“Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida, y venga aquel Día de improviso sobre vosotros, como un lazo; porque vendrá sobre todos los que habitan toda la faz de la tierra. Estad en vela”
Señor, que hoy,  último día del tiempo ordinario, entienda tu advertencia,  de que si me empeño, obstinadamente, en vivir absorto por los afanes de esta vida, llegará el último día de mi existencia tan de repente que mi ceguera me impedirá reconocer al mismísimo Dios, que vendrá. 

Que no deje de tener claro que aquí estamos de paso. 

Que siguiendo tu mandato, este en vela, y sepa orar y orar, y no desfallecer en la oración. 

Gracias Señor. 

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