Textos Bíblicos, oraciones de la Misa y comentario.

 

Juan Donnet

 

 

 

 

XXI DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTÉS
II clase, verde

 

Gloria, Credo y prefacio de la Santísima Trinidad

(Después de los textos bíblicos y las oraciones, comentario)

 

TEXTOS BIBLICOS Y ORACIONES DE LA SANTA MISA

 

 

 

INTROITO

Ester 13,9 y 10-11. -Todo está en vuestras manos, Señor, y no hay quien pueda resistir a vuestro poder; Vos lo ha­béis creado todo, el cielo y la tierra y cuan­toen ellos se contiene. Vos sois Señor de todo. – Salmo. 118,1.- Dichosos los limpios de corazón; los que andan por el camino de la ley de Dios. Gloria al Padre.

Oración. No puede haver vida verdadera sin una constante asistencia de Dios.- Os suplicamos, Señor, que guardéis con perpetua clemencia a vuestro pueblo, a fin de que, con vuestra protección, se vea libre de todo mal, y os sirva santamente. Por N. S. J. C.

 

EPISTOLA. Ef. 6,10-17.

“Ciertamente, en el Señor y en su virtud soberana es donde debéis buscar vuestras energías. Vestíos la armadura de Dios.” El mismo Señor arma al cristiano para el combate espiritual contra Satanás, su verdadero enemigo.- Hermanos: Buscad vuestra fuerza en el Señor y en el vigor de su poder. Poneos la armadura de Dios, para poder resistir a las estratagemas del diablo. Porque no peleamos contra gente de carne y hueso, sino contra los principados, las potestades, los poderes cósmicos de este mundo tenebroso: los espíritus malignos de los espacios. Por eso, tomad las armas de Dios, para poder resistir en el día fatal, y, después de actuar a fondo, mantener las posiciones. ¡Estad firmes! Usad como cinturón la verdad; como coraza, la justicia; como calzado, la prontitud para el evangelio de la paz; en toda ocasión tomad como escudo la fe: para que se apaguen en ella las flechas incendiarias del Maligno. Finalmente, poneos el casco de la salvación y empuñad la espada del Espíritu: la Palabra de Dios.

GRADUAL. Sal. 89, 1-2.

-Señor, tú has sido nuestro baluarte, de generación en generación. Antes de engendrarse los montes, antes de nacer el orbe de la tierra, de eternidad a eternidad tú existes, oh Dios.

 

Aleluya, aleluya. Sal. 113,1. Cuando Israel salió de Egipto, los hijos de Jacob de un pueblo extranjero. Aleluya.

EVANGELIO Mat. 18, 23-35.

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: “Págame lo que me debes”. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

 

OFERTORIO Job. 1.

– Había en el País de Hus, en Idumea, un hombre llamado Job, hombre sencillo, recto y temeroso de Dios, al cual pidió Satanás para tentarle, y Dios le dio poder de dañarlo en sus bienes y en su carne. Perdió Job todos sus bienes y sus hijos, viendo sus carnes llagadas de graves úlceras.

Secreta.- Recibid, Señor, propicio nuestras ofrendas, con las cuales quisisteis ser aplacado, y concedednos la salvación por vuestra poderosa misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

PREFACIO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De suerte, que confe­sando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedad en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz. Santo…

COMUNION. Ps. 118, 81, 84 y 86.-

Mi alma ha esperado en Vos, Salvador mío, y en vuestra palabra. ¿Cuándo haréis justicia contra mis perseguidores? Los malvados me persiguen; ayudadme, Señor y Dios mío.

 

POSCOMUNION

Después de recibir, Señor, el sustento que da la inmortalidad, os rogamos que lo que hemos tomado lo sigamos de corazón. Por N. S. J. C.

 

 

COMENTARIO

Este Evangelio está bastante claro. Pero hay varios puntos interesantes.
A veces no conviene recargar de erudiciones lingüisticas e históricas un comentario del Evangelio, porque pierde mucha fuerza y se diluye.
Reino de los Cielos: Cristo y su nueva economía de relación entre Dios y el hombre. Cristo mismo, pero con todo lo que trae de nuevo.
El pecador se enfrenta con Dios y se le muestra su tremenda deuda, infinita.
Diez mil talentos. Sin entrar minuciosamente en cuestiones históricas de pesos y medidas antiguas, digamos claramente que una deuda de diez mil talentos es definitivamente impagable. Con la deuda externa argentina se puede hacer cualquier cosa menos pagarla….dijo un gracioso arquitecto de nuestra ruina económica….

No la puede pagar, debe ser vendido él y todo lo que tiene, dice el Rey, Dios.

Hay un misterioso pedido de rendido de cuentas misericordioso por parte de Dios -el Rey- antes del Juicio definitivo personal y el Final escatológico. Por eso el pecador recibe tiempo.

El Rey pide cuenta al siervo y pide el pago de la deuda: el pobre infeliz no puede pagar. Entonces el Rey dice que se lo meta en la cárcel y se vendan sus pertenencias para pagarle.

El siervo se arroja a los pies de Dios y pide clemencia, reconociendo su pecado. Humildad verdadera, sinceridad. Diez mil talentos son muchas veces diez: Símbolo de haber violado flagrantemente los Diez mandamientos, dicen algunos Santos Padres. Pide tiempo para poder pagar algo que nunca podrá pagar. Pero el Rey, Dios, es además de justo, clemente y misericordioso con su mísera criatura -Gracias a Dios. Y su corazón se ablanda. No solo no vende al siervo y todas sus pertenencias, sino que le perdona la deuda y lo deja libre.
Así es Dios con el pecador sincero y de corazón contrito.

Hasta acá el siervo sin entrañas obró de manera irreprochable.

Pero ahora en la relación con su prójimo ya pierde lo bueno que tuvo antes, ante Dios.
Un consiervo le debía cien denarios -cantidad rídiculamente insignificante comparada con diez mil talentos; y también se arroja a sus pies, le ruega clemencia; le pide tiempo para pagarle; con humildad y sinceridad, como el la tuvo ante Dios que le perdonó la deuda impagable.

Pero, ¡oh humana mezquindad y miseria y maldad!, el que había sido bueno, se vuelve malo: lo ahogaba a su consiervo deudor y le decía: ¡No te perdono! ¡Paga lo que me debes! Y como su consiervo no pudo pagarle, lo denunció y lo hizo meter preso y que le embargasen sus bienes hasta cobrar todo.

Sus otros consiervos, -quizás los ángeles- fueron a contarle al Rey entristecidos esta actitud malísima de este siervo ingrato.

Entonces el Rey lo volvió a llamar y lo reprendió ásperamente: ¡Siervo Malo! le dijo: Toda la deuda te perdoné, porque me lo rogaste;  ¿pues no debías tú también tener compasión de tu compañero, así como yo la tuve de ti? Y enojado -ahora ENOJADO, SI DIOS SE ENOJA, SU IRA ESTALLA EN CIERTO MOMENTO- el Señor le hizo entregar a los atormentadores, hasta que pagase todo lo que debía. Del mismo modo hará también con vosotros mi Padre celestial, si no perdonareis de vuestros corazones cada uno a su hermano, dijo el Señor.

¡Ahora sí el Rey SE ENOJÓ! Y lo entregó a los verdugos (demonios) hasta que pagase todo lo que debía. La deuda era impagable, POR LO CUAL DEBÍA PAGAR ETERNAMENTE. NUNCA TERMINARÍA DE PAGAR EN EL INFIERNO. Dicen algunos Santos Padres con perspicacia.

Veamos primero que lo que debemos a Dios por nuestros pecados ES IMPAGABLE. Solo por su misericordia y nuestra fe en Cristo redentor lo podemos pagar.

Vemos también que las deudas que nuestro prójimo tiene con nosotros -no el enemigo de Dios -hostis- sino nuestro prójimo, que aquí en este pasaje ni siquiera es un inimicus -enemigo personal- sino un prójimo deudor, SON RIDICULAMENTE INSIGNIFICANTES COMPARADAS CON LA DEUDA QUE NOSOTROS TENEMOS CON DIOS.

El perdonar las deudas del prójimo con nosotros -no se trata de perdonar todas las deudas en dinero, en ese aspecto es lícito exigir justicia, eso es otra cosa- es CONDICION NECESARIA para que Dios nos perdone.

Cierto buenismo posterior al II Concilio ha pretendido que Dios perdona incondicionalmente, PERO ESO ES UNA MENTIRA MONSTRUOSA. Hay que perdonar de corazón al prójimo y arrepentirse humilde de los propios pecados -la deuda impagable- arrojándonos a los pies de Dios y pidiendo clemencia para ser perdonados.

Tenemos el Sacramento de la Reconciliación para estar siempre al día, -por Gracia de Cristo- en la deuda gigantesca, impagable, que tenemos con Dios. Perder la Gracia con un pecado mortal multiplica una deuda infinita por infinito, y nos hace necesario recibir un plus de misericordia para salir de tan trágico estado. Con mas razón hay que ser generoso con las insignificantes, exiguas deudas que el prójimo tiene con nosotros, perdonando de corazón.

El no perdonar, el rencor, es de espíritus enfermos, mezquinos, pequeños en el peor de los sentidos; al revés de lo que suele creer el mundo.

La Gracia y el amor de Cristo que nos perdona deudas impagables, nos ensancha el corazón, para finalmente abdicar del miserable odio y rencor y mirar -acá si-con una sonrisa verdaderamente misericordiosa- las exiguas, ridículamente pequeñas deudas que el prójimo tiene con nosotros. Así las vemos cuando tomamos conciencia de la infinita misericordia de Dios que nos perdona deudas absolutamente infinitas e impagables.

Dios, es el ser infinito, perfecto, único, Infinitamente Santo y Sabio; Creador nuestro y de todas las cosas; los pecados contra él en realidad son infinitos e impagables. Solo la infinita bondad y misericordia que él tiene en Cristo con nosotros, hace que nos absuelva, SI TENEMOS FE, NOS ARREPENTIMOS, Y PERDONAMOS A NUESTRO PRÓJIMO.

El tener conciencia de nuestra indigencia y de que nuestras deudas con Dios son infinitas, y que vivimos de su misericordia y su generosidad, constituye la humildad y realismo del cristiano. La humildad es la verdad, dijo Santa Teresa de Avila.

El Padre Nuestro, lo dice claro: perdónanos nuestras DEUDAS, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.

CONDICIÓN NECESARIA ES PERDONAR, PARA SER PERDONADOS.

Abramos nuestros corazones a la Fe, la Esperanza, al Amor de Dios para creer en su Palabra, esperar sus Promesas, y amarlo a Él sobre todas las cosas, y a nuestro prójimo como Él nos lo hace posible y nos lo pide.

Anuncios