Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!
Señor Jesús, sé que este tiempo de adviento nos lo da tu iglesia porque quiere que reanimemos en Ti la virtud de la esperanza y el evangelio de hoy, viendo tus obras, es prueba de ello. Frecuentemente la perdemos porque confiamos demasiado en nuestras fuerzas y no queremos reconocernos “enfermos”, necesitados de tu mano sanadora. Pero no pasa nada,  y como Tu nos conoces, nos ofreces tu mano salvadora. Gracias, Señor, por sacarme del fango una vez más, y llenarme de esperanza el corazón.

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