Vicente Montesinos

 

 

 

 

No son temas muy recurrentes estos en Adoración y Liberación; pero dada la actualidad relativa a todas las barbaridades que quieren hacer con el Valle de los Caídos; con los restos mortales de quién fuera Jefe del Estado de España por 40 años; y de paso, con la Cruz y el catolicismo, cuya destrucción es el verdadero motivo de todas esta movidas; voy a hablar hoy del tema en cuestión.

Así de paso seguro que nos granjearemos más enemigos; que, sinceramente, en los tiempos que corren; empiezo a sospechar que es motivo de gloria, más que de tribulación.

Y de paso quizá hagamos conocer alguna cosa a nuestros miles de hermanos fieles católicos de buena fe que, engañados por la ideología dominante, no han podido recibir ninguna reflexión de este tipo; no por su culpa, sino por la dictadura que nos des-gobierna desde hace más de 40 años, que claramente lo impide.

Ya decía Antony Beevor, y no sin razón,  que “la guerra civil española es uno de los pocos conflictos mundiales cuya historia la han escrito con mayor eficacia y mendacidad los perdedores que los vencedores. Las generaciones más jóvenes no pueden ni imaginar como era la vida en España desde Febrero de 1936”.

No hay nada más cierto. La guerra la ganó Franco y los fieles españoles, frente a los enemigos de España. Sin embargo son estos los que escribieron la historia, y la siguen escribiendo, de forma que cualquier cosa que se salga del guión marcado por ellos es tachada de fascista, facha, etc, etc, etc…

Por eso conviene saltarse la censura (que sigue, hoy con más vigor que nunca, hasta el punto de que en breve escribir lo que estoy escribiendo será causa de prisión), para recordar únicamente la HISTORIA. NI MÁS NI MENOS QUE COMO FUE. Sin propagandas, censuras, ni mentiras.

En febrero de 1936 un Frente Popular que aglutinó a anarquistas, socialistas totalitarios y comunistas, además de a golpistas separatistas, se alzó con el poder en España por medio de unas elecciones fraudulentas. Ahí empezó la historia.

¿Cual fue la consecuencia? La inmediata puesta en marcha de una tremenda espiral de violencia y asesinato de quienes no pensaban como ellos. El símbolo claro de esta barbarie fue la quema de Iglesias y la persecución brutal de los católicos. Sí. Como lo oyen. Porque el genocicio que intentaron desde el primer momento poner en marcha (y vaya sí lo lograron) fue un genocidio de católicos, por el mero hecho de serlo. Todo ello llevó además a un estado de caos nacional, a la paralización de la economía de España, a la desaparición del tejido productivo nacional, y a la pobreza. A una extrema pobreza que invadió la nación de punta a punta.

Escrito está lo que se consolidó en esos meses. No hay que inventar nada, como llevan 80 años haciendo estos descerebrados, y sus sucesores, que por desgracia, han vuelto (nunca se fueron) para quedarse. Desde lo que publicaba el periódico “El Socialista” ( “estamos decididos a hacer en España lo mismo que se ha hecho en Rusia, y en cuanto hayamos fortalecido nuestras posiciones debemos ir mas allá”); hasta lo que afirmó el estalinista Largo Caballero ( la revolución que queremos solo puede obtenerse por medio de la violencia).

Y evidentemente, esa más de media España que querían aniquilar, formada básicamente por los católicos de bien, herederos de una brillante historia de 5 siglos, se preparó para defenderse y resistir a los planes de genocidio trazados desde la izquierda y los separatistas (no se si la historia les resulta familiar)

En marzo de 1936 un buen grupo de civiles, ayudados por militares bajo la dirección del general Mola, se moviliza para preparar  un movimiento nacional que evitara la ruina y la desmembración de España, dispuestos a intervenir sólo en el caso de que las circunstancias lo hiciesen absolutamente necesario.

Es historia también que así transcurrieron esos meses; entre la quema de iglesias, el asesinato de católicos, la erección de repúblicas independientes, la destrucción de la paz social y un clima permanente de guerra en el que los combatientes fueron solo los que por la fuerza habían alcanzado el poder, y los sometidos esa gran parte de la España católica.

Y se aguantó. Vaya si se aguantó. Hasta que el 12 de julio, la policía al servicio del régimen, asesina al líder de la derecha, José Calvo Sotelo. ¿Qué hizo el gobierno de la república? ¿Detener a los asesinos? No. Detener a la gente de derechas.

Un relevantísimo e importantísimo General (Francisco Franco, que fue el más laureado de los militares de Europa, y el general más joven de todo el continente) intentó por todos los medios frenar el alzamiento. Y hasta esos oscuros días de julio se opuso al mismo, no con pocas protestas entre los civiles de derechas, los católicos y los militares, quienes se irritaban por el hecho de que Franco intentara como fuera evitar un derramamiento de sangre.

Los hechos de ese julio de 1936 hicieron, sin embargo, que ya no pudiera quedar opción; y que Franco decidiera unirse a la revolución liberadora.

Luego, la verdad, y toda la verdad; es que el alzamiento del 18 de julio de 1936, que marca el inicio de la Guerra Civil, no se produjo contra un gobierno legítimo, como nos han vendido, y nos siguen queriendo imponer. Se produjo contra un soviet revolucionario que pretendía acabar, en el sentido literal, con la más de media España que no pensaba como ellos. Y perpetrar el mayor genocidio de católicos de la historia.

No hay ninguna duda histórica al respecto de lo que aquí les estoy relatando. Lo sabemos nosotros. Y lo saben ellos. Aunque no permitan que podamos expresarlo. ¡Son tan demócratas! Demócratas de pira incendiaria y checa.

Y ahora, de nuevo, los guerracivilistas, ya en el poder, sin haber sido votados ni elegidos por el pueblo; están dispuestos a reabrir heridas, volver a las trincheras, y enfrentar de nuevo a media España contra otra media, en un nuevo e insoportable ejercicio de revanchismo, mentira y política dictatorial. Sánchez, el PSOE, los comunistas de Podemos, los separatistas… Otra vez todos dispuestos a dar la batalla dictatorial; con la gravedad añadida de que ahora… no hay nadie enfrente para pararles los pies… Ni siquiera la Iglesia como referente moral, entregadas sus armas espirituales al enemigo, y con la cabeza agachada ante los enemigos de Dios y de España. ¿Qué, no les gusta como suena eso? ¿No les gusta lo que digo? Pues es lo que hay. A mi no  me tiembla el pulso en decir lo que pienso, que no es otra cosa que toda la verdad.

Franco. Que obsesión con Franco. Y con la Cruz. ¿Donde va este mequetrefe al que han votado el 14% de los españoles a sacar a Franco de su tumba; y a derruir el Valle, su Cruz y lo que se ponga por delante?

Franco, contra todo pronóstico; consiguió parar esa barbarie, con menos hombres y menos medios que el Gobierno; con valor y con patriotismo. ¿No lo sabían? Siento si les perturba leerlo

Franco sacó a España de su endémica pobreza. ¿No lo sabían? Siento si les perturba leerlo.

Franco creó una poderosísima clase media en nuestro país; motor de un claro y evidente desarrollo, que los actuales políticos ya se han encargado de destruir. ¿No lo sabían? Siento si les perturba leerlo.

Franco situó a España como la octava potencia mundial, mientras que hoy se encuentra en el puesto 17. ¿No lo sabían? Siento si les perturba leerlo.

Franco consiguió que la industria constituyese casi el 40% del producto interior bruto de España. Hoy es el 14%. ¿No lo sabían? Siento si les perturba leerlo.

Con Franco no había lugar para millones de políticos, enchufados públicos, especuladores y vividores. Justo las clases que hoy lastran nuestra economía. ¿No lo sabían? Siento si les perturba leerlo.

Con Franco… ¡Se eliminó el paro! ¿Nunca se lo habían dicho? ¿No lo sabían? Siento si les perturba leerlo. Hoy nuestro paro está entre los tres más altos de Europa.

¿Saben cual era la deuda pública de España con Franco? ¡El 0%! ¿A qué nunca lo habían oído? Hoy roza el 141%; y estamos en una situación que está a punto de llevar a España a la quiebra. ¿No lo sabían? Siento si les perturba leerlo.

Todo esto, y mucho más, da cuenta de como gobernó a España Francisco Franco; datos que, analizados por cualquier mente no sectaria, serían ponderados en la justa medida del mérito que tuvo este Jefe de Estado que recogió a un país arruinado después de la república y la guerra, y lo llevó a las más altas cotas de trabajo, bienestar, prosperidad y paz social. ¡Larguísimos años de paz y concordia!

Y no digamos ya, si entramos a valorar el asunto como católicos: Francisco Franco salvó a España del comunismo y atajó la que fue la mayor persecución religiosa que conoce la historia: trece obispos, seis mil sacerdotes y religiosos y decenas de miles de católicos asesinados y martirizados por odio a la Fe. Sangre martirial que se convirtió en semilla de cristianos.

España, bajo la Jefatura de Francisco Franco, se constituyó en Estado Católico, con la bendición y apoyo de la Iglesia en España, heroica, ejemplar, que no conoció ni un solo caso de apostasía.

Y mucho más podríamos decir. Y casi todo bueno. ¿Les extraña? ¿No lo sabían? Siento si les perturba leerlo.

Hoy asistimos a la mayor de las traiciones de un país para un Caudillo al que tanto debe. Asistimos a la indignidad de unos ilegítimos desgobernantes que han traído de nuevo el odio, la revancha, y la lucha anticatólica a nuestras calles.

Y por asistir, asistimos al acto más vil que podíamos esperar con respecto a Franco: no dejarle ni descansar en paz, y llevar sus restos de aquí para allá como si los de un perro se tratara.

Pero lo peor de todo; ¿saben lo que es? Que asistimos a la cobardía, vileza y traición de una jerarquía eclesial entregada al mundo, a su desgobierno y a los planes anticatólicos. Y no sabemos para qué. Señores obispos de España: ¿piensan ustedes que todos estos marxistas van a llenar las Iglesias? ¿O es que quieren pedirles perdón por respirar?

¿Cómo puede haber silencio de la Iglesia ante la vileza de los planes contra el Valle de los Caídos y la memoria de Franco?

Y especialmente usted, Don Carlos. ¡Ay Don Carlos! Marchó de Valencia con ínfulas progres y siendo “el Bergoglio de España”; y en Madrid ha acabado de pulir su figura en este cambalache de progresía, cobardía y entrega al enemigo.

¿Cómo puede ser, Osoro, que  el Arzobispado de Madrid que usted ostenta, no se oponga a la profanación de la tumba de Francisco Franco?

Como bien le han recordado fieles valientes en su carta de hace unos días; Francisco Franco fue condecorado por SS Pío XII con la más alta honorificencia de la Santa Sede: la Orden Suprema de Cristo. Sólo con este dato, que usted a buen seguro conoce, es suficiente para que, privada y públicamente, se oponga a la agresión que el Gobierno de España anhela perpetrar contra los restos mortales del Caudillo.

Y por muchas más cosas. Por los valores que el catolicismo encarna. Aquellos que, a las órdenes de su jefe, están dispuestos, sin duda, a desbaratar.

Yo no puedo más que transmitirle mi opinión y mi queja.

Pero Alguien, superior, muy superior (hasta más superior que Francisco, fíjese) se encargara de ponernos a todos en nuestra lugar. A mi. A usted. Y hasta a Franco.

Santos o nada. Hasta el cielo no paramos.

 

 

 

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