En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy sabéis el camino». Le dice Tomás: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí».



El evangelio de hoy es de tal belleza que no nos cansaríamos de escucharlo. Jesús insiste una vez más en mostrarnos el camino hasta el padre. El es el camino. El ha venido para enseñarnos, para salvarnos, para liberarnos, para sanarnos, para curarnos, y para redimirnos. El es la verdad. La verdad con mayúsculas, no las verdad es que nos ofrece el mundo. El es la vida. La vida plena. La vida auténtica.

En la víspera de la festividad de la virgen de Fátima, en este año del centenario de las apariciones, pidamos a la madre de Dios que nos ayude a seguir siempre por el camino de su hijo, el camino que lleva al padre.

                               Vicente Montesinos

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