no se junta sino que se desparrama.
    Es bueno comprender que si la Iglesia se termina no pueden los hombres volver a reiniciarla porque es institución divina más que humana, Creatura divinizada.
    Con lo cuál me parece que el libro debería apuntar a los tiempos finales y a la Jerusalén Celestial, o sea, a una solución extrahistórica y no intrahistórica como pretenden muchos.
    Benedicto no puede salvar a la Iglesia porque no es el Salvador, hay un sólo Salvador y todo intento de salvar a la Iglesia de manera mundana desparrama más que junta, es decir, desde el Concilio Vaticano II, Benedicto, los progresistas y Bergoglio intentan salvarla a la Iglesia y no han comprendido la naturaleza de la Iglesia y lo que no pueden los hombres en Ella.
    Sin duda, el autor tiene toda la razón y Benedicto puede ser reconocido como el auténtico papa pero eso no cambia la realidad de la Iglesia y de la crisis actual de la Iglesia ni la mejora en nada.
    Si Benedicto hubiera aguantado dos años más Bergoglio no era papable.
    Lefebvre se adelanta a nombrar obispos y romper con Roma y Dios le da dos años más de vida para que piense en su intento de salvación de la Iglesia.
    De la misma manera Dios mantiene a Benedicto vivo para que vea su obra.
    De la misma forma Dios no dejó a Moisés ver desde lejos la tierra prometida pero no entrar en ella y a David le dio tanta vida que al final le debieron suministrar una esposa joven para que le diera calor por las noches y a la que no pudo conocer ya que había conocido a la mujer de Urías.
    En todos estos temas hay que decir la verdad y no ocultarla y la verdad es que los católicos dependemos de que Cristo vuelva pronto, eso siempre fue así, lo que sucede es que no era para algunos conveniente exigir esa fe en la segunda Venida porque los hombres aman demasiado el Mundo y la Iglesia terrenal y ambos deben morir para que surjan nuevos Cielos y nuevas Tierras.
    El católico podía decir que tenía fe en la resurrección de Cristo luego de fuera crucificado y de que dentro de cientos de años Cristo volvería, no ataba esa fe a una interpretación literal y ubicaba todo ello en un misterio que podía resultarle cómodo y mundano y que no necesitaba explicar.
    ¿Hallaré fe a mi regreso? ¿Fe en qué? Fe en mi regreso.
    Porque si no hay fe en el regreso de Cristo no hay verdadera fe por ello los hombres se niegan a ver los signos de los tiempos porque se oponen a que Cristo vuelva pronto porque aman al Mundo y a la Iglesia terrenal más que la Segunda Venida de Cristo, más que a Cristo y más que a Dios.
    No cumplen el primer mandamiento amar a Dios sobre todas las cosas.
    Ahora, todo nos da muestras de que la Iglesia no puede continuar, ha roto con la tradición y la moral de muchas maneras y ha roto con lo santo también.
    Esta ruptura puede llevarnos a pensar como Viganó no sólo en la pérdida de santidad de la Misa del Nuevo Orden sino en la pérdida de santidad que implica este pecado de apostasía general cometido por la jerarquía de múltiples maneras y en comunidad y cometido también por todos los católicos y todos los hombres.
    Así como los primeros padres pecaron en comunidad y, por ellos, hemos heredado el pecado original y por ese pecado y los pecados de todos los hombres Cristo fue crucificado por este pecado de ruptura, de adulteración de la fe y de apostasía general es más que probable que merezcamos el comienzo del Apocalipsis y de los tiempos finales.
    Se ha roto y retirado algo que no se puede recomponer: el katejón, el obstáculo para la venida del Anticristo.
    Eso es lo que temo pero, también, por la Jerusalén Celestial y por la resurrección de los muertos y la Segunda Venida de Cristo es lo que espero.
    Porque si no vuelve Cristo pronto vana es nuestra fe como es vana nuestra fe si Cristo no hubiera resucitado como señaló San Pablo.
    Así que son tiempos excelentes como diría el P. Castellani porque los peores tiempos son los mejores para el católico porque tiene a que atenerse pero hay que saber a qué atenerse y en Quién confiar.

    1. Alberto Ramón Althaus says

      Es más la mayoría de los católicos en la Iglesia no esperan que Cristo vuelva pronto sino que esperan que Bergoglio pase pronto.

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