En aquel tiempo, le interpelaron algunos escribas y fariseos: «Maestro, queremos ver una señal hecha por ti». Mas Él les respondió: «¡Generación malvada y adúltera! Una señal pide, y no se le dará otra señal que la señal del profeta Jonás. Porque de la misma manera que Jonás estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así también el Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches. 




Jesús es la señal más grande. A veces, como a los hombres de este Evangelio de hoy, nos cuesta entenderlo. 

Hoy el Evangelio nos invita a comprender que sólo un corazón convertido puede acoger esta señal que es Jesús. 

Acéptemoslo y vívamoslo con la humildad de quién conoce sus limitaciones y sabe de la Grandeza de Nuestro Señor. 

                              Vicente Montesinos

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