LA PALABRA DE DIOS DEL DOMINGO: II Domingo de Pasión (Domingo de Ramos)



 

 

 

 

Juan Donnet

 

 

II DOMINGO DE PASIÓN O DOMINGO DE RAMOS.

(I clase)

 

  • Bendición y procesión (pluvial roja, y en su defecto, estola)
  • Santa Misa (morado). Lectura de la Pasión (sin Dnus. vob., sin señal de la cruz, sin beso ni per evangelica) . Prefacio de la cruz. (Si hubo bendición de los ramos, se omiten las oraciones preparatorias ante el altar hasta el «Oramus te»)
  • Si no hubo bendición el Último Evangelio es sustituido por el Evangelio propio de la Bendición.

 

Es también un Día del homenaje a Cristo Rey. Es el día de rendir público testimonio de reconocimiento y amor a Cristo Rey, al conmemorar su entrada triunfal en Jerusalén. Sería muy bueno que las familias cristianas se asociaran a esta procesión litúrgica. Reconozcamos en N. S. Jesucristo, Dios y Hombre verdadero a nuestro Rey y Él nos reconocerá como fieles vasallos en el día del juicio.

 

 

SOLEMNE PROCESION

DE LAS PALMAS EN HONOR DE CRISTO REY

 

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El sacerdote se reviste con ornamentos rojos. Colocados los ramos en su respectivo lugar, y estando ya todo preparado, los Ministros del altar hacen la debida reverencia. Entretanto se canta o reza la siguiente antífona:

Hosanna al Hijo de David: bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel. ¡Hosanna en el cielo!

 

El celebrante, con las manos juntas, dice: El Señor esté con vosotros

 

Y todos contestan: Y con tu espíritu.

 

Oración.- Bendice, Señor, estas palmas (estos ramos de olivo, de laurel, de otros árboles), que en señal de alabanza lleva hoy tu pueblo; y concédenos que a este homenaje externo correspondamos con un espíritu fiel, para así triunfar del enemigo, y unirnos plenamente a la obra de tu amor. Por Jesucristo nuestro Señor.

 

DISTRIBUCION DE LOS RAMOS

 

El Celebrante, de cara al pueblo, distribuye los ramos, primero a los clérigos y a los demás ministros; después a los fieles: Entretanto se cantan o rezan estas antífonas y salmos:

Antífona 1ª.- Los niños hebreos, llevando ramos de olivo salieron al encuentro del Señor, aclamando: “Hosanna en el cielo!
Entretanto se cantan o rezan estas antífonas y salmos:
Salmo. Ps. 23, 1-2 y 7-10. — Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe, y todos sus habitantes: Él la fundó sobre los mares, Él la afianzó sobre los ríos.
Se repite: Los niños hebreos…
¡Portones! alzad los dinteles, que se alcen las puertas eternas, va a entrar el Rey de la Gloria. ¿Quién es ese Rey de la Gloria? El Señor, héroe valeroso, el Señor, hé­roe de la guerra.
Se repite: Los niños hebreos…
¡Portones! alzad los dinteles, que se alcen las puertas eternas, va a entrar el Rey de la Gloria. ¿Quién es ese Rey de la Gloria? Es el Señor, Dios de los Ejércitos: Él es el Rey de la Gloria.

Se repite: Los niños hebreos…

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en un principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.
Se repite: Los niños hebreos…
Antífona 2ª.- Los niños hebreos extendían mantos por el camino y aclamaban: «Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor.»
Salmo 46 — Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo: porque el Señor es sublime y terrible, emperador de toda la tierra.
Se repite: Los niños hebreos…
Él nos somete los pueblos y nos sojuzga las naciones; Él nos escogió por heredad suya: gloria de Jacob, su amado.
Se repite: Los niños hebreos…
Dios asciende entre aclamaciones, el Señor, al son de trompetas: tocad para Dios, tocad, tocad para nuestro Rey, tocad.
Se repite: Los niños hebreos…
Porque Dios es el Rey del mundo: tocad con maestría. Dios reina sobre las naciones, Dios se sienta en su trono sagrado.
Se repite: Los niños hebreos…
Los príncipes de los gentiles se reúnen con el pueblo del Dios de Abraham; porque de Dios son los grandes de la tierra, y Él es excelso.
Se repite: Los niños hebreos…
Gloria al Padre… Como era…
Se repite: Los niños hebreos…

EVANGELIO

 

Distribuidos los ramos se canta o reza el Evan­gelio, según sea la Misa solemne o rezada:

Evangelio Mat. 21, 1-9. — En aquel tiempo Jesús se acercó a Jerusalén y al lle­gar a Betfagé, junto al Monte de los Olivos, mandó a dos discípulos, diciéndoles: Id a la aldea de enfrente y en seguida en­contraréis una burra atada, con su pollino: desatadlos y traédmelos. Y si alguien os dice algo, contestadle: «El Señor los necesita; los devolverá en seguida.» Esto ocurrió para que se cumpliese lo que dijo el Profeta: «Decid a la hija de Sión: Mira a tu Rey, que viene a ti, humilde, montado en un asno, en un pollino, hijo de acémila.» Fue­ron los discípulos e hicieron lo que les ha­bía mandado Jesús: trajeron la burra y el pollino, echaron sobre ellos sus mantos y Jesús se montó encima. La multitud exten­dió sus mantos por el camino; otros corta­ban ramas de árboles y alfombraban el camino. Y la gente que iba delante y detrás de él gritaba: Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en nombre del Señor.

Terminado el Evangelio, el Subdiácono en las Misas solemnes lleva el libro al Celebrante para que lo bese, pero éste no recibe la incensación del Diácono.

 

PROCESIÓN DE LAS PALMAS

Puesto incienso en el incensario, el Diácono de la Misa solemne dice de cara al pueblo:
V. Marchemos en paz.
R. En el nombre de Cristo. Amén.
Al empezar la Procesión puede cantarse alguna de las siguientes antífonas:

Antífona 1ª.- Con palmas y flores, la gente sale al encuentro del Redentor, y rinden homenaje al Vencedor que viene en triunfo. Los pueblos lo proclaman Hijo de Dios, y hasta las nubes resuenan las voces que alaban a Cristo: «Hosanna.»
Antífona 2ª.- Con los ángeles y los niños mostremos nuestra fe, aclamando al Vencedor de la muerte: «Hosanna en el cielo.»
Antífona 3ª.- La multitud que había acudido a celebrar la fiesta aclamaba al Señor: «Bendito el que viene en nombre del Se­ñor: Hosanna en el cielo.»
Antífona 4ª.- Lc. 19, 37 y 38. — El gentío que bajaba, empezó a alabar a Dios con vo­ces de alegría, por todos los milagros que habían visto, aclamando: «Bendito el Rey que viene en nombre del Señor; paz en la tierra y gloria en el cielo.»

Durante la Procesión se canta el siguiente himno. Convendría que el pueblo, a cada estrofa, fuese repitiendo el primer verso.

 

HIMNO A CRISTO REY

Gloria, alabanza y honor os sea dado, Rey Cristo Redentor. A quien los niños can­taban piadosamente.
1. Vos sois Rey de Israel, de la noble familia de David. Bendito Rey que venís en nombre del Señor.
2. En el Cielo alaban los Ángeles y Santos. Y el hombre mortal y todo lo criado.
3. El pueblo hebreo salió a recibiros con palmas. Y nosotros nos presentamos a Vos con oraciones, votos e himnos.
4. Ellos os alababan cuando ibais a pa­decer. Nosotros os cantamos con armonio­sos cánticos, oh Rey inmortal.
5. Aquellos os agradaron. Agrádeos también nuestra devoción, oh Rey bueno, Rey benigno, que os complacéis en todo lo bueno.
Antífona 5.» — Todos alaban tu nombre diciendo: «Bendito el que viene en nombre del Señor: Hosanna en el cielo.»

Salmo 147— Glorifica al Señor, Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión: que ha re­forzado los cerrojos de tus puertas, y ha bendecido a tus hijos dentro de ti; ha puesto paz en tus fronteras, te sacia con flor de harina; Él envía su mensaje a la tierra, y su palabra corre veloz; manda la nieve como lana, esparce la escarcha como ceniza; hace caer el hielo como migajas, con el frío congela las aguas; envía una orden y se derriten, sopla su aliento y corren. Anuncia su palabra a Jacob, sus decretos y mandatos a Israel; con ninguna nación obró así, ni les dio a conocer sus mandatos. Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en un principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 6ª.- Agitando palmas adoramos al Señor que llega; salgamos a su encuentro cantando himnos, proclamemos su gloria diciendo: «Bendito sea el Señor.»

Antífona 7.a — ¡Salve! Rey nuestro, Hijo de David, Redentor del mundo, los profetas anunciaron tu venida como Salvador de Israel. El Padre te envió como víctima para salvar al mundo; te esperaban todos los santos desde la creación del mundo: noso­tros te aclamamos: «Hosanna al Hijo dé David, bendito el que viene en nombre del Señor, Hosanna en el cielo.»

No hay inconveniente alguno en que el pueblo cante, por ejemplo, el Christus Vincit u otro cántico en honor de Jesucristo Rey, incluso en lengua vulgar.

Al entrar la Procesión en la Iglesia, se canta la última antífona.

Antífona 8.— Al entrar el Señor en la santa ciudad, los niños hebreos, anunciando la Resurrección de la Vida, con ramos de palma aclamaban: «Hosanna en el cielo.» Al enterarse el pueblo que Jesús llegaba a Jerusalén, salieron a su encuentro con ramos de palma, aclamando: «Hosanna en el cielo.»

El Celebrante, de cara al pueblo, da por terminada la Procesión a Cristo Rey diciendo:

V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.

Oración después de la procesión. — Señor Jesucristo, Rey y Redentor nuestro, en tu honor hemos llevado los ramos, cantando alabanzas; concede que la gracia de tu ben­dición descienda donde se lleven estos ra­mos y, vencidos la maldad y el engaño del demonio, tu brazo proteja a los que has re­dimido. Que vives y reinas.

El Celebrante y Ministros se ponen los ornamentos morados para la Misa.

Durante la lectura o canto de la Pasión en la Misa no se han de tener en las manos los ramos bendecidos.

 

 

TEXTOS DE LA SANTA MISA

 

Introito. Ps. 21, 20 y 22. — Señor, no te quedes lejos, ven corriendo a ayudarme, sálvame de las fauces del león, salva a este pobre de los cuernos del búfalo.  Salmo. Ibíd. 2. — Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? a pesar de mis gritos, mi oración no te alcanza. Señor, no te quedes lejos.

 

Oración. — Dios todopoderoso y eterno. Por voluntad tuya, nuestro Salvador se hizo hombre y murió en la cruz, para que imitáramos su ejemplo de humildad. Te pe­dimos la gracia de guardar las enseñanzas de su pasión y asíí tener parte un día en su resurrección gloriosa.

 

Epístola. Fil 2, 5-11. — Hermanos: Tened entre vosotros los sentimientos propios de una vida en Cristo Jesús. Él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó has­ta someterse a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo, y le concedió, el «Nombre-sobre-todo-nom­bre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble —en el Cielo, en la Tierra, en el Abismo—, y toda lengua proclame: «¡ Jesucristo es Señor!», para gloria de Dios Padre.

 

Gradual. Sal. 72, 24 y 1-3. — Me has cogido de la mano, y me has guiado con tu consejo, y me has llevado a tu gloria. Qué bue­no es el Dios de Israel para los limpios de corazón. Por poco tropiezan mis pies, casi resbalan mis pisadas, porque me daban envidia los impíos, viendo la prosperidad de los pecadores.

 

Tracto. Sal. 21, 2-9, 18 19, 22, 24 y 32. — Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has aban­donado? A pesar de mis gritos, mi oración no te alcanza. Dios mío, de día te grito, y no respondes, de noche, y no me haces caso. Aunque habitas en el santuario, esperanza de Israel. En ti confiaban nuestros padres, confiaban y los ponías a salvo; a ti gritaban, y quedaban libres, en ti confiaban y no los defraudaste. Pero yo soy un gusano, no un hombre, vergüenza de la gente, desprecio del pueblo: al verme se burlan de mí, hacen visajes menean la cabeza. «Acudió al Señor, que lo ponga a salvo, que lo libre, si tanto lo quiere.» Ellos me miran triunfantes, se reparten mi ropa, echan a suerte mi túnica. Sálvame de las fauces del león, a este pobre, de los cuernos del búfalo. Fieles del Se­ñor, alabadlo, linaje de Jacob, glorificadlo. Hablarán del Señor a la generación futura, contarán su justicia al pueblo que ha de na­cer: todo lo que hizo el Señor.

 

EVANGELIO DE LA PASIÓN Y MUERTE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN MATEO (Caps. 26, 36-75; 27, 1-60)

 

Jesús ora en el huerto. Su agonía

 

En aquel tiempo Jesús va con sus discí­pulos a un huerto, llamado Getsemaní y les dice: Sentaos aquí, mientras voy allá a orar. C. Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a entristecerse y a angustiarse. Entonces dice: Me muero de tristeza: quedaos aquí y velad conmigo. C. Y adelantándose un poco, cayó cara a tierra y oraba diciendo: Padre mío, si es posible, que pase y se aleje de mí ese cáliz. Pero no como quiero yo, sino como quieres tú. C. Y se acerca a los discípulos y los encuentra dormidos. Dice a Pedro: ¿Con­que no habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación; pues el espíritu es decidido, pero la carne es débil. C. De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo: Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad. C. Y viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque tenían los ojos cargados. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba, repitiendo las mismas palabras. Luego se acerca a sus discípulos y les dice: Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora, y el Hijo del Hombre va a ser entregado en ma­nos de los pecadores. /Levantaos, vamos!

 

Jesús es besado por Judas y hecho prisionero

 

Ya está cerca el que me entrega. C. Todavía estaba hablando, cuando en esto apareció Judas, uno de los doce, y con él un tropel de gente, con espadas y palos, mandada por los Sumos Sacerdotes y los notables del pueblo. El traidor les había dado esta señal : S. El que yo bese, es Él: detenedlo. C. Después se acercó a Jesús y le dijo: S. ¡Salve Maestro! C. Y lo besó. Pero Jesús le contes­tó: Amigo, ¿a qué vienes? C. Entonces se acercaron y echaron mano a Jesús, deteniéndolo. Y uno de los que estaban con Jesús agarró la espada, la desenvainó e hirió al criado del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja. Jesús le dijo:. Vuelve la espada a su sitio, porque quien usa espada, a espada morirá. ¿O crees que no puedo acudir a mi Padre y me mandaría en seguida más de doce legiones de ángeles? Si no, ¿cómo se va a cumplir la Escritura según la cual esto tiene que pasar? C. En aquella hora dijo Jesús a la gente:¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como a caza de un bandido? A diario me sentaba y enseña­ba en el templo y no me detuvisteis. C. Todo esto ocurrió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

 

Jesús es presentado a Caifás

 

Los que detuvieron a Jesús lo llevaron a casa de Caifás, el Sumo Sacerdote, donde se habían reunido los letrados y los notables. Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del Sumó Sacerdote y entrando dentro, se sentó con los criados para ver en qué paraba aquello. Los Sumos Sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente comparecieron dos que declararon: S. Éste ha dicho: «Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días.» C. El Sumo Sacerdote se puso en pie y le dijo: S. ¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti? C. Pero Jesús callaba. Y el Sumo Sacerdote le dijo: S. Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios. C. Jesús le responde: Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: Desde ahora veréis que el Hijo del Hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene so­bre las nubes del cielo. C. Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo: S. Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia.

 

Jesús, negado por Pedro

 

¿Qué os parece? C. Y ellos contestaron: S. Es reo de muerte. C. Entonces le escupie­ron a la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon diciendo: S. Haz de profeta, Mesías, dinos quién te ha pegado. C. Pedro estaba sentado fuera en el patio y se le acercó una criada y le dijo: S. También tú andabas con Jesús el Galileo. C. Él lo negó delante de todos diciendo: S. No sé qué quieres decir. C. Y al salir al portal, lo vio otra y dijo a los que estaban allí: S. Éste andaba con Jesús el Nazareno. C. Otra vez negó él con jura­mento: S. No conozco a ese hombre. C. Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron: S. Seguro, tú también eres de ellos, hasta el acento te delata. C. Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar, diciendo: S. No conozco a ese hom­bre? C. en seguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús:

 

Jesús presentado a Pilato. Fin del traidor

 

«Antes de que cante el gallo me negarás tres veces.» Y saliendo afuera, lloró amargamente. Al hacerse de día, todos los Sumos Sacerdotes y los notables del pueblo se reunieron para planear la condena a muerte de Jesús. Y atándolo, lo llevaron y lo entre­garon a Pilato, el gobernador. Entonces, el traidor sintió remordimientos y devolvió las treinta monedas de plata a los Sumos Sacerdotes y ancianos, diciendo: S. He pecado entregando sangre inocente. C. Pero ellos dijeron: S. ¿A nosotros qué? ¡Allá tú! C. Él, arrojando las monedas en el templo, se marchó; y fue, y se ahorcó. Los sacerdotes, recogiendo las monedas, dijeron: S. No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas, porque son precio de sangre. C. Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero, para cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama «Campo de Sangre» hasta el día de hoy. Así se cumplió lo escrito por Jeremías el profeta: «Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado, según la tasa de los hijos de Israel y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me lo había or­denado el Señor.» Jesús fue llevado ante el gobernador; y el gobernador le preguntó:

 

Jesús ante Pilato

 

  1. ¿Eres tú el rey de los judíos? C. Jesús respondió: Tú lo dices. C. Y mientras lo acusaban los Sumos Sacerdotes y los nota­bles, no contestaba nada. Entonces le dice ¿No oyes cuántos cargos presen­tan contra ti? C. Él no contestó a una sola pregunta, de modo que el gobernador estaba muy extrañado. Por la Fiesta, el gobernador solía soltar un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso,

 

Jesús, pospuesto a Barrabás

 

llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, dijo Pilato: S. ¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías? C. Pues sabía que se lo habían entregado por envidia. Y mientras estaba sentado el tribunal, su mujer le mandó a decir: S. No te metas con ese justo, porque esta noche he sufrido mucho soñando con Él. C. Pero los sumos sacerdotes y los notables convencieron a la gente que reclamaran a Barrabás y exigieran la muerte de Jesús. El gobernador preguntó: S. ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? C. Ellos dijeron: S. A Barrabás. C. Pilato les dice: S. ¿Y qué hago con Jesús llamado el Mesías? C. Contestaron todos: S. Que lo crucifiquen. C. Él dijo: S. Pues ¿qué mal ha hecho? C. Pero ellos gritaban más fuerte: S. ¡Que lo crucifiquen ¡ C. Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos en presencia del pueblo, diciendo: S. Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros! C. Y el pueblo entero contestó: S. ¡Su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos! C. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo lo entregó para que lo crucificaran. Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al Pretorio y reunieron alrededor de Él a toda la compañía:

 

Jesús azotado y coronado de espinas

 

lo desnudaron y le pusieron un manto color púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante El la rodilla, se burlaban de El diciendo: S. ¡Salve, Rey de los Judíos! C. Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar. Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón;

 

Jesús sube al Calvario. Es crucificado

 

y lo forzaron a que llevara la cruz. Llegados al lugar llamado Gólgota (que quiere decir lugar de “La Calavera”), le dieron a beber vino mezclado con hiel; El lo probó y no lo quiso beber. Después de crucificarlo, se repartieron sus ropas echándolas a suerte y luego se sentaron a custodiarlo. Sobre su cabeza colocaron un letrero con la acusación: ESTE ES JESUS, EL REY DE LOS JUDIOS. Y crucificaron con El a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los que pasaban, lo injuriaban menean­do la cabeza y diciendo: S. Tú que destruías

 

Jesús, clavado en la cruz, es insultado

 

 el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz. C. Lo mismo los Sumos Sacerdotes con los letrados y los notables se burlaban diciendo: S. A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar. Es Rey de Israel: que baje ahora de la cruz y le cree­remos. Ha confiado en Dios: que Dios lo libre ahora si tanto lo quiere, ya que ha di­cho que es Hijo de Dios. C. Incluso los ban­didos que estaban crucificados con él lo insultaban. Desde el mediodía vinieron las tinieblas sobre toda aquella tierra hasta la media tarde. Y hacia la media tarde, Jesús exclamó con voz potente: Elí, Elí, lamá sabaktaní. C. (Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?). C. Algunos de los que estaban por allí, al oírlo, dijeron: S. A Elías llama Éste. C. En seguida uno de ellos fue corriendo, cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola a una caña, le daba de beber. Los demás decían: S. Déjalo, a ver si viene Elías a sal­varlo. C. Y Jesús, gritando de nuevo con voz potente, exhaló el espíritu.

 

(Todos de rodillas. Breve pausa.)

 

Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; y la tierra tembló; y las rocas se hendieron; y las tumbas se abrieron; y muchos cuerpos de los santos ya muertos, resucitaron y, saliendo de las tumbas después que Él resucitó, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos. El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba se aterrorizaron y dijeron: S. Realmente Éste era Hijo de Dios. C. Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para atenderle; entre ellas, María Magdalena y María la madre de Santiago y José, y la madre de los Zebedeos.

 

Jesús es bajado de la Cruz y sepultado

 

Al anochecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús, Éste acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en el sepulcro nuevo que se había excavado en una roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó.

 

Los Sacerdotes que hayan de celebrar hoy dos o tres Misas no están obligados, en la 2.a y 3.a Misa, a repetir la historia de la Pasión; y en su lugar leerán el siguiente Evangelio en la forma acostumbrada:

 

Evangelio. Mat. 27, 45-52. — En aquel tiempo, después que Jesús fue crucificado, desde la hora de sexta hasta la nona, toda la tierra se cubrió de tinieblas, y cerca de la hora nona, dio Jesús un grande grito diciendo: Elí, Elí, lamá sabaktaní.? C. Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me habéis abandonado? Algunos, pues, de los que esta­ban presentes, oyendo esto, decían: S. A Elías llama éste. C. Y corriendo al punto uno de ellos, tomó una esponja y la empapó en vinagre; y, poniéndola en una caña, la alargaba para que bebiese. Mas los otros decían: S. Deja: veamos si viene Elías a librarle. C. Mas Jesús, dando de nuevo un grande grito, entregó su espíritu.

 

(Todos de rodillas. Breve pausa.)

 

Y al mismo tiempo, el velo del templo se rasgó en dos partes, de alto abajo, y la tie­rra tembló, y se partieron las piedras, y los sepulcros se abrieron, y muchos cuerpos de los santos que habían muerto resucitaron.

 

Credo.

 

Ofertorio. Ps. 68, 21-22. — La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco. Espero compasión y no la hay, consoladores, y no los encuentro. En mi comida me echaron hiel, en mi sed me dieron vinagre.

 

Secreta. — Te pedimos, Dios todopoderoso, que estas ofrendas sean gratas a tus ojos, para que ellas nos alcancen la gracia de servirte con amor y nos traigan la eter­nidad dichosa.

 

Prefacio de la Cruz o de la pasión.- Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno. Porque has puesto la salvación del género humano en el árbol de la cruz, para que de donde tuvo origen la muerte, de allí surgiera la vida, y el que venció en un árbol, fuera en un árbol vencido; por Cristo nuestro Señor. Por El los Ángeles y los Arcángeles, y todos los coros celestiales celebran tu gloria unidos en común alegría. Permítenos asociarnos a sus voces cantando humildemente

 

Comunión. Mt. 26, 42. — Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.

 

Poscomunión. — Por la eficacia de este misterio se nos perdonen, Señor, nuestros pecados, y veamos cumplidos nuestros san­tos deseos.

 

TEXTOS EN LATÍN: http://www.fsspx-sudamerica.org/sites/sspx/files/23.ramos_.pdf

 

COMENTARIO

 

Esta es una celebración extraordinaria; una liturgia rica y compleja. Tiene un cariz alegre y de gloria por un lado –la Entrada Triunfante de Jesús en Jerusalén- y por otro la vivencia de la Pasión del Señor. La primera parte está signada por el gozo de la recepción del Señor por muchos discípulos y habitantes de Jerusalén, como el Hijo de David y Mesías, al cual se designa como Bendito el que viene en nombre del Señor. La Iglesia siempre ha celebrado con gozo este efímero triunfo del Señor antes de su Pasión. Montado en burrito, sencilla y humildemente, sobria y majestuosamente, serio, dice Ana Catalina Emmerick, entró el Señor en la Hija de Sión en medio de clamorosas aclamaciones, obsequiado en su camino por hojas de palma y olivo, y dicen ciertas tradiciones, aún mantos de uso humano, como un reconocimiento de su carácter regio.

La aclamación Hossana tenía en hebreo una connotación de súplica: Sálvanos! Pero ha tomado después de Cristo en la Iglesia un significado de aclamación alegre, jubilosa y de reconocimiento de la Divinidad, de alabanza, parecida al Aleluya. Esta primera parte, donde en la Liturgia se hace una procesión y se bendicen los ramos de olivo, leyéndose el Evangelio de San Mateo, de la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén, lleva el color rojo. La segunda en el templo, el color morado, de acompañamiento del dolor de la Pasión del Señor.

 

 

LO TORNADIZO DE LA NATURALEZA ADÁMICA

 

Hoy se suele exaltar la sinceridad, la espontaneidad, la autenticidad, lo que viene del corazón. Pero el problema es que el hombre caído, y aún bautizado, y aún en Gracia, siendo sincero, espontáneo, auténtico, puede ser pésimo cristiano; incluso traidor. Del corazón del hombre salen aberraciones sin número, lo dice Cristo en el Evangelio. Todo impuso debe ser pasado por el rasero, por el tamiz de la Fe para que sea acorde a la voluntad de Dios.

Las filosofías, éticas y aún teología moderna-modernista post-conciliar, con un notorio antropocentrismo, reivindican esos tópicos fenomenológicos, subjetivistas y nominalistas que arruinan la Fe, alejan de la realidad de Dios; puesto que tienen fobia al realismo objetivo. Vemos acá la sombra de Hüsserl, Heidegger, y los teólogos modernistas-personalistas post II Vaticano.

En la aclamación de Cristo en su subida a Jerusalén montado en su burrito, estaban muchos discípulos y gente que había presenciado la resurrección de Làzaro y gente que había oído del prodigio inédito. Elías y Eliseo habían también hecho prodigios similares, pero nunca ordenando de Palabra, como Cristo. Yo te lo mando…

El milagro aumenta audiencia, pero vemos finalmente su incompletitud. Por algo el Señor afirma con fuerza: Si no me creen a Mí, aunque sea crean por las obras…(los milagros). También vemos en el evangelio de Lázaro y el Rico Epulón, la lapidaria contestatación de Abraham al condenado:

 

Si no creen a Moisés y los Profetas, aunque un muerto resucite, no creeran.

 

Está totalmente claro, que la Palabra tiene entidad infinita y por ella se debe creer principalmente. El milagro es algo así como una concesión de Dios a la penuria de fe del hombre.

 

Si ustedes no ven milagros no creen! Se enoja el Señor con un judío que le pide…

 

Aquellos que aclamaban con Hossanas no necesariamente eran hipócritas; muchos eran probablemente sinceros y auténticos, gritaban lo que les venía del corazón.

 

Pero muchos de ellos, pocos días después, gritarían también ante el Procurador Pilato, Crucifícalo!

 

La sinceridad y la autenticidad, tan caras al pensamiento moderno, no son virtudes cristianas. Vemos cual es su profunda falacia y falta de entidad. El acomodamiento de la voluntad humana a la de Dios por Amor-Obediencia, es lo cristiano.

 

A Dios no le interesa la autenticidad al fin y al cabo, le interesa el amor que se expresa en obediencia.

 

Mencionemos para finalizar al auténtico y sincero Simón Pedro en Cesarea, cuando Cristo les revela que será apresado, torturado, humillado, crucificado y muerto:

 

Señor! Lejos de ti eso! Eso jamás te pasará!

 

Ante tan espléndida manifestación de autenticidad y sinceridad afectiva el Señor responde:

 

Apártate de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.

 

Dice Ana Catalina Emmerick en sus visiones (sabemos perfectamente las limitaciones de las revelaciones privadas, pero consideramos valiosas a estas por su permanente conformidad con la escritura y Tradición) que el Señor estaba muy serio cuando entró a Jerusalén. Aceptaba las aclamaciones con cortesía majestuosa, pero era conciente de como iba evolucionar la situación. Y lo manifiesta posteriormente: Ahora mi alma está turbada…

 

Por eso es necesario como ya lo dijimos, pasar todo impulso del corazón por el rasero de la Fe, de la Ley de Dios, para consentirlo y darle curso. Esto es catolicismo. Someter todo impulso y toda inspiración a la razón y la Fe.

 

Ya estamos escuchando las pálidas y descarriadas objeciones humanistas de católicos modernizados:

 

Eso es humano….no podemos estar contra la humanidad..

 

El Señor es claro, como antes dijimos, salen horrores del corazón humano, y por otro lado:

 

El que quiera ser mi discípulo, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.

 

En Jerusalén mismo, después de su aclamación dirá:

 

«23.Jesús les respondió: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre. 24.En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. 25.El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. 26.Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará. 27.Ahora mi alma está turbada. Y ¿que voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto! 28.Padre, glorifica tu Nombre.» Vino entonces una voz del cielo: «Le he glorificado y de nuevo le glorificaré.» 29.La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno. Otros decían: «Le ha hablado un ángel.» 30.Jesús respondió: «No ha venido esta voz por mí, sino por vosotros. 31.Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será echado fuera. 32.Y yo cuando sea levando de la tierra, atraeré a todos hacia mí.» 33.Decía esto para significar de qué muerte iba a morir. 34.La gente le respondió: «Nosotros sabemos por la Ley que el Cristo permanece para siempre. ¿Cómo dices tú que es preciso que el Hijo del hombre sea levantado? ¿Quién es ese Hijo del hombre?» 35.Jesús les dijo: «Todavía, por un poco de tiempo, está la luz entre vosotros. Caminad mientras tenéis la luz, para que no os sorprendan las tinieblas; el que camina en tinieblas, no sabe a dónde va. 36.Mientras tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz.» Dicho esto, se marchó Jesús y se ocultó de ellos. 37.Aunque había realizado tan grandes señales delante de ellos, no creían en él;»  (Jn 12)

 

Vemos perfectamente en este discurso, la naturaleza tornadiza del ser humano y la exigencia de parte del Señor, de negar nuestra naturaleza –no nuestra naturaleza per se, sino lo que se opone a la Verdad y al Bien- en orden a su seguimiento y a la Salvación.

 

Si tu ojo te es escándalo, córtatelo! Si tu mano derecha te es escándalo, córtatela y arrójala lejos de ti! Mas te vale entrar al Reino tuerto o manco que ir con todo tu cuerpo a la Gehena!

 

Repetimos una vez mas: Dios quiere amor que se exprese en obediencia. El Evangelio, es decir Cristo, nada sabe ni le interesa sobre autenticidades…

 

La vida cristiana con ascesis, Sacramentos, Lectura de la Palabra, oración personal y buenas obras, testimonio, anuncio y denuncia, va limpiando el corazón y la mente, de manera que va mejorando incluso los impulsos púramente humanos que emergen de la propia naturaleza.

 

EL GRAN PERIPLO DEL HIJO DE DIOS: SU KENOSIS Y POSTERIOR EXALTACIÓN

 

Este gran himno de San Pablo en Filipenses, que vive la Epístola, que además es la narración de la Epopeya del Hijo de Dios, es de importancia fundamental para la Fe Católica.

 

«Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo Jesús: .El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. .Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; .y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. .Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. .Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos,.y toda lengua confiese que Cristo Jesús es SEÑOR para gloria de Dios Padre.» 

 

En esta clara revelación se muestra la naturaleza divina de Cristo, su descenso a la naturaleza humana, su obediencia contra su misma supervivencia; su muerte humillante aceptada con toda conciencia y amor por obediencia al Padre, en favor de nuestra salvación.

 

La Kenosis del Señor: su abajamiento a la limitación de la naturaleza humana, su vaciamiento, despojamiento; es decir su ocultamiento de la gloria de la divinidad y la no exigencia inmediata del reconocimiento debido. Su aceptación de las leyes humanas y las costumbres de su pueblo. También la sujeción a su Madre y Padre putativo, y las carencias y penurias de su vida pública. Cansancio, hambre, sed…

 

Por último, se agrega a esto, lo ya mencionado: su obediencia hasta la muerte y muerte de Cruz.

 

Luego de su muerte, su descenso al lugar de los muertos, su Resurrección, su Ascensión y el recobramiento de su Gloria y Divinidad, pero ya con la naturaleza humana asumida. Por ahora no le están sujetas todas las cosas (Cf. Hb) en el sentido de que gravitan en la creación criaturas desobedientes y rebeldes; ángeles y hombres. Esto se debe a su providencia y sabiduría infinitas, como a su misericordia con los hombres, dándoles tiempo a que se conviertan. En su Parusía final, su Justicia radical y su Poder Infinito se harán patentes a toda criatura del universo, y pondrá Orden y Justicia de manera total y definitiva.

 

En lo que hace para este Domingo de Ramos, este himno de la Epopeya del Hijo de Dios nos muestra que debemos imitarlo: el mismo nos dice: negarse a sí mismo! Perder nuestra vida natural por él, en lo que sea necesario.

 

 

Si Él no se empecinó en hacer valer su Gloria y condición divina ante nosotros desde el principio, como nosotros vamos a pretender hacer valer ante Él nuestra mísera humanidad herida por el pecado?

 

Sabemos que el Bautismo limpia de culpa, pero no limpia el fomes peccati.

 

Precisamente por esto las teologías modernas-modernistas son tan nefastas, porque exaltan la propia humanidad con una ignorancia crasa del pecado original –aunque haya matices en esto- y un cierto pelagianismo rampante. Cuando el hombre se pone en el centro, Dios disminuye primero y luego desaparece. Dios debe estar en el centro.

Entonces tenemos aquí la pastoral de este Domingo de Ramos. Humildad y reconocimiento de nuestra indigencia humana, reconociendo entonces la Grandeza, generosidad e inmensa humildad de Cristo en su periplo existencia. Sobre todo, en la aceptación por amor obediente de su Pasión y Cruz.

 

Cuanto mas nosotros, pobres pecadores que somos redimidos por su sangre, si es que creemos en Él y lo seguimos.

 

Debemos acompañarlo en su movimiento de descenso hacia la pasión y la muerte. Debemos buscar empatía con el Señor en su Pasión y Muerte. Debemos sufrir con él, para poder resucitar espiritualmente con él. Se entiende esto obviamente con los Sacramentos de por medio: Misa y Confesión.

 

En la Misa, que es el Sacrificio de Cristo en el Calvario hecho presente, lo acompañamos e incluso somos él mismo misteriosamente, si vivimos bien tan alta celebración.

Como siempre lo decimos, la Misa Católica, Tridentina, es la apropiada para estar con el Señor.

 

Y obviamente, este acompañamiento espiritual, litúrgico y sacramental, debe plasmarse en nuestra vida, siempre.

 

 

El análisis de la Pasión del Señor ya sobrepasa este comentario. Solo recordemos aquella oración de San Alfonso María de Ligorio, que se reza en el Vía Crucis.

 

Señor mío Jesucristo, que para redimir al mundo de la esclavitud del demonio, quisiste nacer entre nosotros mortal y pasible, ser circuncidado, reprobado de los judíos y entregado por Judas con ósculo sacrílego, ser preso, y como inocente cordero que llevan al matadero, ser presentado ignominiosamente en los tribunales de Anás, Caifás, Pilato y Herodes; ser acusado por testigos falsos, azotado crudelísimamente, coronado de espinas, herido con bofetadas, golpeado con una caña, escupido y cubierto de oprobios, despojado de tus vestidos, Crucificado, levantado en una Cruz entre dos ladrones, abrevado con hiel y herido con una lanza.

Por esas, tus amargas penas que yo, aunque indigno pecador voy meditando, y por tu Pasión y muerte ¡líbrame del pecado que me separa de ti!, y dígnate llevarme a donde llevaste a aquel dichoso ladrón que fue crucificado contigo, oh Jesús mío, que con el Padre y el Espíritu Santo, vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

 

Recordemos para terminar que así como participemos en nuestra vida en la Kenosis del Señor, en su obediencia hasta la muerte y muerte de cruz, así participaremos en su Resurrección.

 

 

 

EL OLIVO, Homilía de San Ambrosio, Obispo

 

Para los que le interese, el tema del Olivo su significación:

 

Es digno de atención el hecho de subir al templo después de dejar a los judíos, aquel Señor que debía habitar en los corazones de los gentiles. El verdadero templo es aquel en el cual el Señor es adorado, no según la letra, sino en espíritu. El templo de Dios es el que está constituido, no por una construcción de piedras, sino por el encadenamiento de las verdades de la fe. El Señor abandona a los que le odiaban y escoge a los que debían amarle. Y por esto sube al monte de los Olivos, para plantar con su virtud divina estos noveles retoños de olivo que tiene por madre la Jerusalén espiritual. En este monte está él mismo, el celeste agricultor, de tal suerte que cuantos se hallan plantados en la casa de Dios, puedan decir verdaderamente: “Yo soy como el olivo fructífero que está en la casa del Señor.”

Y quizá aquel monte significa el mismo Cristo. ¿Quién sino el el producirá tal abundancia de olivos y no de esos olivos que se doblegan bajo la abundancia de los frutos sino de aquellos que demuestran su fecundidad comunicando a las naciones la gracia del Espíritu Santo? El es también aquel por quien subimos y hacia quien subimos. Es la puerta y el camino; la puerta que se abre y aquel que la abre, la puerta donde llaman los que quieren entrar y el Dios a quien adoran los que han merecido entrar. Estaba, pues, Jesús en un pueblo y había allí un pollino que no podía ser desatado junto a su madre; un pollino que podía ser desatado sino por orden del Señor. Lo desata la mano del apóstol. Tales son los actos, tal la vida, tal la gracia. Sed, pues, vosotros de tal manera que podáis librar a los que están ligados.

Consideremos ahora quien son los que después de haber sido convencidos de pecado fueron arrojados del paraíso y arrojados a un lugar vulgar comparable a ese pueblo. Y ved de qué modo la Vida llama de nuevo a los que la muerte había desterrado. Leemos en san Mateo que el Hijo de Dios envió  a que desatasen el pollino y el asna; como ambos sexos habían sido arrojados del paraíso en la persona de nuestros primeros padres, quiso dar a entender, por el símbolo de estos dos animales, que venía a llamar a ambos sexos. Parece que el asan significa a Eva culpable y el pollino el pueblo gentil en general; por esto se sentó el Salvador sobre el pollino, hijo del asna. Y muy bien se hace notar que sobre el pollino nadie se había aun sentado y esto porque antes de Cristo nadie había llamado los pueblos a la Iglesia. Leemos en efecto, en san Marcos: “Sobre el cual ningún hombre se había aun sentado.

 

 

 

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Categorías:LA PALABRA DE DIOS DEL DOMINGO

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4 respuestas

  1. Muy bueno pero porqué usan esa palabra tan extraña como incompletitud. Esa es una costumbre un tanto centro americana de adjetivar sustantivos o al revés.

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