Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies».



En el evangelio de hoy Jesús ya nos alerta de la desproporción existente entre la cantidad de gente que necesita que se le prediquen las buenas nuevas del reino de Dios, y los obreros existentes. 

Seamos pues nosotros parte de ese ejército de obreros al servicio de Cristo, y, siempre, pidamos al Señor que envíe más obreros a su mies. 

Esta solución nos la da Cristo. No dejemos de hacerla. Hoy también es un buen día, además de para pedir que cada uno de nosotros se comprometa en el apostolado, para rezar por las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada. No perdamos esa oportunidad.

                                         Vicente Montesinos

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