Vicente Montesinos

 

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Lo que se lleva cociendo en los últimos años entre el Vaticano y el régimen totalitario chino es de una vergüenza y una ruindad no propias de nuestra Santa Madre Iglesia. Empiezo así, con la verdad por delante. Para que no siga leyendo el que se espante.

Esa vergüenza parece estar alcanzando sus cotas más altas en los últimos tiempos, y esta semana, en uno de los sobresaltos y mortificaciones colectivas diarias a que estamos acostumbrados, nos desayunábamos con la noticia de que la Santa Sede ha pedido al obispo legítimo de Shantou, Pedro Zhuang Jianjian, que abdique para dejar su puesto a un obispo excomulgado por su pertenencia a la Iglesia Patriótica. Ese infecto invento del régimen comunista para tener controlados a los fieles católicos, con la interposición de Obispos y Sacerdotes afectos al régimen; excomulgados, lógicamente, en los tiempos de cordura; mientras se torturaba, exiliaba, acosaba o encerraba a los verdaderos sacerdotes y prelados de Nuestra Santa Madre Iglesia.

El demoníaco régimen comunista siempre ha buscado acabar con la fe católica; y para ello no ha dudado en las últimas décadas en crear su propia “Iglesia patriótica” paralela, que pudiera ser controlada, y escapara a la sujeción a Roma. Este engendro, a las órdenes del Partido Comunista, originó que en cada Diócesis “conviviesen” dos obispos; el usurpador oficial; y el legítimo, normalmente encarcelado, o en todo caso perseguido y trabajando por nuestra Santa Madre Iglesia heroicamente, y rayando, junto a sus sacerdotes y a los hermanos chinos fieles, el martirio.

Roma siempre condenó y jamás reconoció esta barbaridad.

Momento clave en esta claridad y apoyo constante a la verdadera Iglesia Católica en China y a sus atribulados fieles fue la carta dirigida a la Iglesia en China por Su Santidad el Papa Benedicto XVI en el año 2007.

El gran pontífice Benedicto XVI publicó el 30 de junio de ese año una Carta pastoral a la Iglesia católica en China de gran valor histórico. Porque no sólo describió desde el punto de vista teológico la naturaleza especial de la Iglesia católica; sino que dio claras orientaciones para la Iglesia en China, y al mismo expresó la premura de la Suprema Autoridad por la Iglesia china. El Papa escribió: “Como pastor universal de la Iglesia deseo manifestar mi vivo reconocimiento al Señor por el sufrido testimonio de fidelidad ofrecida por la comunidad china en circunstancias realmente difíciles. Al mismo tiempo siento, como mi íntimo e irrenunciable deber y como expresión de mi amor como padre, la urgencia de confirmar en la fe su unidad con los medios que son propios de la Iglesia. Sigo con particular interés también las cuestiones de todo el pueblo chino, hacia el cual nutro un verdadero aprecio y sentimientos de amistad…”.

Me consta que gracias a estas palabras de la carta del Papa Benedicto XVI, los católicos que viven en China sintieron el amor del Santo Padre por su Iglesia. El Papa además denunció la situación en que viven los chinos bajo la influencia política y  la dificultad en que viven los fieles para mantener la comunión con la Iglesia universal.

Por ello, Benedicto XVI explicó con claridad: “Por lo que se refiere luego a las relaciones entre la comunidad política y la Iglesia en China, es necesario recordar la iluminadora enseñanza del Concilio Vaticano II que declara: La Iglesia, que, en razón de su oficio y de su competencia, no se identifica en ningún modo con la comunidad política y no está ligada a ningún sistema político, es a un tiempo signo y tutela de la persona humana

De todo el tratamiento histórico de Nuestra Santa Madre Iglesia a este asunto; y en especial tras la carta de Benedicto XVI, se pudo vislumbrar más claramente que la Asociación patriótica católica china y la Conferencia episcopal de los obispos chinos son apoyados y sostenidos por el gobierno y asumen un rol embarazoso. Los obispos que aceptan como fe las órdenes del gobierno, se convierten en funcionarios del Estado, no escuchan la Carta que expresa la premura del Santo padre por la Iglesia en China y evitan hablar: esta es la tragedia real de la Iglesia en China. Esos obispos no han tenido ni siquiera jamás el coraje de proclamar la Carta del Santo Padre, mientras que otros muchos obispos, sacerdotes y fieles viven en la clandestinidad y el martirio, pero confirmados en la Fe por Pedro y su Iglesia. Hasta ahora.

Y digo hasta ahora porque lo que les apuntaba al inicio del artículo en cuanto al giro dado a la situación en los últimos tiempos, parece haberse confirmado con las últimas noticias que les apuntaba; y confirma que la política de la Santa Sede es de un claro acercamiento a la “oficialidad china”, y un paulatino reconocimiento a esa falsa Iglesia comunista; con el tremendo insulto y varapalo para todos los fieles que han soportado una gran persecución por mantenerse fieles a Roma. ¿Cabe mayor vergüenza y traición? ¿También silencios y “sí bwana” a esta barbaridad? ¿También hay que callar, porque es cosa del Papa? ¿Cuanto tardaran en llegarme las primeras advertencias pseudo-mafiosas tras este artículo?

Mi hermano Fernando Soria (hermano en la fe; recordad… ¿Quienes son mi madre y mis hermanos…?) es un gran empresario. Y grandes son los que crean con su trabajo prosperidad para los demás, y se dedican como principal “empresa” a ayudar y darlo todo. Y por él, que me animó a contar esta realidad, sé de primera mano lo que han tenido que sufrir los fieles chinos para que ahora Roma les de una patada y se bese con el demonio comunista.

Y por él, que algo conoce China, sé la tremenda labor religiosa, humana y social que, sin medios, y a escondidas,  han desarrollado las iglesias fieles a Roma en muchas ciudades chinas.

Me contaba Fernando como un amigo suyo ya estuvo hace 30 años en China y tuvo que gestionar su asistencia a una verdadera misa desde el Hotel donde se alojaba, el cuál le puso un coche para que pudiera llegar a una tempranísima misa que debía de celebrar el mismo Obispo legítimo.

También me contaba el bueno de Fernando como estas personas que le rodean consiguieron introducir en años sucesivos, desde España, más de 100.000 evangelios, con la ayuda de algún religioso que como podía coordinaba los seminarios de la Iglesia clandestina.

Incluso como mi propio amigo facilito el desplazamiento a España de seminaristas y religiosas desde China, para que pudieran convivir con comunidades religiosas y estudiar teología. El bueno de Fernando preparó 4 viviendas como residencia para estas sufridas religiosas.

Más allá: sé por mi fiel amigo que hasta llegaron a participar en encuentros entre el Obispo patriótico y el clandestino, en el que aquél renunciaba a favor de éste, de rodillas, y pidiendo perdón.

Mil vicisitudes que os podría seguir contando si Fernando y sus abnegados amigos me contaran.

Mil historias de dolor, sufrimiento, fidelidad y martirio; que ahora reciben una patada proveniente de Roma.

Una actuación actual de la Santa Sede política, y no celestial. Un situación que los fieles católicos chinos no comprenden, y los ha sumido en el dolor, en la confusión, y muy posiblemente, en otra nueva masiva pérdida de almas.

Me recuerda la gratitud de Roma con estos valerosos católicos, a la mantenida con la memoria de hombres como el Obispo Fisher o Santo Tomás Moro que dieron su vida por defender la indisolubilidad del matrimonio y luchar contra la herejía luterana… Y hoy publicamos los “Amores de Leticia” y llamamos a Lutero “testigo fiel del Evangelio”.

Es otra traición más, ahora la “traición china”. ¿Cual será la próxima?

Recemos mucho, hermanos. Por la Iglesia, por el Santo Padre, por China y por todos los católicos atribulados.

Y porque hasta el cielo no paramos… ¡Que Dios os bendiga!

 

 

 

 

 

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