El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. 




En el Evangelio de hoy Jesús nos advierte de  paradojas posibles al vivir la fe fielmente, como la de incluso poder estar enfrentados a los nuestros, a causa de la incomprensión que produce en el mundo la fe vivida con coherencia.
Hemos de estar preparados para ello, sabiendo además que la recompensa y la gracia son mucho mayores que los contratiempos.
Los consejos de Jesús son profundos, y muchas veces duros de digerir; y de ahí la necesidad de estar formados y entender bien lo que el Señor nos dice.
Por la Cruz se va a la luz, y por el camino estrecho se va a la puerta grande. Y nuestra religión es la de la alegría, y la esperanza; sí,  pero estas verdades del Evangelio son como son, y querer  enmascararlas nos lleva a un buenismo falto de verdad. 

                                       Vicente Montesinos

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