¡URGENTE! «¿POR QUÉ EL PAPA FRANCISCO TIENE QUE DIMITIR?» ASÍ TITULA SU CARTA ABIERTA A BERGOGLIO EL PADRE JESUSMARY MISSIGBÈTÒ

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NOTA DEL DIRECTOR: Les compartimos esta Carta abierta a Jorge Mario Bergoglio, remitida por el valiente sacerdote africano Jesusmaría Missigbètò. La carta es imperdible; y sigue sumándose a los testimonios de cada vez más consagrados que ponen luz en medio de las tinieblas.  Aunque nosotros no compartimos la consideración de Jorge Mario Bergoglio como papa; y únicamente aparece como Papa Francisco en esta entrada en tanto en cuanto es la carta original del Padre Missigbètò; apoyamos la difusión de este escrito por todo lo que en él hay de verdad y de valentía. Oramos por el querido Padre Missigbetò; y esperamos que las represalias de Bergoglio esta vez no sean muy duras… Aunque realmente somos conscientes de que las persecuciones, suspensiones y excomuniones de Bergoglio, son coronas para la Gloria… ¡Adelante! Vicente Montesinos.

 

 

Por cierto; en oración por este sacerdote, y por todos los sacerdotes perseguidos por la jerarquía «oficial», les rogamos encarecidamente que se unan hoy con nosotros al rezo del Santísimo Rosario; en el siguiente enlace:

 

 

 

 

 

 

 

 

PADRE JESUSMARY MISSIGBÈTÒ

 

 

 

¿POR QUÉ EL PAPA FRANCISCO TIENE QUE DIMITIR?

(Carta abierta al Papa Francisco)
Muy Querido Papa Francisco,
¡Que la paz del Señor esté siempre con Usted y que el Espíritu Santo le asiste siempre en su misión de buen pastor por la Iglesia universal! Le escribo estas líneas de rodillas delante del Santísimo Sacramento y pensando en las lágrimas de la Virgen Santísima derramadas por la Iglesia y el mundo. Pido al Señor que me dé fuerzas para hacer lo que no tengo ninguna gana de hacer pero que debo de hacer ad maiorem Dei gloriam. Pido también que me dé las palabras justas, amenas y a la vez sinceras, que puedan llegar a tocar lo más hondo de su corazón y hacerle reaccionar positivamente.
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A. ¿POR QUÉ ESCRIBO UNA CARTA ABIERTA A PAPA FRANCISCO?
Querido Santo Padre, me presento a Usted: #IamCatholicJesusLoveTruth.
Soy un pobre pequeño sacerdote africano que gusta vivir en la calma pero al cual han llegado rumores de una declaración de Su Santidad sobre la homosexualidad, que ha escandalizado a millones de cristianos en el mundo, pero también a judíos, musulmanes e incluso paganos. Fue en un documental de Evgeny Afineevsky que se proyectó en Roma, el 21 de octubre de 2020. Hablando de las personas homosexuales, Su Santidad dijo: «Lo que tenemos que hacer es una ley de convivencia civil; tienen derecho a estar cubiertos legalmente. Yo defendí esto.»
Querido Santo Padre, como recordó el Cardenal Raymond Leo Burke, estas tres frases son problemáticas porque están totalmente en oposición con la enseñanza tradicional de la Iglesia Católica, lo que implica de su parte una rectificación pública. De hecho, existe un documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe, fechado al 3 de junio de 2003, que prohíbe expresamente las leyes de convivencia homosexual. Este documento, que de aquí en adelante llamaremos CDF 2003, tiene por título «Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales». Fue redactado por el Cardenal Joseph Ratzinger (luego Benedicto XVI) y avalado por el Papa San Juan Pablo II. Pero si es así, ¿por qué Su Santidad sigue dirigiendo la Iglesia Católica como si fuera todo normal y que nada de gravísimo hubiera pasado?
Hoy, 21 de noviembre 2020, hace ya un mes que hubo esta declaración pública y Usted no ha querido todavía rectificar públicamente, a pesar de las llamadas de tantos cardenales, obispos, sacerdotes y laicos. Por tanto, me he sentido obligado en conciencia de no caer en la adulación, pecado prohibido por el octavo mandamiento del Decálogo. Según recuerda el Catecismo de la Iglesia Católico: «Debe proscribirse toda palabra o actitud que, por halago, adulación, o complacencia, alienta y confirma a otro en la malicia de sus actos y la perversidad de su conducta. La adulación es una falta grave si se hace cómplice de vicios o pecados graves. El deseo de prestar servicio o la amistad no justifican una doblez del lenguaje» (2480).
Muy Querido Santo Padre, hago notar que está lejos de mí la intención de juzgar a la persona y conciencia de Su Santidad. Leemos en el Nuevo Testamento: «Unus est legislátor et iudex; tu autem quis es, qui iúdicas próximum?» (Santiago 4, 12) Los hijos de la Iglesia no pueden ni deben juzgar la consciencia del Papa. El Papa rinde cuenta solamente a Dios. Pero sí, los hijos pueden juzgar lo exterior o sea la conformidad o no de los hechos y dichos del Papa con la vida y enseñanza de Jesucristo transmitida por los Apóstoles. Y si parece que hay un error, existe una obligación moral de decírselo al Santo Padre. Es lo que hizo Pablo con San Pedro en Antioquía. Y es lo que hicieron los cardenales y obispos animando al Papa Francisco a rectificar.
¡Todavía, Santo Padre, es tiempo de rectificar y pedir perdón al Pueblo cristiano! El amor de los católicos hacia el Papa Francisco no va a disminuir en este caso. Al contrario crecerá porque el Papa dará ejemplo de humildad y sabiduría. No se pide a los jefes que sean impecables sino que sepan pedir perdón cuando se equivoquen. «Rectificar es de sabios», dicen los españoles. Cuando, Pedro, por tres veces negó a Jesús en la Pasión, Jesús rezó por él. Pedro se arrepintió y lloró amargamente su traición al Maestro. Y cuando fue propicio el momento, Jesús le ayudó a reparar su triple negación a través de una triple manifestación de amor: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» Y Pedro respondió: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero» (cf. Juan 21, 15-17). Hoy, en la Iglesia Católica, por amor a Jesucristo, muchos fieles (entre los cuales deseo ponerme el primero) siguen amando al Papa Francisco porque es nuestro Padre común en la fe y no podemos no quererle a pesar de su opinión opuesta al magisterio tradicional de la Iglesia Católica.
Pero, hace ya un mes y el Papa Francisco ha decidido no rectificar ni pedir perdón al Pueblo cristiano. Aquello es quizá la prueba cierta de que nunca lo hará. Y, porque no se ha dicho toda la verdad a los obispos y a los fieles, la vida sigue igual como si nada de grave hubiera pasado. Sin embargo, la realidad es otra. Ha pasado algo extremamente grave: el Santo Padre, autoridad moral más alta del mundo, ha dado su «nihil obstat» a los Estados para que tengan leyes civiles de convivencia homosexual, también llamadas leyes de unión civil homosexual. Esto significa indirectamente que el Papa no ve la maldad de los actos sexuales antinaturales. Esta postura es inédita en 2100 años de cristianismo. El revuelo mediático internacional era entonces más que justificado. De los 266 Papas que ha tenido la Iglesia Católica, Francisco es el primero en hacer una tal concesión.
La verdad es que es difícil dejarse conducir por un Papa que no acepta integralmente la doctrina moral católica legítimamente establecida. Por eso, me he sentido obligado a recurrir a los medios internacionales de comunicación para enviarle esta carta ya que fue a través de estos medios que las palabras de Su Santidad llegaron al mundo entero. Espero pues que, a pesar de mi pequeñez, esta carta abierta llegue también a toda la tierra para ayudar a todos a entender mejor la enseñanza tradicional de la Iglesia y el grave error que el Santo Padre no quiere rectificar. Le pido, Santo Padre, con extremo dolor: ¡Rectifique y pida perdón al Pueblo cristiano! Si no, es mejor dimitir…
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B. ¿POR QUÉ EL PAPA FRANCISCO TIENE QUE DIMITIR?
1. SU SANTIDAD SE EQUIVOCÓ VOLUNTARIAMENTE…
– ¿Podría el Papa equivocarse? Sí y No. La respuesta es no, a causa del dogma de la infalibilidad papal: «El Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra –esto es, cuando cumpliendo su cargo de pastor y doctor de todos los cristianos, define por su suprema autoridad apostólica que una doctrina sobre la fe y costumbres debe ser sostenida por la Iglesia universal–, por la asistencia divina que le fue prometida en la persona del bienaventurado Pedro, goza de aquella infalibilidad de que el Redentor divino quiso que estuviera provista su Iglesia en la definición de la doctrina sobre la fe y las costumbres» (Concilio Vaticano I, Primera Constitución dogmática «Pastor Aeternus» sobre la Iglesia de Cristo, Capitulo 4, 18 de julio de 1870).
Mire, Querido Santo Padre: Ya tenemos aquí una primera contradicción suya. ¿Piensa, Santidad, que lo que ha dicho en las tres frases problemáticas es verdad y que podría incluso valer para la Iglesia universal y que también Usted podría proponerlo «ex cathedra»? Si la respuesta es sí, entonces Usted estaría poniendo en juego su propia elección como Papa porque, según el dogma de la infalibilidad, ningún Papa, asistido por el Espíritu Santo, puede proponer «ex cathedra» a la Iglesia universal un error moral. Mientras está claro que la aceptación de leyes de convivencia homosexual es un error moral inadmisible según la ley de Dios, como recordaron Juan Pablo II y Benedicto XVI: «La Iglesia enseña que el respeto hacia las personas homosexuales no puede en modo alguno llevar a la aprobación del comportamiento homosexual ni a la legalización de las uniones homosexuales» (CDF 2003, 11). Necesariamente, la respuesta de Su Santidad debería ser no, para que su elección fuera valida y confirmar que el Espíritu Santo le asiste. Pero, si la respuesta es no o sea si lo que Usted ha dicho no es verdad, ¿por qué tarda tanto Su Santidad en rectificar y despegarse públicamente del error? Su reticencia extraña mucho y lleva uno a hacerse muchas preguntas sobre el verdadero motivo de esta resistencia a rectificar.
– ¿Podría el Papa equivocarse? La respuesta es sí, cuando el Papa no habla «ex cathedra». Y es el caso en el problema actual. El Papa Francisco no ha hablado «ex cathedra» sino que cometió el error de hacer pública a través de un documental una opinión que desagradecidamente está claramente opuesta a la enseñanza tradicional de la Iglesia. Cualquier persona honrada e imparcial que tome un poco de tiempo para leer CDF 2003 se da cuenta inmediatamente de que las tres frases de Su Santidad entran en oposición con este documento. Pero este documento no es fruto de una opinión personal del Papa Juan Pablo II y del Papa Benedicto XVI. Es más bien un documento sólido y bien apoyado sobre la Tradición moral multisecular de la Iglesia Católica.
– ¿Podría un cristiano aceptar leyes civiles de convivencia homosexual? La Iglesia siempre ha respondido claramente que no, porque el amor a las personas homosexuales no puede significar separarse de la verdad sobre la negatividad de los actos homosexuales. Amamos a las personas homosexuales (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2358) pero esto no debería impedir decirles la verdad o sea que los actos homosexuales son intrínsecamente malos y contrarios a la dignidad de la persona humana (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2357). En el Evangelio, vemos que Jesús también actuó con caridad y verdad para con los pecadores (cf. Juan 8, 10-11). A la mujer adúltera, Jesús dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado? Tampoco yo te condeno.» Aquello es la «caritas» y la «misericordia». Pero, a la vez, Jesús animó a la misma mujer adúltera a despegarse de su mal comportamiento fijándola en la «veritas»: «Vete, y en adelante no peques más.»
Con CDF 2003, la Iglesia ha aclarado simplemente que la situación sexual de las personas homosexuales es un hecho privado y que no tiene porqué salir al espacio público: «En este sentido es necesario reflexionar ante todo sobre la diferencia entre comportamiento homosexual como fenómeno privado y el mismo como comportamiento público, legalmente previsto, aprobado y convertido en una de las instituciones del ordenamiento jurídico. El segundo fenómeno no sólo es más grave sino también de alcance más vasto y profundo, pues podría comportar modificaciones contrarias al bien común de toda la organización social» (6).
Permitir que la homosexualidad salga al espacio público aceptando leyes civiles de convivencia homosexual es abrir la puerta a peligros en contra del matrimonio entre hombre y mujer y también en contra de la familia natural, bases de toda sociedad verdadera y justa. «Reconocer legalmente las uniones homosexuales o equipararlas al matrimonio, significaría no solamente aprobar un comportamiento desviado y convertirlo en un modelo para la sociedad actual, sino también ofuscar valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad» (11). «La sociedad debe su supervivencia a la familia fundada sobre el matrimonio. La consecuencia inevitable del reconocimiento legal de las uniones homosexuales es la redefinición del matrimonio, que se convierte en una institución que, en su esencia legalmente reconocida, pierde la referencia esencial a los factores ligados a la heterosexualidad, tales como la tarea procreativa y educativa» (8).
– ¿Son necesarias las leyes civiles de convivencia para proteger los derechos humanos y civiles de las personas homosexuales? La respuesta dada por CDF 2003 a esta pregunta es no. «Es falso el argumento según el cual la legalización de las uniones homosexuales sería necesaria para evitar que los convivientes, por el simple hecho de su convivencia homosexual, pierdan el efectivo reconocimiento de los derechos comunes que tienen en cuanto personas y ciudadanos. En realidad, como todos los ciudadanos, también ellos, gracias a su autonomía privada, pueden siempre recurrir al derecho común para obtener la tutela de situaciones jurídicas de interés recíproco. Por el contrario, constituye una grave injusticia sacrificar el bien común y el derecho de la familia con el fin de obtener bienes que pueden y deben ser garantizados por vías que no dañen a la generalidad del cuerpo social» (9).
Añado dos otros textos. «Para sostener la legalización de las uniones homosexuales no puede invocarse el principio del respeto y la no discriminación de las personas. Distinguir entre personas o negarle a alguien un reconocimiento legal o un servicio social es efectivamente inaceptable sólo si se opone a la justicia. No atribuir el estatus social y jurídico de matrimonio a formas de vida que no son ni pueden ser matrimoniales no se opone a la justicia, sino que, por el contrario, es requerido por ésta» (8). «Dado que las parejas matrimoniales cumplen el papel de garantizar el orden de la procreación y son por lo tanto de eminente interés público, el derecho civil les confiere un reconocimiento institucional. Las uniones homosexuales, por el contrario, no exigen una específica atención por parte del ordenamiento jurídico, porque no cumplen dicho papel para el bien común» (9).
En realidad, los derechos humanos y civiles de las personas homosexuales pueden ser garantizados por leyes civiles ordinarias que valen para todos los ciudadanos. Por ejemplo, para protegerse contra los maltratamientos, para gestionar bienes patrimoniales, herencias, seguros de salud, etc. Se concluye por tanto que una «ley de convivencia homosexual», no es ni necesaria ni útil para la sociedad. Por el valor que tiene el matrimonio entre hombre y mujer, para cualquier sociedad humana justa y verdadera, no se puede permitir un cuadro jurídico equiparado fundado sobre la unión homosexual. Se ve que para entender mejor la posición tradicional de la Iglesia Católica, es importante hacer una distinción entre «ley de protección» y «ley de convivencia». Las leyes de protección ayudan a proteger los derechos humanos y civiles básicos de todos los ciudadanos. Estas leyes de protección son también una manifestación de caridad y misericordia porque protegen, de malos tratamientos e injusticias, a los ciudadanos que están en conflicto moral con la sociedad.
– ¿Se equivocó el Santo Padre involuntariamente? No, el error del Santo Padre ha sido totalmente voluntario. Primero porque las tres frases polémicas son de una entrevista del año 2019. En esta época, cuando se hizo pública esta entrevista, se cortó esta parte polémica. ¿Por qué? Ciertamente porque se sabía que no iba a ser apreciada en este momento. Pero ahora ha sido entregado a Evgeny Afineevsky para que hiciera su documental. De hecho, Afineevsky es homosexual activo (realizador en el año 2009 de una película que hace la promoción de la homosexualidad). Además es gran amigo del Papa Francisco: recibió todo el material y todas las facilidades para hacer su trabajo; el Santo Padre ha visto el documental mucho antes de que se hiciera público; Afineevsky ha festejado su cumpleaños 48 en el Vaticano con una torta, en presencia del Santo Padre; y al final, Afineevsky ha sido felicitado y recompensado en los jardines vaticanos con el Premio Kinéo.(*1) Pero la mejor prueba de que el error ha sido totalmente voluntario es que…
2. SU SANTIDAD REHUYE ADMITIR QUE SE EQUIVOCÓ…
Muy Querido Papa Francisco, el problema actual es muy gordo. Usted, en cuanto doctor privado ha enseñado un grave error a la humanidad entera a través de su declaración en el documental de Evgeny Afineevsky. Los Cardenales Burke y Müller, Mons. Thomas Tobin, Mons. Viganò, Mons. Athanasius Schneider y otros cardenales y obispos pidieron al Papa clarificación y rectificación. Pero el Papa decidió no rectificar. Esta actitud extraña por al menos dos motivos.
El primer motivo es el magnífico y bonito ejemplo de humildad que la providencia ha querido que nos deje San Pedro. Ya vimos antes cómo rectificó de su triple negación. Pero San Pedro volvió a equivocarse en Antioquía (cf. Gálatas 2, 11-14). En esta ocasión, San Pablo no fue «papólatra» sino que, públicamente y firmemente, porque era un asunto importante por la Iglesia, reprendió a San Pedro llamándole a rectificar: «cuando vino Cefas a Antioquía, me enfrenté con él cara a cara, porque era digno de reprensión». San Pablo hizo notar que «los demás judíos le imitaron en su simulación, hasta el punto de que el mismo Bernabé se vio arrastrado por la simulación de ellos». Bernabé, seguramente sin saberlo, fue «papólatra» y cayó en la adulación porque tenía un amor ciego para con Pedro. Siguió sin discernimiento a Pedro en su error.
El segundo motivo que hace que uno se extraña de que Papa Francisco no rectifica de su error es lo que pasó el 31 de diciembre de 2019, cuando el Santo Padre, enfadado, golpeó públicamente la mano de una mujer china en la plaza de San Pedro. El Santo Padre se disculpó rápidamente al día siguiente en el Ángelus. Y aquel episodio de la mujer china no disminuyó el amor de los que querían realmente al Papa. Al contrario, entendimos que el Papa necesitaba más de nuestras oraciones y le hemos perdonado rápidamente esta debilidad humana. Pero, ¿por qué ahora cuando hay un golpe bastante evidente en contra de la enseñanza tradicional de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia, ahora que están en la confusión muchos fieles de la Iglesia, el Santo Padre no rectifica rápidamente? Peor todavía…
3. SU SANTIDAD PONE EN PELIGRO LA MORAL CRISTIANA…
Los medios de comunicación vaticanos acallaron muy bien las noticias comprometientes que vinieron del país nativo del Papa Francisco. Así que muchos obispos y fieles católicos no saben cuán grave es la situación actual. Pero, gracias a los periodistas de Aciprensa, Catholic News Agency, LifeSiteNews, Infocatolica y otros medios de comunicación, supimos que había pasado ya algo en el pasado.
– ¿Qué información recibimos desde Argentina y que desconocen millones de cristianos? El mes pasado, Mons. Héctor Aguer, Arzobispo Emérito de la Plata, ha hecho público un texto impresionante en el cual explica que el «nihil obstat» del Papa Francisco a leyes civiles de convivencia homosexual no data de hoy. Más bien es antiguo y remonta al menos a los años 2010 cuando, en Argentina, el entonces Cardenal Bergoglio había defendido esta posibilidad delante la Conferencia Episcopal Argentina. Pero la votación del pleno de la Conferencia rechazó esta propuesta por varios motivos morales y doctrinales. En esta ocasión, se recordó además a Su Santidad que existía, desde el año 2003, un documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe que lo prohibía expresamente. Todas estas informaciones de Mons. Aguer fueron confirmadas, también el mes pasado, por Mons. Víctor Manuel Fernández y por la actual Conferencia Episcopal Argentina.(*2) Pero, en realidad, este texto de Mons. Aguer no era quizá necesario ya que el Papa Francisco mismo ha dicho: «Yo defendí esto.» Sabemos que solo defendemos lo que nos parece importante. Esta frase manifiesta con qué fuerza el Papa Francisco acepta la posibilidad de la convivencia homosexual.
– Ahora bien, ¿qué entiende el Papa Francisco por ley de convivencia civil homosexual? Es Mons. Víctor Fernández, gran amigo del Papa Francisco y consejero teológico de Su Santidad quien nos lo dice. Mons. Fernández había suprimido esta definición comprometiente de su página Facebook pero Aciprensa ya había hecho una captura de pantalla. He aquí pues la definición que Papa Francisco da a la convivencia homosexual: «Lo que ha dicho el Papa sobre este tema es lo que sostenía también cuando era el Arzobispo de Buenos Aires (…) Bergoglio siempre reconoció que, sin llamarle ‘matrimonio’, de hecho existen uniones muy estrechas entre personas del mismo sexo, que no implican de por sí relaciones sexuales, pero sí una alianza muy intensa y estable. Se conocen a fondo, comparten el mismo techo durante muchos años, se cuidan, se sacrifican el uno por el otro (…) Esto puede estar contemplado en la ley y se llama ‘unión civil’, o ‘ley de convivencia civil’, no matrimonio. Bergoglio siempre tuvo esta opinión, e incluso años atrás hubo una discusión en el Episcopado argentino, donde Bergoglio defendía esto, pero perdió. Bergoglio siempre tuvo esta opinión, e incluso años atrás hubo una discusión en el Episcopado argentino, donde Bergoglio defendía esto, pero perdió.» Notemos, ya sin ahondar, la falta de realismo de esta propuesta porque ¿quién podría entrar en la intimidad de estas parejas homosexuales para comprobar que no tienen relaciones sexuales en su convivencia?
Pero problemas serios hay en la idea misma de «convivencia homosexual». De un punto de vista fenomenológico, es incongruente afirmar que se ama a los homosexuales y aceptar a la vez su convivencia homosexual. Amar a una persona, ¿no es ayudarla a alejarse del mal, de lo que va en contra de su dignidad humana? Además, de un punto de vista moral, la idea de convivencia homosexual es inaceptable cuando uno se acuerda del principio moral que pide alejar la tentación próxima para que se haga remota. ¿Amar a estas personas y querer que eviten el pecado, no es más bien animarles a no tener justamente esta convivencia, para así hacer remota la tentación de querer unirse sexualmente?
Si dos personas sienten ya una atracción recíproca «contra natura», ¿no es más lógico que vivan por separado ya que es cierto que tarde o temprano cayeran en pecados si viven juntos? De hecho el Catecismo de la Iglesia Católica recuerda que las personas homosexuales están, como todo cristiano, llamadas a vivir la castidad (cf. 2359). Por lo visto, tanto en la perspectiva fenomenológica como en la perspectiva moral, la idea de convivencia homosexual es errónea e inútil si se quiere realmente ayudar a unas personas homosexuales a salir de su dificultad. Aceptar la convivencia homosexual es sabotear el esfuerzo humano de despegarse de una tendencia indebida y sabotear también el esfuerzo sobrenatural de búsqueda de la castidad con la ayuda de la gracia.
En este punto, Santidad, está el motivo profundo de mi desacuerdo con el Padre James Martin, jesuita norteamericano cercano a los ambientes homosexuales. Como muestra bien Brian Holdsworth en un vídeo de su canal YouTube, el Padre Martin anima a las personas homosexuales a vivir en pareja y a no tener vergüenza en afirmarse exteriormente como homosexual, instalándose así en sus problemas morales. Pero en este punto se encuentra también un motivo más de mi desacuerdo con Su Santidad. Y hace manifiesto de su parte una segunda contradicción (antropológica-fenomenológica) y una tercera contradicción (moral-pastoral). Si Usted ama realmente a las personas homosexuales y les quiere llevar a la virtud, tendría que renunciar a la idea de convivencia homosexual. Añado una cuarta contradicción: desde siempre, la moral cristiana ha prohibido al hombre y a la mujer cohabitar cuando no estén casados. ¿Por qué entonces acepta Su Santidad que dos homosexuales puedan cohabitar? ¿No ve sinceramente la incongruencia de su propuesta con la moral cristiana?
¿Significa todo esto que una persona homosexual va a vivir sola toda su vida? No, por supuesto. Existen testimonios magníficos que muestran que, aunque no sea fácil, las personas homosexuales pueden llegar a casarse con una mujer y tener hijos. También, pueden vivir la continencia y quedar con personas con las cuales no sienten atracción homosexual, por ejemplo su propia familia. Si viven con su familia, eso les podría ayudar a alejarse de una vida homosexual. Aquí es de notar lo interesante de una de las propuestas de Su Santidad hecha en el documental de Afineevsky: «Las personas homosexuales tienen derecho a estar en familia; son hijos de Dios, tienen derecho a una familia. No se puede echar de la familia a nadie ni hacerle la vida imposible por eso.» Pero seguimos con las contradicciones porque hay más todavía…
4. SU SANTIDAD SE CONTRADICE…
Después de la polémica suscitada por las palabras de Su Santidad en el documental de Evgeny Afineevsky, esperábamos oír al Papa rectificando rápidamente, pero la sorpresa fue mayúscula cuando supimos que la Secretaría de Estado había enviado a los obispos del mundo, a través de las nunciaturas, una nota para aclarar el contexto de las palabras del Santo Padre, evidentemente sin hablar del documento de Mons. Aguer.(*3) ¿Por qué buscar un camino tan largo cuando es más sencillo rectificar diciendo lo mismo que dijeron Juan Pablo II y Benedicto XVI?
Acerca de las tres frases del Papa Francisco aceptando la posibilidad de leyes civiles de convivencia homosexual, la conclusión de la nota dice: «Por lo tanto es evidente que el Papa Francisco se ha referido a determinadas disposiciones estatales, no ciertamente a la doctrina de la Iglesia, numerosas veces reafirmada en el curso de los años.» ¿Qué significa esta conclusión? Significa que el Papa Francisco otorga su «nihil obstat» a los Estados y lo niega a la Iglesia Católica; lo que quiere decir que, aun sabiendo bien «la doctrina de la Iglesia, numerosas veces reafirmada en el curso de los años», el Papa Francisco concede la aceptación de la homosexualidad a los Estados pero no a la Iglesia. Pero, los cristianos, ¿dónde viven, en los Estados o solamente en la Iglesia?
Aquí se encuentra una quinta contradicción. ¿En qué quedamos al final? ¿Reconoce el Santo Padre que los actos homosexuales son intrínsecamente malos y contrarios a la dignidad de la persona humana, y que son pues malos tanto para la sociedad civil como para la sociedad eclesiástica? Estos actos no pueden ser buenos por los Estados y a la vez malos por la Iglesia sino caemos en el relativismo moral. Y resulta extraño lo siguiente: ¿Por qué la Santa Sede no ve que la nota enviada a las nunciaturas hace más patente a los ojos de los obispos del mundo las contradicciones del Santo Padre? ¿Por qué la Santa Sede no ve que en vez de salvar al Papa, le está más bien hundiendo en el error?
La sexta contradicción consiste en olvidar que el Papa Francisco es el jefe de la Iglesia Católica y que no puede oponerse públicamente a la doctrina oficial de la institución que dirige. Aunque el Santo Padre pueda disentir interiormente con el mensaje oficial de la Iglesia, no tiene absolutamente ningún derecho en manifestar exteriormente una opinión claramente opuesta. Pero si Su Santidad piensa en conciencia que es la enseñanza tradicional de la Iglesia que es equivocada, es su derecho, nadie se le podría negar. Sin embargo, en este caso, sería mejor dimitir para dejar claro que no está de acuerdo con la institución. Es una cuestión de coherencia y honestidad.
Si bien es verdad que la Iglesia no es el mismo tipo de institución que las organizaciones civiles, es bueno ver que esta actitud de honradez personal es la de los responsables políticos o económicos cuando disienten con la línea oficial que sigue su partido o su empresa. Pero existe, en la Iglesia, un ejemplo que remonta al siglo XVI: Martin Lutero. Fue honrado porque cuando disintió fuertemente con la enseñanza oficial, se fue. Por supuesto es una pena que se fuera. Mejor hubiera sido quedarse e intentar dialogar para llegar a la verdad sobre la Tradición recibida de los Apóstoles y rectificar sus errores. ¡Santo Padre, por favor, no se vaya, quédese y rectifique!
La séptima contradicción del Papa Francisco radica en la virtud de la obediencia. Dice el Código de Derecho Canónico: «Compete siempre y en todo lugar a la Iglesia proclamar los principios morales, incluso los referentes al orden social, así como dar su juicio sobre cualesquiera asuntos humanos, en la medida en que lo exijan los derechos fundamentales de la persona humana o la salvación de las almas» (747, 2) Es lo que hicieron el Papa San Juan Pablo II y el Papa Benedicto, en fidelidad con la larga Tradición magisterial de la Iglesia Católica, dejándonos un principio moral claro de rechazo de las leyes civiles de convivencia homosexual en el número 10 de CDF 2003: «Si todos los fieles están obligados a oponerse al reconocimiento legal de las uniones homosexuales, los políticos católicos lo están en modo especial, según la responsabilidad que les es propia.» Y se podría añadir que aún más están obligados a ello los obispos, cardenales y Papas.
En realidad, no se trata solamente de afirmar que se reconoce y aprecia la institución del matrimonio entre el hombre y la mujer, sino que se trata además de rechazar firmemente la institución de una vida común pecaminosa entre dos personas de mismo sexo. Aceptando estas leyes de convivencia homosexual que habría que rechazar, el Santo Padre contradice pues su voto religioso de obediencia al Superior y en cuanto jesuita, su voto especial de obediencia al Papa. Es un deber moral para todo cristiano no solamente rechazar la posibilidad de leyes civiles de convivencia homosexual sino también luchar contra esa posibilidad. El Papa Francisco no lucha en contra, las acepta. Además el Papa Francisco desobedece a la Conferencia Episcopal Argentina. Esta Conferencia ya le había recordado, en el año 2010, que no debería aceptar estas leyes.
La octava contradicción es consecuencia de la precedente. Dice el Catecismo de la Iglesia Católica (2487): «Toda falta cometida contra la justicia y la verdad entraña el deber de reparación aunque su autor haya sido perdonado. Cuando es imposible reparar un daño públicamente, es preciso hacerlo en secreto; si el que ha sufrido un perjuicio no pude ser indemnizado directamente, es preciso darle satisfacción moralmente, en nombre de la caridad (…) Obliga en conciencia.» Es objetivo que ha habido daños morales con las frases del Papa: muchos fieles de la Iglesia Católica siguen actualmente confundidos a causa de la ambigüedad de Su Santidad, quien siendo jefe de una institución no acepta todavía un principio moral legítimamente establecido por esta institución.
¿Por qué tarda tanto Su Santidad en rectificar? ¿Por qué Su Santidad se aferra tanto a una opinión contraria a la enseñanza moral de los 265 Papas que le han precedido? ¡Esperemos que tarde o temprano la Secretaría de Estado le ayude a rectificar! En realidad, no quedan diez mil soluciones si Usted desea salir de la polémica actual. Existe sólo una: Usted tiene simplemente que asumir públicamente e integralmente la enseñanza oficial de la Iglesia Católica tanto en el campo doctrinal como en el campo moral. Es necesario para que los fieles de la Iglesia tengan finalmente paz y serenidad. ¡Ojalá que el Papa rectifique!
Permítame, Santidad, antes de acabar, apuntar una novena contradicción. Su Santidad condena los atentados terroristas pero no ve que las tres frases problemáticas de adhesión a las uniones homosexuales podrían perfectamente ser en el futuro un incentivo más para atentados contra iglesias y cristianos en el mundo. Desgraciadamente, los terroristas islamistas han olvidado que el cristianismo nació en Oriente y piensan que es una religión occidental. Asimilan pues el cristianismo con las desviaciones morales de Occidente y Su Santidad les está facilitando que piensen del modo siguiente: «Los cristianos promueven comportamientos sexuales antinaturales prohibidos por la ley natural y por la ley del Corán».
Mire por ejemplo el último atentado en la Basílica de Niza. (¡Que en paz descansen todas las victimas!) Una de las víctimas no era blanca sino brasileña de raza negra. O sea que el terrorismo no se ataca solamente a los blancos sino a cualquier cristiano de cualquier raza. (¡Que Dios nos libre de cualquier tipo de terrorismo y dé paz al mundo entero!) Si el jefe visible de la Iglesia no se demarca públicamente, claramente y firmemente de la homosexualidad, es pues la seguridad de los cristianos que estará en juego en el futuro. Y seguiremos llorando cristianos matados en el mundo. Pensemos, por ejemplo, a lo que ya está pasando en Nigeria con el grupo terrorista llamado «Boko Haram»…
Muy Querido Santo Padre, estoy por acabar esta larga carta abierta. Y antes de cerrar estas páginas, añadiría que algunos expertos sospechan la presencia de la «ética de situación» en el magisterio de Su Santidad. Esta ética fue rechazada expresamente por San Juan Pablo II, el año 1993, en la encíclica «Veritatis Splendor». Está claro que juzgar este asunto no compete a los fieles de la Iglesia sino a la Congregación para la Doctrina de la Fe. Esperemos que esta lo haga mientras es tiempo de hacerlo. De todos modos, ¡la verdad es un sol que nadie puede esconder con la mano, incluso si esta mano es muy grande! Tarde o temprano, en el futuro, se sabrá más sobre las fuentes del magisterio del Papa Francisco.
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C. ¿QUÉ PASARÁ DESPUES DE ESTA CARTA?
Muy Querido Papa Francisco, muchísimas gracias por haber tenido la paciencia de leerme hasta el final. Acabo de cumplir, con pena y dolor, como Pablo hacia San Pedro, mi deber de conciencia en cuanto hijo de la Iglesia. ¿Cuáles van a ser las consecuencias de esta carta abierta? Muchas, seguramente…
1. CON LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN…
Son muchos los periodistas del mundo quienes han negado caer en la adulación del Papa Francisco. Desde 2013 intentan animar a Su Santidad a caminar en el amor y misericordia de Cristo pero también en la Verdad que es Cristo. Citaré a John-Henry Westen, Marco Tosatti, Antonio Socci, Maike Hickson, Aldo Maria Valli, Fernando Casanova, Magdi Cristiano Allam, etc. Habría que añadir las páginas web de Catholic News Agency, Aciprensa, LifeSiteNews, adelantelafe, Corrispondenza romana, Infovaticana, Infocatolica, Rossoporpora.org, el blog de José Luis Aberásturi, gloria.tv, Diakonos.be, Adoración y Liberación, etc. También añado a laicos que analizan con profundidad el magisterio del Papa Francisco: el profesor Roberto de Mattei con el movimiento Acies Ordinata, el profesor Stefano Fontana del Observatorio Van Thuan, il Dottore Giovanni Zenone, Michael Voris con su movimiento Church Militant, Ettore Gotti Tedeschi en el blog Stilum Curiae de Marco Tosatti, Brian Holdsworth y su canal YouTube, etc.
Es bueno pedir perdón por los que no aparecen aquí. Es imposible citar a todos: conocidos y desconocidos, católicos y no-católicos, hombres y mujeres de buena voluntad, que buscan a Dios, Amor y Verdad, en su vida ordinaria de trabajo y de familia. Decía San Gregorio Magno: «La verdadera justicia conoce la compasión, pero no conoce la cólera ni la ira.» ¡Que Dios ayude primero a los periodistas a los cuales encomiendo el presente texto a saber tener compasión, al mismo tiempo que, con profesionalismo, trabajen «veritatem facientes in caritate», sin caer en la adulación para con nuestro queridísimo Papa Francisco!
2. CON LOS CATÓLICOS DEL MUNDO…
¿Cómo será acogida esta carta por los católicos del mundo? Aplausos habrá seguramente pero también insultos. Tendré amigos y también tendré enemigos. Pero no pasa nada porque les quiero a todos desde lo más hondo de mi alma, como Jesús nos pidió. No he actuado para complacer ni a los unos ni a los otros. Intento siempre mirar al Señor y acabo por tanto de cumplir la tarea que pienso que tenía que cumplir, en conciencia, delante de Dios. Por ser católico (universal), no deseo para nada que esta carta sirva a alguien para llamar a un cisma en la Iglesia Católica. La oración de Jesús es fuerte: «Ut omnes unum sint!» (Juan 17, 11). Nada de esto pasará porque Jesús está siempre en la barca de Pedro: «He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mateo 28, 20).
A los católicos que leerán esta carta abierta diría: «¡Queramos mucho al Papa Francisco! ¡Recemos mucho por el Papa Francisco, encomendándole especialmente a la Santísima Virgen María, Madre de Jesús y Madre nuestra! ¡Recemos mucho por la Iglesia para que quede siempre unida entorno al Papa Francisco, a pesar de las dificultades, y que le ayudemos a salir adelante en la misión que Jesús le confió! ¡Esperemos que Su Santidad tome la medida del grave problema actual, y que entrando en sí, haga como hizo San Pedro en Antioquía!»
El ejemplo de San Pablo nos debería iluminar a todos. «Pero en cuanto vi que no procedían con rectitud, según la verdad del Evangelio, dije a Cefas en presencia de todos…» Con San Pablo, entendemos que cada católico debería ser maduro en su fe, es decir un adulto, y huir de la «papolatría». El católico no debe seguir al Papa sin discernimiento, avalar sin espíritu crítico todo lo que dice o hace el Papa. El católico no debe olvidar que en realidad es a Jesucristo-Dios que seguimos y caminamos detrás del Papa en cuanto que el Papa sigue a Jesús. Pero si sucediera que el Papa dejase de seguir a Jesús, el amor al Papa y el amor a Jesús empujan a ayudar al Papa a rectificar.
3. CON EL PAPA FRANCISCO…
Pido al Señor que el Papa Francisco reaccione como San Pedro en la Pasión y en Antioquía. Santidad, Usted debería pararse y entrar en sí mismo y meditar y rectificar. Le queremos de veras y le seguiremos queriendo. Recuerde lo que paso con el Papa San Marcelino quien fue amado por el pueblo romano después de pedir perdón por haber ofrecido un sacrificio a los dioses paganos.
Pero el Papa Francisco podría también decidirse a no rectificar y eso sería un verdadero dolor porque estarán en peligro futuro muchos aspectos fundamentales: la unidad de la Iglesia, la fe de los fieles cristianos, la coherencia moral de la doctrina cristiana, la autoridad moral del Papa, el respeto de los fieles hacia el Santo Padre, el ejemplo de humildad del Papa, el ejemplo de obediencia del Papa a principios morales legítimamente establecidos por sus predecesores, el matrimonio, la educación de los niños, las futuras vocaciones sacerdotales y religiosas, la seguridad de los cristianos frente al terrorismo, etc.
Si el Papa Francisco no rectifica, entonces corre el riesgo de caer en el despotismo, castigando y excomulgando, queriendo imponer su visión personal viendo oposiciones. Es difícil para los cristianos maduros dejarse conducir por un Papa que se contradice en varios aspectos. El peligro de la falta de unidad se ve ya en las redes sociales. Basta leer los comentarios de los fieles católicos a los tuits que hace el Santo Padre en Twitter y a los videos publicados sobre él en YouTube. El Papa Francisco se está exponiendo a contestaciones y burlas, a que algunos fieles no le respeten, no le obedezcan y no den más crédito a sus palabras, irá disminuyendo su autoridad moral.
4. CON LA JUSTICIA VATICANA…
¿Qué va a hacer ahora la justicia vaticana? ¿Será justa o injusta? Ya ha sancionado o excomulgado a varios pobres sacerdotes y religiosos que defendían la ortodoxia de la fe cristiana. Por ejemplo, Don Alessandro Maria Minutella y tres ermitaños de Escocia. Don Fabio Ragusa, vicario parroquial de Borgio Verezzi fue el último, a inicio de noviembre 2020. Yo seré quizá el siguiente. Pero en eso se encontraría una décima contradicción del Papa Francisco.
El Canon 1369 del Código de Derecho Canónico dice lo siguiente: «Quien, en un espectáculo o reuniones públicas, en un escrito divulgado, o de cualquier otro modo por los medios de comunicación social, profiere una blasfemia, atenta gravemente contra las buenas costumbres, injuria la religión o la Iglesia o suscita odio o desprecio contra ellas debe ser castigado con una pena justa.» Así que si la justicia vaticana es realmente justa, debería castigar al Papa y no a mí. El Papa se sirvió voluntariamente de un documental hecho por un amigo suyo, homosexual activo, para difundir al mundo entero una opinión errónea que fue publicada en todos los medios de comunicación internacionales. Esto atenta a las buenas costumbres, injuria la religión católica y a la Iglesia, porque muchos fieles católicos tuvieron vergüenza cuando se acercaron a ellos los no-católicos que deseaban comprobar si habían oído bien lo que el Papa había dicho. El error del Papa suscitará también odio y desprecio de los terroristas contra la Iglesia en el futuro.
¿Qué es más grave? ¿Un sacerdote que difunde la verdad por los medios de comunicación, o un Papa, la autoridad moral más alta del mundo, que difunda voluntariamente un error moral a través de un documental que repercutió en todos los medios internacionales de comunicación? ¿Quién es más culpable, yo o el Santo Padre? Yo, no he dicho ninguna blasfemia, ni atentado a las buenas costumbres, ni injuriado la religión o a la Iglesia, ni suscitado odio o desprecio contra ella. Solamente he ido hacia los medios de comunicación para intentar reparar el grave error que se ha propagado al mundo entero. ¿Pero quién podría castigar al Papa si es que el Papa rinde cuenta solo a Dios? Por eso sería mejor que el Santo Padre rectifique o dimita. Si se considera que yo he faltado de respeto hacia el Santo Padre, entonces habría que concluir que el Santo Padre faltó de respeto hacia Dios, porque contradijo a Dios aceptando las uniones homosexuales, mientras sabía muy bien «la doctrina de la Iglesia, numerosas veces reafirmada en el curso de los años».
A mí, sí que Su Santidad me podría castigar. Pero si fuera el caso, que no le quepa ninguna duda: lo acepto ya con alegría y lo ofrezco a Jesús por mis pecados personales y por los pecados de la humanidad, y también pido ya perdón por haber tenido la osadía de escribirle y me confesaré: «Mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa». Sin embargo, no podré no preguntarle, Santidad: “Si he hablado mal, declara lo que está mal; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?” (Juan 18, 23) De veras, Santo Padre, tengo una confianza enorme en Usted y en su sabiduría y en su humildad. Sé que Usted es Pedro y que me agradecerá por estas líneas y que rectificará porque la historia nos dice que San Pedro no excomulgo a Pablo. Al contrario, entró en sí mismo, reconoció que se había equivocado al ir por un camino contrario al definido por el Concilio de Jerusalén y rectificó.
5. CONMIGO…
¿Y yo, qué haré después de estas líneas? Seguiré guardando por supuesto la comunión con el Papa Francisco, aunque no esté de acuerdo con él en el tema específico de su aceptación de leyes civiles de convivencia homosexual. Estas líneas no son ni deberían considerarse como una falta de respeto hacia el Santo Padre. Al contrario, amé, amo y amaré siempre al Papa, «il dolce Cristo in terra», según palabras de Santa Catalina de Siena. Y es precisamente el gran amor al Papa que me ha empujado a escribirle. Si el Papa va por camino equivocado, callarse sería no amarlo y podría incluso ser adulación. En cuanto sacerdote, estoy siempre de acuerdo con el Santo Padre cuando el Santo Padre sigue a Jesús. Pero si un día, el Santo Padre deja de seguir a Jesús en la verdad y la caridad, y que a pesar de tantos obispos y cardenales que le han invitado a rectificar, no rectifica, me siento obligado en conciencia en juntar fuertemente mi voz a la de ellos.
Esta carta, Santo Padre, es totalmente mía, desde la primera letra hasta la última. También las traducciones del original castellano al inglés, francés e italiano. Por eso estas traducciones no son perfectas a pesar del deseo de hacer bien. Agradezco a Google Translator que me ayudó a obtener las traducciones de base y agradezco también al teléfono de Apple que me permitió escribir una buena parte de mi carta en la Capilla, delante del Santísimo Sacramento, y de conservarla en toda seguridad. Agradezco también a Facebook y a Twitter que permiten a desconocidos como yo de hablar más fácilmente al mundo entero. Estoy plenamente responsable de todo lo escrito y asumo todas las consecuencias. Lo digo a posta para cortar ya de raíz cualquier especulación sobre la autoría de esta carta, como desgraciadamente las hubo con el libro escrito por el Papa Emérito Benedicto XVI y el Cardinal Sarah, tratando del celibato sacerdotal.
Vuelvo pues ahora a la vida calma y ordinaria que me gusta tanto, para seguir ayudando a los pobres y a los necesitados. Seguiré rezando al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo por el Papa Francisco. Seguiré celebrando cada día la Santa Misa por Usted. Rosario en la mano, seguiré pidiendo a la Santísima Virgen María que esté siempre con Usted y que le ayude. Por respeto hacia Su Santidad, y para no dar la impresión de que hay dos cabezas en la Iglesia Católica, me negaré de momento a cualquier petición de entrevista que de los medios de comunicación vendrá seguramente. Es una prueba más de que no estoy en contra de Su Santidad sino con Usted. ¡Muchas gracias, Santo Padre! ¡Que Dios le bendiga! Pido su bendición. Su hijo,
Father Jesusmary Missigbètò
Gmail: fatherjmm@gmail.comFacebook: @fatherjesusmary
Twitter: @fatherjesusmary
Yamoussoukro, Presentación de la Virgen María
(Côte d’Ivoire)
21 de noviembre de 2020
Notas:
(*1) Amistad entre Evgeny Afineevsky y el Papa Francisco…
(*2) Para profundizar los testimonios argentinos:
– Testimonio completo de Mons. Aguer (inglés)…
– Articulo de Aciprensa sobre el testimonio de Mons. Aguer (castellano)…
– Articulo de CNA sobre el testimonio de Mons. Aguer (inglés)…
– Articulo de Aciprensa sobre el testimonio de Mons. Fernández (castellano)…
– Articulo de CNA sobre el testimonio de Mons. Fernández (inglés)…
– La Conferencia Episcopal Argentina confirma el testimonio de Mons. Fernández (e indirectamente el de Mons. Aguer)…
(*3) Sobre la nota de la Secretaría de Estado:
– Página Facebook de Mons. Franco Coppolo, nuncio apostólico en Méjico…
¡Santa Madre de Jesús,
Ruega por nosotros,
Ruega por nuestro queridísimo Papa Francisco,
Ruega por la Iglesia,
Ruega por el mundo!

 

 

 

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