LA PALABRA DE DIOS DEL DOMINGO: PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

 

 

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Juan Donnet

 

 

 

 

 

 

 

Primer Domingo de Cuaresma

I clase, morado

No se dice Gloria. Tracto, Credo y prefacio de Cuaresma

 

 

Después de la Introducción Litúrgica y los textos de la Misa, reproducimos el comentario del Padre Castellani, luego citas de los Santos Padres y por último nuestro propio comentario.

 

INTRODUCCIÓN LITÚRGICA

 

Toda la liturgia de este domingo es una exhortación a la confianza plena en Dios. El introito, gradual, ofertorio y comunión, están inspirados en el salmo de confianza «Qui habitat in adjutorio Altíssimi», Salmo que cantado enteramente en el tracto de la Misa, inspirará los responsorios breves y versillos de toda la Cuaresma, dándonos alientos a sostener con valentía el buen combate. Además ¿no es este combate el mismo, la lucha de Jesús que se prolonga continuamente en nosotros?Esto sin duda alguna es lo que la Iglesia quiere darnos a entender, al mostrarnos en el Evangelio de hoy a Jesús luchando denodadamente con Satanás al prepararse para su vida de ministerio público. Es su misión peculiar derrotar al demonio, como nos dirá en el Evangelio del sábado de Pasión; y al mostrarnos la escena presente, quiere que veamos el fundamento en que se ha de basar nuestra confianza en medio de la lucha. Cristo ha triunfado y la Iglesia nos enseña que también nosotros podemos vencer, porque en definitiva, en nosotros y en derredor nuestro, se libra el combate de Cristo, y por lo que se lucha es por la victoria misma de Cristo: nuestro valor es el suyo; pero quiere que en esta obra de salvación todos colaboremos con Él. Emprendamos, pues, llenos de confianza, el buen combate cuyo programa nos traza el Apóstol en la Epístola. Animémonoscon el pensamiento de que nuestro progreso en la vida cristiana, es la continuación del triunfo de Cristo en nosotros. El combate que sostenemos para ello, el mismo que Jesús inauguró al comienzo de su vida pública. Verdad es que debiéramos ser siempre delante de Dios cual conviene lo seamos en la fiesta de Pascua; más como esa fortaleza es de pocos, ya que la flaqueza de la carne nos arrastra a que mitiguemos una observancia muy austera, y que las distintas ocupaciones de la vida dividen nuestra solicitud, de ahí que necesariamente el polvo mundanal manche aun a los corazones religiosos. Resulta, pues, utilísima para nuestra salvación esta divina institución de la Cuaresma a fin de que estos ejercicios de cuarenta días nos ayuden a recobrar la pureza de nuestras almas, redimiendo por medio de piadosas obras y de ayunos las culpas cometidas en los otros tiempos del año. Más para no dar a nadie el más leve motívo de descontento o escándalo, procuremos que nuestro modo de obrar no esté en desacuerdo con nuestro ayuno, porque de nada aprovecha cercenar al cuerpo la comida, si es que el alma no se aparta del pecado. «En este tiempo favorable, en estos días de salud», purifiquémonos con la Iglesia (Oración colecta) «por el ayuno, la castidad, la asiduidad en meditar y oir la divina palabra y por una sincera caridad» (Epístola). (1)

 

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TEXTOS DE LA MISA

 

Introito. Salm  90.15-16,1.- Si me invoca, yo le escucharé; le libraré y le glorificaré; le llenaré de dilatados días. Sal.– Dichoso el que mora al abrigo del Altísimo, el que descansa a la sombra del Omnipotente. Gloria al Padre.

Colecta.- Oh Dios!, que purificas a tu Iglesia por la observancia anual de la cuaresma: concede a tu familia que cuanto desea obtener de ti por la abstinencia, lo consiga con las buenas obras. Por nuestro  Señor.

Epístola. 2 Cor. 6.1-10

Hermanos: Os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios. Porque él dice: Te oí en el tiempo oportuno, y en el día de la salvación te ayudé. Ha llegado ahora el tiempo favorable, ha llegado el día de la salvación. No demos a nadie ocasión de escándalo, para que no sea vituperado nuestro ministerio. Antes en todo mostrémonos como ministros de Dios, con mucha constancia en las tribulaciones, en las necesidades, en las angustias, en los azotes, en las cárceles, en las sediciones, trabajos, vigilias y ayunos; con castidad, ciencia, paciencia y suavidad, por el Espíritu Santo, con caridad sincera, con palabras de verdad, con fortaleza de Dios, con las armas ofensivas y defensivas de la justicia, en el honor y el deshonor, en la infamia y en la buena fama; ya nos tengan por impostores siendo verídicos; por desco­nocidos, aunque muy conocidos,  por  casi   moribundos, cuando en realidad estamos vivos; cual castigados, pero no muertos; como tristes, estando siempre alegres; como necesitados,   aunque hemos enriquecido a muchos; como gentes que de todo carecen cuando todo lo poseemos.

Gradual  Salm. 90.11-12.-  Dios  mandó a sus ángeles que te guarden en todos tus caminos. Te llevarán en sus manos, no sea que tropiece tu pie en alguna piedra.

Tracto Salm. 90.1-7,11-16.- Cántico lleno de promesas. Quien confía en Dios nada ha de temer. El que mora al abrigo del Altísimo, el que descansa a la sombra del Omnipotente. Ése dice al Señor: Tú eres mi refugio, mi fortaleza, mi Dios, en quien confío. Sí, es  él  quien te  librará  del lazo del cazador y de las palabras mortíferas. Bajo sus alas te cubrirá y bajo sus plumas hallarás cobijo. Su fidelidad es un escudo, una coraza. No temerás los te­rrores de la noche. Ni la flecha que vuela de día, ni la peste que camina en las tinieblas o el contagio que hiere a plena luz. Caerán mil a tu lado, y a tu derecha diez mil; nada llegará hasta ti. Porque el Señor ha dado a sus Ángeles la misión de  guardarte en todos  tus caminos,. Ellos te llevarán en sus manos, no sea que tu pie tropiece en alguna piedra. Caminarás sobre áspides y víboras, hollarás con tus pies al león y al dragón. Porque se ha acogido a mí, yo le libraré; le protegeré puesto que conoce mi nombre. Si me llega a invocar, le escucharé; en la desgracia me encontraré junto a él. Le libraré y le glorificaré, le saciaré de largos días, le haré ver mi salvación.

Evangelio. Mat. 4. 1-11.- 

En aquel tiempo: Llevó el Espíritu a Jesús al desierto para que allí le tentase el diablo. Y habiendo ayunado cuarenta días y cuarenta noches, después tuvo hambre. Y, llegándose a él el tentador, le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes. Mas Jesús le respondió y dijo: Escrito está: No de solo pan vive hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Entonces le transportó el diablo a la santa ciudad; y púsole sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo, porque escrito está: Mandó a sus ángeles cerca de ti, y te tomarán en sus manos, para que no tropiece tu pie contra alguna piedra. Jesús le dijo: También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios. De nuevo le subió el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo, y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré si, prosternándote, me adorares. Díjole entonces Jesús: Vete de aquí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu  Dios adorarás,  y a él solo servirás. Entonces le dejó el diablo; he aquí que se acercaron los ángeles y le sirvieron.

Ofertorio. Salm. 90.4-5.-  Con sus alas te cubrirá el Señor, y bajo sus plumas hallarás cobijo; su fidelidad es un escudo.

Secreta.-  Te ofrecemos solemnemente, Señor, este sacrificio en el umbral de la cuaresma, suplicándote que, con la abs­tinencia de carnes, hagas nos privemos también de los pla­ceres nocivos. Por nuestro Señor Jesucristo.

Prefacio de Cuaresma.-  En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que, por el ayuno corporal, domas nuestras pasiones, elevas la mente, nos das la virtud y el premio, por Jesucristo nuestro Señor, por quien alaban los Ángeles a tu ma­jestad, la adoran las Dominaciones, la temen las Potestades y la celebran con igual júbilo los Cielos, las Virtudes de los cielos y los bienaventurados Serafines. Te rogamos que con sus voces admitas también las de los que te decimos, con humilde confesión. Santo

Comunión. Salm. 90.4-5.- Con sus alas te cubrirá el Señor y bajo sus plumas hallarás cobijo; su fidelidad es un escudo.

Poscomunión.- Restáurenos, Señor, la santa libación de tu sacramento; y, purificados de los antiguos vicios,   nos haga participantes del misterio de salvación. Por nuestro Señor.

 

 

 

TEXTOS EN LATÍN: http://www.rosarychurch.net/latin/lent1.html

 

 

COMENTARIO

Vamos primero con el comentario del Padre Castellani; luego citas de los Santos Padres y al final nuestro propio comentario:

 

COMENTARIO DEL PADRE CASTELLANI

DOMINGO PRIMERO DE CUARESMA (I) [Mt 4, 1-11] Mt 4, 1-11 Nos relata San Mateo el ayuno de 40 días y las Tres Tentaciones de Cristo. El mismo relato está resumido en dos versículos en Marcos (I, 12) y, cambiado el orden de las tentaciones, en Lucas. Este evangelio produce estupefacción. Es difícil y como increíble: parece un trozo de mitología o cuento de hadas. ¿Cómo es posible creer hoy día en el negro patas de chivo y alas de murciélago, que puede agarrar a uno y llevarlo volando al pináculo del Templo de Jerusalén? ¿Cómo es posible que el diablo tentara al “Menschgott”, a Dios mismo? Y por último, las tentaciones aparecen como raras, pueriles, fabulosas, cosa de teatro o de cine, no de la realidad que conocemos. No son tentaciones naturales. Además, ese ayuno de 40 días y 40 noches sin tomar más que agua, es imposible, no se puede hacer: “a los 7 días muere el hombre y sufre tormentos como de infierno”, escribe el intérprete Salmerón, en su Comentario a San Mateo. Empezando por el Ayuno, en muchos libros de exégesis hay un error paladino que visiblemente los intérpretes se van copiando unos a otros. El error es éste: un ayuno de 40 días es naturalmente imposible. Es perfectamente posible, y es conocido en Oriente como práctica religiosa y terapéutica: Moisés y Elías –entre otros– lo hicieron. No todos pueden hacerlo, pero yo conozco personalmente en la Argentina 5 personas que lo han hecho. El P. Salmerón, en el siglo XVI, escribió sobre el ayuno de Cristo una sarta de errores: que es algo imposible al hombre, que fue un milagro estupendo, que solamente Dios puede hacer eso… Si eso fuera verdad, yo sería Dios. Este error, que viene de ignorancia, se halla incluso en Maldonado en forma implícita; y en forma explícita en Ricciotti, profesor italiano que escribió una enorme vida de Cristo. Dice Ricciotti: “E evidente che il fatto é presentato come assolutamente soprannaturale…”. No es absolutamente sobrenatural; no está presentado como sobrenatural por el Evangelista; ni eso es evidente ni mucho menos, puesto que es falso. Pero –alega Ricciotti– el Evangelio dice que al 40° día tuvo hambre… ¿Luego antes no la tuvo? ¿Y eso no es milagro? No señor, no es milagro. Los que han hecho un ayuno, aunque sea de cinco días, saben perfectamente que el hambre desaparece a los tres días –porque se inicia la autofagia o sea, inversión metabólica del proceso digestivo– y que retorna con gran fuerza alrededor del 40° (gastrokenosis) pues es de saber que 40 días es más o menos la vida del glóbulo rojo. Esto se ha sabido siempre en el Oriente y ahora es sabido en todas partes: excepto de los curas famosos que escriben vidas de Cristo. En fin, Ricciotti tiene la excusa de que copia a San Ambrosio. El bueno de San Ambrosio, para explicar esta hambre que vuelve a los 40 días, aventura la hipótesis estrafalaria de que “Cristo fingió hambre: hizo una pía fraude con el fin de engañar al diablo…”. ¡Qué ridiculez! ¡Pobre Cristo! ¡Las cosas que te cuelgan… incluso los santos! Este error de San Ambrosio proporcionó un argumento a los doketas, una herejía que duró más de 4 siglos –por lo menos hasta el español Prisciliano en el 380– los cuales decían entre otras cosas que Cristo fingió siempre: no solamente el hambre, sino su Pasión y Muerte; porque Cristo no tuvo cuerpo; porque el cuerpo es materia y la materia es mala. A lo más, tuvo un cuerpo astral, como los fantasmas; como dicen hoy todavía los espiritistas y los teósofos. Para fingir, fingir grande, podían decir los doketas: si Cristo fingió el hambre ¿por qué no pudo fingir también su Pasión y Muerte? Cristo era Dios y Dios no pudo padecer… Cristo fue una especie de fantasma. Cristo no fingió el hambre, ni fingió nada. Tuvo una verdadera naturaleza humana. Vivió hombre en medio de los hombres, en su país y en su época. Y como todos los grandes profetas orientales, se preparó para su misión haciendo ese ayuno de 40 días riguroso y extremo, que facilita la oración y la manifestación de la voluntad divina. El mismo Mahoma hizo ese ayuno, por lo cual instituyó entre los musulmanes el ayuno del Ramadán, que dura 40 días como nuestra Cuaresma. Dicen los españoles malas-lenguas que Mahoma trampeó; porque ayunaba de día y comía de noche; como de hecho hacen todavía hoy los mahometanos. Yo no sé. Pero nada impide que Mahoma, que fue un gran conductor religioso, que sacó a los árabes de la idolatría, haya hecho lisa y llanamente el ayuno tradicional sin trampas. Como digo, eso era y es todavía una práctica religiosa-higiénica vigente entre los orientales. Del ayuno de Cristo vino la Cuaresma en la Iglesia: hoy día reducida casi a pura apariencia o fórmula. El ayuno es bueno para la salud y es bueno para la oración; y la oración es también buena para la salud, ¡y la salud es buena para todo! Los europeos son menos hepáticos que los argentinos, por ejemplo, sufren menos enfermedades del hígado, porque la raza europea, disciplinada por la Iglesia, durante siglos ha ayunado toda la Cuaresma –menos los domingos–. Pero los españoles tienen “Bula” y los argentinos tienen “Dispensa” para no hacer eso. ¿Por qué? Creo que es porque aquí la Cuaresma cae a contrapelo, cae antes del invierno, que es cuando no hay que ayunar, porque entonces el cuerpo necesita reservas. En Europa, la Cuaresma cae antes de la primavera, que es cuando hay que ayunar, porque el cuerpo entonces, lo mismo que los árboles, tiene cogüelmo: es decir, un exceso de savia, que es higiénico refrenar y purificar, para que no ocasione desequilibrios psíquicos y espirituales; e incluso corporales. Porque el ponerse obeso, por ejemplo, es un desequilibrio corporal; cuyo único remedio, sobre todo preventivo, es el ayuno, sabiamente practicado. La ciencia esotérica sacerdotal sabía antaño todas estas cosas; ahora parece ignorarlas; y ni los médicos ni los sacerdotes parecen conocerlas hoy día. Porque el ayuno no es indiferente hacerlo de cualquier manera y en cualquier tiempo: incluso hay que concordarlo con las fases de la luna. Por eso la Iglesia regula la fecha de la Pascua –y por ende toda la Cuaresma– de acuerdo al calendario lunar; y por eso la Pascua es una fiesta movible. Entre nosotros, el ayuno cuaresmal es lo mismo que nada: no está ya ordenado a su fin propio y es uno de tantos preceptos “incomprensibles y raros” que manda la Iglesia y hay que obedecerlo “porque sí”: por superstición o rutina. Ésta es una de tantas “sabidurías” tradicionales que se han perdido. Por eso dice mi amigo don Pío que somos un pueblo poco sabio. Realmente. El pueblo argentino parece uno de los pueblos más atolondrados e ignorantes del mundo. Pero es bueno. Es, hablando con toda exactitud, un pueblo sin educación. Bueno y manso, pero ineducado. Voy a transcribir aquí una sentencia, sobre la educación, de Napoleón Bonaparte, pronunciada en una sesión de su Consejo de Estado en 1804, tal como la tomó el taquígrafo y fue publicada por Marquiset. Dice así: “Hasta hoy no se ha visto buena educación sino en los cuerpos eclesiásticos. Yo prefiero ver a los niños de una aldea entre las manos de un hombre que no sabe más que el catecismo y del cual conozco los principios, que no en poder de un semi-sabio que no tiene base para su moral y no tiene ideas coherentes. La religión es la vacuna de la imaginación; ella la preserva de todas las creencias peligrosas y absurdas. Un fraile ignorantillo basta para decirle al pueblo: “Esta vida es un pasaje”. Si vosotros quitáis la fe al pueblo, no encontraréis después más que ladrones… (Si vous otez la foi au peuple vous n’aurez que des voleurs de grand chemin)”. “This has come true” (Esto se ha cumplido), añade Maurice Baring. Pero a todo esto, no he explicado las Tres Tentaciones de Cristo, que era o mas importante. DOMINGO PRIMERO DE CUARESMA (II) De las Tentaciones de Cristo hay mucho que hablar; pero seamos breves y notemos tres puntos principales: el Tentador, el Tentado y nosotros. El espíritu maligno no sabía seguro si Cristo era el Mesías, ni mucho menos si era Dios o no. Parece increíble, con el talento que tiene el diablo, y conociendo las profecías mesiánicas mejor que cualquier rabino, que no sacara la conclusión que tantos hombres sacaron. Pero es así, basta leer los Evangelios; además San Pablo dice expresamente que el diablo no hubiera crucificado –por medio de los judíos– a Cristo, si hubiese sabido que era el Hijo de Dios (I Cor II, 8). Que un Dios se haga hombre es un Misterio Absoluto; es como si dijéramos un Absurdo: no cabe en ninguna cabeza creada. Eso no se puede conocer y saber si no es mediante un acto de fe sobrenatural, un acto que es imposible sin la gracia de Dios; la cual el diablo no tiene. La ciencia no basta para alcanzar la fe; es necesaria también la buena voluntad, de que el diablo carece. Por eso el fin del Tentador fue, como aparece claramente, no sólo hacer pecar a Cristo sino también sacarse él esa duda; lo cual no consiguió: “Si eres Hijo de Dios, haz que estas piedras se conviertan en pan.” Pero hay que reconocerle al diablo que su atrevimiento es infinito: es un sinvergüenza, porque no tiene ya nada que perder. ¡Sospechando que Cristo era una persona divina, haberlo sin embargo agarrado y llevado al Campanario! “¡Qué miedo tendría el maldito –dice Santa Teresa– mientras iba volando!”… Pero en realidad no sabemos si fue volando. El diablo tiene un poder grandísimo –eso muestra este evangelio– y por otra parte es un poder vano, porque se puede vencer “de palabra”, con la palabra Dios. Gran encomio de la Escritura Sagrada hay en este evangelio: Cristo vence las Tres Tentaciones con el arma de la Escritura. Pero el poder del diablo es tremendo en los que están desarmados. Cuando le dijo a Cristo: “’Todo esto es mío y a quien yo quiera se lo doy”, mostrándole los Reinos de la Tierra –en la política se puede decir que el diablo no tiene rival– Cristo no le respondió: “¡Mentiroso! Todo esto es de Dios, no tuyo”; no se metió a discutir con él, porque en algún sentido todo eso es, en efecto, del diantre; en el sentido de que hoy día, por nuestros pecados, él mangonea todo. El es el Fuerte Armado, es la Potencia de las Tinieblas, es el Príncipe de este Mundo, como lo designó Cristo en otros lugares. Es probable que Satán de nacimiento haya sido el Arcángel que estaba predestinado al manejo y control del mundo material; o por lo menos, de este planeta; y por haber pecado, no perdió ese poder connatural para con el pobre “planeta mudo”52. Pero todo poder de Dios es. Eso que llamaban nuestros mayores “vender el alma al diablo” es posible: es la operación que se propuso a Cristo en la Tercera Tentación. Cuando en este mundo a un malvado le va bien incesantemente, se trata un demoníaco; a los inicuos comunes, la moral los castiga a corto plazo. Si Dios no se lo impide, el diablo puede hacer cosas rarísimas con los hombres; y eso yo lo sé por los libros; pero si yo dijera que lo sé solamente por los libros, mentiría. ¿Por qué tentó a Cristo con esas cosas raras? Con la Bobobrígida o algunas de las otras animalitas de Dios que nos hacen el honor de divertir a la plebe porteña; con la llave del Banco Central; o con las urnas llenas de votos en el Congreso, yo lo tiento a cualquiera. Pero ¿con piedras, con vuelos sin motor, con promesas fantásticas de imperios universales?… El diablo sabía que Cristo era un varón religioso –lo había visto prepararse para su misión religiosa con el ayuno de Moisés, lo había visto arder como una gran fogata en oración continua–; y lo tentó como a un hombre religioso: en el plano religioso, no en el plano carnal. Una nota del Evangelio traducido por Straubinger dice: “la primera fue una tentación de sensualidad”… Es un error. Las tres fueron tentaciones de soberbia. El diablo tienta de soberbia, no de sensualidad, a los que hacen Cuaresmas tan rigurosas como Cristo. El diablo es la mona de Dios, puesto que querer ser como Dios fue su caída y es su constante manía. El diablo tienta prometiendo o dando las cosas de Dios: lo mismo que Dios nos ha de dar si tenemos espero y fidelidad: Cristo podía procurarse pan con esperar un poco –”y los ángeles se lo sirvieron”– sin necesidad de un milagro. El diablo nos empuja, nos precipita, es la espuela del mundo: nos invita a anticipar, a desflorar, a llegar antes. A los primeros hombres les dijo: “Seréis como dioses” que es efectivamente lo que Dios se propuso hacer y hace, por medio de la adopción divina (la gracia elevante) y la visión beatífica, con el hombre. “Entonces seremos como El, porque le veremos como Él es”, dice San Juan. Eva pecó porque codició una anticipación de la visión divina. No podemos ser tentados sino de acuerdo a nuestro natural. Así pues a Jesús lo tentó de acuerdo a su natural con lo mismo que Él había de lograr un día: Cristo había de convertir las piedras de la gentilidad en el pan de su Cuerpo Místico, conforme a aquello: “Creéis vosotros que de estas piedras no puedo yo sacar hijos de Abraham?”. Cristo había de volar visiblemente a los cielos delante de sus apóstoles y unos quinientos discípulos. Finalmente, Cristo algún día ha de ser Rey Universal del mundo entero, como lo es desde ya en derecho y esperanza. El diablo está hoy día tentando a la Humanidad con un Reino Universal obtenido sin Cristo con las solas fuerzas del hombre. Todo ese gran movimiento del mundo de hoy (la ONU, la UNESCO, la Unión de las Iglesias Protestantes, los Grandes Imperialismos, las promesas de “mil años de paz” por parte de los Conductores) representa esa aspiración irrestrañable de la Humanidad al Milenio, a su unidad natural y pacífica, a su integración como Género Humano. Es inútil oponerse a esa aspiración actualísima –se equivocan los ultra-nacionalistas– 52Alude a la novela teológica de C. S. Lewis, Out of the silent planet. porque es un anhelo que está en las entrañas de la evolución histórica del mundo, como que es una promesa divina. Pero el diablo quiere llegar antes. Los cristianos sabemos que esto vendrá, pero que sólo puede venir con y por Cristo; y que esta manera como se está haciendo ahora, no podemos aceptarla, porque es la vasta preparación del Anticristo. “Si esto es servir a la patria, a mí no me gusta el cómo.” De manera que aparecemos como impotentes por un lado; como atrasados y reaccionarios por otro. Paciencia. La Iglesia hoy día aparece en plena crisis; no puede conseguir la paz de los pueblos, la necesidad más urgente del mundo, está contusionada dentro de sí misma; no hace más que tomar medidas y actitudes aparentemente negativas: Syllabus, Juramento antimodernístico, prohibo esto, prohibo lo otro. No está a la cabeza de la “civilización” como en otros tiempos, no hace más que tirar hacia atrás: es que la “civilización” ha entrado por un mal camino; por el de la Torre de Babel. Camino satánico. “Todo esto es mío y lo doy a quien yo quiero; todo esto te daré si cayendo a mis pies me adorares.” Un hombre algún día aceptará este trato. No sé qué día. Un amigo mio que se las echa de profeta dice que ese hombre nacerá en 1963 y será Emperador en 1996. Yo creo que ni él ni yo lo sabemos. Yo al menos no lo se. No es necesario saber mucho griego ni latín para predecir que la Iglesia sera tentada, si Cristo fue tentado; y lo será con las mismas tentaciones de Cristo. Podríamos decir quizá que en la Edad Media fue la primera, en el Renacimiento la segunda y ahora la tercera tentación. Así para entendernos; aunque las tres funcionan juntas, mirándolo bien. La primera tentación es ésta: por medio de lo religioso procurarse cosas materiales – como si dijéramos cambiar milagros por pan– la cual puede llegar a un extremo que se llama simoníá, o venta de lo sagrado. Pero los curas también tienen que comer y la Iglesia necesita bienes. Yo no niego que la Iglesia necesita bienes, lo que yo sé es que hay una rayita finita, pasada la cual los “bienes” se convierten en males. De modo que el efecto más bien viene a ser tomar el pan y convertirlo en piedra; milagro al reves; como por ejemplo hacer grandes templos de piedra donde falta el pan de la palabra divina, “de la cual, como del pan, vive el hombre”, contestó Cristo a Satán. La segunda tentación es por medio de la religión procurarse prestigio, poder, pomposidades y “la gloria que dan los hombres”. Y también es verdad que la Iglesia necesita buen nombre, porque una de las notas distintivas de la verdadera religión es que sea santa. Y así uno de los principales argumentos de San Agustín contra los herejes y paganos eran las admirables “costumbres” de la Iglesia primitiva contrapuestas a las malas costumbres de ellos. Véanse sus libros: De Civitate Dei, De Moribus Ecclesiae, De Moribus Manichoeorum… Pero una cosa es que los demás lo prediquen a uno santo; y otra, predicarse a sí mismo. Días pasados oí a un predicador que se mandó una alabanza de la orden a que él pertenecía, que tembló el Campanario de la Iglesia (o sea el Pináculo del Templo); y no pude menos que pensar: Esto sería mejor que lo dijese el pueblo”. La tercera tentación es desembozadamente satánica; postrarse ante el diablo a fin de dominar al mundo. ¿Puede la Iglesia ser tentada así? La Iglesia no es más que Cristo. La crueldad, por ejemplo, es demoniaca. Lo santo y lo demoníaco son contrarios y por tanto están en el mismo plano; y la corrupción de lo mejor, es la peor. Hablando de Savonarola, el cardenal Newman dijo: “La Iglesia no puede ser reformada por la desobediencia…”, y su interlocutor le contestó: “Mucho menos por la crueldad, mi caro Cardenal”. El Asceta puede ser tentado de dureza de corazón, de inhumanidad, de crueldad. “Mi hija se ha vuelto cruel como el avestruz”, dice Dios por el Profeta. Ésta es la última tentación, de la cual Dios me libre y guarde; y sobre todo, que Dios libre y guarde a los otros. Como dijo el jachalero Ramón Ibarra cuando se peleó a cuchillo con Dionisio Mendoza y lo querían sujetar: “¡Asujetelón! ¡Asujetelón! ¡Asujetelón al otro! ¡Que yo, mal que bien, me asujeto solo!”.(Hasta acá Castellani)

 

 

 

SANTOS PADRES


 Evangelio según san Mateo, 4:1-2 

 

Entonces Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu, para que fuese tentado por el diablo, y habiendo ayunado cuarenta días y cuarenta noches, después tuvo hambre. (vv. 1-2)

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 5

Después que Jesús fue bautizado por San Juan en agua, fue llevado por el Espíritu al desierto, para que allí fuese bautizado con el fuego de la tentación. De donde se dice que entonces Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu. Fue entonces cuando el Padre clamó desde el cielo: Este es mi hijo muy amado.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 13,1

Cualquiera que seas, por grandes que sean las tentaciones que sufras después del bautismo, no te turbes por ello, más bien permanece firme. Pues has recibido las armas para combatir, no para estar ocioso. Y esa es la razón por la que Dios no te exceptúa de las tentaciones. Primero, para que te des cuenta que ahora eres mucho más fuerte. Segundo, para que te mantengas en moderación y humildad y no te engrías por la grandeza de los dones recibidos. Tercero, para que el demonio que acaso duda si realmente lo has abandonado, por la prueba de las tentaciones, puede tener seguridad de que te has apartado de él. Cuarto, la resistencia te hace más fuerte que el hierro mejor templado. Quinto, las tentaciones te dan la mejor prueba de los preciosos tesoros que se te han confiado. Pues, si no hubiera visto el diablo que estás ahora constituido en más alto honor y altura, no te tentaría.

San Hilario, in Matthaeum, 3

En los santificados se ceban más las tentaciones del diablo porque la victoria sobre los santos le es mucho más grata.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 16,1

Algunos suelen dudar por qué espíritu fue llevado Jesús al desierto. Por ello se añade: lo llevó el diablo a la santa ciudad. Pero verdaderamente y sin vacilación alguna se entiende por todos y se cree que fue llevado por el Espíritu Santo, para que su Espíritu lo llevase a aquel lugar, en donde el espíritu maligno habría de tentarlo.

San Agustín, de Trinitate, 4,13

¿Por qué se ofreció a ser tentado? Para constituirse en mediador que venciese las tentaciones, no sólo con su auxilio, sino con su ejemplo.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 5

Fue llevado por el Espíritu Santo, no como precepto del mayor al menor. No se dice que es llevado solamente, quien es llevado por la potestad de otro, sino también aquel que se complace en la exhortación racional de alguien. Como está escrito de San Andrés, que encontró a Simón su hermano y lo llevó a Jesús.

San Jerónimo

Fue llevado, no obligado, ni cautivo, sino por el deseo de combatir.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 5

El diablo busca a los hombres para tentarlos, pero como el demonio no podía ir contra el Señor, Este fue a buscarlo. Por ello se dice: que fue para ser tentado.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 16,1

Pero sépase que la tentación se hace de tres maneras: por sugestiones, por delectaciones y por consentimiento. Cuando nosotros somos tentados, empezamos por la sugestión, cayendo después en la delectación y en el consentimiento, pues obramos según las tendencias del pecado, propagado con la naturaleza, y por ello sufrimos las tentaciones. Pero Dios que se había encarnado en las entrañas de una Virgen, había venido al mundo sin pecado; por ello, ninguna lucha debía sentir en sí. Pudo ser tentado por sugestión, pero la delectación no pudo ofender su inteligencia y por ello, aquella tentación del diablo fue exterior y no afectó al interior.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 13,1

Cuanto mayor es la soledad más tienta el diablo. Por ello tentó a la primera mujer cuando estuvo sola, sin su marido. De donde se le dio ocasión al demonio para que tentase. Por ello fue conducido al desierto.

La glosa

Este desierto está entre Jerusalén y Jericó, en donde habitaban los ladrones, cuyo lugar se llama Dammaín, esto es, de la sangre, por el derramamiento de sangre que con tanta frecuencia hacían allí los ladrones. Es ahí donde aquel hombre que venía de Jerusalén a Jericó, se dice que cayó en poder de los ladrones, representando a Adán, que había caído en poder de los demonios. Era conveniente, pues, que Cristo venciese al demonio, en el sitio en que el demonio había vencido al primer hombre, bajo la figura de la serpiente.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 5

No sólo Jesucristo fue llevado por el Espíritu al desierto, sino que también lo son todos los hijos de Dios que tienen el Espíritu Santo. No se contentan con vivir ociosos, sino que el Espíritu Santo los insta para que emprendan alguna gran obra, lo cual equivale a ir al desierto a buscar al demonio, porque no hay injusticia allí, donde el diablo no se complace. Todo el bien existe fuera de la carne y fuera del mundo, porque el bien es superior a la carne y al mundo. Todos los hijos de Dios salen, pues, a tal desierto para ser tentados; por ejemplo: si te has propuesto no casarte, te lleva el Espíritu al desierto, esto es, más allá de los límites de la carne y del mundo, para que seas tentado por la concupiscencia de la carne. ¿Cómo puede ser tentado por la lujuria, el que todo el día está con su mujer? Pero debemos saber, que los verdaderos hijos de Dios, no son tentados por el demonio si no salen al desierto. Pero, los hijos del diablo, en la carne y en el mundo, son tentados y obedecen o consienten en la tentación. Así como el hombre de bien no fornica, sino que vive contento con su esposa, así el malo, aunque tenga su mujer, no se contenta con ella; esto se constata por regla general. Los hijos del diablo no salen a buscarlo para que los tiente; ¿qué necesidad tiene de salir a la pelea, quien no desea vencer? Los que son verdaderos hijos de Dios, salen más allá de los límites de la carne a combatir contra el demonio, porque arden en deseos de obtener la victoria. Por ello Jesús salió a buscar al diablo, para ser tentado por él.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 13,1

Para que conozcas cuán útil y bueno es el ayuno y qué clase de escudo es contra el diablo y por qué después del bautismo conviene ayunar y no vivir sujetos a apetitos inmoderados, quiso ayunar Jesús, no porque El lo necesitase, sino para enseñarnos.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 5

Y ayunó cuarenta días y cuarenta noches, para expresar la medida de nuestros ayunos. De donde se sigue que, habiendo ayunado cuarenta días y cuarenta noches.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 13,2

No ayunó más de lo que habían ayunado Moisés y Elías, para que no se creyese imposible que había tomado carne.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 16,5

El autor de todas las cosas no tomó comida alguna en cuarenta días. Nosotros también mortificamos nuestra carne, cuanto podemos por medio de la abstinencia, en el espacio de cuarenta días. Se conserva el Números cuadragésimo, porque se conserva la virtud del Decálogo, por los cuatro libros del Santo Evangelio. El Números diez, multiplicado por cuatro, da el Números cuarenta. O de otro modo, en el cuerpo contamos cuatro elementos, en los cuales podemos obedecer los preceptos del Decálogo, puesto que el Decálogo acepta la sumisión de los cuatro. Los que por los apetitos de la carne despreciamos los mandatos del Decálogo, es muy justo que mortifiquemos la carne, cuatro veces diez. También, así como en la ley se nos ordena dar a Dios la décima parte de los frutos, así debemos ofrecerle la décima parte de los días de cada año. Seis semanas transcurren desde el primer domingo de cuaresma, hasta las alegrías del tiempo pascual, cuyos días son cuarenta y dos: de los cuales, quitando los seis domingos de abstinencia, quedan treinta y seis. El año consta de trescientos sesenta y cinco días; y nosotros nos mortificamos en el espacio de treinta y seis días, que constituyen la décima parte del año, que es lo que ofrecemos como décimas al Señor.

San Agustín, de diversis quaestionibus octoginta tribus liber, q. 81

O de otro modo: toda la sabiduría consiste en conocer al Creador y a la creatura. El Creador es la Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. La creatura, es en parte invisible como el alma, que consta de tres potencias (se nos manda amar a Dios de tres maneras: con todo el corazón, con toda el alma y con toda la inteligencia) y parte visible como es el cuerpo. A éste debemos también el Números cuatro, por el frío y el calor, la sequedad y la humedad. El Números diez, que forma toda la ley, multiplicado por cuatro (esto es, es el Números que corresponde al cuerpo, multiplicado, porque el cuerpo ejerce sus funciones de cuatro modos), se forma el Números cuarenta, cuyas partes iguales que son diez, si se añade una de ellas, forma el Números cincuenta. Los números uno, dos, cuatro, cinco, ocho, diez y veinte, que son partes iguales del Números cuarenta, unidos, forman el Números cincuenta: y por ello, el tiempo que nos mortificamos y nos afligimos, se fija en el Números cuarenta. Además el estado de eterna felicidad, en el que habrá alegría, se prefigura en la celebración de la Quincuagésima, desde la Pascua hasta Pentecostés.

San Agustín, sermones, 210,3

Y porque Jesús ayunó inmediatamente después del bautismo, no debe entenderse que el precepto del ayuno obliga inmediatamente después del bautismo, para que sea necesario ayunar a continuación, como lo hizo Jesucristo, sino que debe ayunarse cuando somos atacados por el tentador, para que el cuerpo pague su malicia con el castigo y el alma consiga su victoria por la humillación.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 5

Sabía el Señor las intenciones del demonio cuando se proponía tentarle. El demonio sabía que Cristo había nacido en el mundo, según la predicación de los ángeles, la relación de los pastores, la búsqueda de los magos y la manifestación de San Juan. Por lo que el Señor se adelantó contra él no como Dios, sino como hombre; mejor aún, como Dios y como hombre, porque no tener hambre en el espacio de cuarenta días, no era propio de hombre y tener hambre alguna vez, no es propio de Dios. Por ello tuvo hambre para que no se crea que sólo es Dios, porque entonces hubiese destruido la esperanza del demonio que se proponía tentarle y hubiese impedido su propia victoria. De donde se sigue: después tuvo hambre.

San Hilario, in Matthaeum, 3

Después de cuarenta días. No tuvo hambre en el espacio de cuarenta días. Por lo tanto, el Señor cuando tuvo hambre, no fue víctima de la necesidad, sino que dejó el hombre a su naturaleza. No debía ser vencido el diablo por Dios, sino por la carne. En lo que se demuestra que habría de tener hambre después del trascurso de cuarenta días, en que había de habitar sobre la tierra. Habría de tener hambre de la salvación humana, en cuyo tiempo, habiendo esperado el premio del Padre, recobró al hombre a quien había redimido.


 Evangelio según san Mateo, 4:3-4 

 

Y acercándose el tentador le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan». Quien respondiendo dijo: «Está escrito, no de sólo pan vive el hombre, sino de toda palabra que procede de la boca de Dios». (vv. 3-4)

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 5

Porque el diablo, al ver que Jesús ayunaba cuarenta días, empezó a desesperar. Pero cuando vio que empezó a tener hambre, comenzó a esperar otra vez. De donde se sigue: y «acercándose el tentador». Si eres tentado cuando ayunas, no digas que has perdido el fruto de tu ayuno, porque aunque tu ayuno no evite que seas tentado, sin embargo te aprovechará para vencer la tentación.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 16,5

Pero si observamos el orden de la tentación, veremos con cuánta magnanimidad somos liberados de la tentación. El enemigo antiguo tentó al primer hombre por la gula, cuando le instó a que comiese de la fruta prohibida; y por la vanagloria, cuando le dijo: «Conoceréis el bien y el mal». La avaricia, no sólo es propia del dinero, sino también de la elevación cuando se ambiciona con exceso los honores. Del mismo modo que rindió al primer hombre, sucumbió el demonio cuando tentó al segundo. Lo tienta por la gula, cuando dice: «Di que estas piedras se conviertan en pan». Por la vanagloria, cuando dice: «Si eres hijo de Dios, arrójate». Por la avaricia de la grandeza, cuando le manifiesta todos los reinos del mundo: «Todo esto te daré».

San Ambrosio, in Lucam, 4,3

Por esto empezó, por donde en otro tiempo había vencido, a saber, por la gula. De donde le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan». ¿Para qué estos preámbulos, sino porque sabía que el Hijo de Dios habría de venir? Pero no sabía que había venido por medio de la carne. Hace el oficio de explorador y de tentador: mientras confiesa que cree en Dios, se esfuerza por engañar al hombre.

San Hilario, in Matthaeum, 3

Propuso esta operación tentando para conocer el poder de Dios en la conversión de piedras en pan y para engañar la paciencia del hombre hambriento, por la complacencia de la comida.

San Jerónimo

Pero eres contenido por dos, oh diablo. Si ya confiesas su imperio proponiendo la conversión de las piedras en pan, en vano tientas a Aquel que tiene tanto poder y si no puede hacerlo, en vano sospechas que es Hijo de Dios.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 5

Así como el diablo cegaba a todos los hombres, así fue cegado por Cristo de una manera invisible. Conoció que tuvo hambre después de cuarenta días, pero no comprendió que no la tuvo en el espacio de los mismos. Cuando sospechó que no era Hijo de Dios, no pensó en que el fuerte puede descender hasta las cosas más débiles y el débil puede ascender hasta las cosas más fuertes. Mas habiendo observado que no tuvo hambre en tantos días, debió conocer que era Dios, aunque al ver que tuvo hambre después de los cuarenta días, pudo comprender que era hombre. Pero dirás: Moisés y Elías ayunaron cuarenta días y eran hombres. Pero ellos ayunando tenían hambre y se sostenían. Este no tuvo hambre en el espacio de cuarenta días, sino después. Tener hambre y no comer es propio de la paciencia humana; pero no tener hambre, sólo es propio de la naturaleza divina.

San Jerónimo

El propósito de Jesucristo era vencer por la humildad.

San León Magno, sermones, 39,3

De donde venció al tentador con testimonios de la ley, no con potestad de valor para honrar en esto más al hombre y castigar más a su enemigo. Lo hizo con el fin de que el enemigo del género humano no sólo fuese vencido por El como Dios, sino como hombre. De donde se sigue: El cual respondiendo le dijo: «Está escrito: No de sólo pan vive el hombre, sino de toda palabra que procede de Dios».

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 16,5

Así, tentado el Señor por el diablo, respondió con los preceptos de las Santas Escrituras: «el que pudo sumergir a su tentador en el abismo, no hizo ostentación de su gran poder y esto lo hizo con el fin de darnos ejemplo, para que cuantas veces tengamos que sufrir algo de los hombres malos, nos inclinemos más a su enseñanza que a su castigo.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 5

No dijo, pues: no de sólo pan vivo, para que no pareciese que hablaba de sí; sino, no sólo de pan vive el hombre, para que el diablo pudiese decir: Si es Hijo de Dios, se ha ocultado para que no se manifieste su poder. Si es hombre, se excusa de una manera astuta, para que no se conozca que es que no puede.

Rábano

Este testimonio está tomado del Deuteronomio. Por lo que, si alguno no se alimenta de la palabra de Dios, no puede vivir, porque así como el cuerpo humano no puede vivir sin el alimento terreno, así el alma no puede vivir sin la palabra de Dios. Se dice que la palabra procede de la boca de Dios, cuando manifiesta su voluntad, por medio de las Sagradas Escrituras.


 Evangelio según san Mateo, 4:5-7 

 

Entonces el diablo lo llevó a la santa ciudad, y lo colocó en lo más alto del templo, diciéndole: «Si eres Hijo de Dios, arrójate desde lo alto: está escrito, que mandará los ángeles en tu defensa, y te llevarán en sus manos para que la piedra no ofenda tu pie». Jesús le contesta: «También está escrito que no tentarás al Señor tu Dios». (vv. 5-7)

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 5

No habiendo podido conocer nada cierto el diablo en la respuesta de Jesucristo, acerca de si era Dios o si era hombre, lo tentó otra vez, diciendo entre sí: «Este, que no ha sido vencido por el hambre, aunque no sea Hijo de Dios, debe ser un Santo». Pueden los hombres santos resistir el hambre, pero cuando han vencido todas las necesidades de la carne, caen por medio de la vanagloria. Por ello empezó a tentarle con la vanidad, por lo que prosigue: «Entonces lo llevó el diablo a la ciudad Santa».

San Jerónimo

Esta conducción no procede de la invencibilidad del Señor, sino de la soberbia de su enemigo, que considera la firme voluntad del Salvador como una necesidad.

Rábano

Se llamaba santa la ciudad de Jerusalén porque se encontraba en ella el templo, el Sancta Sanctorum y el culto del verdadero Dios, establecido por Moisés.

Remigio

Para que se conozca que el diablo tienta a los hombres aun en los lugares más santos.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 16,5

Pero cuando se dice que Dios-hombre fue llevado por el demonio a la ciudad santa, los oídos humanos se escandalizan. El diablo es la cabeza de todos los malos. ¿Qué de particular tiene el que permitiese ser llevado por él a la ciudad santa, cuando permitió que sus miembros lo crucificasen?

La glosa

El diablo siempre eleva a las alturas por medio de la jactancia, para luego poder precipitar mejor. Por ello prosigue: «Y lo colocó en la cumbre del templo».

Remigio

El pináculo 1 era el asiento de los doctores. El templo no tiene puntos altos, como lo tienen nuestras casas, sino que era plano, como se acostumbra en Palestina y en el mismo templo había tres explanadas. Y sépase que en el pavimento había una elevación y en cada explanada había un pináculo. Si lo colocó en el pináculo que había en el pavimento, o si lo colocó en la de la primera, segunda o tercera explanada, no se sabe; pero sí que lo colocó en donde pudo haber algún precipicio.

La glosa

Observa que todas estas cosas sólo se dicen para darlas a conocer a los sentidos corporales y ya que las palabras se reducen a lo mismo, se sabe que el diablo apareció en forma de hombre.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 5

Pero acaso dirás: ¿Cómo teniendo figura corporal lo colocó en el pináculo del templo en presencia de todos? Pero del mismo modo que el diablo lo hacía en presencia de todos, El también, sin que el diablo lo supiese, pudo hacer que no fuese visto por nadie cuando así obraba.

La glosa

Por ello, pues, lo llevó a la cumbre del pináculo, cuando quiso tentarle con la vanagloria, porque la vanagloria había engañado a muchos en la cátedra de los doctores y por ello creyó que colocado Este en la silla del magisterio, podría engreírse con la vanagloria. Por ello prosigue y dijo: «Si eres Hijo de Dios, arrójate al fondo».

San Jerónimo

El diablo hace esto en todas las tentaciones, para ver si puede conocer que es el Hijo de Dios. Le dice, pues: «Arrójate», porque la voz del diablo, con la que desea que los hombres caigan siempre al abismo puede persuadir, pero no puede precipitar.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 5

Pero, ¿cómo podía conocer en esta ocasión si era Hijo de Dios o no? Volar por el aire no es propiamente obra de Dios, porque a nada conduce.

Pero si alguno vuela provocado, esto lo hace más bien por ostentación y esto proviene más del diablo que de Dios. Si al hombre sabio le basta ser lo que es y no necesita aparentar lo que no es, ¿cuánto más el Hijo de Dios no necesita ostentar aquello de lo que ninguno puede conocer lo que es en sí mismo?

San Ambrosio, in Lucam, 4

Pero por lo mismo que Satanás se transfigura en ángel de luz y prepara su perdición en las mismas Sagradas Escrituras a los fieles, usa muchas veces de textos de las mismas Escrituras, no para enseñar, sino para engañar. De donde prosigue: «Está escrito que te mandará sus ángeles».

San Jerónimo

Leemos esto en el salmo noventa, pero allí no se habla de Cristo, sino que es una profecía de un hombre santo; el diablo interpreta mal las Escrituras.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 5

En realidad, el Hijo de Dios no es llevado en manos de ángeles, sino que más bien El es quien los lleva. Y si es llevado en manos de ángeles, no es porque la piedra pueda herir sus plantas como débil, sino por honor, puesto que es Dios. ¡Oh diablo! ¿Conque has leído que el Hijo de Dios es llevado en manos de ángeles y no has leído que aplasta al áspid y al basilisco 2? Mas cita aquel ejemplo como soberbio, pero calla esto como astuto.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 13,3

Observa que los testimonios son citados por el Señor de una manera conveniente, pero el diablo los cita de una manera inconveniente. No porque está escrito «enviará sus ángeles», etc., persuade a Jesús a arrojarse.

La glosa

Aquí debe decirse: La Escritura, pues, dice de cierto hombre bueno, que Dios mandó por sí mismo a sus ángeles (esto es, a sus espíritus administradores), que lo defiendan con sus manos (esto es, con sus auxilios) y lo auxilien, para que la piedra no ofenda a sus pies (esto es, al afecto de su mente), a saber: a la ley antigua, escrita en tablas de piedra; o también, por piedra puede entenderse toda ocasión de ruina o de pecado.

Rábano

Debe observarse que, aun cuando Nuestro Salvador permitiese al diablo que le pusiese sobre el pináculo del templo, sin embargo, no quiso descender a su dominio, dándonos ejemplo para que cuando alguno nos inste a subir por el camino estrecho de la verdad, obedezcamos; pero que si alguno quiere precipitarnos de la altura de la verdad y de la virtud a los abismos del error y de los vicios, no lo oigamos.

San Jerónimo

Quebranta las flechas del diablo sacadas de las Escrituras, con los escudos de las mismas Escrituras. Así, pues, le dice Jesús: También está escrito: «No tentarás al Señor tu Dios».

San Hilario, in Matthaeum, 3

Perturbando los esfuerzos del diablo, Jesús se manifiesta como Dios y como hombre.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 5

No le dijo, pues: «No me tentarás, puesto que soy tu Dios y tu Señor», sino así: «No tentarás al Señor tu Dios», lo mismo que podía decir todo hombre de Dios, tentado por el demonio, porque el que tienta al hombre de Dios, tienta al mismo Dios.

Rábano

O de otro modo: lo tentaba como hombre, para conocer cuánto podría en la presencia de Dios.

San Agustín, contra Faustum, 22,36

La sana doctrina enseña que cuando el hombre tenga algo que hacer, no debe tentar al Señor su Dios.

Teodoto

Y tienta a Dios quien hace algo poniéndose en peligro sin motivo.

San Jerónimo, in quaestione 6 in Deuteronomium

Y debe notarse que sólo citó los testimonios necesarios del Deuteronomio, para mostrar los sacramentos de la nueva ley.

Notas

  1. La palabra pináculoproviene del latín: pinnaculum. Se refiere a la parte superior y más alta de un edificio o templo.
  2. El basiliscoera un animal de fábula al que se le atribuía el poder de matar con la vista.

Evangelio según san Mateo, 4:8-11 

 

Otra vez el demonio lo llevó a la cumbre de un monte elevado, y le manifestó todos los reinos del mundo, y su gloria, y le dijo: «Todas estas cosas te daré, si postrándote me adoras». Entonces le dijo Jesús: «Retírate, Satanás, está escrito, pues, que adorarás al Señor tu Dios, y sólo a El servirás». Entonces lo dejó el diablo y los ángeles se aproximaron prestándole auxilios. (vv. 8-11)

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 5

El diablo, vacilando en la segunda tentación, pasó a la tercera. Porque como Cristo había roto las redes de sus engaños y había pasado los límites de la vanagloria, le pone las redes de la avaricia. Por lo que dice: «Otra vez lo tomó el diablo y lo puso en la cumbre de un monte muy elevado», tan elevado que habiendo recorrido el diablo toda la tierra, no había encontrado otro más alto. Porque cuanto más alto fuese el monte, tanto mayor sería el espacio de tierra que se podría ver. De donde prosigue: «Y le manifestó todos los reinos del mundo y su gloria». Le manifestó esto así, no para que viese los reinos y sus ciudades, o sus pueblos, o su plata o su oro, sino las partes de la tierra en que residía cada reino o cada ciudad. Como si subiendo sobre un lugar elevado, te dijese con el dedo: Mira, allí está Roma o Alejandría, no indicándote que veas las mismas ciudades, sino las partes de la tierra en que se encuentran colocadas. Así el diablo podía mostrar a Cristo todos los lugares con el dedo y exponerle los honores y el estado de cada reino. Porque se dice mostrar también de lo que se expone para su inteligencia.

Orígenes, in Lucam, 30

No debe juzgarse que al manifestarle los reinos del mundo le hiciese ver, por ejemplo, los reinos de los persas, de los medos, de los hindúes, sino que le enseñó su reino; cómo reinaba en el mundo, es decir, cómo reina en unos por la lujuria, cómo en otros por la avaricia, etc.

Remigio

Llama la gloria de ellos al oro, la plata, las piedras preciosas y a los bienes temporales.

Rábano

El diablo manifestó estas cosas al Señor, no porque él pudiese dilatar el espacio de su vista o enseñarle algo nuevo, sino porque quería hacer caer al Señor en el deseo de las vanidades de la pompa mundana (que él tanto amaba) sugiriéndole con palabras y mostrándoselas como algo de buena apariencia y apetecible.

La glosa

Los que no ven como nosotros por el ojo de la concupiscencia, ven sin dificultad alguna las enfermedades, como los médicos.

San Jerónimo

Prosigue: Y le dijo: «Todo esto te daré». El arrogante y soberbio habla de jactancia. No podía darle todos los reinos del mundo, porque muchos santos varones fueron hechos reyes por Dios.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 5

Todas las cosas que se hacen en el mundo por medio de la iniquidad (como por ejemplo, las riquezas adquiridas por medio del robo o del perjurio), las da el diablo. El demonio no puede dar las riquezas a quien quiere, sino a aquéllos que las quieren recibir de él.

Remigio

Debe admirarse también la locura del demonio. Le prometía dar los reinos de la tierra a quien da a sus fieles los reinos del cielo y la gloria mundana a quien es Señor de la gloria celestial.

San Ambrosio, in Lucam, 4,11

Tiene la ambición un peligro doméstico. Para dominar a unos, primero les sirve, se inclina con el obsequio, para que se le conceda el honor, y mientras se propone ir más allá, se humilla más. De donde oportunamente añade el diablo: «si postrándote me adoras».

La glosa

He aquí la antigua soberbia del diablo; así como al principio quiso hacerse igual a Dios, así ahora se propone usurparle el culto divino, diciendo: «si postrándote me adoras». Luego, el que ha de adorar al diablo, primero debe postrarse.

Prosigue: Entonces le dijo Jesús: «Retírate, Satanás».

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 5

En cuyas palabras pone fin a la tentación del diablo para que no siga adelante tentándolo.

San Jerónimo

No son condenados con la misma sentencia San Pedro y Satanás. A San Pedro se le dice: «Apártate de mí, Satanás»; esto es, «sígueme, aunque eres opuesto a mi voluntad»; pero a éste le dice: «retírate, Satanás». Y no se le dice que detrás de mí, para que se entienda: «Vete al fuego eterno que preparado está para ti y para tus ángeles».

Remigio

O según otros ejemplos: «Retírate», esto es, «piensa y recuerda en cuánta gloria fuiste creado y en cuánta desgracia has caído».

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 5

Debe observarse que se cometió una grave injuria a Jesucristo cuando fue tentado por el demonio y éste le dijo: «Si eres Hijo de Dios arrójate al abismo». Pero no se turbó ni increpó a su enemigo, mas cuando el demonio le quiso usurpar el honor de ser Dios, indignado lo rechazó diciéndole: «Retírate, Satanás», para que nosotros aprendamos en El a sufrir las injurias de una manera digna, pero que no consintamos que lleguen ni aun al oído las injurias contra Dios. Porque es muy laudable que cada uno sufra con resignación las propias injurias, pero tolerar las injurias del Señor es hasta impío.

San Jerónimo

Diciendo el diablo al Señor: «Si postrándote me adoras», oye, por el contrario, que él es quien más bien debe adorarle como a su Señor y Dios.

San Agustín, contra sermonem Arrianorum, 29

De donde prosigue: Está escrito, pues: «Sólo adorarás al Señor tu Dios y sólo a El servirás». Nuestro único bien y nuestro Señor es la Santísima Trinidad, a quien únicamente debemos con razón la servidumbre de nuestra piedad.

San Agustín, de civitate Dei, 10,1

Con el nombre de servidumbre se entiende el culto debido al Señor. Nuestros expositores llaman latría al culto divino, cualquiera que sea el lugar de las Sagradas Escrituras, en donde encuentran la palabra servidumbre. Pero aquella servidumbre que se debe a los hombres, según lo que preceptúa el apóstol ( Tit 2,9), diciendo que los siervos deben estar sometidos a sus señores, se traduce en griego por la palabra dulía, pero latría (o siempre, o con tanta frecuencia como casi siempre), se llama a la servidumbre que pertenece al culto de Dios 1.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 5

El diablo, pues, (como suele entenderse de una manera racional), no retrocedió como obedeciendo a un precepto, sino que la divinidad que resaltaba en Jesucristo y la del Espíritu Santo que resaltaba en El, fue quien separó de allí al diablo. De donde prosigue: «Entonces lo dejó solo el demonio». Lo que aprovecha para nuestro consuelo, porque el diablo no tienta a los hombres cuando quiere, sino cuando Dios se lo permite y si le permite que nos tiente poco a poco, es atendiendo a nuestra débil naturaleza.

San Agustín, de civitate Dei, 9,20

Después de la tentación, los santos ángeles, temibles a los espíritus infernales, servían al Señor y en ello mismo se manifestaba a los demonios cuán grande fuese su poder. De donde prosigue: «Y he aquí que los ángeles se acercaron y le servían».

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 5

No dijo, pues: «bajando los ángeles», para manifestar que siempre estaban con El en la tierra para su servicio. Pero, entonces se retiraron de El por orden de Dios, para que el diablo pudiese tentar a Cristo, no fuera que, viendo a los ángeles cerca de El, no se atreviese a aproximarse. No sabemos en qué forma le servían, si sanándolo de las enfermedades, si ayudándolo en la corrección de las almas o si ayudándolo a ahuyentar las tentaciones. Todas estas son las cosas que hace por medio de los ángeles, de modo que, cuando éstos lo hacen, parece que es El mismo quien lo hace. Sin embargo, debe saberse que no lo asistían por necesidad de limitado poder, sino en honra de su infinita potestad. No se dice que lo ayuden, sino que lo sirven.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 15

En estas palabras se manifiesta la doble naturaleza de su persona, porque es hombre a quien el diablo tienta y El mismo es Dios a la vez, a quien los ángeles sirven.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum super Matthaeum, hom. 5

Ahora expliquemos brevemente qué significan las tentaciones de Cristo. El ayuno es la abstinencia de una cosa mala; el hambre es el deseo de la misma cosa mala; su uso es el pan. El que se habitúa con el pecado convierte la piedra en pan. Responda, pues, al demonio cuando lo tiente, diciendo: «Que no de sólo el uso de aquella cosa vive el hombre, sino de la observancia de los mandatos de Dios». Cuando alguno se engríe como si fuese santo, es como llevado al templo y cuando se crea que está en la cumbre de la santidad, entonces es cuando le coloca sobre el pináculo del templo y ésta es la tentación que sigue a la primera, porque la victoria de la tentación produce la vanagloria y es causa de jactancia. Pero advierte que Cristo ayunó voluntariamente. El diablo lo llevó al templo para que tú te consagres espontáneamente a la abstinencia, pero por ello no te creas que has llegado a la cumbre de la santidad. Huye del orgullo del corazón y no experimentarás tu ruina. La subida al monte es la marcha hacia las riquezas y la gloria de este mundo, como que desciende de la soberbia del corazón. Cuando quieras hacerte rico, lo cual equivale a subir al monte, empiezas a pensar en adquirir las riquezas y los honores y entonces el Príncipe de este mundo te manifiesta la gloria de su reino. En tercer lugar, te ofrece las causas para que, si las quieres seguir, le sirvas, menospreciando la justicia de Dios.

San Hilario, in Matthaeum, 3

Pero vencido por nosotros y aplastada la cabeza del diablo, se ve desde luego que con la ayuda de los ángeles y de nuestras virtudes no nos habrán de faltar los auxilios del cielo.

San Agustín, de consensu evangelistarum, 2,16

San Lucas, en verdad, no expone las tentaciones por este orden: de donde viene la duda acerca de cuál tentación fuese la primera; si le manifestó primero los reinos del mundo y después lo llevó al pináculo del templo, o viceversa. En nada afecta a la esencia, puesto que se sabe que todo esto se verificó.

Glosa

Pero lo que dice San Lucas parece más bien como historia y lo que dice San Mateo respecto de estas tentaciones, se refiere a las tentaciones que sufrió Adán.

Notas

  1. El culto puede ser la latría, que se tributa sólo a Dios. En sentido estricto el culto sólo puede tributarse a Dios. En un sentido general se habla de cultode hiperdulía, que se tributa a la Virgen María y de mera dulía, a los ángeles y santos. Pero en estos casos no se trata de culto en sentido estricto sino más bien de devoción, la que ha de tener como fin último la gloria de Dios.

 

 

NUESTRO COMENTARIO

Hay tanto que meditar y comentar de este episodio capital en la Historia de la Salvación, que es difícil sintetizar y resumirlo; se teme mutilar o disminuir tan crucial hecho en la vida del Señor.

 

El Señor recibió el Bautismo de Juan e inmediatamente  fue llevado por el Espíritu al desierto  a ser tentado por el Diablo.

 

 

EL LUGAR, EL DESIERTO

 

Este desierto está entre Jerusalén y Jericó, en donde habitaban los ladrones, cuyo lugar se llama Dammaín, esto es, de la sangre, por el derramamiento de sangre que con tanta frecuencia hacían allí los ladrones. Es ahí donde aquel hombre que venía de Jerusalén a Jericó, se dice que cayó en poder de los ladrones, representando a Adán, que había caído en poder de los demonios. Era conveniente, pues, que Cristo venciese al demonio, en el sitio espiritualmente entendido, en que el demonio había vencido al primer hombre, bajo la figura de la serpiente. El Desierto, lugar de encuentro, paradógicamente, con Dios, pero también con el Diablo, para ocasiones extraordinarias. Fuera de la rutina cotidiana. (Santos Padres)

 

 

FUE LLEVADO POR EL ESPÍRITU AL DESIERTO

 

Esta expresión quiere mostrar la Providencia y la presciencia de Dios, que ordena todas las cosas para bien de los que le aman; en el culmen de los cuales está el Redentor, el Hijo de Dios y Dios mismo. Por otro lado, no quiere decir que el Hijo sea menor que el Espíritu Santo, sino que Jesús en cuanto hombre, se dejaba guiar por el Espíritu Santo.

 

Cual era el objeto de esto? El ayuno purifica la mente y el alma, y fortalece la voluntad; es preparación para la lucha espiritual y para una misión importante. Da al espíritu y a la mente decisión, lucidez, fortaleza, voluntad, concentración. (2)

 

La misión de Cristo es venir a este mundo a redimirnos, pagando en la Pasión y  Muerte por nuestros pecados, predicándonos la Buena Nueva del Reino, con su Palabra y Milagros. Nos pide Fe y conversión.

 

El tiempo se ha cumplido, Conviértanse y crean en el Evangelio, el Reino de Dios se ha acercado. Fue su primera prédica pública en Galilea.

 

Fe y conversión: algo que en la neoiglesia del Nuevo Paradigma francisquista ya parece no existir.

 

Cristo vino primeramente a sacarnos del poder del Demonio: Cristo vino a deshacer las obras del Demonio, dice San Juan solemnemente.

 

Con su Pasión y Muerte, pagó el precio al Padre por nuestro Rescate, luego con su Resurrección triunfó de la Muerte y nos muestra nuestra Eternidad, con su Ascensión lleva la naturaleza humana a la Trinidad, después de sacarla del abismo de la cautividad del Demonio. Obviamente en la Santísima Trinidad hay un solo Hombre, Jesús. A nosotros nos abrió las puertas del Cielo. Y con el envío del Espíritu Santo nos eleva a la categoría de Hijos de Dios y otros Cristos. Hombres redimidos mientras están en Gracia, que son hermanos del Redentor. Desde el fondo, nos levantó hasta el Cielo.

 

Pues bien, el Salvador quiso empezar su vida pública con un gran ayuno de cuarenta días. Cuarenta es un número clave. Cuarenta fueron los años de peregrinación del pueblo de Israel en el desierto, desde la liberación de Egipto hasta la entrada a la tierra prometida. Cuarenta los años de reinado del Rey David. Moisés y Elías ayunaron durante cuarenta días en situaciones importantes.

 

Algunos antiguos sostienen que fue milagroso el ayuno del Señor por cuarenta días. Sabemos que las personas fuertes hoy lo pueden hacer sin milagro alguno. Hay centros donde se hace esto con vigilancia médica. El ayuno no solo es bueno para mente y espíritu, sino también purificador heroico del cuerpo.  Los que hicieron este ayuno saben que después de 4 o 5 diás el hambre desaparece, y vuelve con la fuerza de una enfermedad alrededor de los 35 o 40 días. En esto sigo a Castellani, en El Evangelio de Jesucristo (3). Esto tiene explicaciónes fisiológicas que aquí no vienen al caso.

 

Jesús además de prepararse para su misión con el ayuno, quiso exponerse a la tentación del enemigo del género humano. Esto nos debe servir de ejemplo y edificación. Quiso mostrar como se vence al Enemigo poderoso y sin comparación mas inteligente que nosotros. El Diablo es un ángel caído, pero ángel al fin; su naturaleza es muy superior a la humana y no perdió sus excelsas facultades naturales con su caída; perdió la Gracia. Su inteligencia no es discursiva como la nuestra, que debe razonar, establecer premisas, sacar conclusiones. El ángel tiene inteligencia intuitiva, este concepto está lejos de tener las reminiscencias folklóricas y románticas que le suele atribuir el vulgo; quiere decir que la inteligencia capta, aprehende la realidad de un solo golpe, sin discurso ni trabajoso raciocinio como nosotros. Esto además incluye también racionalidad.  Es una inteligencia cualitativamente superior a la nuestra. Es tán superior que no hay manera de vencerlo para un ser humano. Su superioridad es absolutamente aplastante. Si comparamos un tigre con una lombríz todavía nos quedamos cortos.

Solamente con la Gracia, el poder y la protección de Dios podemos vencerlo. Esto incluye la Palabra y la virtudes teologales: Fe, esperanza y caridad.. Al Diablo se lo vence de Palabra; con la Palabra de Dios.

Esta es una de las cosas esenciales que Cristo nos quiere mostrar en este episodio. Al Diablo solo lo puede resistir el que está en Gracia, con la Palabra de Dios, y con el ayuno, cuando la tentación es fuerte.

 

La Iglesia siempre ha sabido y sabe de la existencia y la acción del Diablo. Escritura, Tradición y Magisterio lo saben. Incluso los Papas conciliares, hasta el mismo Francisco lo menciona. Aunque lo deja solo en el infierno: El infierno está vacío, ha afirmado sonrientemente Francisco….

 

Pero las grandes Apariciones de la Virgen, así como las visiones de los Santos, y la misma Escritura, no ven vacío al Infierno sino poblado de hombres perdidos…

 

Esta ralea de demonios solo puede expulsarse con la oración y el ayuno…

dice el Señor después de reprender dúramente a los apóstoles por no haber podido expulsar un demonio, por falta de Fe. De  todo esto se desprende lógica y ontológicamente, que los incrédulos y los que perdieron la Gracia por el pecado  mortal, no pueden resistir al Diablo. Solo se pueden salvar convirtiéndose, arrepintiéndose y confesándose, ordinariamente. Dios en su infinita misericordia puede mandar gracias actuales de conversión y arrepentimiento al peor pecador. Pero no hay que jugar con la Gracia y los dones de Dios. Es el peor juego imaginable: el juego que le gusta a Lucifer.

 

 

 

EL MESÍAS DE LAS TENTACIONES DEL DESIERTO

 

El Diablo estába preocupado con el Mesías. Debía atacarlo y destruirlo. Era el Enemigo acérrimo que vencer. Con que tentó el Diablo a Jesucristo?

 

El Mesías dominador político militar del mundo, bien terrestre, lider de un Reino Milenario ganador incluso con la guerra mundana; proveedor de suculentos alimentos y maná de carne para todos. Que llueva café..dijo el dominicano Juan Luis Guerra..

Ese Mesías era el que había concebido la mente judía, por una lectura tendenciosa, parcial, selectiva de las Profecías mesiánicas. Hay, obviamente una cantidad de pasajes que abonan la creencia en ese Mesías inmanente y mundano, pero está la gran Profecía del Siervo Sufriente de Isaías, que muestra la kenosis, la Pasión del Señor, así como los Salmos de David, algunos de los cuales reproducen aspectos puntuales de la Pasión del Señor con una literalidad y exactitud asombrosas, mil años antes de que suceda: cf. Salmo 22.

Las dos caras del Mesías son verdad. Será triunfante y Rey del universo en su Parusía o Segunda Venida; ya no vendrá como Cordero sino como León. Será el Dios y Rey de todos. Los impíos deberán soportar ahora su Reinado por la fuerza, confinados al Lago de Fuego eterno. Pero primero tuvo que pasar por ser el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Cristo es Cordero y León. Y las dos cosas ahora mismo si se quiere: su pasión es un hecho histórico, pero también eterno e intemporal, en tanto está protagonizado por la Persona del Hijo Eterno de Dios, lo cual no excluye el sufrimiento de su naturaleza humana. Y también es León, porque está en el Trono divino como Dios omnipotente.

Pues bien, la mentalidad judaica, sobre todo su clase dirigente: fariseos, escribas, Doctores de la Ley, levitas, sacerdotes, ancianos, etc. se quedaron con la parte del León…el Mesías triunfante de un, aplastante, militar y político dominador del Mundo, liberador inmanente del Pueblo de Israel. El Mesías que haría milagros y portentos apoteóticos, como Moisés y Elías, abrir y secar el Mar, hacer bajar fuego del cielo, o mas todavía…

Esta concepción impregnaba a fondo el alma judía; lo podemos constatar incluso en los mismos apóstoles en varios pasajes del Evangelio.

Cristo era judío de sangre; lo era su Madre; lo era José. Ellos venían de la descendencia de David. El Tentador, que conoce las profecías mesiánicas mil veces mejor que cualquier rabino, entonces, tentó a Jesús, en el cual ya había visto un hombre extraordinario, posible Mesiás, con la tentación de ese Mesías terrestre, inmanente, milenarista mundano, cuyas notas características las vemos en las tres tentaciones. Dicen algunos Padres y varios santos y papas y teólogos antiguos, y Ana Catalina Emmerick, que las tentaciones fueron muchas, pero relacionadas con tres cauces, tres direcciones principales, que son las que resume el Evangelio.

 

 

El Diablo se acercó a Jesús y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes. Mas Jesús le respondió y dijo: Escrito está: No de solo pan vive hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios

En la primera tentación lo tienta con el Mesías proveedor de alimentos, aprovechándose del hambre que consumía a Jesús. Si Jesús era el Mesías, pondría en juego su poder y el Diablo sabría a que atenerse con aquel hombre extraordinario. La respuesta de Jesús está tomada de la Escritura, del Pentateuco. Y apunta a que el hombre es un ser no solo físico y corporal como un animal, sino racional espiritual, que se alimenta de la Palabra de Dios, como también lo repite en el Evangelio de varias maneras. Mi manjar es hacer la voluntad de Aquel que me envió…

Jesús se agarra, se aferra a la Palabra de Dios para refutar al astuto, ingenioso  Demonio.

 

En la segunda tentación, Entonces le transportó el diablo a la santa ciudad; y púsole sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo, porque escrito está: Mandó a sus ángeles cerca de ti, y te tomarán en sus manos, para que no tropiece tu pie contra alguna piedra.

Jesús le dijo: También está escrito: No tentarás al Señor tu Dios.

Con resta respuesta, Jesús no le está diciendo al Diablo: no me tientes porque soy Dios; nada que ver. Está respondiendo que no hay que tentar a Dios. Que es tentar a Dios? Cometer un acto temerario, insensato deliberadamente y poner a Dios en situación de tener que hacer un milagro para salvarnos. Es como ponerlo a prueba caprichosamente, irrespetuosamente, sacrílegamente. Nuevamente Jesús vence al Tentador con la Palabra. Nuevamente del Deuteronomio, del Pentateuco.

Recordemos que los fariseos reclamaban a Jesús un signo: Que signo haces tu para que te creamos? Aquellos hipócritas, embebidos de la concepción del Mesías inmanente, triunfante, proveedor de alimentos y de milagros a piacere, querían la prueba de Jesús.

Pues bien, en el Desierto, el Diablo sondea con ese aspecto del Mesías judaico: signos y milagros portentosos y circenses a piacere. Jesús lo refuta nuevamente, refugiándose, abroquelándose en la Palabra.

En la tercera tentación, vemos reflejada el alma de la creencia judaica en el Mesías triunfante, dominador político y militar del todo el Mundo:

De nuevo le subió el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo, y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré si, prosternándote, me adorares. Díjole entonces Jesús: Vete de aquí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu  Dios adorarás,  y a él solo servirás. Entonces le dejó el diablo; he aquí que se acercaron los ángeles y le sirvieron.

Digamos que la expresión lo subió, o lo llevó (a un monte muy alto) es una metáfora. En realidad no necesitó llevarlo a ningún lado, sino que el Diablo le mostró en visión aquello. Jesús lo vuelve a derrotar con la Palabra. De nuevo con el Pentateuco.

El Diablo tienta a Jesús con conseguir lo que Dios promete pero por sus propios medios, sin Dios y contra Dios. Lo mismo que a Adán y a Eva en el Paraíso. Seréis como Dioses..Cuando estemos resucitados en la Gloria, junto al señor así seremos; y quizás ya lo somos desde ahora en cierto sentido si estamos en Gracia.

Dicen algunos que ese hombre, el Otro, el Anticristo, desde chico será preparado por el Diablo para aceptar esto: el Poder del Mundo haciéndose súbdito de él.

El pacto diabólico es algo posible, es posible que algunos personajes de la historia lo hayan hecho. El diablo puede dar fama, poder y placer a cambio del alma. Pero Todo el Poder, solo al hombre predestinado para eso. Esto es misterio que no vamos a abordar aquí.

Lo que nos importa es que Cristo vence al Diablo con la Palabra de Dios. Estaba en una situación difícil, el hambre atroz lo consumía y el Diablo lo tortura con eso y otras tentaciones. Jesús pone su confianza en Dios por medio de agarrarse fuértemente a la Palabra. No usó su poder divino para soportar las tentaciones. En el desierto fue puesto a prueba como hombre, como un hombre. Se abandonó en Dios; se aferró a la Palabra entregándo todo a Dios. Cuando parecía desfallecer, su perseverancia le dió la victoria. Y ahora sí, una vez pasada la prueba: los ángeles le sirvieron. Conseguirá lo que el Diablo le ofrecía pecando, por los medios de Dios.

Entonces el Diablo le dejó, para volver en el momento oportuno. Dice inquietantemente San Lucas.

El Diablo volvió fraguando una conspiración contra él, inspirando y poseyendo a Judas y movilizando a los jefes religiosos; hipócritas sin comunión con Dios que fueron movidos como títeres por el Demonio. Así hace con los que no están movidos por el espíritu de Dios. No necesariamente los hace hacer cosas terribles, sino que los lleva tranquilos, en la mediocridad, en la tibieza, en la Paz (falsa) en el camino ancho, a la Perdición.

Volvió en la agonía del huerto con Dios sabe que tentaciones. Pero Jesús con la oración profunda, entregada al Padre; con la OBEDIENCIA, volvió a vencerlo cumpliendo la voluntad de Dios.

 

 

 

HOY CASI NO SE CREE EN EL DIABLO, PERO GOZA DE BUENA SALUD

 

La mayor astucia del Diablo es hacer creer que no existe…ha dicho un poeta.

Por efectos de los grandes  teólogos progremodernistas Rhaner y Theilard, y los personalistas, en la iglesia se perdió la conciencia de la existencia y la acción del Diablo. Fue ridiculizado en seminarios e ignorado en la catequesis….Fue confinado al baúl de las leyendas y el folklore mítico de épocas oscurantistas. El progreso hacia el punto omega theilardiano se encargaría de terminar con todo residuo oxidado, tóxico de la creencia en él. Pero hasta los Papas conciliares fueron totalmente concientes de su existencia.

El humo de Satanás ha entrado al templo de Dios…afirmó sériamente Pablo VI en 1972, ante el desconcierto, la rabia y la contrariedad de toda la cochambre progremodernista de la iglesia conciliar y del mundo. Recibió ataques y burlas de todos lados.

También Juan Pablo II y Benedicto corroboraron su existencia. No creemos necesario arrimar acá Escritura, Tradición y Magisterio sobre el Diablo. Se puede buscar fácilmente hoy en la web.

Recordemos brévemente la visión de León XIII y el poder del Diablo sobre la Iglesia, permitido por Cristo, que originó su célebre exorcismo, que contiene afirmaciones como esta:

El Enemigo entrará en la Iglesia y desde la Cátedra de San Pedro, desde donde se debería difundir la Verdad, se difundirá la Mentira para perdición de muchos…

Cito de memoria.

El Diablo fue disminuido en su poder notoriamente por la Pasión, muerte y Resurrección de Cristo y el envío del Espíritu Santo, pero ha recobrado poder por la apostasía. El estado de Occidente hoy es peor que el mundo antes de Cristo.

««Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda vagando por lugares áridos en busca de reposo, pero no lo encuentra. Entonces dice: «Me volveré a mi casa, de donde salí.» Y al llegar la encuentra desocupada, barrida y en orden. .Entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí, y el final de aquel hombre viene a ser peor que el principio. Así le sucederá también a esta generación malvada.»» 

 

 

 

EL BUEN COMBATE

Debemos saber con claridad que si Cristo fue tentado, nosotros también lo seremos, incluso con severidad.

La estulta, dañina, frívola cochambre progremodernía ha sabido disolver la verdad clara y sabida hasta 1962 de que la vida cristiana es un combate contra las fuerzas diabólicas.

El Diablo, vuestro enemigo, ronda como león rugiente, buscando a quien devorar, advierte San Pedro.

El mundo entero yace bajo el Maligno, nos revela San Juan.

Satanás es el dios de este mundo, corrobora San Pablo.

Recordemos la lapidaria exhortación de San Pablo:

«Revestíos de las armas de Dios para poder resistir a las acechanzas del Diablo. Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas. Por eso, tomad las armas de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y después de haber vencido todo, manteneros firmes. ¡En pie!, pues; ceñida vuestra cintura con la Verdad y revestidos de la Justicia como coraza, calzados los pies con el Celo por el Evangelio de la paz, embrazando siempre el escudo de la Fe, para que podáis apagar con él todos los encendidos dardos del Maligno. .Tomad, también, el yelmo de la salvación y la la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios;» 

 

Todas estas advertencias son serias y dramáticas; también los santos, que experimentaron en carne propia la lucha contra los ángeles caídos, los Doctores de la Iglesia y los Papas hasta incluso los conciliares, como mencionamos, alertaron sobre la existencia del Diablo y la seriedad con que hay que tomar esta lucha. Aquí los conciliares fueron, como en muchas otras cosas, incoherentes, pues permitieron por otro lado el avance devastador de la teología progremodernista.

Cristo vino a deshacer las obras del Diablo.

Si se saca al Diablo de la realidad, Cristo se empequeñece hasta desaparecer o quedar reducido a un hombre interesante, extraordinario, bienintencionado pero medio loquito, de hace dos milenios. El Cristo Histórico progremodernista, en coherencia con la inexistencia del Diablo.

 

Para que carajo se encarnó, sufrió atrozmente, se humilló, se despojó, murió, resucitó y ascendió, cabría preguntarse, si el Diablo no existe.

Pero la realidad es que existe, y hay que luchar en un combate permanente y sin tregua contra él, con la Gracia de Dios, la humildad, la Palabra, la formación y sobre todo con la Misa; la Tradicional sin contaminación modernista y antropocéntrica.

Antropocentrismo, modernismo….El Diablo está como en su casa…

Hay nuevas y deletéreas creencias a media máquina sobre el Diablo. Ciertos carismáticos afirman que el Diablo está vencido por Cristo..y ya está…Ya lo hemos vencido. Esto es nefasto. Cristo lo venció. Ahora debemos vencerlo nosotros. Se agarran de una frase de San Juan en sus Cartas: ustedes vencieron al Maligno. Pero tomando esto literal crudo, se cargan a San Pedro y San Pablo y a Cristo mismo. Ejemplo de ignorancia crasa, supina en la interpretación de la Escritura, que debe interpretarse como una Unidad, en la Tradición e interpretada por el Magisterio hasta 1962, para seguridad.

Al Diablo se lo vence con la Palabra.

Pero con la Palabra de Dios interpretada por la Iglesia, con la Tradición y el Magisterio; no con basura progremodernista.

Pretender combatir al Diablo con clichés progremodernistas sentimentaloides  sobre el amor y la misericordia y la ternura, y la inclusión, es lo mas imbécil que se puede hacer, pues él ha inventado esa adulteración de la Palabra de Dios, precisamente para no tener que enfrentar la Palabra de Dios verdadera y ser vencido, por eso inventó ese sustituto funcional a eĺ que es la teología progremodernista.

Hoy vemos, a propósito de esto, quien da los ejercicios espirituales cuaresmales a Francisco, que clase de sujeto es, y cuales son los títulos de esos ejercicios. (pueden ver todo esto en nuestro portal en diversos artículos y videos).

Se ha reemplazado la austeridad, la oración y el ayuno; la lucha contra el Diablo, con idioteces afeminadas, vagos ambientalismos ecológicos…aforismos de moralina púramente inmanente…

Repetimos la última vez para ir finalizando:

Al Diablo se lo combate con la Palabra de Dios, vivida por la Tradición e interpretada con el Magisterio hasta 1962.

Ningún sustituto licuado y humano tiene poder contra el Diablo.

La moralina estúpida e inmanente que hoy reemplaza la Palabra de Dios en la Iglesia la ha inventado él.

No creer en la existencia del Diablo, es ya estar bajo su poder.

 

El que crea se salvará y el que no crea se condenará, dice lapidariamente el Señor en el Evangelio. Y esta creencia es en la Fe de Cristo completa e íntegra.

 

No sirve una fe a la carta, un Credo My Way. El Hereje no puede luchar contra el Maligno desde el momento de que este, lo ha hecho caer de la integridad de la Fe.

Cristo salva por la Palabra, creída como corresponde, la cual podemos usar como espada y escudo contra el Maligno. El amor a Cristo tiene como indicador la creencia íntegra en su Palabra. No se puede amar lo que no se conoce. No podemos amar a Cristo y menos a los hermanos, en serio, si no le creemos al Señor.

Cristo ha vencido al Maligno. Con la Gracia de su Victoria, nos toca ahora a nosotros luchar y vencer. Como repite el Señor en Apocalipsis varias veces:

Al que venza, lo sentaré en mi trono. Al que venza…

Cristo es nuestro Rey y nuestro Redentor, el verdadero conocimiento de Él salva. Para conocerlo bien hay que conocer, sabiendo el Mal abismal del que nos salvó con su Redención: el Demonio, el Pecado, el Infierno. Si se niegan estas tres cosas, como se están negando hoy en la neoiglesia, estamos reduciendo a Cristo e ignorándolo.

 

 

ARMAS DEL COMBATE ESPIRITUAL

Ya sabemos cuales son la armas: Fe íntegra, conocimiento de la Palabra bien interpretada; Formación católica; Fe, esperanza, amor verdaderos. Sacramentos de la Iglesia, Sacramentales, vida sencilla. Escape de la mediocridad y la tibieza. Ayuno y obras de caridad. Conciencia de la misión de cada uno.

 

 

ORACIÓN FINAL

Pidamos al Señor, por intercesión de su Madre, que nos de Fe verdadera, Esperanza y Amor, para embrazar el escudo de la Palabra de Dios íntegra, fiel, y luchar nuestro combate contras las fuerzas del mal; contra el Demonio.

Que tomemos conciencia del bien infinito que nos hace Cristo en reconciliarnos con Dios, liberándonos de la cautividad del Demonio, con la condición de que creamos y combatamos. Que seamos miembros vivos, en Gracia de Dios, en su Iglesia.

 

 

 

 

NOTAS.

1) FSSPX, Misas Dominicales, Primer Domingo de Cuaresma

2) Artículo sobre el Ayuno y su necesidad en nuestro portal.

3) Leonardo Castellani, el Evangelio de Jesucristo.

 

 

 

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