LA PALABRA DE DIOS DEL DOMINGO: FIESTA DE CRISTO REY

 


 

 

 

 

 

 

 

Juan Donnet

 

 

 

 

FIESTA DE CRISTO REY

I clase, blanco

Gloria, Credo y prefacio de Cristo Rey

 

 

Al instituir la fiesta de Cristo Rey, el Papa Pio XI quiso proclamar solemnemente la realeza social de Nuestro Señor Jesucristo sobre el mundo. Rey de las almas y de las conciencias, de las inteligencias y de las voluntades, Cristo lo es tambien de las familias y de las ciudades, de los pueblos y de las naciones; en una palabra, REY de todo el Universo. Como lo ha demostrado S.S. Pio XI en la encíclica Quas primas del 11 de de diciembre de 1925, el laicismo es la negación radical de esta realeza de Cristo; al organizar la vida social como si Dios no existiese, engendra la apostasía de las masas y conduce a la ruina de la sociedad.

Toda la misa y el oficio de la fiesta de Cristo Rey son una proclamación solemne de la realeza universal de Cristo. «Sí, Yo soy Rey -dijo Jesús a Pilatos-, para eso precisamente he nacido y venido a este mundo: para dar testimonio de la Verdad«. Su reino no es de este mundo, es decir, no es un reino temporal; «es el reino de la Verdad y de la vida, el reino de la gracia y de la santidad, el reino de la justicia, del amor y de la paz». (Prefacio). Es el reino divino de la Santa Iglesia, en el que se proporciona la salud a los enfermos, la luz a los ciegos, la libertad a los cautivos. Sus habitantes tienen poder para hacerse hijos de Dios, para vivir una vida divina, para gozar de la libertad; aparta del yugo de Satanás y nos comunica los bienes divinos.

Todo ello, en virtud de nuestra unión vital, de nuestra unidad de ser con Cristo, que es nuestra Cabeza, el Fundador de este reino, el que lo constituyó con sus enseñanzas, con sus ejemplos y, sobre todo, con su muerte de cruz. «Adquirió la Iglesia con su sangre«. «Digno es el Cordero que fue inmolado, de recibir poder y riqueza, y sabiduría y fortaleza, y honor. A Él la gloria y el imperio por todos los siglos de los siglos amén.»

Este debe ser un día de acción de gracias al Padre, por haber constituido Rey y Señor de todo a su divino Hijo; un día de homenaje y acatamiento y de acción de gracias al Hombre-Dios, que se dignó trasladarnos a su reino. Y, con la Redención, con la liberación del dominio del pecado, poseemos también la vida de la gracia, la filiación divina, el poderío sobre el mundo, sobre la carne, y sobre el poder de las malas pasiones y, con todo esto, la esperanza de ser admitidos un día en el futuro reino de la bienaventuranza eterna.

Debemos, por tanto, decir con San Pablo: «Damos gracias a Dios Padre, que nos hizo dignos de participar  de la herencia de los santos en la luz. Él nos arrancó de la potestad de las tinieblas, y nos trasladó el reino de su amado Hijo». (1)

 

 

 

 

 

 

 

TEXTOS DE LA SANTA MISA

Introito. Apoc. 5.12; 1.6; Salm. 71.1.-  Digno es el Cordero, que ha sido degollado de recibir la potencia, la divinidad, la sabiduría la fortaleza y el honor. A él gloria y poder por los siglos de los siglos. Salmo.- Oh Dios, da tu equidad al Rey; y tu justicia al Hijo del Rey. V/. Gloria al Padre, y al Hijo.

Colecta.-  Omnipotente y sempiterno Dios, que has querido reunirlo todo en tu amado Hijo, Rey del universo; concédenos propicio que todos los pueblos, disgregados por la herida del pecado, se sometan a su suavísimo imperio. El cual vive y reina contigo.

Epístola. Col.1.12-20. Hermanos: Gracias damos a Dios Padre, que nos ha hecho dignos de participar en la luz, que nos ha arrebatado del poder de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo muy amado, en quien, por su sangre, tenemos la redención, la remisión de los pecados. Él es la imagen del Dios invisible, primogénito de toda la creación, porque en él han sido creadas todas las cosas en los cielos y sobre la tierra, el mundo visible y el invisible, tronos, señoríos, principados, dominaciones, todo ha sido creado por él y para él. Es anterior a todo y todo subsiste en él. Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. Como quien es principio, primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga él la primacía, pues plugo al Padre poner en él la plenitud y reconciliar por él, que ha restablecido la paz en la sangre de su cruz, todo lo que existe sobre la tierra y en los cielos, en Cristo Jesús. Señor nuestro.

Gradual. Salm.71.8,11.- Dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra. V/.Todos los reyes se prosternarán ante él, y le servirán todas las naciones.

Aleluya. Dan.7.14.-  Aleluya, aleluya. V/. Su dominación es una dominación eterna, que no pasará; y su reino, un reino que jamás será destruido. Aleluya.

Evangelio. Juan 18.33-37.-  En aquel tiempo, dijo Pilatos a Jesús: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? Respondió Jesús: ¿Dices tú eso por cuenta propia o te lo han dicho otros de mí? Replicó Pilatos: ¿Qué? ¿Acaso soy yo  judío? Los de tu nación y los pontífices te han entregado a mí; ¿qué has hecho? Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si de este mundo fuese mi reino, mis gentes hubieran luchado para que no fuera yo entregado en manos de los Judíos; pero mi reino no es de aquí. Replicóle Pilatos: ¿Con que tú eres rey? Respondió Jesús: Tú lo dices .Yo soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad; todo aquél que pertenece a la verdad escucha mi voz. CREDO.

Ofertorio. Salm.2.8.- Pídeme, y te daré las naciones por herencia y en posesión los confines de la tierra.

Secreta.-  Te ofrecemos, Señor, la víctima que reconcilió a los hombres con su Dios: haz que esta misma victima, tu Hijo Jesucristo, Señor nuestro, a quien inmolamos en este sacrificio, otorgue a todos los pueblos los dones de la unidad y de la paz. El cual vive y reina contigo.

Prefacio de Cristo Rey.- En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias siempre y en todas partes, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que ungiste a tu unigénito Hijo y Señor nuestro Jesucristo, sacerdote eterno y rey de todos, con óleo de alegría, para que, ofreciéndose a sí mismo en el ara de la cruz, como víctima pacífica y sin tacha, obrase el misterio de la humana redención, y, una vez sometidas a su imperio todas las criaturas, entregase a tu infinita majestad un reino eterno y universal, reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz. Y por eso, con los Ángeles y .los Arcángeles, con los Tronos y las Dominaciones, y con toda la milicia del ejército celestial, cantamos un himno a tu gloria, diciendo sin cesar.

Comunión. Salm. 28.10-11.- EL Señor se sienta rey por siempre; el Señor bendecirá a su pueblo en la paz.

Poscomunión.- Alimentados con el pan que da la inmortalidad, te pedimos. Señor, que cuantos nos gloriamos de militar bajo las banderas de Cristo Rey, podamos con él mismo reinar por siempre en el cielo. El cual vive y reina.

 

 

 

TEXTOS DE LA MISA EN LATÍN: http://www.rosarychurch.net/latin/xking.html

 

 

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Recopilamos a los Santos Padres y luego haremos el comentario.

SANTOS PADRES

Recordemos que los Santos Padres hablan sobre este Evangelio pero sin tener en cuenta su contextualización en la Solemnidad de Cristo Rey, instituida por la Iglesia mas tarde. De todas maneras los compilamos puesto que siempre edifican.

 Evangelio según san Juan, 18:33-38 

 

Volvió, pues, a entrar Pilatos en el Pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» Respondió Jesús: «¿Dices tú esto de ti mismo, o te lo han dicho otros de mí?» Respondió Pilatos: «¿Soy acaso yo judío? Tu nación y los Pontífices te han puesto en mis manos: ¿qué has hecho?» Respondió Jesús: «Mi reino no es de este mundo. Si de este mundo fuera mi reino, mis ministros sin duda pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; mas ahora mi reino no es de aquí». Entonces Pilatos le dijo: «¿Luego Rey eres tú?» Respondió Jesús: «Tú dices que yo soy Rey. Yo para esto nací y para esto vine al mundo, para dar testimonio de la verdad: todo aquel que es de la verdad escucha mi voz». Pilatos le dice: «¿Qué cosa es verdad?» (vv. 33-38)

Crisóstomo, in Ioannem, hom. 82

Queriendo Pilato librar a Jesús del odio de los judíos, no dilató el juicio; por lo que dice: «Entró, pues, Pilato en el Pretorio y llamó a Jesús», etc.

Teofilacto

Aparte de esto, como tenía gran opinión de Jesús, se proponía apurar exquisitamente todas las cosas dejando a un lado el estrépito de los judíos. Y sigue: «Y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos?»

Alcuino

Con estas palabras manifestó Pilato que los judíos le acusaban del crimen de que se proclamaba Rey de los judíos.

Crisóstomo, ut supra

Esto lo había oído Pilato de muchos; y porque ninguna otra cosa tenían que decir, a fin de evitar largas investigaciones, quiso traer a discusión lo que comúnmente se decía. Sigue: «Responde Jesús: ¿Dices esto por ti mismo, o te lo han dicho otros?»

Teofilacto

Insinúa Jesús con estas palabras que Pilato es un juez parcial, como si dijera: Si dices esto por ti mismo, manifiesta las señales de mi rebelión; pero si lo oíste a otros, abre una indagación en regla.

San Agustín, in Ioannem, tract., 115

Sabía el Señor el sentido con que preguntaba y lo que se le respondería, pero El hizo esta pregunta al procónsul, no para saber, sino para que constase lo que quiso que se supiese.

Crisóstomo, ut supra

No preguntó, pues, como ignorante, sino queriendo que los judíos fuesen condenados por boca del mismo Pilato. «Respondió Pilato: ¿Acaso yo soy judío?».

San Agustín, ut supra

Hizo desaparecer la sospecha de que se le pudiese imputar que hablaba por sí mismo, haciendo ver que lo había oído de los judíos; por lo que sigue: «Tu nación y tus Pontífices te han entregado en mis manos». Y después, preguntando: «¿Qué has hecho?» da a entender suficientemente cuál era el crimen que se le imputaba, como si dijera: Si niegas que eres Rey, ¿qué has hecho para que te entregaran en mis manos? Como si no se admirara de que fuese entregado al juez para ser castigado porque se llamase Rey.

Crisóstomo, ut supra

Tranquiliza, pues, a Pilato sobre que no existe ningún peligro, y quiere manifestarle que no es sólo hombre, sino también Dios e Hijo de Dios, y hace desaparecer la sospecha de tiranía que había aterrado a Pilato; y sigue: «Respondió Jesús: mi reino no es de este mundo», etc.

San Agustín, ut supra

Esto es lo que nuestro buen Maestro nos quiso demostrar. Pero antes quiso hacernos ver la vana opinión que los hombres tenían de su reino, tanto los gentiles como los judíos, a quienes Pilato la había oído, como si hubiese cometido un crimen digno de muerte por haber supuesto un reino que ellos creían ilegítimo. O bien, como aquellos que están en posesión del poder acostumbran envidiar a los que han de sucederles, los romanos y los judíos querían precaver que este nuevo poder les fuese contrario. Porque si a la pregunta de Pilato hubiese contestado en seguida, habría parecido que su respuesta se dirigía sólo contra la falsa opinión de los gentiles, y no a la de los judíos. Pero después de la respuesta de Pilato, la respuesta de Jesús se dirige a los gentiles y a los judíos, como si dijera: Judíos y gentiles, oíd: no impido vuestra dominación en este mundo. ¿Qué más queréis? Creyendo, venid al reino que no es de este mundo. ¿Cuál es, pues, su reino sino el de los que creen en El, a quienes dice no sois de este mundo, aunque quiera que estéis en este mundo? Por lo que no dice: Mi reino no está en este mundo, sino «no es de este mundo» ( Jn 8,23). Es, pues, de este mundo todo lo que en la humanidad, si bien creado por Dios, fue generado de la raza viciada de Adán. Fue, pues, hecho un reino, no ya de este mundo, de todo aquello que fue regenerado en Cristo. Así, pues, Dios nos sacó del poder de las tinieblas y nos trasladó al reino del Hijo de su amor.

Crisóstomo, ut supra

O dice en esto que no tiene aquí un reino como el de los reyes de la tierra, porque su poder viene del cielo, y no es humano, sino mucho más esclarecido. Y sigue: «Si mi reino fuera de este mundo», etc. Pone de manifiesto la imbecilidad del reino de este mundo que toma su fuerza de sus ministros, cuando el reinado de Dios no necesita a nadie y se basta a sí mismo.

San Agustín, ut supra

Habiendo probado que su reino no es de este mundo, añadió: «Ahora, pues, mi reino no es de aquí». No dice: No está aquí, porque aquí está su reino hasta el fin de los tiempos, conteniendo dentro de sí la mala yerba mezclada con el trigo hasta la siega; pero, sin embargo, no es de aquí, sino que peregrina en este mundo.

Teofilacto

O bien no dice: No está aquí, sino «no es de aquí»; pues reina en el mundo y ejerce su providencia disponiendo de las cosas según su voluntad; su reino no tiene su fundamento en causas inferiores, sino en los cielos, antes de los siglos.

Crisóstomo, ut supra

Tomando de aquí motivo, los herejes dicen que es ajeno a la constitución del mundo. Pero aunque dice: «Mi reino no es de aquí», no priva al mundo de su providencia y de su gobierno, sino que quiere demostrar solamente que su reino no es humano ni perecedero.

«Pilato le dice: ¿Luego tú eres Rey? Jesús responde: Tú lo dices», etc.

San Agustín, ut supra

No porque temiera declararse Rey, sino porque habló de modo que ni se negó Rey, ni confesó ser tal Rey que se creyera que su reino era de este mundo. Las palabras: «Tú lo dices» quieren decir: Como hombre carnal hablas correctamente. En seguida añadió: «Yo he nacido para esto». La sílaba de este pronombre debe pronunciarse de tal manera que no pueda entenderse en este sentido: Yo he nacido en tal condición, sino en este otro: «Para esto he nacido», recordando aquella expresión «A esto vine al mundo», por la que manifestó claramente que se refería a su nacimiento, por el que encarnado vino al mundo; no a aquel nacimiento sin principio por el cual era Dios.

Teofilacto

O de otro modo: Preguntado por Pilato si era Rey, respondió el Señor: «Yo para esto he nacido». Es decir: Yo he nacido para ser Rey; pues por lo mismo que he sido engendrado por un Rey, afirmo que yo también soy Rey.

Crisóstomo, in Ioannem, hom. 83

Si, pues, ha nacido Rey, no hay más que recibirle. «A esto (dijo) he venido, para dar testimonio a la verdad»; esto es, para persuadir a todos de esto mismo. Y es de notar que hizo brillar su humildad cuando sufría en silencio que los que le llevaban dijesen: «Este es un malhechor». Pero cuando fue preguntado acerca de su reino, habló a Pilato de tal modo que le instruyera, elevándole a cosas más sublimes. Y por las palabras «Para dar testimonio de la verdad» dio a entender que no había hecho nada subversivo.

San Agustín, ut supra

Dando Jesucristo testimonio de la verdad, lo da de sí mismo, porque ésta es su palabra: «Yo soy la verdad» ( Jn 14,6); pero como no todos tienen fe, añadió: «Todo el que es de la verdad oye mi voz». Oye, en verdad, con los oídos del alma; esto es, obedece a mi voz, como si dijera: Cree en mí. Por las palabras: «Todo el que es de la verdad» expresa la gracia de su vocación ( Rom 8). Si consideramos la naturaleza en que hemos sido creados, habiéndonos creado a todos la verdad, ¿quién habrá que no sea de la verdad? Pero no todos han recibido de la verdad la gracia de obedecer a la verdad. Porque si dijo «Todo el que pertenece a la verdad oye mi voz», podrá creerse que se llama venido de la verdad el que obedece a la verdad; pero no dice esto, sino «Todo el que es de la verdad oye mi voz». Oye, ciertamente; pero él no es de la verdad porque oye su voz, sino que oye porque es de la verdad, pues este don le ha sido dado por la verdad.

Crisóstomo, ut supra

Con estas palabras le atrae y le persuade a que se haga de los discípulos de la verdad; con estas breves palabras de tal modo le cautivó, que preguntó: «¿Qué es verdad?»

Teofilacto

Pues casi había desaparecido de entre los hombres y era desconocida de todos los incrédulos.

 

 

COMENTARIO

 

Mi reino no es de este mundo.» La realeza mesiánica de Jesús no tiene nada que ver con las realezas de la tierra; es de un orden espiritual. Mas, con ello, no se niegan los derechos que tiene Cristo a reinar ya desde ahora sobre los hombres. El Reino de Cristo no proviene de este mundo, pero debe transformar y hacer súbdito al mundo.

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Habida cuenta de que no había en la Iglesia una festividad específica para Nuestro Señor Jesucristo Rey -la Epifanía no apunta puntualmente a eso, sino a que Cristo vino para salvar a judíos y gentiles; los que acepten su salvación obviamente- , el Papa Pío XI resolvió instaurar esta solemnidad litúrgica, el 11 de Diciembre de 1925 por medio de la Encíclica Quas Primas. (2)

El motivo importante de esta decisión es dejar absolutamente en claro que Jesucristo no solo es Rey espiritual del Reino Trascendente que no es de este mundo, ni solo Rey de los corazones de los hombres que si no se someten a él por amor, finalmente se someterán por Justicia; sino también Rey de todos los hombres, en cuanto forman la sociedad visible en este mundo; reinos y naciones. Todo lo que hay en el mundo.

El Reinado de Cristo sobre todas las cosas es una consecuencia de la Unión Hipostática.
El Reinado de Cristo en los corazones se debe extender al mundo; de lo contrario no cumple su cometido. La fe que solo queda en el corazón y no emerge y transforma el mundo, es una fe inerte, enferma, famélica, anémica, inservible.

La necesidad de insistir en este punto tan capital es el combate contra el Laicismo, ese punto de la ideología Liberal que pretende -y lo ha logrado- un Estado neutro, liberado del ethos cristiano; independiente de la Ley de Dios y su moral, por un lado; y como consecuencia de esto, que sostiene que todas las cosmovisiones para él tienen el mismo valor: la verdad cristiana está al mismo nivel que los errores mas o menos graves de otras religiones y posiciones. El Indiferentismo, cargado de relativismo. El Laicismo es una Peste, como lo ha llamado el Papa Pío XI y otros anteriores: un atentado contra Dios. Y el resultado real es que el Estado laico no es neutro, sino que profesa, opresivo, la confesionalidad de la Corrección Política del Sistema.

La Revolución Francesa, el Iluminismo y la Ilustración preconizaron el Laicismo secularista como uno de sus caballitos de batalla; el Liberalismo masónico lo agitó siempre como bandera, como panacea: Separación de Iglesia y Estado, pero en el peor de los sentidos, ese que mencionamos. Y en la Democracia liberal pluralista moderna y contemporánea occidental esto se llevó a cabo, cumpliéndose el plan enemigo de la Revolución anticristiana.

Pero Jesucristo es Rey de todo.

En la Encíclica verán en qué sentido Cristo es Rey de las inteligencias, de los corazones y de las voluntades; quiénes son los súbditos de este Rey, el triple poder incluido en su dignidad regia y la naturaleza espiritual de su reinado.

Que Jesucristo es Rey en los tres sentidos mencionados, está abonado escriturísticamente en el Antiguo y Nuevo Testamento -es bueno releer la Encíclica que adjuntamos, para no recargar de citas este comentario.

Solo mencionemos la atribución del Reinado absoluto de Cristo -incluso sobre la sociedad de este mundo-, en la Anunciación, el Pasaje del Juicio Final de San Mateo, la respuesta de Jesús a Pilato.

Si bien el Reino de Cristo viene de la Trascendencia -mi Reino no es de este mundo- se extiende al mundo: Todo Poder me ha sido dado en el Cielo y en la Tierra.

Jesucristo tiene el poder legislativo -vemos como legisla en el Evangelio-, el Judicial -pasaje del Juicio Final, que también vale sobre este mundo, en la provisoriedad de la inmanencia -ver Encíclica para mas desarrollo- y Ejecutivo: el gobierna todo: Cielo y tierra, y da dones a los hombres, premia y castiga de manera temporal y eterna. Es Señor de la Historia por arriba de Lucifer.

Ahora bien, ya en 1925 el Laicismo secularista liberal -ni hablar del comunismo, que es otra aberración distinta- estaba oprimiendo cada vez mas la libertad de la Iglesia: el Estado Laico pretendía que el poder espiritual de la Iglesia se limite a la privacidad de los corazones de los hombres y no tenga incidencia pública desde el poder secular de manera legislativa ni de ninguna otra.

Pero la Iglesia de Cristo fue creada para ser totalmente independiente del poder secular y no estar acotada miserablemente: fue hecha para instaurar el Reinado de Cristo acá en la Tierra. La única manera de que la civilización sea a la vez próspera, pacífica y contribuya a la salvación eterna de los hombres.

La idea de esta solemnidad litúrgica es reivindicar la implantación del Reinado de Cristo en la sociedad humana: la cultura y la política; ellas no son compartimientos estancos, cifrados, donde no debe entrar Dios: acá es donde emerge la aberración liberal: pretender que en la vida del hombre en la tierra, en el mundo, hay recintos reservados -de extraordinaria importancia, DONDE DIOS NO DEBE MOLESTAR.

La idea es combatir el aberrante Laicismo buscando la cristianización del Estado y la sociedad. El cristiano debe hacer pública su Fe, sus celebraciones, su Anuncio, su Denuncia. Mostrar públicamente y con valentía su Fe y su fidelidad a Cristo. Un Cristo confinado méramente a los corazones es una miseria; una caricatura mutilada de Cristo Rey del Universo. Cristo debe reinar sobre la política y la cultura en la sociedad humana.

Se debe luchar por esto con todos los medios disponibles: El establecimiento del reinado sociopolítico de Cristo en el mundo no es un opcional de lujo para kamikazes ultras, sino un imperativo elemental para todo católico.

Como ya mostramos el Domingo pasado, -en el comentario del Evangelio sobre la potestad del César y la de Dios- en el II Concilio Vaticano y su post Concilio, 1962 en adelante, LA IGLESIA HA ABDICADO DE ESTE IMPERATIVO Y ACEPTADO EL LAICISMO OPRESIVO Y REDUCTOR, HUMILLANTE PARA CRISTO Y SU IGLESIA.

La Declaración Humanae Dignitates es la claudicación formal y magisterial del imperativo de instauración del Reino de Cristo en la sociedad humana.

Todo el espíritu del Concilio, una especie de meta religión no explícita siempre en los textos, pero de facto dominante en la jerarquía y los Papas, refuerza los textos ambiguos y los explícitamente erróneos como Dignitates Humanae….

EL LAICISMO RETOMA EL SINIESTRO GRITO DE LOS JUDÍOS DEICIDAS: NO QUEREMOS QUE ESTE REINE SOBRE NOSOTROS. Y el II Concilio, optimista, inerme y buenista, regalado al mundo, se hace eco y lo hace Magisterio… (un “magisterio” opuesto al Magisterio, que no debe obedecerse, por las razones que exponemos a continuación)

Gracias a Dios, este trágico concilio, no es dogmático ni define Doctrina, por lo que solo se debe aceptar lo que venía antes de él como Doctrina. No se debe aceptar la claudicante LIBERTAD RELIGIOSA, donde se abdica del Reinado de Cristo sobre la sociedad. (Ni el Novus Ordo tampoco, por las advertencias serias y anatemáticas del gran San Pío V al instituir la Misa Católica)

 

La libertad religiosa laicista –Dignitates Humanae-, está condenada explícitamente por el Magisterio de la Iglesia en Quanta Cura (3).

Voviendo a utilizar como base el Evangelio del Domingo , el XXII de Pentecostés, digamos que el establecimiento de la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo Rey reivindica el Poder de convertir al César a Cristo; no de anularlo o hacerlo desaparecer.

El César debe estar sujeto a Dios, para eso debemos luchar: eso significa la Instauración del reinado sociopolítico de Cristo en el mundo.

El II Concilio Vaticano ha abdicado de esto -lo decimos una vez mas- y le ha dado poder al César para reducir a la privacidad de los corazones el Reino de Cristo; poniéndolo en igualdad de condiciones con otras religiones y cosmovisiones -Indiferentismo relativista- dándole la misma entidad al error que a la Verdad, a las religiones que no salvan, que a la que si salva.

Ha reconocido al César la potestad de guardar para él el gobierno civil de este mundo como un compartimiento cifrado, encriptado donde Cristo no debe ni puede entrar.

Este es uno de los puntos capitales de la cosmovision progremodernista. Una Iglesia que no busque convertir al César; sino que le cante cantos de sirena; que abdique del Anunció íntegro y vacíe su mensaje sobrenatural, trascendente, que exige la conversión del mundo, para ser aceptada por él.

Hubo alguien que lo vió claro y llamó a este cambio en la Doctrina con mucha claridad: Le Destronaron….

El progremodernismo ha logrado a partir del II Concilio una Iglesia cuyo centro ya no es Cristo, sino el acomodamiento al César.

El cambio del centro de Dios por el del hombre. Antropocentrismo, inmanentismo.
El imperativo ya no es instaurar el Reinado sociopolítico cultural de Cristo, sino acomodarse, adaptarse al Mundo-César, limando y vaciando el odioso, áspero  mensaje evangelico: indigesto e inadmisible para el César.

Aprovechando esta Solemnidad de Cristo Rey, refresquemos nuestra Fe, la Verdadera, la que viene de Cristo y los Apóstoles; aquella que rigió por 1962 años; aquella que busca la Instauración del Reino de Cristo convirtiendo al mundo, no haciéndose furgón de cola del Mundo.

El combate contra el Laicismo secularista, hoy toma un cariz drámatico, ya que el César va cobrando un poder omnímodo y totalitario, que busca ser absoluto en todo el mundo mediante la Instauración del Nuevo Orden Mundial anticristiano, el César maligno del Antricristo por antonomasia; que pretenderá no dejar resquicio alguno para Cristo, no solo en la sociedad, sino en los corazónes de los hombres.

Hoy, en un culmen de apostasía explícita y genuflexión servil, obscena ante el Mundo enemigo, la iglesia del Nuevo Paradigma bergogliano, -poniendo la frutilla del postre al II Concilio Vaticano- ya ha aceptado formalmente el Magisterio del César, -hecho de público conocimiento- rindiéndose ante el Plan de Desarrollo Sustentable 2030 de la ONU, y poniendo al mundo anticristiano como Rey en lugar de Cristo. Francisco ha dicho públicamente que el que obedece los Mandamientos es rígido o cobarde, y luego ha mandado a obedecer a la ONU….Este es el resultado de la Libertad Religiosa conciliar.

Con valentía, aún en situación de apostasía, contracorriente, estigmatizados, demonizados aún dentro de esta iglesia apóstata y lamebotas del Poder del César, y reducidos a un Resto Fiel, continuemos anunciando y denunciando, con los medios que podamos; bregando para sostener lo que queda y reivindicando el Reinado absoluto de Cristo sobre todas las cosas; sobre la sociedad humana; combatiendo las pretensiones de un César que ha mudado en diabólico y totalitario  como nunca en la Historia.

Que la Santísima Virgen nos proteja según la voluntad del Señor y nos de fortaleza y fidelidad, virilidad en esta lucha.

 

¡VIVA CRISTO REY!

 

 

NOTAS

 

  1. https://rinconliturgico.blogspot.com/2016/10/fiesta-de-nuestro-senor-jesucristo-rey.html
  2. http://w2.vatican.va/content/pius-xi/es/encyclicals/documents/hf_p-xi_enc_11121925_quas-primas.html
  3. https://www.corazones.org/doc/quanta_cura.htm

 

 

 

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4 respuestas

  1. ¡¡¡VIVA CRISTO REY!!!

    ¡El Triunfo es de Cristo!

    ¡Ánimo hermanos!

  2. La mentalidad liberal-modernista ha configurado la mente de la Iglesia desde 1962 hasta tal punto que los neocatólicos neocones o progres-lights que leen este comentario -fundado en el Magisterio bimilenario de la Iglesia- dicen que esto es «totalitario», «fanático», «imperialista», o imbecilidades semejantes. Al gobierno de Cristo, estos pobres cretinos prefieren el totalitarismo anticristiano del Leviatán, del Anticristo. No tienen idea de lo que es el cristianismo, ni Cristo, ni Dios, ni la Iglesia.

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