Medito hoy sobre las palabras de Job:

” Sé que eres poderoso,

ningún proyecto te es irrealizable.

He hablado como un hombre ignorante

de maravillas que me superan y que ignoro.

Yo te conocía sólo de oídas,

más ahora te han visto mis ojos.

Por eso retracto mis palabras,

me arrepiento en el polvo y la ceniza” (Job 42, 1-6)

A Dios no se llega entendiendo, sino adorando. Cuando se adora, todos los enigmas quedan esclarecidos.

Adorando todo se entiende. Cuando las rodillas se doblan, el corazón se inclina, la mente se calla ante enigmas que nos sobrepasan definitivamente.

Entonces las rebeldías se las lleva el viento, las angustias se evaporan, y la paz llena todos los espacios.
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