En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros. No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros sí me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis. Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros. El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él».

En este domingo, Jesús, que vuelve al Padre para ser glorificado; nos deja un compendio de motivos para la fe y la esperanza.

Y es que no nos deja solos. No nos deja huérfanos. La sensación humana que tenían los discípulos, de quedarse solos;  y que podemos sentir también los hombres de hoy, es aliviada por Jesús, entonces, y ahora: Él nos deja un Paráclito, un defensor, el Espíritu Santo, que le pide al Padre para nosotros, y nos acompaña todos los días de nuestra vida.

Como nos acompaña Él también, presente en todos los sagrarios de la tierra y en cada eucaristía.

Que nuestra respuesta, en este domingo sexto de Pascua, y siempre, sea la de una vida nueva, vivida en los mandamientos y en los sacramentos.

Que María nos ayude a conseguirlo.

Vicente Montesinos

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