«El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo.

Señor, en el alma de cada uno de nosotros, has sembrado la gracia, la santidad, la Verdad… Que yo sepa hacer crecer esta semilla para que fructifique en multitud de buenas obras: servicio, caridad, amabilidad, generosidad, sacrificio, perdón, comprensión, oración, esfuerzo, alegría…

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