LA PALABRA DE DIOS DEL DOMINGO: DOMINGO DE SEPTUAGÉSIMA

 

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JUAN DONNET

 

 

DOMINGO DE SEPTUAGÉSIMA

(II clase, morado)

Sin Gloria. Tracto, Credo y prefacio de la Santísima Trinidad

 

Introito – Me cercaron angustias de muerte; dolores de infierno me rodearon: y en mi tribulación invoqué al señor, y Él oyó mi voz desde su santo templo. – Ps. Te amaré Señor, fortaleza mía: el Señor es mi fortaleza y mi refugio, y mi libertador. V. Gloria al Padre.

Oración-Colecta. Te rogamos, Señor, escuches benignamente las oraciones de tu pueblo, haciendo que los que nos sentimos justamente atormentados a consecuencia de nuestros pecados, seamos salvos misericordiosamente para honra de tu nombre. Por Jesucristo Nuestro Señor.

 

Lección de la Epístola del Apóstol San Pablo a los . Corintios (IX, 24-27; X, 1-5) Hermanos: ¿No sabéis que los atletas que corren en el estadio, todos en verdad corren, pero uno sólo alcanza el premio? Corred vosotros de tal manera que lo alcancéis. Todo el que quiere luchar, de todo se abstiene: y esto hácelo por recibir una corona corruptible: en tanto que nosotros aspiramos a una incorruptible. Por eso yo corro no como quien corre a la aventura: y peleo, no como quien azota al viento; sino que castigo mi cuerpo y lo reduzco a servidumbre, temeroso de que, después de predicar a los demás, resulte yo reprobado. Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres estuvieron todos a la sombra de la nube en el desierto, y todos pasaron el mar,l y todos dirigidos por Moisés, fueron bautizados en la nube y en el mar: y todos comieron un mismo manjar espiritual y bebieron la misma bebida espiritual (porque bebían de una piedra misteriosa que los iba siguiendo, piedra que era figura de Cristo): mas aun así, muchos de ellos desagradaron a Dios.

Gradual – Tú eres, oh Señor nuestro socorro en los trances difíciles y en la tribulación: esperen en Ti los que te conocen, porque no abandonas a los que te buscan. V. Porque el desvalido no será siempre olvidado: la paciencia de los afligidos no se verá frustrada para siempre: levántate, Señor, y que no triunfe el hombre impío.

Tracto – Desde lo más profundo he clamado a Ti, Señor: Señor, oye mi voz. V. Presta oídos a la oración de tu siervo. V. Si tienes en cuenta nuestras culpas, Señor, ¿quién podrá subsistir delante de Ti? V. Pero en Ti se encuentra el perdón, y confiado en tus palabras espero en Ti, oh Señor.

+ Continuación del Santo Evangelio según San Mateo (XX, 1-16) – En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: semejante es el reino de los cielos a un hombre, padre de familias, que salió muy de mañana a ajustar trabajadores para su viña. Y habiendo convenido con los trabajadores en un denario por día, los envió a su viña. Y saliendo a eso del a hora de tercia, vio otros en la plaza que estaban ociosos, y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré el salario justo. Y ellos fueron. Volvió a salir a eso de la hora de sexta y de nona, e hizo lo mismo. Salió por fin a eso de la hora de vísperas, y vio a otros que se estaban allí, y les dijo: ¿Qué hacéis aquí, todo el día ociosos? Y ellos le respondieron: Porque ninguno nos ha contratado. díceles: Id también vosotros a mi viña. Y al llegar la noche, dijo el dueño de la viña a su mayordomo: Llama a los trabajadores, y págales su jornal, comenzando desde los últimos hasta los primeros. Cuando vinieron los que habían ido a eso de la hora de vísperas, recibieron cada cual un denario. Y cuando llegaron los primeros, creyeron que recibirían más; pero no recibió sino un denario cada uno: Y al recibirlo murmuraban contra el padre de familias, diciendo: Estos últimos sólo han trabajado una hora, y los has igualado con nosotros, que hemos soportado el peso del día y del calor. Mas él respondió a uno de ellos, y le dijo: Amigo, no te hago ningún agravio: ¿no conviniste conmigo en un denario? Toma lo que es tuyo, y vete: pues yo quiero dar a este último tanto como a ti. ¿O es que no puedo yo hacer de lo mío lo que quiero? ¿Acaso tu ojo es malo, porque yo soy bueno? Así que los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos. Porque muchos son los llamados, mas pocos los escogidos. – Credo.

Ofertorio – Bueno es alabar al Señor y cantar salmos a tu nombre ¡oh Altísimo!

Oración-Secreta. Ya que, has recibido oh Señor, nuestras oraciones y ofrendas, purifícanos con estos santos misterios y despacha favorablemente nuestros ruegos. Por Jesucristo Nuestro Señor

Prefacio de la Santísima Trinidad. Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar oh Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios! Quien, con tu Hijo unigénito y el Espíritu Santo, eres un solo Dios, eres un solo Señor: no en la unidad de una sola persona, sino en la Trinidad de una sola sustancia. Porque cuanto creemos, por habérnoslo Tu revelado, acerca de tu gloria, creémoslo igualmente de tu Hijo, y del Espíritu Santo, sin haber diferencia ni separación. De modo que, al reconocer una sola verdadera y eterna Divinidad, sea también adorada la propiedad en las personas, la unidad en la esencia y la igualdad en la majestad. A la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar diariamente, diciendo a coro:

Comunión. – Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, y sálvame por tu misericordia: señor, no sea confundido, pues yo te he invocado.

Oración-Postcomunión. Haz, oh Dios, que tus fieles se sientan fortalecidos con tus dones; para que, recibiéndolos, más y más los busquen, y buscándolos, eternamente los gusten. Por Jesucristo Nuestro Señor.

 

 

TEXTOS EN LATÍN

 

 

Dominica in SeptuagesimaII ClassisStatio ad S. Laurentium extra muros

Introitus: Ps. xvii: 5, 6, 7.

Circumdedérunt me gémitus mortis, dolóres inférni circumdedérunt me: et in tribulatióne mea invocávi Dóminum, et exaudívit de templo sancto suo vocem meam. [Ps. ibid., 2-3]  Díligam te, Dómine, fortitúdo mea: Dóminus firmaméntum meum, et refúgium meum, et liberátor meus. Glória Patri.  Circumdedérunt.

Non dicitur Glória in excélsis in Missis de Tempore ab hac Dominica usque ad Feriam IV Majoris Hebdomade inclusive, neque in Dominicis, neque in Feriis.

Oratio:

Preces pópuli tui quǽsumus, Dómine, cleménter exáudi: ut, qui juste pro peccátis nostris afflígimur, pro tui nóminis glória misericórditer liberémur. Per Dóminum.

 

1 Cor. ix: 24-27; x: 1-5

Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Corínthios.
Fratres: Nescítis quod ii, qui in stádio currunt, omnes quidem currunt, sed unus áccipit bravíum?  Sic cúrrite, ut comprehendátis.  Omnis autem, qui in agóne conténdit, ab ómnibus se ábstinet: et illi quidem ut corruptíbilem corónam accípiant; nos autem incorrúptam.  Ego ígitur sic curro, non quasi in incértum: sic pugno, non quasi áërem vérberans: sed castígo corpus meum, et in servitútem rédigo: ne forte cum áliis prædicáverim, ipse réprobus effíciar.  Nolo enim vos ignoráre, fratres, quóniam patres nostri omnes sub nube fuérunt, et omnes mare transiérunt, et omnes in Móyse baptizáti sunt in nube, et in mari: et omnes eámdem escam spiritálem manducavérunt, et omnes eúmdem potum spiritálem bibérunt: (bibébant autem de spiritáli, consequénte eos, petra: petra autem erat Christus): sed non in plúribus eórum beneplácitum est Deo.

Graduale: Ps. ix. 10-11, 19-20

Adjútor in opportunitátibus, in tribulatióne: sperent in te, qui novérunt te: quóniam non derelínquis quæréntes te, Dómine. v.  Quóniam non in finem oblívio erit páuperis: patiéntia páuperum non períbit in ætérnum: exsúrge Dómine, non præváleat homo.

Tractus: Ps. cxxix: 1-4

De profúndis clamávi ad te, Dómine: Dómine exáudi vocem meam.  v.  Fiant aures tuæ intendéntes in oratiónem servi tui. v.  Si iniquitátes observáveris, Dómine: Dómine quis sustinébit?  v. Quia apud te propitiátio est, et propter legem tuam sustínui te, Dómine.

A Septuagesima usque ad Feriam II post Dominicam Quinquagesimæ inclusive, quando in Feriis resumitur Missa Dominicæ, non dicitur Tractus, sed tantum Graduale.

Matth. 20. 1-16
+ Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthæum.

In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis parábolam hanc: «Símile est regnum cælórum hómini patrifamílias, qui éxiit primo mane condúcere operários in víneam suam. Conventióne autem facta cum operáriis ex denário diúrno, misit eos in víneam suam. Et egréssus circa horam tértiam, vidit álios stantes in foro otiósos, et dixit illis: Ite et vos in víneam meam, et quod justum fúerit, dabo vobis. Illi autem abiérunt. Iterum autem éxiit circa sextam et nonam horam: et fecit simíliter. Circa undécimam vero éxiit, et invénit álios stantes, et dicit illis: Quid hic statis tota die otiósi? Dicunt ei: Quia nemo nos condúxit. Dicit illis: Ite et vos in víneam meam. Cum sero autem factum esset, dicit dóminus víneæ procuratóri suo: Voca operários, et redde illis mercédem incípiens a novíssimis usque ad primos. Cum veníssent ergo qui circa undécimam horam vénerant, accepérunt síngulos denários. Veniéntes autem et primi, arbitráti sunt quod plus essent acceptúri: accepérunt autem et ipsi síngulos denários. Et accipiéntes murmurábant advérsus patremfamílias, dicéntes: «Hi novíssimi una hora fecérunt, et pares illos nobis fecísti, qui portávimus pondus diéi, et æstus.» At ille respóndens uni eórum, dixit: «Amíce non fácio tibi injúriam: nonne ex denário convenísti mecum? Tolle quod tuum est, et vade: volo autem et huic novíssimo dare sicut et tibi. Aut non licet mihi, quod volo, fácere? an óculus tuus nequam est, quia ego bonus sum?» Sic erunt novíssimi primi, et primi novíssimi. Multi enim sunt vocáti, pauci vero elécti.»

Credo

Offertorium: Ps. 91. 2

Bonum est confitéri Dómino, et psállere nómini tuo, Altíssime.

Secreta

Munéribus nostris quǽsumus, Dómine, precibúsque suscéptis; et cæléstibus nos munda mystériis, et cleménter exáudi. Per Dóminum.

 

Communio: Ps. xxx: 17-18

Illúmina fáciem tuam super servum tuum, et salvum me fac in tua misericórdia: Dómine non confúndar, quóniam invocávi te.

Postcommunio

 

Fidéles tui Deus per tua dona firméntur: ut éadem et percipiéndo requírant, et quæréndo sine fine percípiant. Per Dóminum.

 

 

COMENTARIO

 

Luego de las consideraciones litúrgicas reproduciremos como habitualmente el comentario del Padre Castellani; siguiendo con los Santos Padres; y por último nuestro propio comentario.

 

Consideraciones Litúrgicas

 

Con el tiempo de Septuagésima comienza el segundo ciclo del año eclesiástico. El ciclo de Navidad está centrado en el nacimiento del Salvador; el ciclo de Pascua en su Pasión y Resurrección. En uno y otro se trata el mismo tema; es decir, de la transformación radical de nuestra vida con la venida de Cristo a este mundo. Eramos pecadores y enemigos de Dios, y Cristo ha hecho de nosotros hijos de Dios, que participan de su propia vida; nos hemos convertido en coherederos de su reino. Pero mientras Navidad es la salvación que baja de lo alto, la transformación de nuestra vida por el misterio de la encarnación del Verbo, Pascua es la redención de los hombres, adquirida al precio de la cruz. Aquí, el Salvador entra en lucha con el demonio y las potestades del mal para triunfar, aplastar a Satanás, resucitar glorioso y llevarnos consigo a la patria del cielo. Así pues, el periodo litúrgico que se abre con Septuagésima y que se extenderá hasta el fin de la Cuaresma se presenta como un periodo de lucha y esfuerzos que debemos afrontar con Cristo y que terminará gracias a él, con la victoria y la alegría triunfal de la Pascua. En la mañana de Pascua, en la tumba de Cristo brotará la vida nueva de los bautizados, resucitados con él.

En el Tiempo de Septuagésima, que abre el ciclo de Pascua, entra de lleno en el tema de la liturgia de Cuaresma y del Tiempo Pascual, a saber: el paso de la humanidad del estado de decadencia y esclavitud a que le redujo el pecado a una regeneración y una liberación que sólo Dios puede concederle. La liturgia, pues, comienza introduciéndonos en las profundidades de la decadencia humana. En maitines -el oficio de lecturas que rezan los clérigos- relee el Antiguo Testamento para que adquiramos conciencia de nuestra miseria. El primer domingo recuerda el pecado original con la caída de nuestro primer padre: Adán  (Septuagésima). Luego viene el cuadro lamentable de sus consecuencias funestas, con la perversión de los hombres y el diluvio universal, que es su castigo: Noé (Sexagésima). El gesto de Abraham preparándose para inmolar a su hijo presagia el sacrificio que va a exigir Dios de su propio Hijo, en expiación de las transgresiones cometidas por la humanidad (Quincuagésima). En la misa, después de un angustioso, aunque confiado llamamiento al socorro divino (introito de los tres domingos), hallarnos en las epístolas de san Pablo una apremiante invitación a la fidelidad y al esfuerzo, así como a la caridad, de la que hace un elogio admirable. Vienen luego los evangelios, llenos totalmente de la esperanza de la salvación. La parábola de los obreros de la viña muestra que la redención se extiende a todas las edades; la del sembrador que llega a todo hombre que recibe la palabra de Dios; la curación, del ciego de Jericó, que sigue al anuncio de la pasión, proclama ya el paso de las tinieblas a la luz. Esta liturgia, en que la miseria y la extensión del pecado imploran la redención anunciada, sirve de introducción admirable a la Cuaresma y a la liberación pascual. (1)

 

 

COMENTARIO DEL PADRE CASTELLANI

DOMINGO DE SEPTUAGÉSIMA [Mt 20, 1-6] Mt 20, 1-16 La Parábola de los Obreros de la Viña no es muy fácil de entender. Con este título Giovanni Papini escribió un libro de siluetas históricas, entre las cuales incluyó a Homero, Virgilio y César, como si estos paganos, al lado del Dante y de Manzoni, fueran también Obreros del Paterfamilias en la edificación de la Cristiandad Occidental; como no se puede negar que en cierto modo lo fueron; de esta Cristiandad que se nos está desedificando. En este Domingo de Septuagésima se predica esta semejanza que suele dejar descontento al predicador y provocar resistencia en el oyente: Dios es semejante a un Patrón que se conduce de una manera insólita; que si no es injusta, parece por lo menos estrafalaria. Es prepotente; o por lo menos le gusta hacer las cosas como a él se le ocurre; y diferente de los demás patrones. Al principio y al fin de esta perícopa se halla este anuncio, proferido en tono de amenaza: “Los últimos serán los primeros, y los primeros serán los últimos”, que podría tomarse si se quiere como un programa anárquico de ponerlo todo patas arriba y una amenaza destructiva al pobre e imperfecto orden humano: como no han dejado de tomarlo, en el curso de la Historia, desde los albigenses a los socialistas, muchos movimientos de resentimiento social. “Cristo fue el primer comunista”, les ensenan a los comunistas. Pero… veamos. Hay un patrón que anda alistando peones de cosecha: no hay falta de trabajo; al contrario, falta de brazos. Contrata varias tandas durante todo el santo día, a saber, “a la hora de prima, de tercia, de sexta, de nona y de undécima”, como dice el Evangelio. Con los primeros que halla, al salir el sol (hora de prima) convienen el jornal a un dólar, es decir, a unos 130 pesos; a los demás les dice simplemente: “Les daré lo que sea justo.” Ala hora duodécima (puesta del sol) le da orden al capataz de pagar en esta forma: primero a los que entraron último; y un dólar a todo el mundo. Los que habían entrado al amanecer se pasmaron grandemente, y comenzaron a refunfuñar lo que vieron que recibían igual los que habían trabajado una hora, que ellos que habían cinchado cerca de doce horas. Y el Dueño de Casa agarró a uno y lo paró agriamente, llamándole incluso “bizco” o “tuerto” o “legañoso” o algo por el estilo. Esta parábola es difícil y ha tenido varias interpretaciones inaceptables; porque un predicador es como el carpincho, que cuando se ve rodeado, dispara por donde puede. ¿Quiere decir que Dios es libre y dueño de repartir sus dones diferentemente entre los hombres? Eso es verdad desde luego; pero la parábola no trata de dones gratuitos, sino de trabajo pagado, contratado y obligatorio. ¿Quiere decir que los Obreros de la Hora Undécima trabajaron con mucho más ahínco, e hicieron cundir más “al corto tiempo con su aliento largo”? El Evangelio no dice nada de mayor ahínco; que hubiera tenido que ser 12 veces mayor, lo cual es imposible. ¿Se refiere Jesucristo al hecho de que los judíos iban a ser sustituidos por los Gentiles en el beneplácito y favor de Dios, como explican Bover y Cantera? Esa interpretación no pega con la parábola por ningún lado; y yo mismo sería capaz de hacer una semejanza mejor, en tal caso. El dólar a todos por igual ¿significaría la vida eterna, pago del trabajo de esta vida, que es igual para todos los que se salvan, sean niños, hombres o viejos? No es igual para todos los que se salvan… Y así otros sentidos figurados, que suprimen la dificultad, pero a costa de mutilar el texto. Veamos primero la moraleja oficial de la fabulita: “los últimos serán los primeros”, o como dice al comienzo más atenuado: “muchos de los que ahora son los primeros serán de los últimos”. Eso significa que las cosas del Reino de Dios son muy diferentes que las del Reino del Hombre; son al revés; lo cual corresponde a aquello del Profeta: “Las vías vuestras son una cosa y las vías Mías son otra cosa”; o sea, como dice la gente: “¡Ojo, que la vista engaña!”. En las cosas del Reino de Dios somos todos medio bizcos. ¡Ojo, por lo tanto! ¡Mucho ojo! Éste es el significado general de esta oscura semejanza. Dios es trascendente. Los dioses de los paganos eran guapos mozos y hermosas mujeres. El Jehová de los judíos era ciertamente más que un hombre, pero se parecía bastante, sobre todo en este tiempo en que Cristo predicaba, a un Sultán invisible y peleador; pero el Dios que predicó Jesucristo es trascendente, y es paradójico: es enormemente heterogéneo al hombre por un lado y por otro se parece a lo que hay de más humano entre los hombres: a un padre. Por eso las parábolas de Cristo son paradojas, tienen un rasgo desmesurado o, digamos, algo como un giro humorístico. “¿Por qué predicas así?” ––le preguntaron una vez; y eso está en Mateo XIII, 13––. “¡Para que no entiendan!”, respondió Cristo, con humor evidentemente. El humor y el patetismo son los estilos propios del hombre religioso cuando habla a los otros hombres, al hombre ético y al hombre estético. Puesto esto, expliquemos una a una las palabras del Patrón Veleidoso: – “Porque yo sea buenazo, ¿vos tenés que ver bizco?”. La justicia de Dios no es como la justicia de los hombres; y cuando Dios se sale de la justicia no es para caer en lo tuerto como los hombres, sino para caer en la bondad. Con estas palabras, Dios se alabó de ser “demasiado bueno”, como decimos, por ejemplo, de las madres. –”¿–No te he dado yo a vos lo que es justo?” Dios no hace injusticia positiva a nadie. – “¿No puedo hacer de lo mío lo que se me ocurra?” No podemos juzgar la justicia positiva de Dios en la distribución de los destinos de los hombres, porque está arriba de nuestros alcances. –”¿Y si a mí se me ocurre, porque si, darles un dólar también a éstos?” El famoso dólar (“denario”) de la parábola significa los bienes ordinarios de esta vida. En esta vida, Dios trata aparentemente igual a los justos y a los injustos. Por justo que sea yo, si hay un terremoto, puede pillarme a mí lo mismo que a Nerón, Lollobrígida o Benito Mussolini. Más aún, aparentemente los justos la pasan peor; porque como dijo un poeta: Un santo se sacó la lotería, y a Dios le daba gracias noche y día; pero un ladrón peor que el Iscariote se la retó por medio de un garrote: Dios premia al bueno; pero viene el malo le quita el premio y le sacude un palo. Aparentemente, los que se levantan temprano son los que soportan “todo el peso del día y el calor”; y después encima tienen que temblar y tragar saliva porque les pagan los últimos y encima los reprenden; de modo que los pobretes se quejan y dicen: El sol molesta al justo y al injusto y la lluvia igualmente los joroba pero al justo más bien; porque el injusto el paraguas le roba. Pero “los últimos serán los primeros”: las injusticias de la Providencia son aparentes tan sólo; la otra vida está allí para equilibrarlo todo; y en una forma tan radical que parece violenta; porque comparado a la Eternidad, el Tiempo es nada. Mas la otra vida ya comienza en ésta, en cierto modo: la Eternidad está injertada en el Tiempo: y eso es lo que llamamos la Gracia. De modo que en una forma poco visible, ese movimiento de Caja Compensatoria por el cual los últimos comienzan a volverse los primeros, ya algunos lo alcanzan a ver. La verdad es, por ejemplo, que la parte mayor –o mejor– de los bienes corresponde a los justos, incluso en esta vida, si se hace un balance total. Si alguien aquí me dijere que eso sería antes, no se lo discuto. En los siglos de fe, a causa de esta parábola, se tenía un gran respeto a los últimos, a los débiles, a los pequeños, a los malsortidos o de mala estrella; eran los tiempos en que las reinas curaban a los leprosos. Ahora que la fe va menguando, también los últimos se van hundiendo; y la pobreza por ejemplo se va volviendo día a día una maldición y un crimen, como entre los paganos. Todavía no lo llevan preso a uno por ser pobre; pero vamos hacia eso. Yo confieso que soy un hombre pobre; pero mi excusa es que no lo he hecho adrede. “Muchos son los llamados y pocos los escogidos”, termina San Mateo, sentencia que parece no pega mucho aquí: no hay que olvidar que Mateo es un sinóptico, es decir, un resumen. Esta sentencia no quiere decir propiamente que los que se salvan son los menos –de eso no sabemos nada– como predicó Massillon, y Jansenius y Tertuliano y otros… Significa exactamente que no todos los llamados son escogidos: puesto que los llamados a trabajar en la Viña del Paterfamilias son, en una hora ignota, todos los hombres sin excepción, son “muchos”. Y vemos con los ojos del cuerpo que no todos los hombres responden a ese llamado

 

 

SANTOS PADRES

 

Remigio

Habiendo dicho el Señor: «Que muchos de los que están los primeros serán los últimos y los últimos los primeros» ( Mt 19,29), añade, en apoyo de esta verdad, la siguiente parábola: «Semejante es el Reino de los Cielos», etc.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 34

El padre de familia es Cristo, y el cielo y la tierra son como su única casa y su familia todas las criaturas. Su viña es la justicia, en la que se encuentran todas las clases de justicia, como plantas distintas de una misma viña; por ejemplo, la mansedumbre, la castidad, la paciencia y otras virtudes, todas las cuales están comprendidas en el nombre general de justicia y los cultivadores de esta viña son los hombres. Por eso se dice: «Que salió muy de mañana a ajustar trabajadores», etc. Dios ha grabado la justicia en nuestras facultades, no para su utilidad, sino para la nuestra. Sabed, pues, que nosotros somos conducidos a la viña como asalariados. Y así como nadie lleva a un asalariado a su viña con el objeto único de que coma, así también nosotros hemos sido llamados por Cristo al trabajo, no sólo para que obtengamos nuestra utilidad personal, sino para la mayor gloria de Dios; y así como el asalariado se ocupa primero de su trabajo y después de su alimentación diaria, así también nosotros debemos ocuparnos primero de lo que se refiere a la gloria de Dios y después de lo que concierne a nuestra utilidad. Así como el mercenario emplea todo el día en las obras de su señor y sólo consagra una hora para su alimentación, así también nosotros debemos emplear todo el tiempo de nuestra vida en la gloria de Dios y no conceder más que un poco de tiempo a nuestras necesidades temporales y así como el mercenario se avergüenza de entrar en la casa de su señor y de pedirle pan el día en que no trabaja, ¿cómo vosotros no os avergonzáis de entrar en la Iglesia y de estar delante de Dios el día en que no practicáis una obra buena?

San GregorioMagno, homiliae in Evangelia, 19,1

O también el Padre de familia, es decir, nuestro Creador, tiene una viña, esto es, la Iglesia universal, que ha arrojado tantos sarmientos cuantos son los santos que ha producido, desde el justo Abel hasta el último santo que produzca hasta el fin del mundo. En ningún tiempo ha dejado el Señor de mandar predicadores como trabajadores que enviaba para cultivar su viña a fin de que instruyeran a su pueblo. Porque El ha trabajado en el cultivo de su viña, primeramente por los patriarcas, después por los doctores de la Ley y los profetas y últimamente por los apóstoles, como sus operarios. Se puede decir que todo hombre que obra con recta intención es de alguna manera y en cierta medida trabajador de su viña.

Orígenes, homilia 10 in Matthaeum

Podemos decir que todo el siglo presente no es más que un solo día. Porque aunque para nosotros es mucho un siglo, para la vida de Dios es un tiempo muy corto.

San GregorioMagno, homiliae in Evangelia, 19,1

La mañana del mundo es el tiempo trascurrido desde Adán hasta Noé y por eso se dice: «Que salió muy de mañana a ajustar trabajadores para su viña». Y añade el modo de ajustarlos en estas palabras: «Y habiendo concertado, etc.»

Orígenes, homilia 10 in Matthaeum

Yo soy de opinión, que la palabra denario se aplica a la salud.

Remigio

El denario era una moneda que valía antiguamente diez ases y que tenía la efigie del emperador. Con razón, pues, el denario representa en este pasaje la recompensa por la observancia del Decálogo. Por eso el Señor dice de una manera significativa: «Y habiendo concertado, etc.». Porque en el campo de la Iglesia trabajan todos por la esperanza de una recompensa futura.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 19,1

La hora de tercia, de la que se dice: «Y habiendo salido cerca de la hora de tercia, vio otros en la plaza que estaban ociosos» comprende el tiempo que media desde Noé hasta Abraham.

Orígenes, homilia 10 in Matthaeum

La plaza es todo lo que está fuera de la viña, esto es, de la Iglesia de Cristo.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 34

Los hombres viven en este mundo vendiendo y comprando y sustentan sus vidas con sus recíprocos engaños.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 19,1

Con razón se llama ocioso a aquel que vive para sí y se recrea en los placeres de su carne, porque ése no trabaja para recoger los frutos de las obras de Dios.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 34

O también es ocioso, no el pecador, porque ése está muerto, sino el que no trabaja en las obras de Dios. ¿Queréis, pues, no estar ociosos? No toméis los bienes de otros y dad los que son vuestros y cultivando la planta de la misericordia, habréis trabajado en la viña del Señor. Sigue: «Y les dijo: Id también vosotros a mi viña». Es de advertir que sólo a los primeros les fija un denario, mientras que somete a los otros a un precio indeterminado, diciéndoles: «Os daré lo que es justo». El Señor sabía que Adán pecaría y que después de él perecerían todos los hombres en el diluvio y para que en ninguna ocasión se pudiese decir que Adán había abandonado la justicia porque ignoraba la recompensa que había de recibir, se concertó con él. Mas no hizo convenio con los otros, porque estaba dispuesto a retribuirles de una manera superior a lo que podía esperar un asalariado.

Orígenes, homilia 10 in Matthaeum

O también, porque El había invitado a los trabajadores de la hora de tercia para toda la obra y se reservó el distribuirles la recompensa justa hasta después de ver lo que habían trabajado. Porque podían haber trabajado lo mismo que los que estaban desde por la mañana muy temprano, desplegando en poco tiempo una energía de trabajo que compensase la falta de trabajo de por la mañana.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 19,1

La hora de sexta comprende desde Abraham hasta Moisés y la de nona desde Moisés hasta la venida del Señor. Por eso sigue: «Volvió a salir», etc.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 34

Y unió la hora de sexta con la de nona, porque en ese tiempo llamó al pueblo judío y se reveló con más frecuencia a los hombres para dar todas las disposiciones, porque ya se aproximaba el tiempo como definitivo de la salvación de todos.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 19,1

La hora undécima comprende el tiempo que media desde su venida hasta el fin del mundo. El trabajador de la mañana, de la hora de tercia, de sexta y de nona, es el pueblo judío, que por sus elegidos no cesa de trabajar en la viña del Señor, desde el principio del mundo, esforzándose en honrar a Dios con la rectitud de su fe. Los gentiles son los llamados a la hora undécima. Por eso sigue: «Y salió cerca de la hora de vísperas». Porque estaban ociosos todo el día, sin haber hecho esfuerzo alguno en ninguna de las tan largas épocas del mundo para cultivar su viña; pero reparad en la respuesta que dan cuando fueron preguntados: «Y ellos le respondieron. Porque ninguno nos ha llamado a jornal». Efectivamente, ningún patriarca, ni ningún profeta se había acercado a ellos. ¿Y qué otra cosa significa la contestación: «Ninguno nos ha llamado a jornal», sino el que nadie les había predicado el camino de la vida.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 34

¿Qué es lo que ha concertado con nosotros y cuál el precio de este contrato? La promesa de la vida eterna. Las naciones estaban solas y no conocían a Dios, ni sus promesas.

San Hilario, in Matthaeum, 20

Por eso son mandados a la viña: «Díceles: Id también vosotros», etc.

Rábano

Es justo que, después de haberles tomado el Señor cuenta de los trabajos del día, llegue el momento tan deseado de la recompensa: «Y al venir la noche»; esto es, cuando el día de todo el universo se fuere inclinando hacia la tarde de la consumación de todas las cosas.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 34

Advertid que, cuando da la recompensa, es por la tarde y no a la otra mañana. Por consiguiente, tendrá lugar el juicio dentro del presente siglo y entonces se dará a cada uno su recompensa. Y esto por dos razones: primera, porque la recompensa de la justicia es la misma bienaventuranza eterna; de donde resulta, que antes de la eternidad, esto es, en esta vida, tendrá lugar el juicio. Y la segunda, porque el juicio precederá al día de la eternidad, a fin de que los pecadores no vean la felicidad de aquel día.

Sigue: «Dice el Señor a su mayordomo», es decir, el Hijo al Espíritu Santo.

Glosa

O también, si os parece bien, dice el Padre al Hijo, porque el Padre obra por el Hijo y el Hijo por el Espíritu Santo, sin que por esto haya entre las tres personas diferencia alguna de sustancia o de dignidad.

Orígenes, homilia 10 in Matthaeum

O también dice a su mayordomo, esto es, a alguno de los ángeles destinado a distribuir las recompensas o también a uno de los numerosos administradores, según aquellas palabras de San Pablo ( Gál 4,2): «Que el heredero, mientras es pequeño, está bajo el poder de los administradores y tutores».

Remigio

O también, Nuestro Señor Jesucristo es el Padre de familia y el mayordomo de la viña; como también es El mismo la puerta y el portero. Porque El es quien ha de venir a juzgarnos y a dar a cada uno según sus obras y cuando reuniere a todos en su juicio, para que cada uno reciba según sus obras, entonces es cuando llama a los trabajadores y les da la recompensa.

Orígenes, homilia 10 in Matthaeum

Mas los primeros trabajadores, que no tienen más testimonio que el de su fe, no recibieron la promesa de Dios porque el Padre de familia nos ha reservado a nosotros alguna cosa mejor, no queriendo que sean terminadas sus obras sin nuestros trabajos. Nosotros que somos de Cristo y que hemos alcanzado su misericordia, esperamos recibir la recompensa antes que los demás, mientras que los que trabajaron inicialmente, la tendrán después que nosotros, por eso se dice: «Llama los trabajadores y págales su jornal».

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 34

Siempre damos con más gusto a aquéllos a quienes damos alguna cosa gratuitamente, porque entonces concedemos las cosas sólo por nuestra honra. Por consiguiente, dando Dios su recompensa a todos los santos, se muestra justo, y dándosela a los gentiles, misericordioso; según las palabras de San Pablo ( Rom 15,9): «En cuanto a los gentiles, no tienen ellos más que alabar a Dios por su misericordia». Y por eso se dice: «Comenzando desde los últimos hasta los primeros». El Señor efectivamente, a fin de manifestar su inefable misericordia, da su recompensa; primeramente a los últimos y a los más indignos y después a los primeros. Su excesiva misericordia no tiene en cuenta el orden.

San Agustín, de spiritu et littera, 24

O también los últimos son considerados como los primeros porque se les ha diferido su recompensa por menos tiempo.

Sigue: Cuando vinieron los que, etc.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 19,1

El mismo denario, que con tanto deseo estuvieron esperando todos, reciben tanto los que trabajaron a la hora undécima, como los que trabajaron desde la primera hora, porque igual recompensa, la de la vida eterna, consiguen los que fueron llamados desde el principio del mundo, como los que vengan a Dios hasta el fin del mundo.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 34

Y esto es justo. Porque el que nació al principio del siglo, no vivió más que el tiempo marcado a su vida; ¿y qué perjuicio le ha resultado con que continuara después de su muerte el mundo? Y los que nacen al final, no viven menos tiempo que los días que les han sido destinados; ¿y qué utilidad les reporta, con respecto al cómputo de su trabajo, que el mundo termine pronto, puesto que cumplen con la tarea de su vida antes del fin del mundo? Además, no depende del hombre el haber nacido antes o después, porque esto depende de la voluntad divina. Y ciertamente, no debe reivindicar para sí el primer puesto el que ha nacido primero, ni debe considerarse como más despreciable al que ha nacido después. Sigue: «Y tomándole, murmuraban contra el Padre de familia diciendo: etc.» Mas si es verdad lo que hemos dicho, que los primeros y últimos no han vivido ni más ni menos tiempo que el que tenían marcado y a unos y otros ha arrebatado la muerte, ¿qué razón tienen para decir: «¿Hemos llevado el peso del día y del calor?» Sin duda conocer que está cerca el fin de los tiempos nos da fuerza para alcanzar la justicia. Por ello el Señor, dándonos un arma para la lucha, decía ( Mt 4,17): «El Reino de los Cielos está próximo». Para ellos era motivo de debilidad saber que el mundo duraría aún mucho tiempo. Por esto, si bien no han vivido todo un siglo, sin embargo parece que hubieran soportado el peso de sus cien años. O bien: «el peso de todo el día», son los mandamientos pesados de la ley; «el calor» es la abrasadora tentación del error, inflamada por los espíritus malignos en sus corazones, a fin de irritarlos para emulación de todos estos gentiles. De estos, los que creen en Cristo, salieron libres de los lazos y están a salvo por la plenitud de gracia, que lo resume todo.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 19,1

O también: «el llevar el peso del día y del calor» es estar fatigado durante el tiempo de una larga vida, por la lucha contra los estímulos de la carne. Pero se puede preguntar: ¿Cómo es posible que murmuren los que son llamados al Reino de los Cielos? Porque el que murmura, no recibe el Reino de los Cielos y el que recibe, no puede murmurar.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 64,3

No es conveniente examinar las parábolas hasta en sus más pequeños detalles, sino penetrarse de la intención del que la ha dicho y no pasar más adelante. Por consiguiente, en la parábola de que tratamos, no se propuso el Señor el manifestar que había algunos envidiosos, sino el de hacer ver que todos ellos gozaban de tantos honores, que sus mismos honores podían engendrar en otros el vicio de la envidia.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 19,1

O también: «el murmurar» quiere decir que todos los antiguos patriarcas, a pesar de haber vivido en la justicia, no pudieron entrar en el reino, hasta la venida del Señor y por eso es propio de ellos el haber murmurado. Mientras que nosotros no podemos murmurar, porque a pesar de haber venido a la hora undécima y de haber nacido después de la venida del Mediador, entramos en el reino en seguida que abandonamos nuestros cuerpos.

San Jerónimo

O también el pueblo judío, que es llamado antes, tiene envidia de los gentiles y encuentra su tormento en la gracia del Evangelio.

San Hilario, in Matthaeum, 20

El murmurar de los trabajadores, se vio bien claro en tiempo de Moisés, por la boca insolente del pueblo.

Sigue: «Mas él respondió a uno de ellos y le dijo: Amigo, no te hago agravios»:

Remigio

Por este «uno» pueden entenderse todos los judíos, que recibieron la fe y a quienes el Señor llama, por razón de esta misma fe «amigos».

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 34

Mas no se quejan de no haber recibido lo que se les había prometido, sino de que los otros hubiesen recibido más de lo que merecían. Esto es propio de los envidiosos, que siempre se quejan de lo que se da a otros como si se les quitara a ellos; de donde resulta que la envidia es hija de la vanagloria y por eso, el que aquí se queja, no se queja de ser el segundo más que por los vivos deseos que tiene de ser el primero. Por esta razón, rechaza el Señor este movimiento de la envidia diciendo: «¿No te concertaste conmigo por un denario?»

San Jerónimo

El denario tiene la efigie del rey. Habéis recibido, pues, la recompensa que os he prometido, es decir, mi imagen y semejanza, ¿qué más queréis? Y vosotros deseáis, no tanto el recibir más, como el que otro no reciba nada. Tomad lo vuestro y marchaos.

Remigio

Es decir, recibid vuestra recompensa y marchaos a la gloria. Yo quiero dar a este último, esto es, al pueblo gentil (según sus méritos) tanto como a vosotros.

Orígenes, homilia 10 in Matthaeum

Pueda ser que dirigiera a Adán estas palabras: «Amigo, no te hago agravio: ¿No te concertaste conmigo por un denario? Toma lo que es tuyo y vete». El denario, esto es, la salvación es lo tuyo; yo quiero dar a este último tanto como a ti. Se puede creer, sin faltar a la verdad, que este último, que trabajó una hora y sin duda más que los que le precedieron, es el apóstol San Pablo.

San Agustín, de sancta virginitate, 26

Da a todos un denario, recompensa de todos, porque a todos será igualmente dada la misma vida eterna. Habrá en la vida eterna, en la casa del Padre, muchas moradas y resaltará en ellas, de un modo diferente, el brillo de los méritos de cada uno. El denario, que es el mismo para todos, significa, que todos vivirán el mismo tiempo en el cielo y la diferencia de mansiones, indica la gloria distinta de los santos.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 19,1

Y como nosotros recibimos la corona de la bienaventuranza por efecto de la bondad del Señor, añade: «¿No me es lícito hacer lo que quiero?». Grande insensatez del hombre es murmurar contra la bondad de Dios. Porque podría quejarse de Dios cuando no le diera lo que le debe; pero no tiene motivo para formular sus quejas cuando El no da lo que no le debe. Por eso añade con tanta claridad: «¿Acaso tu ojo es malo, porque yo soy bueno?»

Remigio

El ojo significa la intención. Los judíos tuvieron un ojo malvado, es decir, una intención perversa, porque tenían envidia de la salud de los gentiles. Las palabras del Señor: «Así serán los postreros, primeros y los primeros postreros». Nos dan a entender el objeto que se propuso el Señor en esta parábola, es decir, manifestarnos el tránsito de los judíos, desde la cabeza a la cola y el tránsito nuestro, desde la cola a la cabeza.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 34

O también llama a los primeros postreros y a los postreros primeros, no porque los postreros sean más dignos que los primeros, sino para manifestar que la época diferente de su vocación no establece entre ellos diferencia alguna. Las palabras: «Muchos son los llamados y pocos los escogidos»; no se refieren a los santos de que hemos hablado arriba, sino a las naciones, entre las que habrá muchos que serán llamados y pocos los que serán escogidos.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 19,1

Muchos vienen a la fe, pero son pocos los que llegan al Reino de los Cielos, porque son muchos los que siguen a Dios con los labios y huyen de El con sus costumbres. De todo esto, podemos sacar dos consecuencias. Primera, que nadie debe presumir de sí mismo. Porque aunque uno haya sido llamado a la fe, no sabe si estará elegido para el Reino; y segunda, que nadie debe desconfiar de la salvación del prójimo, aunque lo vea entregado al vicio, porque todos ignoramos los tesoros de la misericordia de Dios. O de otra manera, nuestra mañana es la niñez; la hora de tercia la adolescencia, porque el calor que en esa edad se desarrolla, es como el del sol cuando sube a lo más elevado de su carrera; la hora de sexta es la juventud, época en que el hombre adquiere toda su robustez y la de nona es la vejez, edad en que falta el calor de la juventud, como al sol cuando se retira de los puestos elevados de su carrera. Por último, la hora undécima, es la edad que se llama decrepitud o veterana.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 64,3

La diferencia de las almas de los trabajadores está bien marcada en el hecho de ser llamados unos por la mañana, otros a la hora de tercia y así sucesivamente. El Señor los llamó a todos cuando estaban en disposición de obedecer, cosa que hizo con el buen ladrón, a quien llamó el Señor cuando vio que obedecería. Mas si dicen: «Porque ninguno nos ha llamado a jornal» ( Mt 20,7), es preciso tener presente, como ya hemos dicho antes, que no debemos investigar todos los detalles de la parábola, además de que no es el Salvador quien dice eso, sino los trabajadores. Y en el mismo hecho del Salvador, en cuanto está de su parte, llamar a todos a la primera hora, significa que el Salvador no excluyó a nadie como lo indican las siguientes palabras: «Salió muy de mañana a ajustar trabajadores» ( Mt 20,1).

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 19,1

Estuvieron ociosos hasta la hora undécima todos los que se retrasaron en vivir, según Dios, hasta la hora última. A éstos, sin embargo, los llama el padre de las familias y muchas veces los recompensa en primer lugar, porque mueren y van al reino antes que aquellos, que son llamados desde los primeros años de su infancia.

Orígenes, homilia 10 in Matthaeum

Las palabras: «¿Qué hacéis ociosos todo el día?» ( Mt 20,6) no se dirigen a los que habiendo comenzado por el espíritu, concluyen por la carne, si después vuelven al espíritu para vivir otra vez espiritualmente. Y no decimos esto para disuadir a los hijos lascivos, que han gastado con su vida lujuriosa todos los tesoros evangélicos, a que vuelvan a la casa de su Padre, sino para hacer ver que hay una gran diferencia entre ellos y aquellos que pecaron en su juventud, cuando aún no tenían conocimiento de lo que enseña la fe.

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 64,4

En las palabras: «Los primeros serán los postreros y los postreros serán los primeros» ( Mt 20,16) indica el Señor de una manera encubierta que se refería a los que resplandecieron primero en la virtud y después la despreciaron; y además, a aquellos que se separaron del mal y se sobrepusieron a muchos. Esta parábola fue, pues, compuesta con el objeto de avivar más los deseos de aquellos que se convertían al Señor en sus últimos años y que por lo mismo tenían la idea de que ellos recibirían menos recompensa que los demás.

 

 

COMENTARIO

 

Realmente una de las parábolas mas misteriosas del Evangelio. Los Santos Padres tienen  opiniones diferentes y los comentaristas mas actuales, fieles, como Castellani no se juegan mucho, digamos no sin humor. (2)

 

Tengamos muy en cuenta que en la interpretación de una parábola no hay que tener la obsesión de buscar un significado puntual a cada detalle; una alegorización desaforada, que puede conducir a explicaciones irrisorias, pintorescas, alejando del significado central. Sino por todos los detalles de la parábola, formar una visión de conjunto.

Como esta parábola es quizás la mas difícil del Evangelio, vamos a jugarnos también a comentarla con método un tanto caprichoso y porqué no, con un toque  humorístico. Vamos a mostrar primero que no significa.

 

Es necesario leer la parábola y luego pasar al comentario.

 

NO SIGNIFICA QUE DIOS ES INJUSTO

 

La dañina estulticia progremodernista tiende a mostrar un Dios caprichoso que hace cualquier cosa, es injusto y le place premiar a los inútiles y a los peores. Lo he escuchado a esto muchas veces en homilías como corolario de afirmaciones mas generales. Esto es, naturalmente, una aberración.

Dios es infinitamente Justo, además de ser misericordioso. Pero su Justicia no es la de los hombres, la del mundo.

 

Mis caminos no son vuestros caminos, dice el Señor.

 

Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.

 

Apártate de mí, Satanás, porque no tienes los pensamientos de Dios, sino los de los hombres…

 

(es un excelente ejercicio encontrar autor, capítulo y versículo)

Estos pasajes muestran que Dios piensa muy distinto que los hombres, que el mundo; sus criterios son totalmente distintos. Muchas veces son  al revés. El hombre mira lo exterior, superficialmente visible. El hombre mira años de trabajo, Dios mira el fervor y el amor, la entrega y el sacrificio puro por él, puesto en el trabajo, mas que la duración en tiempo. Esto no necesariamente es puntual de la parábola, pero vale acotarlo.

 

El insano modernismo, en su vago panteísmo, trata de asimilar el pensamiento de Dios al del mundo, en su paradigma presente, hacerlo lo mismo, porque en el fondo, para él ambos son la misma cosa. Estamos prevenidos de esto, después de casi seis décadas de post concilio y adaptación -aggionarmiento- de la Fe y la Revelación al mundo, a la funcionalidad del César…

Finalmente, con esta interpretación nefasta queda el sedimento mental de una nivelación hacia abajo. No importa ser mejor; no importa perfeccionarse; basta la medianía, la mediocridad, la inserción en la historia….total a Dios no solo le da lo mismo, sino que prefiere a los peores…Los ultimos serán los primeros, agregaría sonriente un progremodernista….diabólicamente..

 

Veamos la increíble, penosa y dañina homilía de Francisco en Navidad que es un ejemplo palmario de esto, del Dios absurdo, injusto que nivela todo hacia abajo y aprueba todo, y el comentario de Wanderer, aquí: https://caminante-wanderer.blogspot.com/2020/02/molar.html

 

De hecho esta concepción es notoria en el bautizado progre-modern-conciliar. Y el mismo Papa  Francisco abona frecuentemente esta aterrización, esta nivelación hacia abajo, con afirmaciones tan desaforádamente heréticas como aquella de que La Virgen María es un chica normal que buscaba casarse…

 

NO SIGNIFICA QUE LA VIDA ETERNA SEA IGUAL PARA TODOS

 

El Denario, paga para todos los obreros de la Viña, es igual para todos. Pero de esto no se puede deducir automática, bestialmente, que la vida eterna es igual para todos. Barbaridad bruta que también he escuchado en muchas homilías y que tiene el efecto moral, una vez mas, de una nivelación hacia abajo mediocrizante, que aplasta toda ansia de perfección y heroísmo. Es lícito, y así lo han manifestado los grandes santos, ansiar gran gloria en la vida eterna; una mayor intimidad gozosa eterna en el amor con el Amado.

Citemos simplemente a San Pablo cuando habla de la Resurrección: habrá una suerte de jerarquía entre los salvados: (I Co, 15 35 ) y así lo confirmaron muchos santos a través de la historia de la Iglesia. Santa Teresa de Ávila, por ejemplo. A mayor amor y entrega, a mayor semejanza de Cristo acá abajo, mayor gloria en la vida eterna.

NO SIGNIFICA QUE DIOS ESTÉ EN CONTRA DE LA RAZÓN

 

La Sabiduría de Dios, el Logos, se proyecta al plano natural, lo ilumina y constituye la Razón; esta Razón en el plano natural es como el reflejo limitado de la Trascendente y divina sabiduría de Dios;  por lo cual Dios nunca está contra la Razón, sino que la trasciende la supera. Concebir un Dios caprichoso y antirazón lleva a disparates heréticos y no permite entender la Revelación divina. Fe y razón no se contraponen. Si, la Fe trasciende la Razón, y esta se debe ajustar a aquella. Tengamos cuidado a no asimilar la Razón, a la corrección política del paradigma cultural vigente en el mundo, tendencia típicamente modernista. Cuidado!

 

 

NO SIGNIFICA ESTA PARÁBOLA QUE DIOS REPARTE DONES Y GRACIA A QUIEN QUIERE Y COMO QUIERE

 

Dios reparte dones y gracia como quiere y a quien quiere, esto es verdad, obviamente, pero en esta parábola se trata de trabajo contratado, pagado y obligatorio.

 

Ahora trataremos de acercarnos al significado positivo.

 

SI SIGNIFICA QUE DIOS LLAMA A LOS HOMBRES A TRABAJAR EN SU REINO Y QUE HAY UN TRABAJO PARA GANAR LA VIDA ETERNA

 

La llamada a trabajar en la Viña es Gracia de Dios que está antes que todo.

 

La Viña es el ámbito donde los hombres trabajan para lograr la Salvación, que es el pago. Sabemos que la Salvación es en primer lugar por Gracia de Dios. Sin esta Gracia, no hay trabajo ningúno que sirva para nada. Creer que el hombre gana cosas con su esfuerzo y sin la Gracia primera es absurdo Pelagianismo. Pero Dios nos da la Gracia que nos salvemos si trabajamos y combatimos. El hombre, con la Gracia primaria de Dios, debe vencer en la batalla y ganar la Salvación. Vale la pena repetir, que esta victoria del hombre, es por Gracia de Dios. Pero sobre la Gracia, hay que trabajar, combatir. Ya habla Job antes que Moisés, que la vida del hombre es milicia sobre la tierra, y San Pablo exhorta a pelear el buen combate.

En el Apocalipsis, Cristo resucitado insiste en dar sus premios al que venza…en las reprensiones a la Iglesia de las distintas eṕocas (Cap. 2 y 3)

En cambio, para el progremodernismo post conciliar, la vida del hombre consiste en insertarse en la historia, ser hombre de su tiempo….ser funcional al Sistema, al Leviathán, al fin y al cabo. De una sutil desviación se pasa al campo del Enemigo…

 

SI SIGNIFICA QUE MUCHOS SON LOS LLAMADOS PERO POCOS LOS ESCOGIDOS.

 

Es decir, está claro como en otros pasajes del Evangelio, que no hay Salvación-por-Default, para utilizar un concepto análogo de una conocida empresa de computación mundial. No todos se salvan. La Iglesia siempre lo supo y lo sabe así. Está en la Escritura, y así lo vivió la Tradición e interpretó el Magisterio siempre. Hasta que vino Rhaner con su Cristiano Anónimo y oscureció todo esto para los conciliares. Pero la Verdad sigue siendo la Verdad. Muchos son los llamados pero pocos los escogidos, lo dice Cristo.

 

 

SI SIGNIFICA QUE LA RENDENCIÓN SE EXTIENDE A TODAS LAS EDADES DE LA HISTORIA

Los Santos Padres arriesgan a hacer precisiones sobre las distintas llamadas a los operarios a trabajar durante las distintas horas del día, asimilándolas a las distintas épocas de la historia de la salvación,

Citemos como ejemplo a San Gregorio Magno y el Seudo Crisóstomo:

<<San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 19,1

La hora de sexta comprende desde Abraham hasta Moisés y la de nona desde Moisés hasta la venida del Señor. Por eso sigue: «Volvió a salir», etc.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 34

Y unió la hora de sexta con la de nona, porque en ese tiempo llamó al pueblo judío y se reveló con más frecuencia a los hombres para dar todas las disposiciones, porque ya se aproximaba el tiempo como definitivo de la salvación de todos.

San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 19,1

La hora undécima comprende el tiempo que media desde su venida hasta el fin del mundo. El trabajador de la mañana, de la hora de tercia, de sexta y de nona, es el pueblo judío, que por sus elegidos no cesa de trabajar en la viña del Señor, desde el principio del mundo, esforzándose en honrar a Dios con la rectitud de su fe. Los gentiles son los llamados a la hora undécima. Por eso sigue: «Y salió cerca de la hora de vísperas». Porque estaban ociosos todo el día, sin haber hecho esfuerzo alguno en ninguna de las tan largas épocas del mundo para cultivar su viña; pero reparad en la respuesta que dan cuando fueron preguntados: «Y ellos le respondieron. Porque ninguno nos ha llamado a jornal». Efectivamente, ningún patriarca, ni ningún profeta se había acercado a ellos. ¿Y qué otra cosa significa la contestación: «Ninguno nos ha llamado a jornal», sino el que nadie les había predicado el camino de la vida.>>

Digamos para no complicar que Dios llama según su sabiduría a los hombres a trabajar en su Reino, en su Viña, (La Viña de Dios antes de Abraham; Israel antes de Cristo y la Iglesia después de Cristo) cuando le place y según su soberana voluntad y su omnisciencia. Con sus propios criterios. Llama a todos los hombres de las edades de la Historia, de maneras misteriosas antes de la Iglesia e Israel. Pero Dios tiene recursos.

 

 

SI SIGNIFICA QUE NO DEBEMOS JUZGAR LA JUSTICIA Y LA MISERICORDIA DE DIOS CON CRITERIOS HUMANOS

 

Que tal si yo fui agente pastoral conciliar y di mi trabajo a la parroquia o capilla durante cuarenta años, asistí a todas las reuniones, a todos los campamentos, a todas las kermeses, a todos los bingos, a todas las fiestas comunitarias habidas y por haber, que yo mismo organicé. Mi vida estuvo en la comunidad...Y luego un violento sirio que nunca había hecho nada ni ido nunca a la Iglesia ni conocido a Cristo, a la edad de treinta años, se convierte, acepta la Fe católica, se hace bautizar, es capturado por Isis, torturado y muerto en un día dando testimonio valiente de Cristo, y un cura preconciliar me dice que va directamente al Cielo porque es mártir…..? Yo pienso que Dios es injusto, porque yo laburé cuarenta años y soporté todo el peso del calor y el largo día…que es una vida! Y este en un día se salvó…..

Bueno en ese caso, Dios me dirá lo mismo o parecido que en la parábola a los que se quejaron al final, con un reto todavía mayor, porque yo todavía no me salvé,…..

 

CONCLUSIÓN

 

Ya la adelantamos antes con varios comentarios. Dios es Dios, y Dios no es los hombres. Dios no es el Mundo. Dios tiene sus propios criterios y no se ajusta a la corrección política del mundo, a sus criterios de moda. Como por otra parte, tienen por dogma los progremodernistas.

 

Dios no deja nunca de ser Justo, aunque sea muy misericordioso. Digamos audazmente que su misericordia es una forma sublimada de Justicia.

 

 

MILICIA Y TRABAJO ES LA VIDA DEL HOMBRE

Dios llama a todos los hombres sin excepción. Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad, dice San Pablo a Timoteo. Hay, por lo tanto, que aceptar la Verdad: esa es la Fe que salva, si luego se completa con las obras necesarias. Todo eso constituye el trabajo en la viña que debemos hacer todos. El buen combate de San Pablo.

Hay algunos que están sin trabajar porque todavía Dios no los ha llamado o se han negado a ir a la Viña. El los llamará  a todos cuando lo considere, o algunos se quedarán sin trabajar y no recibirán su denario…

 

 

ORACIÓN FINAL

 

Pidámosle al Señor por intercesión de su Madre, que respondamos inmediatamente al llamado, y nos pongamos a trabajar con nuestras aptitudes, dones, carismas, sin entrar en juicios insensatos a Dios. El sabe muy bien lo que hace. Confiemos en su Misericordia, pero también en su inclaudicable Justicia.

 

NOTAS:

 

1) http://rinconliturgico.blogspot.com/

 

2) https://radiocristiandad.files.wordpress.com/2017/12/re-a124-el-evangelio-de-jesucristo-pe-castellani.pdf

 

 

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Categorías:LA PALABRA DE DIOS DEL DOMINGO

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1 respuesta

  1. grumete 13
    Hace 17 horas
    Esto tiene remedio JURAMENTO ANTIMODERNISTA, aplicar con severidad 24h al día 365 dias al año.. Sin excusa ni pretexto…. Hay que purgar de vez en cuando
    https://www.youtube.com/watch?v=POHZ81BynH0

    ¡¿porqué está tan desenfocada la gente por Dios!??
    esto tiene el remedio que Dios le quiso dar y no otro, y ese remedio se llama la consagración de Rusia.
    Claro que para cuando los despistados neocones se den cuenta ya va a ser demasiado tarde.

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