Bergoglio ya ha dispuesto hasta el nombre para su sucesor: «Juan XXIV»

Quiere influir en la elección de su sucesor, y con ese nombre exige que sea de un perfil como el suyo

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AyL Redacción

Agencias

 

“En el 2025 será Juan XXIV quien hará la visita”. Así respondía la semana pasada Jorge Mario Bergoglio a la invitación del obispo de Ragusa quien, en una audiencia privada, quería confirmar su presencia a los actos del 75 aniversario de la creación de su diócesis, que se celebrará en cuatro años.

Es una gracia recurrente, que ya ha utilizado en otros encuentros anteriores, pero nada inocente. Bergoglio, consciente de que su tiempo al mando de la Iglesia será breve, quiere influir en la elección de su sucesor y, con la elección de ese nombre, muestra su preferencia por un perfil similar al suyo.

La elección e imposición no es inocente.  Juan XXIII fue el gran reformador, convocó el Concilio Vaticano II que implicó el mayor “aggionamiento” de la Iglesia en los últimos siglos. Al referirse a Juan XXIV, Bergoglio pretende ejercer de “gran elector” —el cardenal que no tiene opciones de ser Papa, pero que influye de forma significativa en el proceso— en un cónclave en el que no va a participar. Marca la línea a seguir a los cardenales, la mayoría elegidos por él. Y condiciona a su sucesor. Si finalmente elige ese nombre, se significará como un continuista del argentino, si no lo hace, sabremos que hay ruptura desde el mismo momento en que su nombre sea anunciado en la plaza de San Pedro.

En realidad, el cónclave que designará a su sucesor ya es totalmente bergogliano. De los 121 cardenales electores —menores de 80 años—, 70 han sido creados por Bergoglio, 38 por Benedicto XVI y solo 13 por Juan Pablo II. Una proporción que variará en breve. Antes de diciembre de 2022, 11 de ellos cumplirán la edad de jubilación, por lo que es muy probable que Bergoglio convoque un nuevo consistorio, la ceremonia de creación de cardenales y sume una decena más de electores. De esta forma, los cardenales creados por Bergoglio supondrían los dos tercios de mayoría necesaria para elegir al nuevo pontífice. Una circunstancia que, sin embargo, no garantiza que el próximo Papa sea un clon de Francisco.

Bergoglio sabe que le queda poco tiempo. Cumplirá 85 años el próximo 17 de diciembre y sus problemas de salud se multiplican en los últimos meses.

Su renuncia, con la que se especuló hace unas semanas, ha sido frenada por el hecho de que el Papa Benedicto XVI, sigue todavía vivo. Si ya es extraña la situación en una Iglesia con dos «papas», solo uno de los cuales (Benedicto) es legítimo;  los problemas se multiplicarían con «dos eméritos». En esas circunstancias, Bergoglio parece tener asumido que seguirá «ocupando» la silla de Pedro hasta que el Señor le llame a juicio sumarísimo.

En estas circunstancias, se multiplican las reuniones y encuentros entre cardenales, promovidos por los grandes electores, buscando sumar apoyos para alguno de los candidatos mejor posicionados. Cualquier gesto o palabra de estos es interpretado en clave de cónclave. Y en este ambiente también se ha hecho presente Bergoglio con su “elección” de Juan XXIV.

Tremendo

 

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